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| A
veces surge esa desagradable sensación de tener
un hambre terrible y una cierta ansiedad por consumir
determinados alimentos, casi siempre dulces. |
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El
momento en que se tiene ese terrible apetito es más importante
de lo que, en principio, podría parecer. De hecho, se puede
decir que hay situaciones determinadas en las que se sufre con
mayor frecuencia. Las personas que están estresadas o deprimidas
lo suelen padecer habitualmente, ya que la comida puede ser una
especie de apoyo emocional.
Los
hombres son menos propensos a esta incómoda sensación
que las mujeres, quienes aseguran que se multiplica la semana
anterior a la menstruación. Durante este periodo el apetito
aumenta, mientras que el gasto metabólico disminuye. Parece
ser que se debe a que las mujeres tienen en ese momento grandes
fluctuaciones de la glucosa, debidos a los cambios hormonales.
Del mismo modo, las embarazadas suelen ver incrementado ese terrible
apetito a causa, probablemente, del cambio hormonal que sufren.
Otra
de las situaciones en que más se padece este desagradable
apetito desenfrenado es durante los regímenes de adelgazamiento,
que podrían estar ligados a los deseos obsesivos que origina
el proceso de autorrechazo.
Por
otro lado, las personas mayores son quienes tienen menos episodios
de este hambre irresistible. Una de las razones puede ser, sencillamente,
la pérdida del sentido del olfato y del gusto.
Las
situaciones en las que se cae con mayor facilidad en la tentación
de tomar un alimento poco saludable y muy calórico, se
dan con una enorme frecuencia. Las fiestas y las cenas o comidas
(muchas veces de trabajo y compromiso) son frecuentes en nuestro
ritmo de vida. En esos momentos, en los que se nos sienta la tentación
a la mesa, basta con seguir algunos consejos. A la hora de pedir
una bebida, opte por el agua mineral o la soda; nada de bebidas
gaseosas y con azúcares. Procure no ingerir canapés
ni emparedados. En un restaurante, retire el pan y la mantequilla
de su lado y elija de la carta los alimentos que más le
vayan a saciar.
Una
de las claves que se deben tener en cuenta para no padecer un
hambre irresistible es que es mejor acabar con ella antes de que
llegue. Si espera a sentir esa sensación podría
acabar sintiéndose deprimido y comiendo de manera compulsiva.
Por otro lado, a la hora de ingerir los alimentos, es importante
que lo haga despacio y con paciencia, nunca como si realmente
estuviera hambriento. Y es que, si se le da algo de tiempo al
organismo, el apetito suele acabar desapareciendo. No debe sentir
rechazo hacia el alimento que le produce esa sensación.
Simplemente, consuma poco de él.
Cómo
quitarse el hambre?
Esa
desagradable sensación de tener un hambre casi insaciable
es más fácil de eliminar de lo que parece. Basta
con consumir alguno de los denominados alimentos saciantes, que
llenan el estómago sin engordar. El tomate y el melón
son dos de ellos.
La sensación de tener un hambre casi irresistible es más
frecuente de lo que muchos desearían; de hecho, es uno
de los principales problemas que sufren las personas que siguen
una dieta de adelgazamiento. En estos casos este apetito desenfrenado
puede responder a razones psicológicas, ya que, el proceso
de auto rechazo origina deseos obsesivos.
Esa
desagradable sensación puede ser combatida de manera sencilla.
Tan sólo es necesario consumir en esos momentos determinados
alimentos que sirven para saciar el hambre y que, sin embargo,
no engordan.
Los
menos saludables, los más atractivos
Pero, paradójicamente, cuando ese hambre se apodera de
nosotros, la tentación no nos inclina precisamente a consumir
alimentos saludables, sino otros más de capricho. Los dulces
-sobre todo el chocolate- y las grasas son los que se llevan la
palma; es decir, aquellos que contienen más calorías.
Sin sustituir las frituras por otras formas de cocinar más
sanas no habrá manera de controlar el peso.
La
cocina al vapor no tiene porqué ser insípida ni
mucho menos. Los alimentos mantienen todo su sabor y para darles
un poco más de gracia se pueden acompañar con infinidad
de guarniciones, sólo hace falta un poco de imaginación.
Hay alimentos que consiguen acabar con esa sensación de
apetito sin aportar un gramo de más a nuestro cuerpo. Son
alimentos básicamente sanos; productos ricos en fibra.
Esto sucede con las frutas, gracias a los azúcares que
aportan. Otros alimentos saciantes son las verduras, las legumbres
y los cereales que, para que no engorden, deben ser integrales.
Los
más saciantes
Tomate.
Es el alimento que con mayor facilidad consigue acabar con esa
desagradable sensación, sobre todo si se toma fresco. En
tal caso, se puede consumir a cualquier hora. Otra opción
es el zumo, que es igual de hipocalórico, pero sacia menos.
Naranjas
y limones.
De entre todas las frutas, las naranjas y los limones son de las
más apropiadas. Por eso es factible consumirlos entre horas,
casi en cualquier momento.
Las
fresas y el melón.
Si se consumen fuera del horario de comidas, solas o con zumo
de naranja, también consiguen llenar el estómago
con facilidad. Otra fruta muy adecuada para estas ocasiones es
el melón. Siempre y cuando se tome solo, puede hacerse
en abundantes raciones.
Repollo
y lechuga. Además del tomate, hay otros productos
que también provocan esa sensación de saciedad.
El repollo es uno de ellas. Si se toma aliñado con sal
y vinagre, apenas aporta calorías y acaba con el apetito.
Lo mismo sucede con la lechuga, a la que se puede añadir
tomate y cebolla.
Espárragos
y setas
En numerosas dietas de adelgazamiento se recomiendan los espárragos
porque son ricos en fibra, provocan un favorable efecto diurético
y, al mismo tiempo, son saciantes. Eso sí, han de cocinarse
sin apenas grasa, al igual que las setas. Entonces, ambos alimentos
pueden ingerirse en cantidades abundantes.
Huevos
y mejillones
Fuera de las frutas y las verduras, se puede contar como alimento
que acaba con el hambre, con los huevos y los mejillones. Eso
sí, los primeros han de estar cocidos y aderezados sólo
con una pizca de sal, mientras que los segundos, deben tomarse
al vapor.
Del
mismo modo, hay determinados alimentos de los que debemos mantenernos
alejados. El pan, los bollos, el arroz, los dulces en general,
la mantequilla y el azúcar, son algunos de ellos. Por supuesto,
las patatas, más aún si son fritas, han de estar
fuera de nuestra dieta habitual, incluso si es tan solo para acompañar
los platos principales.
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