Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano ha
honrado los paradigmas de juventud y belleza.
Pero
en la actualidad el anhelo de ser joven y bello pasó
a ser la preocupación dominante de gran parte
de la sociedad, al punto de que poseer una figura
esbelta con medidas casi perfectas se convirtió
en una condición necesaria para alcanzar el
éxito, no sólo en el plano amoroso,
sino también en el laboral.
La belleza es una
cualidad especialmente seductora. Pero muchas veces
la búsqueda incesante y frenética de
la perfección física conduce, especialmente
a los jóvenes, susceptibles a las imposiciones
sociales de poseer determinado estereotipo físico,
a la adopción de conductas alimentarias reñidas
con una nutrición saludable.
Las dietas de la sopa, de la luna, de la manzana,
o las dietas en las que se insta a consumir un determinado
grupo de alimentos -por ejemplo, proteínas-,
y casi eliminar otros, como los hidratos de carbono,
no son adecuadas, según los especialistas,
para una buena nutrición, pues no están
balanceadas en forma apropiada.
Es necesario entender que cada una de las células
necesita un aporte equilibrado de nutrientes para
que todo el organismo en su conjunto funcione en armonía.
Comer o no
comer, ésa es la cuestión
Estar delgado, a veces
no significa estar sano, máxime si la delgadez
se alcanzó a fuerza de pasar hambre. No comer
lleva a la desnutrición. Por eso, “la
dieta balanceada es el método más moderno
de organización alimentaria, que tiene metas
claras y un objetivo definido”, explica la doctora
Nancy Marchese, médica nutricionista.
Según la doctora Marchese: “El objetivo
de un programa alimentario es mejorar el estado de
salud -físico y psíquico- y prevenir
la aparición de enfermedades metabólicas
como el aumento de colesterol, la obesidad y la diabetes.
También, disminuir las medidas corporales y
el sobrepeso, si existiesen”. Y agrega: “La
meta es mantener los resultados a través del
tiempo”.
Los fundamentos de este tipo de organización
alimentaria no se establecieron caprichosamente, sino
que están sustentados científicamente.
Uno de estos pilares es el cumplimiento de las leyes
que fueron formuladas hace varias décadas por
el doctor Escudero, pionero de la nutrición
en la Argentina, y que hoy son mundialmente aceptadas.
Según estas leyes, la dieta debe ser completa.
La alimentación diaria debe contener los tres
macronutrientes esenciales: proteínas, hidratos
de carbono -azúcares- y grasas, acompañados
de una buena proporción de aminoácidos
esenciales -aquellos que no puede sintetizar el propio
organismo-, minerales, vitaminas y agua.
Al respecto, la doctora Mirta Lerner, médica
especialista en nutrición y diabetes, a cargo
de los consultorios externos e internación
del Hospital Francés de la ciudad de Buenos
Aires, dice: “La dieta diaria debe incluir todo
tipo de alimentos. Así, estamos evitando carencias
de algún tipo de proteína, vitamina
y demás nutrientes. Comiendo verduras y frutas
frescas de todos los colores, e incluyendo los aceites,
que contienen cantidades importantes de vitaminas
y antioxidantes, no es necesario tomar ningún
tipo de suplementos que contengan estas sustancias”.
Desde hace algunos años, se sabe que las células,
en su metabolismo, fabrican moléculas tóxicas
de oxígeno, denominadas radicales libres, que
tendrían un papel preponderante en el envejecimiento
y el origen de algunas enfermedades. De acuerdo con
un artículo publicado en The New England Journal
of Medicine, los radicales libres se verían
contrarrestados por los betacarotenos, presentes en
zanahorias, calabazas, y otros vegetales de color
rojo y naranja. También, por la vitamina C,
presente en las frutas -preferentemente las cítricas-
y verduras, que actúa como preventivo de ciertos
cánceres y de las enfermedades cardiovasculares.
El Tratado de Medicina Interna, de Cecil-Loeb, asegura
que el organismo necesita energía para conservar
sus procesos normales y cubrir las demandas originadas
por las actividades y el crecimiento. Por lo tanto,
los requerimientos energéticos variarán
según el tamaño de una persona, el sexo,
la edad, el metabolismo basal -consumo de energía
mínimo en reposo-, de las diferentes actividades
y de la temperatura ambiental. Esas fuentes de energía
son las proteínas, los hidratos de carbono
y la grasas.
Dónde están los nutrientes
Las principales fuentes de proteínas son las
carnes blancas -pollos, pescados, conejos, mariscos,
langostas-, las carnes rojas -vaca y chivito- y el
huevo, especialmente las claras. También los
lácteos.
La importancia del consumo de proteínas radica
en el hecho de que aportan los aminoácidos
esenciales, es decir aquellos que el organismo no
puede producir por sí mismo-, indispensables
para formar tejidos nuevos.
También existen proteínas en los vegetales,
“Pero aquéllas de origen animal son las
más completas, pues son las que aportan esos
aminoácidos esenciales y el hierro. Si bien
existen vegetales que tienen hierro, éste no
se absorbe de la misma manera que el que se encuentra
en alimentos de origen animal; no es un hierro hémico,
es decir destinado a la formación de hemoglobina”,
afirma la doctora Lerner. Y continúa: “Pero
con consumir carnes dos o tres veces por semana es
suficiente. El mayor problema radica en las mujeres
en período fértil, ya que durante las
menstruaciones se pierde mucho hierro y puede llevar
a la anemia. El hierro también es indispensable
en los niños y adolescentes en período
de crecimiento”, agrega.
Actualmente están de moda las dietas vegetarianas,
principalmente entre los jóvenes, hecho que
se vincula con un rechazo a la matanza de animales.
La doctora Lerner opina que una dieta estrictamente
vegetariana es insuficiente. En cambio, si se complementa
con el consumo de huevos y lácteos, las necesidades
de hierro estarían cubiertas”, afirma
Lerner.
Otros nutrientes indispensables son los hidratos de
carbono o azúcares. Son los que proporcionan
la energía necesaria para trabajar y ayudan
a tornar apetecible a una dieta equilibrada. Los hidratos
de carbono se encuentran en el arroz, los cereales
-trigo, avena, cebada y centeno-, las pastas, las
papas, las batatas, los choclos, las legumbres y las
semillas, en general. También en las frutas
y hortalizas que, además, son ricas en fibras,
y más aún, si se comen con cáscara.
Las fibras, además de dar saciedad, ayudan
a movilizar los intestinos, ya que al no ser digeridas,
atraen agua hacia la luz intestinal y aceleran el
tránsito de los residuos alimenticios. Por
eso son recomendables para contrarrestar los divertículos
y el cáncer de colon, y para evitar que el
organismo absorba el exceso de grasas con el consiguiente
descenso del colesterol sanguíneo.
Se puede agregar avena o salvado de trigo a las milanesas,
albóndigas, o elegir panes que los incluyan
en su fabricación.
Las grasas, forman el tercer grupo de macronutrientes.
Proporcionan más del doble de energía
que los hidratos de carbono y las proteínas
a igualdad de peso. Por lo tanto son una fuente concentrada
de calorías. Pero los requerimientos básicos
son muy pocos, y según Cecil-Loeb, en su Tratado
de Medicina Interna, están limitados al aporte
de tres ácidos grasos indispensables, el ácido
linoleico, linoleínico y araquidónico.
La carencia de éstos en la alimentación
de los niños origina desde piel escamosa hasta
alteraciones en el crecimiento..
“Actualmente se sabe que el aceite de oliva
es rico en ácidos grasos monoinsaturados, y
los pescados de mar, en ácido graso omega tres.
Ambos actúan como antioxidantes, protegiendo
contra el envejecimiento de las arterias y, por lo
tanto, retrasan la arterioesclerosis”, opina
Mirta Lerner.
De acuerdo con su estructura química, las grasas
pueden ser saturadas, mono y poliinsaturadas. Las
primeras están presentes en las carnes rojas,
la piel del pollo, lácteos y yema de huevos.
Las mono y poliinsaturadas, en los aceites vegetales
como el de oliva, y en los pescados como el salmón,
caballa, atún y merluza. La importancia de
los monoinsaturados es que no sólo no elevan
el colesterol malo -LDL o lipoproteína de baja
densidad- sino que también ayudan a aumentar
el bueno -HDL o lipoproteína de alta densidad-,
con la consiguiente disminución del riesgo
de padecer enfermedades cardiovasculares.
Si bien es conveniente disminuir al mínimo
posible el consumo de grasas, no se debe exagerar,
ya que a partir del colesterol se sintetizan las hormonas,
más específicamente las sexuales.
Características
debe poseer una dieta
Además de completa,
según las leyes del doctor Escudero, la dieta
debe ser suficiente; es decir, que la alimentación
debe satisfacer los requerimientos orgánicos
y psíquicos de cada persona, en forma individual
y precisa. “Las dietas basadas en el ayuno o
en la ingesta de líquidos podrían considerarse
equiparables, y son absolutamente insuficientes. Sostenido
en el tiempo lleva a la desnutrición”,
comenta la doctora Nancy Marchese.
Y como si esto fuera poco, la ingesta deberá
ser adecuada y armónica. Vale decir, que deberá
responder a los gustos, posibilidades y, sobre todo,
a las necesidades individuales. Pues no es lo mismo
la dieta de un hombre adulto, que lleva una vida sedentaria,
que la alimentación de una mujer embarazada
o un niño o adolescente en etapa de crecimiento.
“En esos momentos especiales de la vida deberán
consumirse todos los macronutrientes -proteínas,
hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas-
en buena cantidad ya que se están formando
tejidos, de lo contrario se producirán carencias”,
afirma la doctora Lerner. Y agrega: “El niño
y el adolescente deberán tomar, por lo menos,
tres vasos de leche por día, ya que ése
es el momento en que se forma la matriz ósea
y existe alto requerimiento de calcio. Es, justamente,
en la niñez y la adolescencia cuando se debe
prevenir la osteoporosis”
El embarazo es otra etapa especial, durante la cual
se debe balancear nuevamente la alimentación.
“Si bien el antiguo consejo de duplicar la ingesta
ya no es válido, se necesita un aporte extra
de calorías para que, a medida que el embarazo
avanza, el feto tenga todos los nutrientes y calorías
necesarios para formar los tejidos, y la placenta
pueda cumplir con sus funciones metabólicas
y productora de hormonas”, finaliza Lerner.
Aprender a
comer
No hay dudas de que
comer es un placer. Pero, para no darse atracones
y luego pasar hambre para poder lucir la silueta en
las playas, es necesario aprender a comer, a crear
hábitos alimentarios. Toda conducta que se
sostiene en el tiempo se transforma en un hábito.
Para una persona sin sobrepeso, una buena alimentación
deberá ser fraccionada, como mínimo
en las cuatro comidas diarias -desayuno, almuerzo,
merienda y cena-. La dieta, primeramente, deberá
adaptarse a las condiciones biológicas de cada
persona, siempre será completa, predominando
la calidad sobre la cantidad. Según los nutricionistas,
no es conveniente pesar o medir los alimentos. El
adecuado balance logra las metas. Este balance se
realiza alternando en comidas consecutivas los alimentos
ricos en proteínas, hidratos de carbono, con
muchas frutas y verduras, y pocas grasas. Todas las
proteínas deberán acompañarse
siempre de hidratos de carbono complejos -con predominio
de fibras-. Así, un bife puede acompañarse
con una ensalada de zanahorias, tomates y cuanta variedad
vegetal se desee. Si bien las porción de la
carne será moderada, la ingesta de verduras,
ya sea crudas o cocidas puede ser abundante.
Otro hábito importante es beber abundante agua.
“Hay que enamorarse del agua”, comenta
la doctora Marchese. La médica recalca el valor
del agua en contraste con otras bebidas como gaseosas,
jugos o infusiones. El agua es aquel líquido
sin color, sin olor, sin sabor y sin burbujas, que
puede proceder de distintas fuentes, según
el ámbito geográfico y socio-cultural.
Agua mineral o mineralizada, potable de red, hervida
o sin hervir pero con el agregado de dos gotas de
lavandina por litro.
“El hábito de tomar agua debe responder
a una cantidad y técnica específica.
En cuanto a la cantidad, será suficiente como
para que la primera orina emitida durante la mañana
sea bien clara”, explica Marchese. “Cuanto
más agua, más clara y cuanto más
clara mejor”, insiste.
Respecto a la técnica de beber agua, Marchese
explica que deberá hacerse de a sorbos pequeños
y distanciados, para evitar la distensión gástrica.
También hay que decirle adiós al salero:
es recomendable disminuir -o eliminar por completo,
según Marchese- el agregado de sal durante
la preparación de las comidas, dado que, con
una dieta balanceada, los mismos nutrientes ya aportan
sodio. Sí se pueden utilizar productos similares
a la sal, pero sin sodio. Otra alternativa para hacer
más apetitosa la comida es el uso de condimentos
especiales para carnes blancas, rojas, pescados o
vegetales.
Y, como broche de oro, se aconseja realizar ejercicio
físico moderado, aeróbico y sin saltos,
por ejemplo nadar, andar en bicicleta o caminar. Este
tipo de actividad física favorece el retorno
venoso al corazón, previene la aparición
de várices, da tonicidad o firmeza a los músculos
y una buena elasticidad a los tendones.
Aunque parezca complicado, estar en buena forma y
sano se puede lograr sin demasiado esfuerzo. Disminuir
el tamaño de las porciones, consumir muchas
frutas y verduras, beber agua en abundancia, y conseguir
un calzado cómodo para caminar, parecen ser
la clave para cumplir muchos años, con pocos
malestares físicos y gran lucidez mental.
En el mundo occidental se presenta actualmente una
gran paradoja: la coexistencia de dos males resultantes
de una alimentación no balanceada. Estos dos
males, en apariencia opuestos pero íntimamente
vinculados, son la desnutrición y la obesidad.
Según los textos médicos, existe desnutrición
cuando hay un desequilibrio entre el aporte de nutrientes,
ya sea por un programa de comidas inapropiado o la
utilización defectuosa por parte del organismo
de esos nutrientes. Si bien no siempre es fácil
la detección temprana de la desnutrición,
la conjunción de determinadas circunstancias
orientan hacia la búsqueda de los signos que
la delatan.
Las condiciones socioeconómicas de una comunidad
son determinantes. La privación y la pobreza
ganan día a día nuevos desnutridos a
sus filas, principalmente entre los grupos etarios
más vulnerables, como los lactantes y niños
pequeños, los adolescentes en etapa de crecimiento,
las mujeres embarazadas, los ancianos y aquellos individuos
con problemas de alcohol, drogas o SIDA.
Cómo
debe alimentarse un niño
El dicho de nuestras
abuelas es en este caso tan popular como cierto: lo
mejor para un bebé es la leche materna. La
leche materna es el alimento de elección en
el recién nacido, porque contiene todos los
principios nutritivos que el bebé necesita.
Los médicos recomiendan que, en lo posible,
el amamantamiento se mantenga con exclusividad hasta
los seis meses y puede prolongarse hasta los dos años
de edad.
“En los limitados casos en que la mamá
no puede amamantar a su hijo, es factible optar por
una fórmula láctea artificial. Son la
leches maternizadas que existen en el comercio”,
explica el doctor Sergio Ariel Beno, médico
pediatra y nutricionista del Servicio de Nutrición
del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, Argentina.
Pero subraya: “Lo esencial es la leche materna”.
También agrega que se debe intentar evitar
la leche de vaca hasta cerca del año de edad.
Según la Organización Mundial de la
Salud (OMS), la introducción de alimentos semisólidos
-papillas- deberá realizarse entre los 4 y
los 6 meses de edad, etapa en la que necesita suplementos
de hierro. En cuanto al agregado de complejos vitamínicos,
como las vitaminas A, C y D, el doctor Beno comenta
que “está en discusión, principalmente
cuando la lactancia materna es la base de la alimentación”.
Y agrega: “Ya al año de vida, el niño
debe tener una alimentación completa, por lo
que se suspenden los suplementos”.
La introducción de los alimentos deberá
ser paulatina, de acuerdo con su digestibilidad y
alergenicidad. Por ejemplo, no se aconseja darle al
niño cereales con gluten -trigo, avena, cebada
y centeno- antes de los seis meses de edad por el
riesgo de enfermedad celíaca. Tampoco es conveniente
introducir chocolates o frutillas en la dieta antes
del año de edad, porque son productores de
alergias.
“El tipo de alimento, y la secuencia en la introducción
de éstos en la dieta, variarán de acuerdo
con las costumbres culturales de cada región,
como así también del criterio del médico
pediatra”, comenta Beno. Y recalca: “Siempre
conviene enriquecer las papillas con leche o un poco
de aceite para mejorar las propiedades nutritivas.”
La cantidad de calorías que debe consumir un
niño varía según la edad. Una
fórmula fácil para el cálculo
de la ingesta calórica es, sobre una base de
1000, sumar 100 calorías por año de
edad, lo cual indica la cantidad total de calorías
requeridas. Por ejemplo, para un niño de tres
años corresponde un consumo diario de 1300
calorías. El doctor Beno relata que, en la
Argentina, si bien la prevalencia de desnutrición
es elevada, empiezan a perfilarse dos fenómenos
predominantes: la obesidad y los niños de baja
talla. “Estos últimos son niños
bajos para la edad. Y esto se produce por un déficit
selectivo en la ingesta de alimentos, debido a una
mala calidad de selección”. Y agrega:
“Muchas veces estos niños son obesos,
ya que el trastorno no es producido por baja ingesta
calórica”.
Por lo tanto, se recomienda consumir muchos lácteos,
huevos, frutas y verduras con alto contenido en fibras,
y moderación en las carnes, tratando de evitar
las golosinas, gaseosas y la llamada comida chatarra,
que poseen calorías vacías -sin nutrientes
esenciales-. Esto bastaría para que los niños
crezcan sanos.
Cabe recordar que la desnutrición en los primeros
años de vida puede producir un déficit
pondoestatural -baja talla y peso en relación
con la edad- y de la esfera intelectual. Déficit
que en la mayoría de los casos es difícil
revertir a posteriori.
También los dientes se afectan. Pues la carencia
calcio y flúor producen alteraciones en el
esmalte dentario. Y un exceso en el consumo de hidratos
de carbono simples -los azúcares de las golosinas-
predispone a la aparición de caries.
“Ya en la adolescencia, los trastornos de las
conductas alimentarias, como la anorexia y la bulimia,
son cada vez más frecuentes. Frecuencia dada
por la mayor detección del problema y por un
fenómeno cultural que asocia la extrema delgadez
con la belleza estética”, explica el
doctor Beno.
En el otro extremo, ¿qué pasa con la
obesidad? Según Beno, un niño obeso
debe realizar una dieta especial, que se complementará
con ejercicios físicos y cambio en los hábitos
nutricionales. Pero recomienda no utilizar lácteos
descremados antes de los cuatro años de edad,
“ya que es un período importante en el
desarrollo cerebral, y los esfingolípidos de
las grasas de la leche son indispensables para la
elaboración de la mielina, un componente del
sistema nervioso”, subraya.
Cabe mencionar que la obesidad en la infancia puede
condicionar el peso en la adultez, así como
la aparición de enfermedades, entre ellas,
la diabetes.
El embarazo:
¿comer por dos?
El embarazo es un
período crítico en la mujer debido a
la elevada demanda de nutrientes. La rápida
división de la células y la formación
de los órganos del feto en crecimiento requieren
una alimentación adecuada. Pero eso no significa
comer por dos, como antes se creía.
Por el contrario, según un artículo
del International Food Information Council Foundation
(Fundación del Consejo Internacional de Información
sobre Alimentos) de los Estados Unidos, el requerimiento
de algunos nutrientes durante la gestación
se duplica, mientras que la necesidades calóricas
se elevan tan sólo en un 15 por ciento.
“Es indispensable considerar el peso de la madre
previo al embarazo. Una mujer delgada o con peso adecuado
para su edad y estatura, podrá aumentar más
kilos que una obesa, refiere la doctora Mirta Lerner”,
médica nutricionista del Hospital Francés,
de Buenos Aires, Argentina. Pero es útil que
el médico a cargo del embarazo establezca metas
de aumento de peso, conjuntamente con la embarazada
y controle los aumentos. Pues importa no sólo
el aumento de peso total, sino su progreso durante
la gestación.
Un escaso aumento de peso con frecuencia da como resultado
un bebé con bajo peso al nacer, que puede llevar
a un retraso en su desarrollo. Según la estadísticas,
un bebé con estas características presenta
un mayor riesgo de enfermarse y morir durante su primer
mes de vida.
La mujer embarazada almacena grasa con el fin de prepararse
para la lactancia. Si el peso corporal materno es
muy bajo, el organismo se protege incluso a expensas
del crecimiento fetal. Esto también es válido
para las obesas que tratan de bajar de peso durante
el embarazo. La restricción de calorías
también se asocia a neonatos de bajo peso.
Por lo tanto, la doctora Lerner insiste: “Nunca
se debe hacer dieta para adelgazar durante el embarazo”
Durante la gestación existe un requerimiento
especial de determinados elementos como el calcio,
el hierro y el ácido fólico. Si bien
una dieta balanceada y rica en lácteos, pescados
enlatados, vegetales de todos los colores, frutas,
hígado y carnes rojas serían suficientes,
el Servicio de Salud Pública de los Estados
Unidos recomienda administrar suplementos vitamínicos,
inclusive antes de embarazarse, en aquellas mujeres
que estén planeando su embarazo.
Alimentación
en los adultos
En la actualidad existe
una mayor tendencia mundial a la obesidad. Las comodidades
que nos ofrece la sociedad hacen que la obesidad sea,
ya, epidémica. El sedentarismo es un factor
decisivo. El uso del automóvil, los controles
a distancia de los televisores y demás electrodomésticos,
los envíos de comida a domicilio, inmovilizan
a las personas. Si a ello se le suma el gran surtido
de alimentos preparados, a un costo accesible, que
invaden las góndolas de los supermercados,
y que tiempo atrás sólo se consumían
en ocasiones especiales -helados, postres, comidas
preparadas con alto tenor graso-, hacen posible la
acumulación de los odiados rollitos.
La obesidad acarrea otras enfermedades como la diabetes,
y el aumento del colesterol en su fracción
perjudicial, que disminuye el calibre y la flexibilidad
de las arterias. Entonces, no es difícil deducir
que obesidad y enfermedades cardiovasculares están
estrechamente vinculadas.
Pero no sólo el corazón sufre. También
se resienten las articulaciones, al tener que transportar
más kilos de los correspondientes, llevando
a la artrosis. “Es como caminar con dos maletas
de 20 kilos en cada mano”, comenta la doctora
Lerner. Y agrega, “Al existir mayor dificultad
en la deambulación, se acentúa el sedentarismo
y se entra en un círculo vicioso”.
Pero no sólo el sobrepeso es dañino,
también la delgadez extrema. “El problema
es la desnutrición que, a su vez, trae aparejadas
otras enfermedades, algunas bastantes serias como
la tuberculosis. También en los enfermos de
SIDA, una alimentación deficiente posibilita
la aparición frecuente de enfermedades oportunistas,
que deterioran aún más a estos enfermos”,
relata Lerner.
El blanco de la desnutrición parece ser el
sistema inmunológico -las defensas del organismo-.
En un trabajo publicado por la Asociación Lupus
Argentina, se hace referencia al daño que provoca
una dieta insuficiente sobre las células en
general, y muy especialmente, en las del sistema inmunológico
y en la producción de anticuerpos. Por ejemplo,
en experimentos hechos con animales, si faltan proteínas,
el timo, que es el órgano responsable de la
maduración de las células de defensa
-linfocitos T-, se deteriora a tal punto que todos
los mecanismos defensivos del organismo ven afectadas
sus funciones normales.
Algo similar ocurre con el zinc, que existe en cantidades
mínimas en la dieta normal, y con la vitamina
B6. Ambos actúan como coadyuvantes de sustancias
llamadas enzimas, indispensables en los procesos metabólicos
del organismo.
Bulimia y
anorexia
Un tratamiento especial
requieren otras dos enfermedades “epidémicas”
de este fin de milenio, como son la anorexia y la
bulimia. “Aquí confluyen muchos factores,
como la carga genética, las pautas culturales,
la contención familiar, las personalidades,
por lo que se necesita un grupo multidisciplinario
de profesionales para su tratamiento”, resume
Lerner.
Los hábitos alimentarios están condicionados
por las costumbres familiares y culturales de un pueblo.
El impacto de las modas, los bombardeos televisivos
en donde se promocionan falsos cánones de belleza,
por un lado, y por otro, se fomenta el consumo de
productos poco sanos, la vida sedentaria y la falta
de tiempo para preparar y degustar tranquilamente
los alimentos, atentan contra la salud. Con información
seria brindada desde edades tempranas, quizás
se pueda revertir este proceso.
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