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| Los
germinados son brotes llenos de vitalidad. Su excepcional
cantidad de nutrientes los hace indispensables en una
dieta sana, además de aportar su sabor a numerosos
platos. |
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Cuando un
grano de cualquier cereal o leguminosa cuenta con el agua, oxígeno
y calor suficientes germina. Una vez germinados son más
nutritivos y fáciles de digerir. Las semillas así
tratadas se incluyen en la dieta porque permiten vivir más
años y hacerlo con buena salud.
El proceso
de germinación es muy sencillo. Tras dejar los granos a
remojo durante una noche, y escurrir y cambiar esta agua en repetidas
ocasiones, aparecen unos brotes. Con ellos también aparecen
o se incrementan las propiedades nutritivas del producto.
En un momento en que ya ha quedado clara la relación entre
algunas enfermedades como la hipertensión, la arterosclerosis
o la diabetes con los malos hábitos alimenticios, cada
vez son más conocidos y aceptados los alimentos germinados
tradicionales de otras culturas, como la soja, típica en
Extremo Oriente; las judías y guisantes, de la India; el
trigo, de Oriente Medio; o las bebidas de cereales, como la malta
elaborada a partir de cebada germinada.
Los granos
de cereales y leguminosas son alimentos "concentrados"
y, debido a su bajo contenido en agua y su riqueza en hidratos
de carbono complejos -como el almidón- y proteínas,
no deben consumirse crudos. Para que al organismo le resulte más
fácil su asimilación se comen cocidos o asados.
Con ello, se realiza una especie de “predigestión”
que nuestro organismo no podría realizar por sí
sólo. Los germinados, en cambio, es como si ya hubieran
alcanzado ese estado.
Bomba nutricional
En
su valor nutritivo se parecen a las frutas y verduras, ya que,
al igual que éstas, contienen gran cantidad de vitaminas
-en especial A, B, C, E y K-, minerales, enzimas y clorofila.
El germinado de trigo, por ejemplo, contiene hasta seis veces
más vitamina B que la semilla, y en la soja la vitamina
C no aparece hasta que no se ha producido la germinación.
También
resultan muy atractivos si se mira su contenido en azúcares
simples, que aportan energía y se asimilan fácilmente.
El contenido en aminoácidos también se incrementa
entre un 10% y un 30%, y lo mismo sucede con el hierro asimilable.
Esta composición, hace que resulten idóneos para
estimular los procesos digestivos. Su consumo se recomienda en
casos de anemia y para personas con el estómago delicado,
que pueden comer legumbres cocinadas, pero sí sus germinados.
Con las calorías justas
Además,
son alimentos que engordan muy poco porque aportan muy pocas calorías.
Las grasas y almidones de las semillas se transforman en carbohidratos
simples, proteínas, vitaminas y minerales -especialmente
fósforo-. Los brotes de soja, por ejemplo, sólo
tienen 30 calorías por cada 100 gramos.
La otra gran
ventaja de estos alimentos es que se pueden producir en casa.
Se almacenan y transportan fácilmente sin estropearse,
no requieren mucho trabajo ni dedicación y tampoco son
caros. El cultivo de germinados en nuestra propia casa nos permite
asegurarnos que los alimentos que consumimos estén libres
de pesticidas e insecticidas.
Los germinados
se pueden consumir de diferentes maneras. Algunos tienen mejor
sabor cuando han sido cocinados, como sucede con la soja, cuyas
proteínas son así aún más fáciles
de asimilar. Con ellos se pueden preparar tortillas, sopas de
verduras, purés, ensaladas, guarniciones para las carnes
o pescados. Incluso se puede añadir al relleno de un sandwich,
como ingrediente en las salsas de tomate, o como novedad en un
plato de arroz.
Alternativa a la cocción de cereales y
leguminosas
Los
granos de cereales y las leguminosas son alimentos concentrados
y, debido a su bajo contenido de agua y su riqueza en hidratos
de carbono complejos (almidón) y proteínas, no pueden
consumirse crudos. Se cuecen en agua o se asan para facilitar
su asimilación por el organismo. Se trata, por tanto, de
una especie de predigestión que nuestro organismo por sí
solo no puede realizar. En cambio, los germinados se asemejan
en su valor nutritivo a frutas y verduras por su contenido de
agua y su riqueza en vitaminas y minerales, enzimas y clorofila.
Están ya predigeridos y se asimilan muy bien por nuestro
organismo. Por su composición, estimulan los procesos digestivos,
regeneran la flora intestinal y son ricos en antioxidantes (vitamina
C y beta carotenos) y en ciertos minerales.
Aportan muy
pocas calorías, por lo que resultan de utilidad en regímenes
para controlar el peso (los brotes de soja, por ejemplo, aportan
tan solo 30 calorías por cada 100 gramos). Su consumo se
recomienda en casos de anemia (por su riqueza en clorofila, que
posee efectos antianémicos, según algunos estudios)
y también para personas con el estómago delicado
(las hay que no toleran legumbres cocinadas pero que sí
sus germinados). Además, resultan sencillos de preparar,
se comen tal cual, crudos en ensalada, salteados, en tortillas
o formando parte de diversos platos cocinados, en cuyo caso se
recomienda añadirlos al final para que no pierdan sus propiedades.
Durante años la gastronomía ha sido guiada a satisfacer
los gustos y exigencias que durante generaciones fueron definiendo
las reglas del "Arte del Buen Comer". En la actualidad,
con el desarrollo del conocimiento científico sobre las
influencias de la nutrición balanceada para mantener la
salud humana, comienzan ha surgir nuevos modelos de alimentación
que persiguen elevar la calidad de la vida dentro de un equilibrio
con el entorno natural.
Siguiendo
los preceptos de la gastronomía tradicional todo parece
indicar que, hasta nuestros días, la mayoría de
las personas han preferido alimentarse fundamentalmente a partir
de asados servidos de forma abundante y guarnecidos con discretas
cantidades de verdura, cereales y viandas para luego realizar
digestiones lentas preferentemente en estado de reposo. Por suerte,
en estos tiempos, ha comenzado a surgir una nueva preocupación
a escala planetaria para conocer detalles sobre la calidad de
los alimentos que aparecen en nuestras mesas, así como
las reglas para realizar una buena asimilación de sus nutrientes.
Sí
bien es cierto que en los últimos decenios hubo un rápido
desarrollo para las cadenas de producción de alimentos
rápidos, conocidas como "Fast-Food". Un creciente
sector de la opinión pública ha comenzado a reconocer
a estos productos, por sus dudosos valores alimenticios, como
"alimentos chatarra". Estos criterios han coincidido
con el punto de vista de muchos especialistas en materia de nutrición
quienes advierten de un empobrecimiento de la riqueza de la dieta
humana en los finales de este siglo. La opinión de los
expertos se ve avalada por un creciente número de enfermedades
asociadas fundamentalmente al modo de comer: hipertensión
arterial, diabetes, algunos tipos de cáncer, enfermedades
cardiovasculares, ateroesclerosis y otras tantas, aparecen entre
las principales causas de muerte en los países donde aparentemente
están resueltos los problemas de la alimentación.
Es por eso que el interés por una alimentación sana,
sustentada en el consumo de productos frescos, adquiere cada vez
un mayor número de seguidores en todas partes del mundo.
Las ensaladas naturales, las frutas de estación, los jugos
puros, las comidas con bajo contenido de grasas, azúcares
y sal, están marcando las pautas de una alimentación
más acorde con las leyes de la vida natural tanto para
los hombres como para el planeta en que vivimos. Y es en este
contexto donde los brotes comienzan a ser reconocidos como uno
de los alimentos más importantes por sus elevados valores
curativos y nutritivos.
Desde hace
milenios los asiáticos recomendaban el consumo preferente
de brotes para lograr vivir más de 100 años. Y no
se trataba de vivir muchos años sino de hacerlo con calidad
y libre de enfermedades. Los brotes pueden aportar al organismo,
además de las enzimas que se activan en el momento del
desarrollo de la nueva plántula, parte de la energía
vital intrínseca al nuevo organismo vivo.
Más
que cualquier otro tipo de alimento, los germinados vienen a simbolizar
el momento del cambio en nuestros hábitos alimentarios.
Desde hace más de 25 años, han comenzado a invadir
los bares de ensaladas en los servicios de alimentos rápidos
y son fáciles de encontrar en los mercados de los países
industrializados. Para los países con menos recursos económicos;
su consumo presupone además de una extraordinaria fuente
de nutrientes de primera calidad, un ahorro importante de energía
en la esfera doméstica ya que evitan los gastos de combustible
que, durante incontables horas, se necesitan para ablandar los
frijoles de los potajes y purés.
Pero, es necesario
conocer que, a pesar de lo sabrosos que resultan estos tradicionales
platos para el paladar, al someter los frijoles y granos a temperaturas
altas, muchos de sus nutrientes se desnaturalizan y no logran
aportar ni remotamente las cantidades presentes en los mismos
granos pero consumidos como germinados. |