Según
la doctora Marchese: “El objetivo de un programa
alimentario es mejorar el estado de salud -físico
y psíquico- y prevenir la aparición de
enfermedades metabólicas como el aumento de colesterol,
la obesidad y la diabetes. También, disminuir
las medidas corporales y el sobrepeso, si existiesen”.
Y agrega: “La meta es mantener los resultados
a través del tiempo”.
Los
fundamentos de este tipo de organización alimentaria
no se establecieron caprichosamente, sino que están
sustentados científicamente. Uno de estos pilares
es el cumplimiento de las leyes que fueron formuladas
hace varias décadas por el doctor Escudero, pionero
de la nutrición en la Argentina, y que hoy son
mundialmente aceptadas.
Según
estas leyes, la dieta debe ser completa. La alimentación
diaria debe contener los tres macronutrientes esenciales:
proteínas, hidratos de carbono -azúcares-
y grasas, acompañados de una buena proporción
de aminoácidos esenciales -aquellos que no puede
sintetizar el propio organismo-, minerales, vitaminas
y agua.
Al
respecto, la doctora Mirta Lerner, médica especialista
en nutrición y diabetes, a cargo de los consultorios
externos e internación del Hospital Francés
de la ciudad de Buenos Aires, dice: “La dieta
diaria debe incluir todo tipo de alimentos. Así,
estamos evitando carencias de algún tipo de proteína,
vitamina y demás nutrientes. Comiendo verduras
y frutas frescas de todos los colores, e incluyendo
los aceites, que contienen cantidades importantes de
vitaminas y antioxidantes, no es necesario tomar ningún
tipo de suplementos que contengan estas sustancias”.
Desde
hace algunos años, se sabe que las células,
en su metabolismo, fabrican moléculas tóxicas
de oxígeno, denominadas radicales libres, que
tendrían un papel preponderante en el envejecimiento
y el origen de algunas enfermedades. De acuerdo con
un artículo publicado en The New England Journal
of Medicine, los radicales libres se verían contrarrestados
por los betacarotenos, presentes en zanahorias, calabazas,
y otros vegetales de color rojo y naranja. También,
por la vitamina C, presente en las frutas -preferentemente
las cítricas- y verduras, que actúa como
preventivo de ciertos cánceres y de las enfermedades
cardiovasculares.
El
Tratado de Medicina Interna, de Cecil-Loeb, asegura
que el organismo necesita energía para conservar
sus procesos normales y cubrir las demandas originadas
por las actividades y el crecimiento. Por lo tanto,
los requerimientos energéticos variarán
según el tamaño de una persona, el sexo,
la edad, el metabolismo basal -consumo de energía
mínimo en reposo-, de las diferentes actividades
y de la temperatura ambiental. Esas fuentes de energía
son las proteínas, los hidratos de carbono y
la grasas.
Aprender
a comer
No
hay dudas de que comer es un placer. Pero, para no darse
atracones y luego pasar hambre para poder lucir la silueta
en las playas, es necesario aprender a comer, a crear
hábitos alimentarios. Toda conducta que se sostiene
en el tiempo se transforma en un hábito.
Para
una persona sin sobrepeso, una buena alimentación
deberá ser fraccionada, como mínimo en
las cuatro comidas diarias -desayuno, almuerzo, merienda
y cena-. La dieta, primeramente, deberá adaptarse
a las condiciones biológicas de cada persona,
siempre será completa, predominando la calidad
sobre la cantidad. Según los nutricionistas,
no es conveniente pesar o medir los alimentos. El adecuado
balance logra las metas. Este balance se realiza alternando
en comidas consecutivas los alimentos ricos en proteínas,
hidratos de carbono, con muchas frutas y verduras, y
pocas grasas. Todas las proteínas deberán
acompañarse siempre de hidratos de carbono complejos
-con predominio de fibras-. Así, un bife puede
acompañarse con una ensalada de zanahorias, tomates
y cuanta variedad vegetal se desee. Si bien las porción
de la carne será moderada, la ingesta de verduras,
ya sea crudas o cocidas puede ser abundante.
Otro
hábito importante es beber abundante agua. “Hay
que enamorarse del agua”, comenta la doctora Marchese.
La médica recalca el valor del agua en contraste
con otras bebidas como gaseosas, jugos o infusiones.
El agua es aquel líquido sin color, sin olor,
sin sabor y sin burbujas, que puede proceder de distintas
fuentes, según el ámbito geográfico
y socio-cultural. Agua mineral o mineralizada, potable
de red, hervida o sin hervir pero con el agregado de
dos gotas de lavandina por litro.
“El
hábito de tomar agua debe responder a una cantidad
y técnica específica. En cuanto a la cantidad,
será suficiente como para que la primera orina
emitida durante la mañana sea bien clara”,
explica Marchese. “Cuanto más agua, más
clara y cuanto más clara mejor”, insiste.
Respecto
a la técnica de beber agua, Marchese explica
que deberá hacerse de a sorbos pequeños
y distanciados, para evitar la distensión gástrica.
También
hay que decirle adiós al salero: es recomendable
disminuir -o eliminar por completo, según Marchese-
el agregado de sal durante la preparación de
las comidas, dado que, con una dieta balanceada, los
mismos nutrientes ya aportan sodio. Sí se pueden
utilizar productos similares a la sal, pero sin sodio.
Otra alternativa para hacer más apetitosa la
comida es el uso de condimentos especiales para carnes
blancas, rojas, pescados o vegetales.
Y,
como broche de oro, se aconseja realizar ejercicio físico
moderado, aeróbico y sin saltos, por ejemplo
nadar, andar en bicicleta o caminar. Este tipo de actividad
física favorece el retorno venoso al corazón,
previene la aparición de várices, da tonicidad
o firmeza a los músculos y una buena elasticidad
a los tendones.
Aunque
parezca complicado, estar en buena forma y sano se puede
lograr sin demasiado esfuerzo. Disminuir el tamaño
de las porciones, consumir muchas frutas y verduras,
beber agua en abundancia, y conseguir un calzado cómodo
para caminar, parecen ser la clave para cumplir muchos
años, con pocos malestares físicos y gran
lucidez mental.
Qué
otras características debe poseer una dieta
Además
de completa, según las leyes del doctor Escudero,
la dieta debe ser suficiente; es decir, que la alimentación
debe satisfacer los requerimientos orgánicos
y psíquicos de cada persona, en forma individual
y precisa. “Las dietas basadas en el ayuno o en
la ingesta de líquidos podrían considerarse
equiparables, y son absolutamente insuficientes. Sostenido
en el tiempo lleva a la desnutrición”,
comenta la doctora Nancy Marchese.
Y
como si esto fuera poco, la ingesta deberá ser
adecuada y armónica. Vale decir, que deberá
responder a los gustos, posibilidades y, sobre todo,
a las necesidades individuales. Pues no es lo mismo
la dieta de un hombre adulto, que lleva una vida sedentaria,
que la alimentación de una mujer embarazada o
un niño o adolescente en etapa de crecimiento.
“En esos momentos especiales de la vida deberán
consumirse todos los macronutrientes -proteínas,
hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas-
en buena cantidad ya que se están formando tejidos,
de lo contrario se producirán carencias”,
afirma la doctora Lerner. Y agrega: “El niño
y el adolescente deberán tomar, por lo menos,
tres vasos de leche por día, ya que ése
es el momento en que se forma la matriz ósea
y existe alto requerimiento de calcio. Es, justamente,
en la niñez y la adolescencia cuando se debe
prevenir la osteoporosis”
El
embarazo es otra etapa especial, durante la cual se
debe balancear nuevamente la alimentación. “Si
bien el antiguo consejo de duplicar la ingesta ya no
es válido, se necesita un aporte extra de calorías
para que, a medida que el embarazo avanza, el feto tenga
todos los nutrientes y calorías necesarios para
formar los tejidos, y la placenta pueda cumplir con
sus funciones metabólicas y productora de hormonas”,
finaliza Lerner. |