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A lo largo de toda la
vida pasan por el tubo digestivo de un individuo unas
100 toneladas de comida.
Así,
no resulta difícil de entender que alguno de
esos productos extraños al organismo produzca,
tarde o temprano, síntomas desagradables. Se
calcula que el 20% de la población española
sufre alguna alergia alimentaria y que dentro de veinte
años afectarán a uno de cada dos europeos.
Los últimos estudios indican la relación
directa entre la posibilidad de encontrar todo el
año alimentos "de otra temporada"
y la aparición de los nuevos alérgenos,
las sustancias que producen reacciones alérgicas.
A esta
tendencia se le une la mayor sensibilidad de la población
frente a estos procesos, ya que la globalización
de los mercados ha introducido en las dietas locales
alimentos ajenos a ellas. Aunque, en principio, la
patología no es peligrosa, no hay duda de la
incomodidad y preocupación que provoca en el
consumidor el largo y sinuoso proceso del diagnóstico
de una alergia. Por eso, es importante tener presente
que los primeros años de vida son determinantes
para potenciar las defensas naturales (a través
de la lactancia materna), y conocer los alimentos
de riesgo que pueden ayudar a identificar las causas
de diarreas, vómitos u otros cuadros clínicos
típicos de alergias.
¿Qué son las
alergias?
A menudo
la alergia a los alimentos se confunde con la intolerancia
a los mismos. La diferencia entre una y otra estriba
en que en la alergia hay una reacción del sistema
inmunitario del individuo contra el producto y en
la intolerancia no. La intolerancia a los alimentos
se debe a alteraciones metabólicas (disminución
o ausencia de enzimas) en la mayoría de los
casos. Esas alteraciones, de origen genético
o adquiridas con los años, impiden a quienes
las padecen la digestión, asimilación
y aprovechamiento de ciertas sustancias que contienen
los alimentos. Los síntomas que provocan son
diversos: molestias gástricas (flatulencia,
diarrea, cólico intestinal), cefalea, sensación
de calor¿
La alergia a los alimentos ocurre cuando el sistema
inmune reacciona frente a una sustancia concreta (alérgeno)
que es bien tolerada por la mayoría de personas.
El alérgeno es principalmente una proteína
de un alimento con el que el afectado entra en contacto
por ingestión, contacto o inhalación.
La reacción más común es la formación
de anticuerpos IgE (inmunoglobulina E). El proceso
que siguen este tipo de alergias es el siguiente:
la primera vez que se ingiere el alimento causante
de alergia, el organismo produce las IgE específicas
dirigidas contra alguna proteína de ese producto.
La siguiente ocasión, los anticuerpos reaccionan
contra la comida estimulando la fabricación
de histamina (sustancia que produce nuestro cuerpo
en respuesta a un daño producido en la piel
o las mucosas, causado por un veneno o toxina, y que
da lugar a una reacción inflamatoria) y otras
sustancias químicas (llamadas mediadores) que
causan los síntomas de la alergia.
Tratamiento
Dietético
El
tratamiento dietético es el más eficaz
y consiste en suprimir los alimentos alergizantes.
Así se consigue que al cabo de unos años
el sistema inmunológico se normalice y que,
en muchas ocasiones, el niño acabe tolerando
los alimentos que le producían alergia. Sin
embargo, a menudo la dieta de eliminación pueden
plantear inconvenientes, puesto que hay sustancias
alergizantes que no aparecen en las etiquetas (alimentos
ocultos). Y es que algunos alimentos o sustancias
no se incluyen en el etiquetado cuando se encuentran
en proporciones bajas.
Leche de vaca.
La alergia se produce por un rechazo a las proteínas
lácteas. La caseína es una de esas proteínas,
difícil de digerir para muchas personas por
ser una proteína de gran tamaño. El
único tratamiento eficaz es una dieta estricta
de la que se eliminen esas proteínas. Como
sustitución a la leche, estas personas pueden
tomar preparados con otra fuente proteica (leche de
soja) y fórmulas extensamente hidrolizadas
(el tamaño de la caseína es mucho menor,
por lo que resulta más fácilmente digerible).
Las fórmulas parcialmente hidrolizadas (la
caseína es todavía de tamaño
considerable para ser asimilada por estas personas)
nunca deben emplearse en el tratamiento de la alergia
a la leche, ya que un porcentaje de sus proteínas
puede conservar todo su poder alergénico. En
ocasiones esta alergia no es diagnosticada, y favorece
alergias en otros alimentos.
Huevo.
Las proteínas de la clara son las más
problemáticas. Esta alergia aparece antes de
los 2 años y desaparece de 2 a 5 años
después de su inicio. El único tratamiento
posible consiste en evitar su consumo. No obstante,
existen multitud de productos que pueden contener
restos de huevo, y no siempre estará indicado
en las etiquetas.
Quesos madurados.
Las proteínas lácteas que contienen
pueden causar alergia. También una amina (sustancia
que aparece cuando nuestro cuerpo utiliza las proteínas
de los quesos fermentados y curados) llamada tiramina,
favorece las reacciones alérgicas.
Pescados y
mariscos. Sus propias proteínas, la
histamina que se forma al descomponerse y el parásito
Anisakis simplex que contamina a los pescados, son
los causantes de las reacciones alérgicas.
Especias.
Pueden causar alergia por contacto, por inhalación
del polvo que desprenden y por ingestión.
Frutos secos.
Pueden provocar reacciones alérgicas sobre
todo en los niños, y se manifiesta con eccemas.
Frutas.
Kiwi, papaya, aguacate, plátano, fresas, frambuesas,
grosellas son las frutas que con más frecuencia
se han identificado como causa de alergia.
Reacciones cruzadas
Al hablar de alergia
a un alimento, se ha de tener presente que se establecen
familias de alimentos "alergizantes" que
pueden provocar reacciones alérgicas en personas
sensibles. Es decir, una persona con alergia a la
leche de vaca presenta mayor sensibilización
hacia la carne de vacuno (ternera, buey¿).
Quien es alérgico al chocolate lo puede ser
también al cacao y a la cola. En la familia
de los guisantes se incluyen además de dicha
legumbre, cacahuetes, judías secas, regaliz
y goma tragacanto (E-413). A la familia de la rosa
pertenecen fresas, frambuesas, moras, zarzamoras y
otras variedades de frambuesa.
Nuevos
alérgenos
Continuamente se descubren
nuevas sustancias alérgenas. Los aditivos responsables
del mayor número de casos de afección
alérgica son colorantes, conservantes y antioxidantes.
Aunque siempre deba descartarse un proceso alérgico
a fármacos, cuando un paciente, generalmente
un niño, presenta urticaria o erupciones más
leves tras la ingesta de jarabes de variada composición,
lo más probable es que se trate de una reacción
alérgica a los aditivos, colorantes o aromatizantes
del medicamento. Este tipo de reacciones no ocurre
casi nunca en las primeras tomas, sino a medida que
avanza el tratamiento. Esto se debe a que esas reacciones
son dosis-dependientes: aparecen cuanta más
cantidad del jarabe se ha ingerido.
Alergia
y deporte
Hay una situación
en la que se necesita algo más que la ingestión
de un producto para que se produzca una reacción
alérgica por un alimento: el ejercicio físico.
Se denomina alergia alimentaria inducida por el ejercicio
y se empezó a hablar de ella en 1980. Las personas
que experimentan esta reacción ingieren un
alimento específico -manzana y melocotón
son dos de los productos que inducen este proceso-
poco antes de practicar deporte. A medida que el ejercicio
avanza y la temperatura corporal aumenta, aparecen
picores, mareos y algunos de los síntomas típicos
de las alergias, como urticaria e hinchazón.
La manera de prevenirla es simple: no tomar los alimentos
implicados durante las dos horas previas a hacer deporte.
Consejos
para personas alérgicas a alimentos
- Si cree que algún
alimento le provoca alergia, consúltelo con
su médico y no haga experimentos para confirmarlo.
- Si ya conoce a qué
alimento o alimentos es alérgico, evite su
consumo.
- Compruebe los ingredientes
que aparecen en la etiqueta de los productos (una
persona alérgica al huevo ha de evitar, entre
otros, ingredientes como albúmina, lisozima
y lecitina si no especifica que es de soja).
- Ponga al corriente
a los demás de la situación de la
persona afectada (si es un niño, a los profesores,
cuidadores, etc.).
- Cuando salga a comer
fuera de casa, pregunte por los ingredientes de
las comidas. Si hay alguna duda, es aconsejable
no comer.
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