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| Una alimentación
inadecuada puede agravar la ansiedad. La
ansiedad es un estado emocional en el que la persona
tiene sentimientos de angustia, desesperanza y
de vacío interno. |
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Se trata de un trastorno que
empieza afectando a la mente pero que también puede tener
repercusión
sobre diversos órganos del cuerpo, pudiendo llegar a producir:
taquicardia, dolor estomacal, diarreas, etc.
Situaciones
que contribuyen a agravar esta situación:
- Dietas desequilibradas en las que se produce una ingesta
insuficiente de hidratos de carbono, vitaminas y sales minerales,
nutrientes todos ellos necesarios para el buen funcionamiento
del sistema nervioso.
- Horarios anárquicos de comidas; realizar sólo
2-3 comidas/día muy distanciadas entre sí…
- Consumo habitual de bebidas alcohólicas o estimulantes
y tabaco. No hay que olvidar que todo tóxico deteriora
en mayor o menor medida el sistema nervioso.
- Falta de descanso
Pautas
para modificar el comportamiento alimentario en caso de ansiedad:
- Distinguir entre sensación de ansiedad y hambre.
- Respetar los horarios (no saltarse ninguna comida). Conviene
retrasar el acto de comer unos minutos a partir del momento
en el que se experimentan las primeras sensaciones de hambre.
- Comer sentado en la mesa, de un modo tranquilo y ordenado
(sin mezclar platos).
- Retirar la fuente de la mesa después de servirse.
- Acostumbrarse a dejar siempre algo en el plato, no comer "lo
que sobra".
- Levantarse de la mesa en el momento en que se ha terminado
de comer.
- Planificar los menús con tiempo para poder prepararlos
adecuadamente.
- Hacer la compra con una lista evitando "lo prohibido";
llevar dinero justo.
- No comprar ni cocinar cuando se tiene hambre. Por ej: preparar
la cena, después de la comida…
- Preparar una lista de actividades que sean incompatibles
con comer fuera de hora. Realizar esas actividades cuando se
sienta ansioso por comer.
- Aprender a relajarse para evitar tensiones que crean primero
ansiedad y conducen luego a la sobreingesta.
La ansiedad: un mecanismo normal
La ansiedad es un fenómeno que se da
en todas las personas y que, bajo condiciones normales, mejora
el rendimiento y la adaptación al medio social, laboral,
o académico. Tiene la importante función de movilizarnos
frente a situaciones amenazantes o preocupantes, de forma que
hagamos lo necesario para evitar el riesgo, neutralizarlo, asumirlo
o afrontarlo adecuadamente. Por ejemplo, nos ayuda a estudiar
si estamos frente a un examen, estar alerta ante una cita o una
entrevista de trabajo, huir ante un incendio, etc.
Sin embargo, cuando sobrepasa determinados límites,
la ansiedad se convierte en un problema de salud, impide el bienestar,
e interfiere notablemente en las actividades sociales, laborales,
o intelectuales. Puede limitar la libertad de movimientos y opciones
personales. En estos casos no estamos ante un simple problemas
de "nervios", sino ante una alteración. Existen
varios tipos de trastornos por ansiedad cada uno con sus características
propias.
Se calcula que entre un 15% y un 20% de la población
padece, o padecerá a lo largo de su vida, problemas relacionadas
con la ansiedad con una importancia suficiente como para requerir
tratamiento. La mejora espontánea (es decir sin consulta
ni tratamiento) de los problemas por ansiedad es improbable.
Sólo se produce en muy pocos casos. En la mayoría
de los casos la ansiedad tiende a mantenerse, e incluso a extenderse
y generalizarse. Tratar de sobreponerse a base de fuerza de voluntad,
como piensan algunas personas, no es efectivo. Querer que los
síntomas desaparezcan no da resultado, no es suficiente.
Lo más conveniente es tratarse lo antes posible. La gran
mayoría de los casos mejoran siguiendo el tratamiento
adecuado.
Más allá de los llamados trastornos
por ansiedad (pánico, agorafobia, fobia social, obsesiones,
ansiedad generalizada, etc), la ansiedad es, además, un
componente importante de otros problemas: problemas de alimentación,
problemas sexuales, problemas de relación personal, dificultades
de rendimiento intelectual, molestias físicas de origen
psicosomático, etc.
Las
manifestaciones sintomatológicas de la ansiedad son
muy variadas y pueden clasificarse en diferentes grupos:
- Físicos: Taquicardia, palpitaciones,
opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración,
molestias digestivas, náuseas, vómitos, "nudo" en
el estómago, alteraciones de la alimentación,
tensión y rigidez muscular, cansancio, hormigueo, sensación
de mereo e inestabilidad. Si la activación neurofisiológica
es muy alta pueden aperecer alteraciones del sueño,
la alimentación y la respuesta sexual.
- Psicológicos: Inquietud, agobio,
sensación de amenaza o peligro, ganas de huir o atacar,
inseguridad, sensación de vacío, sensación
de extrañeza o despersonalización, temor a perder
el control, recelos, sospechas, incertidumbre, dificultad para
tomar decisiones. En casos más extremos, temor la muerte,
la locura, o el suicidio.
- De conducta: Estado de alerta e hipervigilancia,
bloqueos, torpeza o dificultad para actuar, impulsividad, inquietud
motora, dificultad para estarse quieto y en reposo. Estos síntomas
vienen acompañados de cambios en la expresividad corporal
y el lenguaje corporal: posturas cerradas, rigidez, movimientos
torpes de manos y brazos tensión de las mádíbulas,
cambios en la voz, expresión facial de asombro, duda
o crispación, etc.
- Intelectuales o cognitivos: Difucultades
de atención, concentración y memoria, aumento
de los despistes y descuidos, preocupación excesiva,
expectativas negativas, rumiación, pensamientos distorsionados
e importunos, incremento de las dudas y la sensación
de confusión, tendencia a recordar sobre todo cosas
desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables,
abuso de la prevención y de la sospecha, interpretaciones
inadecuadas, susceptibilidad, etc.
- Sociales: Irritabilidad, ensimismamiento,
dificultades para iniciar o seguir una conversación,
en unos casos, y verborrea en otros, bloquearse o quedarse
en blanco a la hora de preguntar o responder, dificultades
para expresar las propias opiniones o hacer valer los propios
derechos, temor excesivo a posibles conflictos, etc.
No todas las personas tienen los mismos síntomas,
ni éstos la misma intensidad en todos los casos. Cada
persona, según su predisposición biológica
y/ o psicológica, se muestra mal vulnerable o susceptible
a unos u otros síntomas. Algunos de ellos sólo
se manifiestan de manera significativa en alteraciones o trastornos
de la ansiedad. En casos de ansiedad normal se experiemntan pocos
síntomas, normalmente de poca intensidad, poca duración,
y son poco incapacitantes.
La ansiedad normal y proporcionada, así como
sus manifestaciones, no puede ni deben eliminarse, dado que se
trata de un mecanismo funcional y adaptativo.
Se trata de saber convivir con la ansiedad,
sin perder la operatividad. Sim embargo, algunas personas que
han sufrido trastornos por ansiedad, sobre todo si han sido muy
severos o incapacitantes,están tan sensibilizadas que
tienen después dificultades para tolerar la ansiedad normal,
e incluso distinguirla de la patológica.
El
Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)
Es mucho más de lo que una persona normal
con ansiedad experimenta en su vida diaria. La preocupación
y la tensión son crónicas aún cuando nada
parece provocarlas. Padecer este trastorno significa anticipar
siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente
por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo,
a veces, la raíz de la preocupación es difícil
de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día
provoca ansiedad. Las preocupaciones frecuentemente se presentan
acompañadas de síntomas físicos tales como
temblores, tensión muscular y náusea.
Las personas que padecen de TAG no parecen
poder deshacerse de sus inquietudes aún cuando generalmente
comprenden que su ansiedad es más intensa de lo que la
situación justifica. Quienes padecen de TAG también
parecen no poder relajarse. Frecuentemente tienen trabajo en
conciliar el sueño o en permanecer dormidos. Sus preocupaciones
van acompañadas de síntomas físicos, especialmente
temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular,
dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración o accesos
de calor. Pueden sentirse mareadas o que les falta el aire. Pueden
sentir náusea o que tienen que ir al baño frecuentemente.
O pueden sentir como si tuvieran un nudo en la garganta.
Muchos individuos con TAG se sobresaltan con
mayor facilidad que otras personas. Tienden a sentirse cansados,
les cuesta trabajo concentrarse y a veces también sufren
de depresión.
Por lo general, el daño asociado con
TAG es ligero y las personas con ese trastorno no se sienten
restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia
de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con TAG
no necesariamente evitan ciertas situaciones como resultado de
su trastorno. Sin embargo, si éste es severo, el TAG puede
ser muy debilitante, resultando en dificultad para llevar a cabo
hasta las actividades diarias más simples.
El TAG se presenta gradualmente y afecta con
mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia,
pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más
común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia
ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica
cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose
excesivamente por varios problemas diarios.
En general, los síntomas de TAG
tienden a disminuir con la edad. Sin embargo lo adecuado es
seguir un tratatamiento. Se éstan llevando a cabo investigaciones
para confirmar la efectividad de medicamentos ansiolíticos
(benzodiazepinas, buspirona) y antidepresivos. También
son útiles las técnicas de terapia cognitivo-conductual,
las técnicas de relajación y de retroalimentación
para controlar la tensión muscular.
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