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Huesos sanos, dientes fuertes: lograr este objetivo
depende en gran medida del calcio, uno de los minerales
más importantes y abundantes del organismo,
y cuya fuente más conocida son los lácteos.
Pero
una dieta exclusivamente vegetariana también
puede ser rica en este mineral, siempre que se consuman
las cantidades correctas de los productos que lo contienen
y se realicen las combinaciones alimentarias adecuadas.
No cabe duda de que el vegetarianismo
tiene muchas ventajas para la salud.
El
exceso de grasas y proteínas animales que hoy
puebla nuestras dietas es el origen de buena parte
de las enfermedades que sufrimos, mientras que altas
dosis de vitaminas, minerales y fibra, son las señas
de identidad de una alimentación sin carne,
a la vez que una muestra clara de sus mejores virtudes
nutricionales.
Sin embargo la dieta vegetariana también tiene
sus inconvenientes: proteínas incompletas,
aminoácidos que no cubren las necesidades del
organismo o escasez de ciertos oligoelementos, constituyen
algunos de los posibles problemas derivados de este
tipo de alimentación. La única forma
de evitarlos es tener un perfecto conocimiento de
los productos que se ingieren, y llevar una alimentación
que, aunque vegetariana, sea lo más variada
y rica posible. Este objetivo lo tienen más
fácil los vegetarianos que consumen, además
de frutas, hortalizas y legumbres, huevos y lácteos.
Con los primeros consiguen aportes proteínicos
de primera calidad, mientras que con los segundos
se aseguran, entre otras cosas, dosis importantes
de un elemento indispensable para el cuerpo: el calcio.
El calcio es uno de los minerales
más abundantes en el organismo.
Sus
mayores concentraciones se encuentran en los huesos
y los dientes (hasta un 98%), aunque también
está presente en la sangre, los músculos
e incluso el cabello. Para formar estructuras duras
como las óseas, el calcio debe estar unido
al fósforo, y su vía de absorción
es el intestino. Pero para que el calcio llegue donde
debe, ha de contar con la vitamina D suficiente, así
como con un correcto ph de acidez en el sistema digestivo
y unas dosis de ejercicio físico mínimas.
También son imprescindibles ciertas cantidades
de grasa y proteínas para su asimilación.
Una dieta vegetariana estricta, en la que no se consume
ningún tipo de lácteo, no es una dieta
sin calcio. Este mineral está presente en vegetales
de hoja verde como las coles, en los cereales integrales,
en los frutos secos, en algunos tipos de algas, en
la soja y en otras legumbres. Sus concentraciones
llegan a ser más elevadas que las de la leche,
los yogures o el queso, y serían perfectos
sustitutos de todos ellos sino fuera porque la disponibilidad
de su calcio es menor. Esto quiere decir que el organismo
aprovecha mucho mejor el que contiene una cuajada
que el que se encuentra en un repollo. La razón
estriba en que los lácteos, además de
calcio, contienen vitamina D y lactosa, y ambas contribuyen
a mejorar la absorción del primero. Por otra
parte, fuentes interesantes de este mineral, como
las espinacas o el brócoli, guardan oxalatos,
sustancias que dificultan su asimilación y
hacen que para conseguir los aportes de calcio mínimos,
sea necesario tomar muchas más espinacas que
leche: por cada vaso de la última habría
que ingerir unos 15 platos de las primeras. De la
misma forma, hay que tener en cuenta que un alto consumo
de tomates o puerros, hortalizas también ricas
en oxalatos, contribuiría a dificultar la absorción
del calcio que se toma a través de otras fuentes
alimenticias.
Un aspecto a valorar es que la ingesta excesiva de
fibra procedente de cereales completos, verduras y
frutas, entorpece igualmente la absorción del
calcio. Por tanto, un vegetariano estricto tiene que
conocer muy bien la biodisponibilidad del calcio que
ingiere, ajustar su consumo a los requerimientos del
organismo, y combinar correctamente los componentes
de su dieta.Tampoco hay que olvidar que las necesidades
de calcio varían con la edad. Durante la infancia,
en el embarazo y tras la menopausia, las demandas
se sitúan en unos 1200 miligramos diarios.
Esta cantidad desciende a unos 800 miligramos al día
en otras fases de la vida.
Aunque
los lácteos son la mejor fuente de calcio que
existe, es aconsejable optar por alimentos como los
yogures, más digestivos que la leche y repletos
de microorganismos beneficiosos para el intestino,
así como por productos bajos en grasa, ya que
el calcio no se encuentra en este componente de la
leche ni de sus derivados. Por otra parte, no sólo
los oxalatos o la fibra obstaculizan la absorción
de este mineral: el exceso de sal, la cafeína
y el alcohol actúan como una barrera para su
aprovechamiento.
Una vía para llegar a los requerimientos diarios
de calcio son los suplementos, muchos de ellos consumidos
por mujeres que se encuentran en la menopausia, y
que deben hacer frente a enfermedades como la osteoporosis.
Es fundamental saber que el calcio sólo se
acumula hasta los 30 años de edad, y que a
partir de ese momento el organismo vive casi exclusivamente
de las rentas adquiridas durante la infancia y la
juventud.
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