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| El
verano es la época del año esperada por
todos. Junto con esta estación llegan las vacaciones,
los viajes, los paseos a la playa, pero también
el calor, la exposición prolongada ante los rayos
del sol y el exceso de sudoración. |
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Es además,
el momento del año que muchos escogen para comenzar una
dieta y practicar ejercicios al aire libre que les permita lucir
un mejor cuerpo con sus trajes de baño o ropas veraniegas.
Los primeros
calores del año nos tientan a ciertos excesos. Uno de ellos
es la necesidad estética de mostrarnos con una tez acorde
a la estación. Mucho se habla y queda por hablar sobre
los riesgos de una inadecuada exposición a los rayos solares.
Pero la primavera es seguida muy de cerca por el cálido
verano, y no sólo protegiéndonos del sol con pantallas
solares excluimos los riesgos del verano para la salud: también
debemos considerar el calor.
El organismo
dispone de mecanismos para regular la temperatura corporal dentro
de límites bastante amplios, lo que es llamado termorregulación;
pero este mecanismo puede ser excedido no sólo en niños,
ancianos o personas con algunas dolencias, sino que pueden llegar
a ser insuficientes aun en los saludables jóvenes, con
frecuencia más deseosos de disfrutar cada verano como si
fuera el último.
¿Cómo
es el equilibrio regulatorio de la temperatura corporal?
Nuestro cuerpo
constantemente gana y pierde calor. Se genera gran cantidad de
calor por los procesos biológicos internos del cuerpo (denominado
en su conjunto metabolismo basal). Este calor se eleva con la
actividad física. También se gana calor del medio
ambiente en forma de radiaciones, fundamentalmente la solar u
otras fuentes generadoras como pueden ser maquinarias o combustión
de gas y otros productos a nuestro alrededor.
Por otra parte
se pierde calor (siempre que la temperatura externa sea inferior
a la del cuerpo) por radiación de ondas hacia el medio
o por transferencia hacia el aire circundante. También
se puede transferir nuestro calor directamente al contacto con
objetos más fríos. Otra formas de perder energía
calórica es a través de la evaporación del
sudor y la respiración.
Los mecanismos
de termorregulación corporal están constantemente
activos y en ellos participan los sistemas nerviosos, cardio-circulatorio,
renales y hormonales.
¿Qué
ocurre cuando el calor es excesivo?
Hay falta
importante de líquidos, pérdida de electrolitos
(sodio, potasio, cloro etc), elevación de la temperatura
corporal y, producto de ello, afectación del funcionamiento
de los distintos sistemas orgánicos. Nos enfermamos.
¿Qué
trastornos se producen?
Una de las
principales causas de enfermedades causadas por el calor es la
deshidratación. La cantidad de agua necesaria para reponer
los líquidos que pierde el cuerpo varía de persona
a persona y depende de la temperatura, humedad y del tipo de trabajo.
Es importante conocer los síntomas que se producen, pues
no siempre la sed es un aviso temprano de estos trastornos. Las
enfermedades y sus síntomas pueden ser:
Agotamiento
por calor. Se produce sudoración excesiva, palidez,
calambres musculares, sensación de agotamiento, mareos
o dolores de cabeza, sensación de nausea o vómito
y puede producirse el desmayo.
Golpe
de calor. Puede llegar a ser muy grave y es necesaria
siempre la asistencia médica. Temperatura corporal superior
a los 39°C, piel roja, caliente y usualmente seca, fuerte
dolor de cabeza y/o mareos, dolor de estómago, estado de
confusión o pérdida de conciencia.
¿Quiénes
son susceptibles de padecer estas enfermedades?
Todos somos susceptibles de sufrir estos trastornos, aunque hay
mecanismos de adaptación al calor dentro de ciertos límites,
pero toman días o semanas en desarrollarse; por ello: ¡mucho
cuidado al entrar el verano pues no estamos “adaptados”!
Tienen una susceptibilidad mayor: quienes no han descansado lo
suficiente, tienen sobrepeso, niños y adultos mayores de
40 años, quienes padecen de presión alta, están
tomando medicamentos, alcohólicos, diabéticos, o
quienes simplemente no siguen las medidas para controlar los efectos
del calor.
¿Cuáles
son las medidas a tomar?
Están
en dos niveles: las medidas para prevenir los trastornos por calor
y las medidas para tratar síntomas de trastornos por calor.
Medidas
preventivas:
- Ingerir
más líquidos independientemente del tipo de actividad,
sin esperar estar sediento.
- Evitar
bebidas cafeinadas, alcohólicas o muy azucaradas.
- No exponerse
al sol demasiado tiempo o en horarios en que los rayos solares
llegan más verticalmente.
- Tener
habitaciones ventiladas.
- De ser
posible, permanecer en locales con aire acondicionado.
- Reducir
la actividad física cuando el calor es excesivo o en
locales cerrados. Ingerir al menos dos vasos de líquido
por hora en estas circunstancias.
- Descansar
con frecuencia a la sombra.
- Usar ropa
ligera, holgada y de colores claros.
- No permanecer
en el interior de vehículos estacionados al sol o cerrados.
- Tener
especial cuidado con niños menores de 4 años,
personas mayores de 65 años y enfermos.
- Tener
presentes los factores que aumentan la producción de
calor (ejercicio físico, fiebre, hipertiroidismo, consumo
de drogas); la absorción de calor (viviendas calurosas,
trabajos en ambientes calurosos); interfieren con la pérdida
de calor (temperaturas ambientales elevadas, alcoholismo, diabetes,
elevada humedad ambiental, ropa inadecuada)
Medidas
ante síntomas de trastornos por calor:
•
Agotamiento por calor: Si los síntomas son muy
severos o la persona sufre de alguna enfermedad, solicite ayuda
médica lo antes posible. Tomar bebidas frescas no alcohólicas,
descansar, cambiarse a ropa ligera, ir a un lugar lo más
fresco posible - idealmente con aire acondicionado; refrescarse
con una esponja húmeda y si no tiene mareos tomar un baño
con agua fresca. Si los síntomas no se alivian en una hora,
solicitar asistencia médica para evitar llegar al cuadro
de golpe de calor.
•
Golpe de calor: Llamar al médico con urgencia;
el golpe de calor es un cuadro que puede ser muy grave con mortalidad
elevada y secuelas importantes si no se atiende de inmediato.
Mover a la persona a un lugar con sombra, refrescarla con agua
fría abundante hasta disminuir la temperatura a menos de
39°C. Si está consciente darle a beber líquidos
frescos no alcohólicos.
Estemos alerta,
no digamos “no te preocupes, lo que tiene es por el calor”.
Sí, lo que tiene es por el calor, pero puede ser muy grave
Cuidado
con el solarium
Por: Paulina Ibarra
El uso de
lámparas bronceadoras y soláriums sin fines médicos,
que en los últimos años ha aumentado mucho entre
adolescentes y mujeres menores de 50 años, puede elevar
el riesgo de contraer cáncer de piel.
Los soláriums
imitan la luz del sol y proporcionan dosis tan intensas y concentradas
de rayos ultravioleta que se puede predecir que las personas que
los usan puedan desarrollar cáncer de piel.
Uno de los
últimos estudios realizados, patrocinado por el Instituto
Nacional del Cáncer de Estados Unidos, siguió la
evolución de un total de 1.500 personas, con edades comprendidas
entre los 25 y los 74 años.
Entre ellos
se han incluido personas sanas y cerca de 800 hombres y mujeres
que han desarrollado algunos de los dos principales tipos de cáncer
de piel: el denominado carcinoma de células escamosas y
el carcinoma de células básales. Entre los que habían
tenido sesiones de bronceado artificial aumentó en 2,5
veces el riesgo de desarrollar el primer tipo de cáncer
y en 1,5 veces el segundo.
Para los investigadores,
estos resultados son preocupantes, debido a "la creciente
popularidad del bronceado artificial entre los adolescentes y
jóvenes adultos".
Anteriores
estudios habían apuntado a la relación que existe
entre las camas bronceadoras y cáncer de piel del tipo
melanoma, que es un tipo aún más agresivo. Sin embargo,
no existían estudios acerca de la relación de estas
máquinas con las formas más comunes de cáncer,
las de tipo basal y escamoso. "Los usuarios de estos artefactos
sufren a menudo quemaduras similares a las que provoca el sol,
y esas quemaduras están relacionadas con un mayor riesgo
de desarrollar los tres tipos de cáncer".
El estudio
analizó las respuestas de los participantes en cuanto al
uso de camas bronceadoras, horas de utilización, tendencia
a las quemaduras, tratamientos de radiación previos o hábitos
de consumo de cigarrillos. Según los investigadores, factores
como quemaduras previas producidas directamente por el sol o tiempo
de bronceado natural no parecen explicar el riesgo excesivo que
se ha observado entre quienes utilizan artefactos de bronceado
artificial.
Los científicos
sugirieron que el uso de estos equipos se limite a los adultos
y que se pida a los usuarios que firmen un formulario de consentimiento
donde reconozcan los riesgos asociados con la práctica.
Cuando
el Sol agota
Por: Mario Rivas
Falta de agua
en el organismo, excesiva exposición al Sol, mala ventilación
y alta temperatura corporal son factores que de conjuntarse en
esta época veraniega pueden desencadenar agotamiento por
calor o insolación, serios trastornos que afectan con más
fuerza a niños, deportistas y gente de la tercera edad,
poniendo en riesgo su vida.
Estos padecimientos,
agrupados bajo el nombre hipertermia y conocidos también
como "golpe de calor" (específicamente cuando
afecta súbitamente), son un problema en el que influyen
factores externos, como la estación del año en curso
o el grado de exigencia que tenga la actividad física que
se realice, y los especialistas coinciden en señalar que
la presencia de este problema es también responsabilidad
del afectado.
Entre las
personas mayores, por ejemplo, no se presta suficiente atención
a la hidratación ni a condiciones ambientales, ya que se
desconoce que al envejecer nuestro sentido de la sed o de la temperatura
no se estimulan con la misma facilidad que cuando se es joven:
la gente mayor suele sentir sed hasta que hay ciertos niveles
de deshidratación, pues con la edad se dan cambios en la
estructura de la piel que hacen más difícil la percepción
de las alteraciones del clima.
Otros factores
dificultan el control de la temperatura corporal en gente de la
tercera edad, como presión arterial alta (hipertensión),
consumo de alcohol, haber padecido diarrea o vómito, uso
de medicamentos (antihistamínicos -para alergias-, tranquilizantes
y diuréticos) y costumbres típicas de la edad: mantener
apagados ventiladores o aire acondicionado para ahorrar electricidad,
cerrar ventanas por miedo a sufrir un robo o vestirse con demasiada
ropa (corbatas, sacos, medias, etcétera).
Cabe hacer
hincapié en esto último. Los agotamientos por calor
en ancianos no se deben sólo a la exposición directa
al Sol (en este caso insolación) o al incremento de temperatura
en épocas como primavera y verano, sino que también
dependen de ventilación y humedad, dado que estos factores
evitan la evaporación del sudor, que es el fenómeno
que en sí permite al organismo disminuir su temperatura.
Asimismo,
la práctica de actividades y deportes cuando la temperatura
ambiente se acerca a 28º C o es mayor, representa un factor
de riesgo que también incluye a niños, gente obesa
y deportistas quienes, en caso de realizar actividades de exigencia
física, deben habituarse progresivamente al clima, beber
abundantes líquidos, evitar exponerse al Sol de mediodía,
suspender el ejercicio si aparecen calambres, malestar, debilidad
o náuseas y buscar ayuda especializada.
Síntomas
y prevención Ante
todo, debe considerarse que la hipertermia tiene dos formas principales
de manifestarse. Una de ellas es el agotamiento por calor, señal
de que el cuerpo se calienta demasiado; la persona puede sentir
sed, mareo, debilidad, falta de coordinación, náusea
y sudor profuso. En estos casos la temperatura del cuerpo generalmente
es normal (entre 37º y 37.5º C) y el pulso es regular
o alto, pero la piel se siente fría y húmeda.
Cuando ello
ocurra es necesario que, a los primeros síntomas de mareo
y desvanecimiento, se llame a una ambulancia y se recueste a la
persona afectada en un lugar fresco, bajo techo y bien ventilado,
con las piernas elevadas. Si el paciente está dispuesto,
pueden proporcionársele bebidas que favorezcan la rehidratación,
como jugos de frutas o agua con sal (1 cucharada por litro de
líquido).
La insolación
es más delicada, pues pone en peligro la vida de la persona,
por lo que la atención médica inmediata es esencial
ante las primeras señales. Un individuo con este problema
tiene una temperatura corporal superior a los 40º C, se siente
confundido, tiene comportamiento extraño, sensación
de desmayo, tambaleo, pulso fuerte y rápido, piel seca
y roja, falta de sudor, posible delirio o hasta coma (perdida
de conocimiento, sensibilidad y movimientos).
En estos casos,
y en lo que llega ayuda médica, debe trasladar al afectado
a una zona fresca y tratar de mejorar su estado con la aplicación
de paños fríos o bolsas con hielo sobre la cabeza.
Si el problema empeora o la temperatura aumenta, se debe retirar
la ropa de la persona, pasarle una esponja mojada por la cara
o, de ser posible, aplicar baños de agua helada. Luego,
se le cubrirá el cuerpo con una sábana mojada o
se le rociará con agua fría hasta que su temperatura
corporal se normalice. En situación extrema se recurrirá
a la respiración boca a boca.
Como la mejor
manera de combatir estos eventos es la prevención, lo conveniente
es evitar la deshidratación bebiendo cantidades adecuadas
de agua; en particular, los ancianos pueden cerciorarse de esto
si orinan por lo menos 5 ó 6 veces al día, siempre
que esto no sea consecuencia del consumo de algún tipo
de medicamento. Por ello, debe consultarse al médico sobre
las propiedades de los fármacos que recete y saber si hay
alguna precaución para su uso en épocas de mucho
calor.
También
deberán evitarse las actividades muy vigorosas al mediodía
y hasta las cuatro de la tarde, así como permanecer en
un lugar asoleado si se comienza a sentir agotamiento por calor;
es mejor desplazarse a un lugar donde haya sombra y que este ventilado,
incluso aflojarse la ropa. Además, deben usarse prendas
ligeras, así como evitar comidas muy calientes, grasosas
o condimentadas.
De esta manera
se evitará al máximo que este verano el calor o
el Sol generen situaciones que pongan en peligro la salud e integridad
de los grupos de riesgo, como la gente de la tercera edad.
El
sol influye en nuestro humor
Por: Raúl Serrano
La ciencia
lo explica fácil: la luz solar incide en ciertas actividades
del cerebro que tienen que ver con el humor de las personas, de
manera que al disminuir la iluminación solar la gente tiende
a deprimirse. Por fortuna, en países tropicales, como México,
el porcentaje de afectados es menor, aunque el desánimo
existe y las causas son otras.
Para poder
explicar como influye la época de calor en nuestro temperamento,
será necesario empezar por el lado opuesto, es decir, explicar
qué es la depresión estacional. En 1921 el psiquiatra
alemán Emil Kraepelín utilizó este enunciado
para definir a un conjunto de síntomas depresivos incubados
en otoño, acentuados en invierno y los cuales desaparecen
en primavera. Los rasgos más comunes son:
Decaimiento.
Somnolencia. Dolor de cabeza. Incremento de peso (y preferencia
por los carbohidratos). Mal humor. Irritabilidad. Ansiedad. Propensión
a la tristeza. Cansancio físico. Aislamiento social. Lo
que llamó la atención del investigador alemán
fue que al inicio de la década de los 20 del siglo pasado,
miles de personas con rasgos depresivos buscaron ayuda especializada,
siendo más notorio en los países nórdicos
(Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca), casualmente los más
alejados de la línea ecuatorial donde la luz solar es más
intensa.
El pronunciamiento
de esa época tiene vigencia aun en nuestros días,
razón por la que sigue siendo motivo de estudio. Es así
que se sabe que afecta a 85% de mujeres de alrededor de 30 años,
y en especial a aquellas que tienen cierta predisposición
o vulnerabilidad a ser depresivas.
Solecito...
caliéntame un poquito El mismo Kraepelín señaló
en su momento que las estaciones intervienen en nuestros rasgos
de conducta. La explicación es que influyen directamente
en la actividad de un neurotrasmisor (cuya función es la
intercomunicación entre neuronas), llamado serotonina,
producido por la glándula hipófisis (situada en
la parte central del cerebro) y que es responsable de "moldear"
nuestros estados de ánimo, mediante, entre otras cosas,
la cantidad de luz que se recibe del exterior. Se entiende entonces
que cuando la secreción de esta hormona es baja, se produce
depresión.
La influencia
de la luz es tan poderosa en los neurotransmisores cerebrales,
que se recurre a ella en tratamientos para aliviar ciertos casos
de obsesión, ansiedad, bulimia y, por supuesto, depresión.
La técnica que la emplea se denomina luminoterapia, y consiste
en aplicar luz blanca artificial a través de lámparas
especiales con filtros ultravioleta o infrarrojos, de intensidad
de 2500 lux (500 watts de potencia) al menos durante dos horas
al día, un mínimo de dos semanas.
Otra explicación
que dan los científicos contemporáneos al desánimo
característico de la época invernal podría
ser la secreción de melatonina, hormona que segrega la
glándula epífisis (también ubicada en el
cerebro) durante las noches y que se ha comprobado participa en
la generación de sueño y baja temperatura corporal.
De manera que si en invierno los periodos de luz solar se reducen,
y los de oscuridad aumentan, habrá mayor cantidad de melatonina.
Además,
se ha observado que cuando la melatonina aumenta, disminuyen los
niveles de serotonina en el cerebro, por lo que se afecta el buen
estado anímico. Dicen algunos expertos que bastarían
dos semanas de insuficiencia de luz en individuos predispuestos
para disminuir los niveles de serotonina y conducir a depresión.
Por cercanía
al Ecuador Hasta ahora es claro que la disminución de luz
es el desencadenante de depresión estacional, que año
tras año afecta a millones de personas en el mundo, y la
cual desaparece espontáneamente con la llegada de la primavera
o con el cambio de hemisferio. Durante los meses cálidos
no resulta raro que en países cercanos a los polos se presenten
otro tipo de manifestaciones que se disparan hacia el lado opuesto,
ya que hay muchos casos de personas que se vuelven hipomaníacos
o maníacos, es decir, alegres y ansiosos en exceso.
Sería
absurdo decir que quienes habitan en las regiones situadas cerca
del Ecuador no serán presas de la depresión, pero
sí es correcto señalar que las tasas de incidencia
son menores. ¿Sabe usted, por ejemplo, que en Brasil -país
eminentemente tropical- psicólogos y psiquiatras tienen
mucho menos trabajo que en Argentina o España? Lo anterior
se interpreta en que la gente es mucho más alegre, bullanguera,
optimista y participativa, tal vez, por la estimulación
natural de la serotonina por el Sol.
Los especialistas
médicos en atención de la mente recomiendan aprovechar
al máximo los días soleados, sin descuidar las precauciones
que deriven en problemas de piel u ojos. Así, se indica:
Realizar paseos
o caminatas. Si es posible, practique actividades físicas,
como correr, durante la mañana. Instalar en trabajo u oficina
los escritorios cerca de las ventanas. En los hogares, hay que
usar lámparas de alta potencia. Evitar la oscuridad en
ambientes pequeños. Por eso, no será raro que se
vuelva más frecuente escuchar de una nueva disciplina científica,
la fotobiología, que se encargará de estudiar la
relación de los seres vivos y la luz. En tanto, prepárese
a aprovechar de nuestra primavera y verano tropicales para hacer
reservas de buen humor para los próximos otoño e
invierno. |