La
verdad es que la respuesta depende de qué tipo de alimentación
sigue uno y dónde se alimenta. Es decir, de si los productos
son frescos o no, de si han sufrido cambios durante el proceso
de comercialización, de si son o no biológicos...
y de otros muchos factores más. Por ejemplo, de en qué
etapa de la vida estemos. No conviene generalizar.
Aunque
hoy esté de máxima actualidad, la existencia de
alimentos enriquecidos no es nuevo.
Ya en la década de los cincuenta del recién terminado
siglo XX se llevó a cabo por diversas entidades internacionales
-la propia Organización Mundial de la Salud, entre ellas-
programas de enriquecimiento de alimentos para luchar contra
la desnutrición en zonas deprimidas del planeta. Y así,
en algunas zonas se mezcló la harina básica de
la alimentación con harinas de pescado para conseguir
un mayor aporte de proteínas, en otras se añadió
yodo a la leche para prevenir problemas de hipotiroidismo en
zonas endémicas y en otras se promovieron programas de
fluoración del agua para las evitar caries, programas
que se llegaron a hacer universales.
En cualquier caso, es verdad que ha sido en los últimos
años cuando se ha producido el auténtico boom
de los alimentos enriquecidos. De hecho, leches y yogures con
calcio, miel o ácidos Omega 3, cereales y zumos con vitaminas
y minerales, galletas enriquecidas o huevos con ácidos
grasos cardioprotectores han empezado a formar parte habitual
de nuestra dieta diaria.
Al mismo tiempo -y de forma paralela-, se va imponiendo también
poco a poco la alimentación con productos naturales.
En las principales ciudades se han abierto ya numerosos supermercados
que venden exclusivamente productos ecológicos.
Claro que estas dos tendencias no son contradictorias sino más
bien complementarias y, en definitiva, son la expresión
de la inquietud que se va generando en torno a la alimentación
como fuente de salud.
Alimentación
mas Sana
Una encuesta promovida por el grupo farmacéutico Roche
demostraba recientemente que la mayoría de los españoles
intenta llevar hoy una alimentación lo más sana
y equilibrada posible, señal inequívoca de que
hay un notable aumento de personas que buscan cuidar y/o mejorar
su salud a través de la comida.
La misma encuesta afirma también que la mayoría
busca en el etiquetado de los productos los suplementos deseados,
especialmente en cereales, galletas, productos lácteos,
margarinas, aceites, refrescos, bebidas y zumos de frutas.
Y es que los cultivos actuales intensivos en invernaderos y
los vegetales madurados en cámaras no tienen el mismo
contenido en vitaminas y minerales que los productos que han
completado su ciclo natural, argumento de peso entre los defensores
de los alimentos enriquecidos.
Otro tanto ocurre con los alimentos sometidos a complejos procesos
de elaboración en los que se requiere un fuerte aumento
de la temperatura ya que ésta destruye buena parte de
las vitaminas y minerales contenidos en ellos.
Lo que explica que una parte significativa de los españoles
-¡el 16%!- consuma suplementos vitamínicos de manera
habitual, como también recoge la encuesta de Roche.
Grupos
con Mayores Necesidades
Y si los suplementos empiezan a ser una necesidad para cualquiera
lo es en mayor medida para algunos grupos concretos de población.
Por ejemplo, para las personas con determinadas enfermedades
y las que se encuentran en épocas vitales concretas que
hacen aconsejable una alimentación rica en determinados
principios inmediatos.
Es el caso de los ancianos -especialmente el grupo de los conocidos
en el ambiente médico como frágiles, es decir
con unas reservas físicas disminuidas junto con un riesgo
más o menos importante de incapacidad- ya que su tipo
de vida sedentario y la consecuente falta de apetito suelen
llevar a un marcado déficit de micronutrientes, o sea,
de las vitaminas, minerales y oligoelementos precisos para mantener
al organismo en buen funcionamiento. Un problema que se agrava
cuando el deterioro nutricional y la falta de actividad física
provocan un aumento de la grasa corporal y pérdida de
calcio en los huesos que facilitan el riesgo de fracturas y
pequeños traumatismos que pueden mermar la calidad de
vida.
Otra etapa vital que precisa mayor aporte de determinadas sustancias
es la del embarazo por razones sobradamente conocidas. Y, por
supuesto, la infancia. En esta época es fundamental una
alimentación equilibrada y rica en micronutrientes para
ayudar a completar el crecimiento físico necesario que
triplicará el peso del bebé durante el primer
año con la consiguiente maduración de los órganos,
sistemas y glándulas del cuerpo.
Lo mismo puede decirse de las personas de vida sedentaria y
los "deportistas de fin de semana" cuyo organismo
no está debidamente preparado para el ejercicio intenso.
Por otra parte, no está de más recordar que el
amplio consumo de alimentos con fibra de nuestra sociedad actual
condiciona el aprovechamiento de vitaminas y oligoelementos
debido al efecto "antinutriente" de la fibra. Porque
su exceso puede limitar la absorción de calcio, hierro
y algunas vitaminas del grupo B.
Los
Alimentos Enriquecidos
El actual abanico de alimentos enriquecidos es muy amplio: lácteos
con calcio, vitaminas, ácido fólico, jalea real
o ácidos Omega 3, margarinas con fitocolesteroles y antioxidantes,
cereales con hierro y vitaminas del grupo B, zumos de frutas
con todo tipo de vitaminas -especialmente la C-, huevos "sin
colesterol" enriquecidos con ácidos grasos de tipo
DHA de efecto cardioprotector, galletas con vitaminas, minerales,
cereales o fibra... Todo ello sin olvidar las tradicionales
papillas de harinas enriquecidas con miel y todo tipo de vitaminas
desarrolladas para la primera infancia, los suplementos para
deportistas o las bebidas estimulantes con zumos de frutas y
aminoácidos, etc.
Y aunque en principio podría parecer que todos esos añadidos
son innecesarios en una dieta equilibrada pues lo suyo sería
conseguir el calcio de los lácteos, el hierro de las
carnes y las vitaminas de las frutas y verduras -por ejemplo-,
la verdad es que en la sociedad en que vivimos eso requeriría
ingerir una cantidad mucho mayor de alimentos de los que normalmente
tomamos. Con lo que aumentaría, proporcionalmente, el
peligro de sobrepeso y obesidad.
Usar
Bien los Alimentos Enriquecidos
En definitiva, como todo en este mundo, la alimentación
es cuestión de equilibrio. Y cada momento de la vida
tiene sus necesidades específicas. Siendo oportuno y
adecuado, por tanto, tomar en ocasiones suplementos. Pero eso
sí, dentro de un orden ya que se puede llegar al exceso
de desayunar unos cereales enriquecidos con leche enriquecida
junto a galletas enriquecidas untadas con margarina enriquecida
y, además, un zumo enriquecido. Lo que nos puede llevar
a un exceso de oligoelementos tan peligroso como su carencia.
Obviamente, no está mal tomarlos en otras circunstancias
puntuales como es el caso de las personas que hacen mucho deporte.
Recordando, claro, que deben consumirlas con precaución
quienes padezcan de hipertensión o tengan tendencia al
insomnio.
En suma, la manera de conseguir un equilibrio nutritivo idóneo
es tener buena información y, como siempre, alimentarse
de forma equilibrada. Convenientemente enriquecida cuando proceda.