Lo
que sucede es que el organismo de estas personas no puede procesar
algunos hidratos de carbono, como la lactosa (azúcar
de la leche), la fructosa o la sacarosa.
Frecuentemente, cuando un alimento no es digerido apropiadamente,
la causa es que los hidratos de carbono que contiene no pueden
ser absorbidos por el intestino, hay una intolerancia. Quedan
retenidos en él y se convierten en un festín para
las bacterias. Los gases producidos por el metabolismo de aquéllas
son los causantes del malestar intestinal y de la molesta diarrea.
La intolerancia a la lactosa es muy común. Se calcula
que en los Estados Unidos afecta a unos 50 millones de personas.
Este tipo de azúcar no sólo está en la
leche sino también en todos los productos lácteos.
“La intolerancia a la lactosa puede ser primaria, que
es rara, o secundaria a otras enfermedades”, afirma la
doctora Norma Alicia Castagnino, jefa del Servicio de Gastroenterología
del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, de Buenos
Aires, Argentina.
La causa de esta intolerancia es la deficiencia de una enzima,
la lactasa, que es producida por las células del intestino.
La lactasa es la encargada de dividir la molécula del
azúcar de la leche (un disacárido) en dos unidades
más pequeñas para que puedan ser absorbidas en
el torrente sanguíneo.
En algunos casos los chicos nacen con la incapacidad para producir
lactasa. Sin embargo es más común que esta deficiencia
se desarrolle con el correr de los años. “En el
género humano, la producción de lactasa va decreciendo
con la edad, por eso hay adultos que son intolerantes a la lactosa
de la leche de vaca”, explica la doctora Castagnino.
La fructosa, por su parte, es un tipo de azúcar muy común
en las manzanas, las peras, los pomelos y la miel, y se emplea
en la preparación de jugos artificiales. Las gaseosas
contienen un 55 por ciento de fructosa como endulzante. Con
respecto a los efectos de la intolerancia a la fructosa, éstos
son más comunes en verano, cuando la gente, por lo general,
ingiere mayor cantidad de frutas.
En cuanto a la sacarosa, es el azúcar común de
la caña, con la que se endulza el café y las infusiones.
Se encuentra en los caramelos y diversas golosinas. La intolerancia
a la sacarosa no es tan común como la que producen los
otros tipos de azúcar.
Síntomas de la intolerancia a
los azúcares
Cuando se sufre intolerancia a la lactosa, los síntomas
(hinchazón en el vientre, flatulencia, diarrea) se manifiestan
entre dos y seis horas luego de haber bebido uno o dos vasos
de leche, o de haber comido una abundante cantidad de productos
lácteos, especialmente con el estómago vacío.
La solución, para mucha gente, es reemplazar la leche
común por una leche especial, con bajo contenido de lactosa
(alrededor de un 70 por ciento menos). Los especialistas recomiendan
que las personas que sufren este problema se acostumbren a leer
las etiquetas de los alimentos para detectar la presencia de
lactosa, que suele agregarse a los panes en rebanadas, los cereales,
el puré instantáneo, los caldos en cubos, las
mezclas para preparar bizcochuelo, las galletitas, las salchichas,
y algunos condimentos como el ketchup.
Debido a que la leche y los productos lácteos son ricos
en calcio y otros nutrientes esenciales, si la dieta está
desprovista de estos alimentos el déficit se hará
sentir tarde o temprano en el organismo. Sin embargo, algunos
vegetales como el brócoli, son ricos en calcio y tienen
muy bajo contenido de lactosa. Lo mismo sucede con pescados
como el salmón y las sardinas, los camarones y las ostras.
También el queso de soja (tofú) es rico en calcio
y bajo en lactosa.
En el caso de la intolerancia a la fructosa y la sacarosa, el
único tratamiento que existe consiste en evitar los productos
que los contengan. O comerlos en forma espaciada. Los azúcares
como la lactosa, fructosa y sacarosa, se emplean en la composición
de muchos fármacos, por lo cual las personas que sufren
de intolerancia a estos nutrientes, deberían consultar
al médico cada vez que les prescribe un medicamento.
¿Cómo se determina la
intolerancia a la lactosa?
Los
especialistas pueden sospechar que una persona sufre de intolerancia
a la lactosa a partir del relato de los síntomas, es
decir, la respuesta del organismo frente a determinados alimentos.
“Cuando un chico tiene intolerancia a la lactosa, se hace
un diagnóstico para ver si tiene una intolerancia natural
o ha ido perdiendo su tolerancia por tener una enfermedad de
base, como por ejemplo una infección intestinal producida
por una bacteria o un virus intestinal -indica la doctora Castagnino-.
Cualquier enfermedad que afecte la vellosidad del intestino
delgado, que es donde está la lactasa, destruye la enzima
e impide que las células del intestino la vuelvan a producir”,
explica la especialista.
Una vez que se hace el diagnóstico, lo que se cuida,
especialmente en los niños, es el aspecto nutricional.
Al principio los médicos aconsejan ingerir leche con
bajo contenido de lactosa, porque, según afirman, es
importante que haya un poco de lactosa para que la enzima puede
volver a formarse. Y si el problema persiste, sugieren una dieta
libre de lactosa.
“También debe suspenderse temporalmente la ingesta
de alimentos con lactosa en los casos de diarreas agudas de
origen infeccioso, aunque el paciente no sufra de intolerancia
a ese tipo de azúcar, porque en las diarreas agudas infecciosas
se produce un déficit de lactasa", señala
en un artículo en www.bibliomed.com el doctor Omar Gómez,
del Servicio de Gastroenterología del Hospital "San
José y Santa Adela", de Madrid, España.
Para diagnosticar el problema existe un tipo de prueba que se
denomina “Detección de Hidrógeno Espirado”.
Por lo general este gas no es detectado en el aliento, pero,
cuando los azúcares como la lactosa no se digieren bien,
las bacterias del intestino que se “alimentan” con
estos azúcares pueden producir varios gases, que incluyen
el hidrógeno. Este gas es absorbido en la sangre, transportado
a los pulmones y exhalado.
Pero esta prueba es costosa y, en la Argentina, se realiza sólo
en algunas instituciones privadas. Esta prueba sirve también
para determinar la presencia y cantidad de algunas bacterias
del sistema digestivo.
Otra prueba para determinar la intolerancia a la lactosa es
un análisis de sangre para medir el nivel de glucosa.
Primero se realiza una extracción en ayunas, y otra,
dos horas después de tomar una bebida que contenga lactosa.
La prueba consiste en determinar si el nivel de glucosa sufre
algún cambio. Si el paciente no puede digerir la lactosa,
ésta no se divide en porciones más pequeñas,
y el nivel de glucosa permanece sin cambios.
En cuanto a la existencia de medicamentos específicos
que puedan paliar la intolerancia a la lactosa, algunas publicaciones
mencionan ciertos fármacos cuya función es efectuar
un reemplazo enzimático, es decir, proveer la enzima
faltante. Sin embargo, éstos todavía no están
disponibles en la en todos los países. La doctora Castagnino,
por su parte, señala que no hay pruebas que indiquen
que dicho tratamiento sea efectivo.
“Tratamos de medicar poco, y tratar a los niños
con elementos naturales, es decir, eliminando o disminuyendo
la cantidad de aquellos alimentos que puedan causar la intolerancia”,
concluye la especialista.