Pero
este no es precisamente el reparto que hacemos. Datos recientes
sobre hábitos de alimentación de la población
española confirman que, al igual que el desayuno, para
muchas personas la cena queda relegada a un segundo plano.
En las cenas es habitual recurrir a un tentempié rápido
(embutidos, queso, leche con galletas…) o a platos precocinados
(pizza, croquetas, empanadillas, salchichas, etc.), alimentos
que ahorran tiempo en la cocina pero que no aportan el mejor
perfil nutritivo.
Equilibrar
la dieta
Un método eficaz que ayuda a una alimentación
equilibrada y variada es confeccionar un menú semanal
de comidas y cenas, en el que se contemplen alimentos de los
grupos básicos según la frecuencia recomendada.
Para elegir los alimentos que se van a tomar a la noche, se
han de tener en cuenta los consumidos a lo largo del día,
para tratar de equilibrar y no repetir. Del mismo modo que
podemos aprovechar el postre para equilibrar la comida, podemos
tratar de hacer lo propio con la cena para acabar el día
con un aporte adecuado de nutrientes. Si bien la cena no puede
compensar siempre los descuidos o excesos en la composición
de los menús del resto de la jornada, debemos ir habituándonos
a que esta última toma de alimentos se convierta en
el complemento perfecto a lo ingerido durante el día.
Recomendaciones
de frecuencia de consumo
-
LECHE Y DERIVADOS CADA DÍA
-
PAN
- FRUTA
-
VERDURA
-
CARNES Hasta 6 veces / semana
-
PESCADOS Mínimo 3-4 veces / semana
-
HUEVOS 4 ó 5 unidades / semana
-
LEGUMBRE 2-4 veces / semana
-
ARROZ 2 ó 4 veces / semana
-
PASTA
-
PATATA
Platos
atractivos
Planificar
los menús ayuda a hacer las comidas más variadas
y a introducir platos que se tenían olvidados.
Verduras:
en cremas, croquetas de espinacas y gambas, ensaladas, tortillas
vegetales (calabacín, berenjena, pimientos, espinacas...).
Huevos: escalfados, duros, a la plancha, tortillas o revueltos
(champiñones, setas, atún, espinacas con gambas,
jamón y pimiento o queso...), crepés, flanes,
puding, etc.
Pescados: en croquetas, albóndigas, pizza con atún
y anchoas, pimientos rellenos, tortilla de atún, de
bacalao, sopas...
Y así con todos los grupos de alimentos.
Una
cena saludable y nutritiva en pocos minutos
Si es verano, se puede comenzar la cena con un gazpacho, un
zumo de hortalizas o una crema fría. En invierno apetecen
los caldos, purés o sopas calientes. Por los ingredientes
que incluyen, se conservan perfectamente en el frigorífico
4-5 días si se preparan con antelación.
La
ensalada es un recurso saludable, nutritivo, rápido
de preparar y admite múltiples combinaciones. Para
que no venza la pereza, podemos optar por preparar la ensalada
con antelación, y si se dispone de poco tiempo se puede
recurrir a las ensaladas envasadas y listas para su consumo.
Pero no todas las ensaladas son igual de equilibradas. Para
conseguir el equilibrio si se toman como plato único
en la cena, la ensalada debe llevar dosis de proteínas
de buena calidad (huevo, pollo o pavo, pescado, jamón,
queso…), farináceos (algo de pan, arroz, pasta
o patatas) y aceite, además de los vegetales.
Utilizar
las sobras de la comida. Las verduras que hayan sobrado del
mediodía se pueden consumir tal cual, de guarnición
o combinarlas con más vegetales y preparar deliciosas
ensaladas templadas, de pimiento, cebolla, tomate, calabacín
y berenjena asada…
El
bocadillo, una opción acertada. Siempre y
cuando sea variado y no se consuma a diario, ya que desplazaría
a alimentos muy nutritivos como el pescado, las verduras…
Resulta una opción muy acertada si el relleno de pan
tiene vegetales (lechuga, tomate, cebolla, zanahoria…)
y se acompaña de proteínas de buena calidad.
La
cena es el momento idóneo para tomar la ración
de frutas o lácteos que no se ha consumido a lo largo
del día. Aunque la fruta en zumo puede resultar más
apetecible, entera consigue saciar más y aporta más
nutrientes.
Cuidar
la digestión.
El
tipo, la cantidad de alimentos que se toman en la cena y la
forma de prepararlos influyen en la digestión y en
la capacidad de conciliar el sueño. Es preferible cocinar
sin mucha grasa (vapor, hervido, plancha, horno, microondas,
etc.), prescindir de frituras y no abusar de la sal ni de
condimentos fuertes y picantes. Además, conviene elegir
alimentos menos grasos, como huevos, pescados o aves, en lugar
de guisos o estofados de carnes y evitar grandes cantidades
de comida.
Lo
adecuado es cenar al menos dos horas antes de acostarse, para
que la digestión no interfiera con el sueño,
excepto si se toma un vaso de leche templada o una infusión
digestiva o relajante.
Saltarse
la cena no adelgaza. Está comprobado que para adelgazar
no es beneficioso ni necesario saltarse comidas ni pasar hambre.
Lo recomendable es planear una cena ligera que complete el
resto de ingestas del día.
Ventaja
de los productos “casi preparados”
Conservas de verduras. Resultan muy prácticas y rápidas,
al estar ya elaboradas. Es más saludable elegir las
conservas simplemente cocidas y conservadas en agua y sal,
y preparar un recurrido sofrito para realzar el sabor; en
lugar de elegir las que vienen ya condimentadas, más
calóricas, más grasas y con más sodio.
Precocinados
(lasaña, canelones, sopas, puré de patatas,
croquetas, empanadillas, paellas…).
La
posibilidad de hacer una sopa en tres minutos o una lasaña
en diez es una idea más que tentadora, pero la prisa
no siempre es compatible con una alimentación equilibrada.
Por lo general, estos productos resultan más indigestos,
con mayor contenido en sodio, condimentos y grasas, y más
calóricos que sus equivalentes elaborados en casa,
donde se conoce el tipo y la cantidad de ingredientes utilizados.
Muchos llevan especias (pimienta, curry...) y/o aditivos que
les confieren un sabor particular, pero también los
hacen más indigestos y crean hábito, por lo
que no son los más indicados para consumirlos habitualmente.
Congelados
(verduras, pescados, legumbres…). Una opción
acertada para variar la dieta, con la garantía de que
apenas se alteran las cualidades nutritivas del producto respecto
al original.
Cuarta
gama. Son las verduras y hortalizas, frescas, troceadas,
lavadas y envasadas, listas para consumir o cocinar; ahorran
tiempo, son productos cómodos y muy nutritivos. Además,
se conservan hasta 7-8 días, siempre refrigerados.
Quinta
gama. Las verduras frescas cocidas y envasadas -sin
colorantes ni conservantes- que se conservan hasta 2-3 meses.
Aunque estos productos resultan más caros, pueden ser
interesantes si son una opción para quienes por distintos
motivos apenas consumían verduras.