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Como todo
el mundo sabe, nuestro organismo está expuesto
constantemente a la potencial invasión de numerosas
sustancias patógenas que pueden llevarnos a
enfermar: virus, bacterias, hongos, etc.
Afortunadamente, el
cuerpo humano dispone de un sistema altamente sofisticado
que le permite ofrecer resistencia frente a esos agentes
extraños: el Sistema Inmune (o Inmunitario).
En él se encuentran las defensas específicas,
llamadas así porque utilizan células
específicas en la defensa del cuerpo.
Pues bien, desde el
punto de vista de la Nutrición, el buen estado
del sistema inmune es absolutamente decisivo para
tener buena salud. La dieta inadecuada es un factor
externo que puede afectar a nuestras defensas, sobre
todo cuando interaccionan con otros factores como
los bruscos cambios de temperatura del otoño,
el estrés prolongado, la falta de sueño,
actitudes y emociones agresivas, consumo de fármacos,
etc. A fin de cuentas, es a través de nuestra
dieta como obtenemos las sustancias indispensables
que necesita el sistema inmune para funcionar correctamente.
Ante los cambios de
estación es muy importante cuidar lo que comemos
para fortalecer nuestro sistema inmune. Algunos signos
nos advierten que nuestras defensas se encuentran
bajas: Los fumadores pueden tener dolor de garganta
dando la impresión de estar cogiendo un resfriado
que al final no llega, pueden aparecer pupas en los
labios, cansancio mayor de la habitual, heridas que
tardan en cicatrizar, dolores musculares sin haber
hecho ejercicio, debilidad del cabello...
Con los fríos
aparecen también los catarros, las gripes y
los enfriamientos, y ello puede ser debido al estado
en el que se encuentre nuestro sistema inmune. La
dieta es un aspecto fundamental, ya que si ésta
es inadecuada, puede producir un debilitamiento de
nuestras defensas.
Normas Generales para Mantener altas
tus Defensas
Para
tener siempre altas las defensas es preciso seguir
algunas normas puntuales. Entre otras, éstas:
Realizar una dieta
variada, basada en alimentos frescos y ricos en vitaminas
y minerales
Recurrir a los baños de temperatura alterna
que estimulan la circulación sanguínea
y linfática y fortalecen el organismo.
Dormir el suficiente número de horas favorece
el correcto funcionamiento de nuestro sistema de defensas.
El ejercicio físico es importante.
Aprender a llevar un ritmo de vida más relajado
y a evitar el estrés, ya que éste es
uno de los principales enemigos de nuestro sistema
inmune.
Cuando la dieta no es equilibrada, es importante tomar
complementos alimenticios en forma de ampollas, cápsulas,
jarabes, etc., bajo la supervisión y consejo
de un profesional, teniendo en cuenta que al mismo
tiempo se debe mejorar progresivamente los hábitos
alimentarios.
Qué
comer y que no Comer
La mayor parte de
los problemas de tipo inmune se deben al maltrato
dado al sistema digestivo por una alimentación
inadecuada -con escasez de fibra y exceso de alimentos
fritos y grasas saturadas- así como a la ingesta
de café, leche, azúcar y alcohol, a
lo que hay que unir el consumo elevado de antibióticos,
corticoides, laxantes, inmunodepresores, etc. y las
infecciones intestinales.
Al igual que hay alimentos
que deprimen el sistema inmune hay otros cuyo consumo
habitual eleva especialmente las defensas. La Dieta
Mediterránea constituye un factor protector
para el organismo gracias a su riqueza en nutrientes,
vitaminas, sustancias antioxidantes y a las bondades
saludables del aceite de oliva.
El aceite de
oliva, es muy rico en vitamina A, que aumenta
las defensas del organismo.
El ajo estimula la potencia de los linfocitos
T. Además está demostrado que su ingesta
aumenta significativamente el número de células
protectoras naturales.
Las frutas y verduras crudas. Por
su contenido en vitaminas, minerales y fitonutrientes.
Sobre todo aquellas con actividad antioxidante y revitalizante.
Los yogures. Las bacterias que contiene el yogur contribuyen
a mejorar nuestro sistema inmunológico.
Los probióticos. Son inmunoestimulantes
e inmunomoduladores.
Otros alimentos especialmente protectores las frutas
de temporada, la cebolla, la calabaza, las zanahorias,
el polen, la miel, el perejil, el aguacate, los tomates
y el pescado. Asimismo conviene tomar pescado azul
dos veces a la semana.
Complementos
Alimenticios Adecuados para nuestras Defensas
En cuanto a las sustancias
que podemos tomar como complementos para mejorar el
sistema inmune son éstas:
Vitamina C:
Existen multitud de pruebas que indican que la vitamina
C es esencial para el buen funcionamiento del sistema
inmunitario. En los mecanismos de éste intervienen
ciertas moléculas -principalmente moléculas
de proteínas- que se encuentran en solución
en los fluidos del cuerpo así como en determinadas
células. La vitamina C actúa tanto en
la síntesis de muchas de estas moléculas
como en la producción y funcionamiento adecuado
de las células.
Fuentes alimentarias: Guayaba, kiwi,
mango, piña, caqui, cítricos, melón,
fresas, bayas, pimientos, tomate, verduras de la familia
de la col, frutas y hortalizas en general.
Vitamina E: Es un estimulante de
la inmunidad mediada por anticuerpos o por células.
Fuentes alimentarias: Aceite de germen
de trigo, aceite de soja, germen de cereales o cereales
de grano entero, aceites de oliva (principalmente
el virgen extra de primera presión en frío),
vegetales de hoja verde y frutos secos.
El ácido fólico: La
deficiencia de ácido fólico suprime
la respuesta de algunos linfocitos, lo que a su vez
se acompaña de una disminución de anticuerpos.
Fuentes alimentarias: El complejo
vitamínico B aparece en la mayoría de
alimentos de origen vegetal (verduras, fruta fresca,
frutos secos, cereales, legumbres) y en los de origen
animal (carne y vísceras, pescado y marisco,
huevos y en los productos lácteos). Se debe
prestar especial atención al ácido fólico,
que encontramos mayoritariamente en la verdura de
hoja verde, legumbres verdes, frutas, cereales de
desayuno enriquecidos e hígado y con la vitamina
B12, cuya fuente es específica de los alimentos
de origen animal, especialmente abundante en el hígado
y el marisco, pero también en la carne, el
pescado, los huevos y los productos lácteos.
Flavonoides: Están presentes
en numerosos vegetales, y especialmente en el propóleo.
El propóleo en estado bruto contienen 500 veces
más bioflavonoides que las naranjas, los cuales
son considerados hoy en día beneficiosos en
estados de convalecencia.
Fuentes alimentarias: Verduras de la familia
de la col, verdura de hoja verde, frutas rojas, moradas
y cítricos.
Hierro: La deficiencia simple de
hierro es relativamente frecuente y afecta principalmente
a jóvenes y embarazadas; afecta a la proliferación
celular y disminuye la respuesta inmune.
Fuentes alimentarias: Hígado, carnes
(especialmente la de caballo), pescado, huevo y en
menor proporción los lácteos.
Zinc: La deficiencia de zinc se produce
principalmente en países cuya fuente de proteína
son los cereales. Su deficiencia tiene muchos efectos
sobre el sistema inmune afectando fundamentalmente
a órganos linfoides y a la respuesta inmune.
También se asocia a una mayor susceptibilidad
frente a infecciones.
Fuentes alimentarias: Carnes, vísceras, pescado,
huevos, cereales completos y legumbres.
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