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La
cerveza no contiene grasas y aporta vitaminas, minerales
y otras sustancias con propiedades funcionales, por
lo que consumida con moderación puede incluirse
en cualquier dieta equilibrada.
Al igual que le cerveza convencional, a excepción
del alcohol, contiene más de 2000 componentes,
vitaminas, minerales y compuestos fenólicos
con propiedades antioxidantes (también presentes
en vegetales) y antiagregantes plaquetarios, que ejercen
una función positiva en diversas patologías
tales como las cardiovasculares, la hipertensión
(se admite un consumo moderado de cerveza "sin",
ya que un botellín diario de esta bebida aporta
10 mg de calcio y de potasio y es hiposódica),
el cáncer, ciertos trastornos neurológicos
y frente al propio proceso de envejecimiento (por
su alto contenido de agua favorece la hidratación,
95% y su contenido de vitaminas, minerales y antioxidantes).
Por otro lado, la cerveza contiene ácido fólico
de fácil absorción; un botellín
cubre el 10% de las necesidades de esta vitamina.
La
cerveza “sin” se elabora partiendo de
una cerveza normal o mediante un proceso específico.
Una de las diferencias con las cervezas tradicionales
es el aporte calórico. Las cervezas sin alcohol
aportan menos calorías debido a la eliminación
o reducción del alcohol. Un botellín
de 250 ml. de cerveza “sin” tiene unas
70 calorías, frente a las 115 calorías
de las convencionales.
La
cerveza es en su mayoría agua (95%), con un
escaso contenido en hidratos de carbono ( 4%) y cantidades
muy menores de grasas y proteínas. Sin embargo,
es importante el aporte de minerales como el potasio
o el cromo. Por el contrario, la cantidad de sodio
es pequeña. El sodio puede ser responsable
de una mayor retención de líquidos por
el organismo, preocupante en casos de hipertensión
en los que se recomienda que la ingesta de este mineral
sea muy baja.
El
contenido en vitaminas no es muy elevado en la cerveza.
Únicamente destaca el aporte de ácido
fólico (importante para el desarrollo de los
glóbulos rojos), con cantidades menores de
las vitaminas B2, B3 y B12 (que al igual que el ácido
fólico, forman parte del complejo B).
¿De
verdad sin Alcohol?
Para que una cerveza pueda denominarse “sin
alcohol”, su grado alcohólico debe ser
inferior al 1%. Esto supone que las cervezas sin alcohol
pueden legalmente contener algo de alcohol.
Ninguno
de los 7 productos analizados supera ese valor límite,
por lo que la denominación es correcta en todos
ellos, si bien entre las muestras se registran diferencias.
El grado alcohólico más alto corresponde
a Kaliber y Buckler, con un 0,7% de alcohol, seguidas
de Laiker con un 0,6%. El resto tienen menos de un
0,5%. Sólo Bavaria es, en sentido estricto,
una cerveza sin alcohol, ya que su contenido es de
un 0%.
No
obstante, se trata de una malta espumosa, que no ha
sido sometida a la fermentación, proceso en
que se produce el alcohol de las cervezas. Aunque
la norma no obliga a este tipo de cervezas a indicar
el grado alcohólico, casi todas las muestras
lo hacen. Kaliber, Laiker, Buckler y Kristell dicen
contener menos de un 1% de alcohol. Clausthaler anuncia
menos de un 0,5% y Bavaria indica que contiene un
0,0%.
El
análisis ha demostrado que la realidad corresponde
a las aseveraciones de los fabricantes. Damm-bier
(tiene el 0,4% de alcohol, una de las que menos) es
la única que no indica su contenido en alcohol.
En laboratorio, todas bien
La cerveza no es un alimento rico en proteínas.
Las muestras contienen cantidades muy similares, entre
un 0,28% y un 0,2% de proteína. Estas proteínas
proceden de la malta utilizada, de ahí que
se puede concluir que los fabricantes utilizan cantidades
similares de malta.
En
cuanto a la acidez total, expresada en porcentaje
de ácido láctico, no debe ser mayor
que 0,3%. Este límite no es superado por ninguna
marca, ya que todas ellas presentan el 0,2% de acidez.
También se obtienen, como es lógico
tras lo anterior, valores similares en el pH, indicador
del grado de acidez del producto. El de las muestras
está entre 4,2 y 4,5 y dentro del rango de
pH permitido, que es 3,5-5 para todas las cervezas.
Los
sulfitos, por su parte, son un aditivo que puede usarse
como antioxidante en las cervezas, hasta un máximo
de 20 miligramos por litro. Estos compuestos también
pueden encontrarse en la cerveza de forma natural,
ya que pueden surgir durante la fermentación.
Los bajos niveles detectados podrían hacer
pensar en que la presencia de estos compuestos se
deba a su formación en la fermentación,
aunque salvo Buckler y Clausthaler todas indican esta
sustancia como aditivo en su etiqueta.
La
norma general de aditivos considera las concentraciones
de menos de 10 mg/l. de sulfitos como no presentes
y permite que no se declaren en la etiqueta. Sin embargo,
la legislación para cervezas establece que
cuando el contenido de alcohol sea inferior a un 1,2%
(como es el caso de las siete muestras) se señalarán
todos los ingredientes, entre los que se encuentran
los aditivos.
El
contenido más alto en sulfitos lo presenta
Kristell con 8,7 mg/l. de esta sustancia. Kaliber,
Laiker, Damm-bier y Buckler contiene entre 2,9 y 4,2
mg/l., mientras Bavaria y Clausthaler están
por debajo de 1 mg/l. Aunque son cantidades bajas
si comparamos, el impacto de los sulfitos sobre la
salud humana se entiende negativo, ya que pueden ocasionar
alergias y dolores de cabeza en personas sensibles.
Otro
aditivo recogido en la etiqueta de la mayoría
de las muestras es el estabilizante de espuma E-405
(alginato de propilenglicol). Los alginatos, extractos
de algas utilizados como espesantes y gelificantes
en muchos alimentos, reducen la disponibilidad en
el organismo de algunos elementos esenciales, pero
también neutralizan la toxicidad de algunos
metales.
Su
utilización está permitida en las cervezas
hasta 100 mg/L. Laiker anuncia entre sus ingredientes,
además de los aditivos mencionados, el ácido
cítrico (E-330), un acidulante. Kristell añade
E-300, ácido ascórbico, una imitación
sintética de la vitamina C y cuya función
es antioxidante. Estos dos últimos aditivos
(que al igual que el E-405 no han sido analizados
en el laboratorio) están permitidos de acuerdo
a buenas prácticas de fabricación, ya
que no revisten problema alguno sobre el organismo.
Debido a los recipientes de cobre donde fermenta esta
bebida, podría existir cobre o zinc en las
cervezas que llegan al consumidor.
La
legislación marca un máximo de 1 mg/l
tanto para el cobre como para el cinc. Pero no hay
siquiera rastro de estos minerales en las siete muestras
analizadas.
Etiquetas, pocas carencias
En las cervezas embotelladas deben indicarse la denominación,
contenido, lista de ingredientes, fechas de consumo,
nombre y dirección del fabricante, y número
de lote. Todas las muestras cumplen con la norma,
excepción hecha de la dirección del
fabricante ya que, si bien el nombre del fabricante
aparece en todos los botellines, no se ha encontrado
la dirección de Bavaria y Clausthaler. El contenido
real es, de su parte, superior en todas las muestras
al valor declarado (250 ml ó 25 cl). En cuanto
a la lista de ingredientes, deben aparecer los utilizados
en orden decreciente de cantidad. Sin embargo, Kristell
no lo hace así. Indica en primer lugar los
aditivos y, a continuación, el resto de ingredientes
precedidos de la palabra “Ingredientes”,
cuando los aditivos deberían aparecer dentro
de la lista.
Este
tipo de cerveza no está obligada a indicar
el contenido de alcohol, ya que sólo deben
hacerlo aquellas con más de un 1,2% de alcohol.
No obstante, salvo Damm-bier todas indican que contienen
menos de un 1% de alcohol, o menos de un 0,5%, ó
0,0% según cada marca.
Ninguna
muestra indica en su etiqueta el aporte calórico
de su producto. Por otra parte, Kristell debería
mejorar la rotulación de la lista de ingredientes
y de los aspectos referidos al fabricante, ya que
aparecen en una letra tan pequeña que difícilmente
puede leerse. Kaliber también debería
de mejorar este aspecto.
Los aspectos valorados por los catadores en estas
cervezas “sin” fueron la cantidad y estabilidad
de la espuma, el olor y el sabor. En el mejor grupo
estarían Kaliber, Damm-bier y Buckler, que
han obtenido 6 puntos sobre 10. La cerveza Kaliber
presentó la máxima estabilidad y cantidad
de espuma, el olor y sabor más intensos, y
un color más tostado que el resto. Damm-bier
también obtuvo buenas valoraciones en espuma,
olor y color, pero destaca por su sabor, el mejor
de todos. Buckler también obtuvo valores favorables
en la mayoría de los parámetros.
Kristell,
con 5 puntos, estaría sola en un segundo grupo
de calidad, si bien sus prestaciones son correctas.
Finalmente, en el tercer grupo estarían las
peor valoradas: Bavaria, Laiker y Clausthaler. Consiguieron
sólo 4 puntos, y más bien no gustaron.
La causa, la espuma poco estable y/o escasa, y un
sabor menos agradable que en las demás muestras.
En Bavaria, por ejemplo, aunque su color ligeramente
tostado gustó a los catadores, la espuma fue
la de menor estabilidad y el resto de parámetros
tampoco obtuvieron valoración muy favorable.
En
general, los catadores prefirieron la cerveza con
una suficiente y estable cantidad de espuma y que
ofrecieran un aroma y sabor intensos y típicos
de este producto. También se les pidió
que destacaran las dos cervezas visualmente más
atractivas, mejor presentadas, y que descartaran otras
dos. Las cervezas preferidas fueron Buckler y Clausthaler,
mientras que Bavaria quedó como la menos agraciada.
Cómo se hace la cerveza

El primer paso para la elaboración de cerveza
es la preparación de la malta para lo cual
la cebada limpia, se ponen a remojo y se hace germinar
de forma que la cebada se transforma en malta.
La
malta se deshidrata y se tuesta para detener la germinación
obteniendo así la malta tostada. Se forman
entonces las materias colorantes y parte del aroma.
A
continuación ésta se muele, se mezcla
con agua y otros aditivos y coadyuvantes permitidos,
y se somete a maceración donde se produce la
transformación del almidón en azúcares.
Se obtiene así el mosto de malta. Este mosto
se filtra y el líquido obtenido se cuece con
el lúpulo (también se puede añadir
en etapas posteriores) para la extracción de
los principios activos y aromáticos del lúpulo
que es el encargado del sabor amargo y de la espuma
de la cerveza.
La
mezcla se filtra de nuevo y una vez fría se
somete a un proceso de fermentación mediante
la adición de levadura seleccionada del género
sacharomyces. En este proceso se genera el alcohol
de la cerveza por la transformación de los
azúcares en alcohol. La cerveza obtenida después
de la fermentación es sometida a un proceso
de maduración en bodega. Antes de su envasado
se clarifica de nuevo y pasteuriza para eliminar toda
clase de gérmenes.
Para
que una cerveza sea “sin alcohol” el contenido
en alcohol no debe ser superior a un 1% por norma.
Para conseguirlo, la legislación permite prácticas
tales como la adición de agua potable a una
cerveza normal (dentro de la fabrica) para rebajar
el grado de alcohol, interrumpir la fermentación
para reducir la cantidades de azúcares convertidas
en alcohol, o utilizar levaduras especiales de fermentación
más larga en la que sólo se transforman
en alcohol una parte de los azúcares.
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