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Quiere
vivir más? Coma un poco menos. El secreto de
la eterna juventud no está en pócimas,
hormonas de reciente descubrimiento o píldoras
mágicas. |
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Reside,
simplemente, en las calorías. Esta es la hipótesis
de un grupo de científicos dedicados al estudio del envejecimiento.
Sus convicciones son fruto de años de investigación
sobre los efectos de la dieta restrictiva en ratas y monos. Y
hoy, paradójicamente -en el Día Mundial de la Alimentación-,
mientras que millares de personas que mueren por la falta de alimentos
conviven con 150 millones de obesos, algunos expertos intuyen
que la reducción de la dieta diaria a 1.800 calorías
es el camino para que el hombre llegue a centenario.
Una
apuesta basada, de momento, en los estudios sobre restricción
calórica hechos en animales, y cuyos resultados muestran
que las dietas espartanas retrasan el envejecimiento, reducen
el riesgo de males asociados al paso del tiempo y prolongan la
vida. Así que, de confirmarse estos hallazgos en el hombre,
y si usted no fuma, no bebe, mantiene un peso constante y hace
ejercicio, incorpore un hábito saludable más a su
vida para prolongarla: seguir una dieta reducida, pero equilibrada.
Dos trabajos,
uno publicado en el número de este mes de la revista American
Journal of Pshysiology y otro difundido en julio en el Journal
of Clinical Endocrinology and Metabolism, ensalzan los beneficios
de la restricción de la dieta en monos. "Mi opinión
personal es que las ventajas que se han obtenido en macacos con
la dieta restringida podrían trasladarse al hombre",
asegura George Roth, líder de la investigación publicada
en julio, y jefe del Laboratorio de Biología Molecular
y Celular del Instituto Nacional del Envejecimiento de EEUU (NIA),
lugar en el que, en 1987, se iniciaron los estudios de la restricción
calórica en primates.
La búsqueda
de un milagro que pudiera retrasar el reloj biológico obtuvo
sus primeros resultados hace siete años. En uno de los
laboratorios de la Universidad Cornell, el científico Clive
M, McCay y sus colaboradores realizaron un sorprendente hallazgo:
la dieta restrictiva había conseguido aumentar la expectativa
de vida de un grupo de ratas en un 33%. De tres años de
vida pasaron a cuatro.
Posteriormente,
este grupo de científicos pudo comprobar que los animales
que siguieron una dieta menos calórica se conservaban más
jóvenes y sufrían menos enfermedades asociadas al
envejecimiento que sus compañeros de estudio, los roedores
a los que les permitieron seguir con su dieta normal, según
publica Scientific American. El trabajo de McCay confirmaba así
una sospecha científica que se remonta a 1930, momento
en el que empiezan a surgir las primeras evidencias que relacionan
las dietas restrictivas con el aumento de vida en ratas y otros
mamíferos.
La
bibliografía
Desde entonces,
numerosos trabajos, como el de la Universidad de Cornell, han
demostrado que cuando se disminuye entre un 30% y un 60% la alimentación
normal (es decir, los animales comían lo que querían)
en las ratas, la media de esperanza de vida (que es de 23 meses,
aunque con dieta restrictiva es de 33 meses) y el tiempo máximo
de supervivencia que pueden alcanzar (33 meses con dieta normal
y 47, con dieta reducida) se incrementan en las misma cantidad.
Curiosamente, y por contra -tal y como destaca el New England
Journal of Medicine en un artículo de revisión reciente
titulado Consumo de calorías y envejecimiento-, los roedores
que siguen una dieta restrictiva, aunque más permisiva
(92% de la media de las dietas consideradas como restrictivas),
que comen carne, practican ejercicio y pesan un 40% menos que
sus homólogos sedentarios, también aumentan la media
de expectativa de vida, pero no el máximo de la misma.
La trascendencia
de estos resultados sembró la duda entre los científicos
sobre si el control en la alimentación proporcionaría
los mismos resultados en el hombre. Para resolverla sólo
había un camino: los ensayos con monos. Así es como
hace una década surgieron las primeras investigaciones
con macacos. Y aunque todavía resulta aventurado asegurar
que las dietas espartanas prolongan la supervivencia en estos
animales (dado que su esperanza de vida es de 30 o 40 años);
ya existen datos que muestran los beneficios de este tipo de alimentación.
Tal y como destaca American Journal of Physiology, tras 10 años
de estudio, los 30 monos que siguieron una dieta restrictiva (30%
menos de calorías diarias) tuvieron una elevación
de 25 puntos en los niveles de colesterol HDL, el bueno, así
como una reducción de 20 puntos en los de triglicéridos
(miligramos por decilitro), en comparación con los 30 macacos
sometidos a una dieta normal.
"Los
animales que consumieron menos calorías tuvieron unas alteraciones
que están asociadas a un menor riesgo de sufrir enfermedades
cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares: niveles más
altos de colesterol bueno; triglicéridos más bajos;
presión sanguínea más baja y una menor acumulación
de grasa", destaca Roy Verdery, uno de los autores de este
estudio que ha sido realizado por miembros del Centro del Envejecimiento
de Arizona y del NIA.
Pero hay más.
Las páginas del Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism
revelan una reducción en el declive de la hormona DHEA
en los monos que siguieron una dieta baja en calorías (también
un 30% de reducción calórica).
La
hormona DHEA
"Los
niveles de DHEA son de gran interés para nosotros porque
creemos que esta hormona es una fuente de juventud, pero, sobre
todo, porque es un buen marcador para establecer el envejecimiento
de los macacos que han seguido la dieta restrictiva", insiste
el doctor Lane, uno de los miembros del NIA que ha realizado el
estudio, junto a Sheldon Ball, de la Universidad de San Francisco,
en Fresno.
La DHEA, dihidroepiandrosterona,
es una hormona esteroide que se fabrica a partir del colesterol
en las glándulas adrenales. A los 20 años, los niveles
de esta hormona en hombres y mujeres alcanzan los niveles máximos,
pero a partir de la treintena comienza el declive de su producción.
A los 75, la cantidad de DHEA que el ser humano posee en el cuerpo
es mínima. De ahí que esta hormona esté considerada
como uno de los marcadores del envejecimiento.
"Es importante
distinguir entre los niveles de DHEA que ocurren de forma natural
en el cuerpo y el declive que se produce con la edad, y las cantidades
de esta hormona que poseen otras personas porque consumen píldoras
de DHEA con el objetivo de vivir más años. Sin embargo,
los beneficios de esta hormona, obtenida de forma artificial,
no están demostrados", destaca el investigador Lane.
Más
colesterol bueno, más DHEA, menos triglicéridos,
una distribución más inteligente de la grasa resumen,
hasta ahora, los hallazgos obtenidos en los ensayos con macacos.
Unos datos que, por otra parte, se suman a los beneficios de la
alimentación poco calórica alcanzados por otros
investigadores en sus ensayos con ratas: se mantiene por más
tiempo el control del azúcar en la sangre, la capacidad
reproductiva de las hembras, ciertas respuestas inmunes, la reparación
del ADN, la masa muscular y la síntesis de proteínas.
Además, los roedores que siguen dietas espartanas consiguen
esquivar ciertas enfermedades asociadas al envejecimiento: patologías
autoinmunes, cáncer, diabetes, cataratas, hipertensión
y fallo renal.
La hipótesis
científica que explica el porqué del retraso del
envejecimiento en los animales sometidos a dietas restrictivas
está en los radicales libres, los terroristas de las células
y del ADN.
El doctor
Denham Harman, profesor emérito de Medicina y Bioquímica
de la Universidad de Nebraska, los desenmascaró en 1954.
Este científico fue el primero en relacionar la acción
de los radicales libres con el envejecimiento y el desarrollo
de algunas enfermedades y, aunque en aquel momento sus teorías
provocaron el rechazo de la comunidad científica, hoy pocos
dudan de la responsabilidad de estos compuestos en la mayoría
de las enfermedades que afectan al ser humano.
Los radicales
libres se generan dentro de las células, en las mitocondrias,
y no son más que formas muy reactivas de oxígeno.
De hecho, y a pesar de que son un producto normal que fabrica
el cuerpo como combustible para conseguir energía, tienen
un gran poder destructivo: dañan la membrana celular, las
proteínas de los tejidos y el ADN. No obstante, estos elementos
también se generan por la acción de otros factores
como la contaminación, los rayos ultravioletas, el tabaco,
el alcohol, las drogas, etcétera.
Según
el artículo del Scientific American, las investigaciones
realizadas con ratas demuestran que los niveles de oxidación
provocados por los radicales libres en el cerebro, corazón
y riñones fue mucho menor en los roedores sometidos a dietas
restrictivas que en los que siguieron una dieta normal. Además,
"el incremento significativo en la producción de radicales
libres que sucede con la edad fue menor en los animales con una
reducción calórica", aclara el artículo
de la citada revista.
En este sentido
el New England Journal of Medicine, en su artículo de revisión,
destaca que las dietas restrictivas "provocan una reducción
de la temperatura corporal de los animales y, por consiguiente,
una disminución en el consumo de oxígeno en estos
roedores".
La duda sobre
si el ser humano podría conservarse más joven, ágil,
sano y alegre siguiendo una dieta restrictiva está sin
resolver. Ningún estudio controlado que contemple este
objetivo ha sido realizado hasta la fecha. Sí existen,
en cambio, algunos artículos que recogen algunos trabajos
en los que, de forma indirecta, se ha podido evaluar el papel
de la reducción calórica en hombres y mujeres. El
Scientific American relata el caso de Okinawa, donde un 17% de
los adultos y un 36% de los niños consumían menos
calorías que la media del resto de los habitantes de Japón.
Como consecuencia, los expertos encontraron una prevalencia 40
veces más elevada de personas que llegaron a ser centenarias
en Okinawa que en otras islas del Japón.
Otro ejemplo
es el aportado por algunos estudios epidemiológicos estadounidenses
que han demostrado que ciertos tipos de cáncer (sobre todo,
los de mama, colon o estómago) son menos frecuentes entre
personas que siguen dietas espartanas. Para algunos expertos estos
datos, y los resultados de los ensayos con animales, bastan para
considerar a la dieta restrictiva como el único método
eficaz para llegar a centenario, y ya se han convertido en auténticos
fans de la dieta antienvejecimiento. Otros, en cambio, advierten
del peligro que puede entrañar el conocimiento de estos
trabajos entre los pacientes de anorexia y bulimia, ya que estos
enfermos podrían convertir estos estudios en un alegato
para defender sus trastornos.
Los "locos" de la dieta antienvejecimiento
A Roy Walford,
profesor de patología en el Colegio Médico de UCLA,
como al resto de sus seguidores, no le importa pasar hambre. Su
cuerpo y su mente se han acostumbrado ya a los sacrificios de
seguir una dieta espartana. "Llevo 10 años practicando
este tipo de dieta y sus beneficios están demostrados en
animales", ha asegurado a EL MUNDO este científico.
Sus argumentos se basan en su propia experiencia como investigador:
es miembro de numerosas asociaciones científicas estadounidenses;
ha publicado más de 325 trabajos en las mejores revistas
médicas del mundo; trabaja como periodista en varios diarios
de EEUU y ha escrito libros sobre la dieta y el envejecimiento.
Su método, denominado Anti-Aging Plan (Plan antienvejecimiento)
ha ganado tantos adeptos que, en EEUU, existe ya un grupo de personas
que, en 1995, formaron la llamada Sociedad de Restricción
Calórica. Su función es la de proporcionar información
a todos ellos que quieran iniciarse en la dieta restrictiva con
el objetivo de prolongar su supervivencia.
El profesor Walford propone dos métodos para conseguir
afiliarse a este tipo de dieta: el denominado de Orientación
Rápida, para aquéllos capaces de adaptarse a los
cambios radicales y el de Reorientación Gradual, destinado
a todos los que necesitan más tiempo para asimilar dichas
transformaciones.
El objetivo es el mismo: limitar la dieta diaria a 1.800 calorías.
Ambas estrategias requieren consejo especializado sobre nutrición,
ya que se debe restringir el consumo de determinados alimentos,
sobre todo grasa animal. De hecho, la mayoría de los alimentos
que consume el doctor Walford, y sus seguidores, son vegetales,
frutas, y productos elaborados con soja. "Hay que pensar
en verde. Y lo fundamental de esta dieta es la calidad de sus
alimentos", asegura este experto. Walford propone, incluso,
una serie de recetas que se recogen en su libro Anti-aging Plan. |