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| Folato,
vitamina C, vitamina B y beta carotenos. Todo eso
y más es lo que aporta el calabacín,
una sabrosa verdura que, por su alto contenido en
agua, tiene efectos diuréticos y apenas engorda.
Todo virtudes para un alimento que admite mil formas
de preparación. |
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Gratinado
al horno, rebozado y frito, en tortilla, en crema, en guiso, de
guarnición… Innumerables son las formas posibles
de preparar el calabacín, una sabrosa verdura que da mucho
juego entre fogones.
Y así
es desde hace muchos años, porque el calabacín se
viene cultivando desde la antigüedad en multitud de regiones
de todo el mundo. Aunque sobre su procedencia los historiadores
no parecen ponerse de acuerdo, se estima que se comenzó
a cultivar en Asia, en La India, para ser más concretos.
Otros sitúan su origen en América del Sur; de hecho,
parece que existen pruebas de que algunas subespecies se cultivaban
en México hacia el año 5.000 a de C.
Sabrosas
virtudes nutritivas
No es de
extrañar que se trate de una planta con tan larga tradición
histórica si se tiene en cuenta que es una de las verduras
con más virtudes nutritivas, algo que ya era apreciado
por nuestros antepasados.
Una de las
características alimenticias que lo convierten en un alimento
tan recomendable es su alto contenido en vitamina C. Hasta tal
punto es así que puede decirse que una porción de
100 gramos de calabacines ligeramente hervidos suministra una
cuarta parte del requerimiento diario de esta fundamental fuente
de vida.
Del mismo
modo, son ricos en ácido fólico, tan necesario para
la división celular, la formación de ADN, ARN y
proteínas en el organismo. Puede decirse que 100 gramos
de la alargada verdura proporcionan aproximadamente 100 mcg de
esta vitamina de la que se recomienda se ingieran 400 cada día.
Betacarotenos,
fibra y agua
Tampoco se
pueden olvidar los necesarios betacarotenos, que el organismo
transforma en vitamina A y que también son suministrados
por los ricos calabacines. A todas estas propiedades nutritivas
hay que añadir su alto contenido en fibra que lo convierten
en un producto muy adecuado para los que padezcan del incómodo
estreñimiento.
Delicioso
y nutritivo, sólo se podía esperar algo más
de este alimento: su bajo contenido en calorías. Apenas
aporta 15 calorías por cada 100 gramos de producto. Y es
que está compuesto en un 95% por agua. De ahí vienen
sus propiedades diuréticas y su bajo contenido en grasas.
Del mismo modo, esta es la razón por la que se recomienda
consumir calabacines en la mayor parte de las dietas de adelgazamiento.
Además
de estas características nutritivas, se asocia a los calabacines
otras virtudes, más relacionadas con la magia. En efecto,
su cultivo se relacionaba en la antigüedad con ritos de prosperidad
de las cosechas.
Una
especie con muchas variedades
El más
común es alargado, verde por fuera y blanco por dentro,
pero también los hay de piel amarilla, a rayas o jaspeada,
casi siempre comestible. El calabacín es, en realidad,
un tipo de calabaza, como su propio nombre indica –diminutivo
de esta última-, de la familia de las cucurbitáceas.
Procede de
una planta pelosa, de hojas verdes, redondeadas y lobuladas que
hoy en día se cultiva en la zona mediterránea, Holanda,
Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Y continúa
su expansión, debido a la facilidad con que florece y se
desarrolla. Aunque se puede decir que prefiere los lugares soleados,
aguanta temperaturas muy variadas.
Generalmente
se recolectan a medio hacer, cuando su longitud se sitúa
entre los 15 y los 20 cm, aunque pueden llegar a alcanzar los
40 cm de largo, 12 cm de diámetro y los 2 kilos de peso.
Calabaza, una flor saludable
Las flores del calabacín y de la calabaza común
son de las que más habitualmente se emplean en casi todas
las cocinas del mundo. La forma más común de comerlas
es salteadas, rebozadas y rellenas, pero también se pueden
emplear para realzar el sabor de sopas y ensaladas. Originaria
de América, la planta de la que procede es de la familia
de las cucurbitáceas. Los indios aztecas la llamaban ayotl.
El Paraguay,
por ejemplo, es muy común el Kiveve, una receta típica
paraguaya elaborada a base de calabaza mezclada con aceite y leche.
En algunos
países se aprovechan los frutos tiernos y los maduros,
pero también las semillas y, por supuesto, las flores,
que son de un color que varía entre el amarillo y el naranja.
En la misma planta, crecen las masculinas y la femeninas y ambas
resultan muy saludables, ya que cada 100 gramos de flor aporta
47 gramos de calcio, 86 miligramos de fósforo y 67 microgramo
de retinol.
La calabaza
es, junto a la zanahoria y el chayote, una de las verduras incorporadas
a la dieta de los niños, una vez aceptadas las frutas.
Sin embargo,
no todo iba a ser perfecto, también tiene sus inconvenientes.
Su principal desventaja es que son muy delicadas y no conviene
tenerlas en el frigorífico más de 24 horas. Así
que si las quiere utilizar en alguna ocasión, no pierda
este dato de vista.
Aunque la
época de los calabacines es el verano, se pueden adquirir
en cualquier estación del año. Cuando vaya a adquirirlos,
trate de que sean de color verde intenso y firmes al tacto. Son
mejores los pequeños porque tienen menos pepitas y su carne
es más tierna. El corte del tallo ha de ser fresco y reciente.
No es necesario pelarlos cuando se trata de piezas tiernas. Basta
con rasparlos ligeramente y luego enjuagarlos. En imprescindible
guardarlos en un sitio fresco, el más adecuado es el verdulero
de la nevera. Así aguantarán bastante, aunque comenzarán
a perder parte de sus propiedades a partir del cuarto día.
Calabacin
a la italiana
Ingredientes
1 calabacin 250 gr. de queso para fundir en lonchas tomate frito
(mejor casero) pimienta negra molida orégano harina sal
Se corta el calabacín en rodajas finas, se sazonan, se
enharinan ligeramente y se fríen en aceite caliente, dejándolas
después escurrir sobre papel absorbente para eliminar el
exceso de aceite. En un bol, mezclar el tomate frito con la pimienta
y el orégano. En una fuente de horno, se colocan los calabacines
en forma de capas sucesivas, alternando una capa de calabacines,
otra del tomate mezclado, y otra de queso, y así hasta
la altura que se desee, terminando siempre con una capa de queso,
y espolvoreando la superficie con orégano. Se mete a horno
fuerte hasta que se funda el queso (aprox. 15 minutos).
Calabacines rellenos
Ingredientes
4 calabacines grandes
6 lonchas de bacón
1 cebolla
nata ó bechamel
queso rallado
Lavamos los calabacines y los cortamos por lla mitad (a lo largo).
Vaciamos la carne del calabacín y seguimos sofriendo, y
por último añadimos la nata o bechamel, se mezcla
todo bien en la sartén. Calentamos el horno. Cubrimos las
bases del calabacín con la mezcla de la sartén,
espolvoreamoscon el queso rallado, horneamos hasta que la base
del calabacín esté cocida.
Calabacin
en besamel
Ingredientes
500 g. de calabacín
leche
harina
aceite o mantequilla
queso rallado
sal
Se pelan los calabacines, se cortan en taquitos y se ponen a cocer
con sal. Cuando están tiernos se escurren y se reservan.
Aparte se prepara una besamel clarita. Se colocan los calabacines
en el fondo de cazuela o recipiente refractario.
Encima se
vierte la besamel y se espolvorea con el queso rallado. Se mete
al horno caliente unos pocos minutos. Es un suave y agradable
primer plato.
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