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| Uno
carga millones de microbios invisibles en las manos.
La mayoría de ellos son inofensivos, pero algunos
pueden generar enfermedades transmitidas por los alimentos
e incluso otras, como la gripe, los resfríos
y la diarrea. |
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Todos
los alimentos, si no se mantienen en determinadas condiciones
especiales, con el paso del tiempo dejan de ser aptos para el
consumo.
Las razones
de su descomposición son diversas. Por un lado, tarde o
temprano, se contaminan por microorganismos procedentes del exterior,
con lo cual pueden ocasionar una intoxicación alimentaria;
por otro lado, la acción de diferentes factores altera
la estructura química, por lo cual pueden perder el sabor,
la textura y la coloración natural e incluso puede alterarse
el estado natural y perder valor nutritivo.
La contaminación de los alimentos se puede producir básicamente
por dos mecanismos. El más frecuente es la llegada y el
desarrollo de diferentes tipos de gérmenes que provienen
del medio ambiente, en general bacterias y mohos. El otro mecanismo
es el desarrollo de colonias importantes de gérmenes a
partir de microorganismos que ya están presentes en sus
propias estructuras desde su obtención o elaboración,
si bien, en condiciones normales, es decir si están frescos
o bien conservados, se trata de cantidades muy pequeñas
e inocuas.
El factor
más importante que intervienen en la alteración
química de los alimentos es la presencia de diferentes
tipos de enzimas propios de tejidos orgánicos, la función
de los cuales es acelerar los procesos metabólicos.
Estas enzimas
pueden continuar actuando aunque los tejidos estén muertos
y pueden alterar la estructura química de los nutrientes
y modificar el sabor, la textura o la coloración natural
de los alimentos. Por otro lado, la exposición al aire,
la luz, la humedad o temperaturas elevadas provocan modificaciones
físicas y químicas en los alimentos, a consecuencia
de las cuales también pueden perder cualidades nutritivas
o su sabor, textura o coloración natural.
Las normativas
vigentes exigen que, mediante diversas medidas, se garantice que
los alimentos se encuentren en un buen estado de conservación
en el momento en que son vendidos. No obstante, un vez comprado
el alimento, la adecuada conservación depende del usuario.
A continuación se mencionan algunos aspectos y recomendaciones
importantes para garantizar que los alimentos se encuentren en
buen estado de conservación en el momento de ser consumidos.
Primeras
medidas prácticas
Para conservar
los alimentos en buen estado se deben comprar en el orden inverso
a la rapidez con que se alteran.
Es decir,
comenzar por las conservas y los alimentos envasados en general;
continuar sucesivamente por los cereales y derivados, verduras
y hortalizas, frutas, carnes, huevos, embutidos y quesos, productos
lácteos frescos y pescados; para acabar con los congelados.
Cada tipo
de alimento es necesario que esté envuelto de manera que
quede aislado de los otros. De esta forma evitaremos que un alimento
se impregne con los olores de otros y, al mismo tiempo, que eventualmente
se contaminen entre ellos. Igualmente, cuando se guarden los alimentos
para transportarlos al domicilio, es conveniente que los más
sólidos se sitúen más profundamente en las
bolsas, cestas de la compra o carros y encima los más frágiles.
La mayoría
de los alimentos frescos se deben conservar en temperaturas que
oscilan entre los 2º y los 7ºC, ya que dentro de este
intervalo los procesos metabólicos de los tejidos y la
reproducción de los microorganismos se producen tan lentamente
que, hasta un cierto tiempo, los productos no se alteran.
El
Pescado
El pescado
se ha de conservar en las zonas más frías del frigorífico
ya que se deteriora con especial rapidez.
Aún
así, no puede garantizarse que se mantenga en buen estado
más de 24 horas. De esta forma, es aconsejable comprar
únicamente el pescado que se va a consumir el mismo día.
Naturalmente el pescado debe guardarse limpio de vísceras
y escamas.
La
Carne
La carne,
cuyo deterioro es también rápido, hay que conservarla
en las zonas más frías y debe ser consumida antes
de 48 horas de haberla comprado. Es aconsejable desenvolverla
del papel de venta y envolver cada unidad por separado en papel
de aluminio o celofán.
De esta forma
se refrigerará más rápidamente y su conservación
será optima. Los cortes grandes se conservan durante más
tiempo que los pequeños.
Esta es la
razón por la que la carne picada o troceada es aconsejable
comprarla el misma día que será consumida. Esta
recomendación es válida para las vísceras.
Huevos
Los huevos
se deterioran mucho más lentamente, por lo que convienen
guardarlos en la nevera en su zona destinada. De esta forma pueden
conservarse hasta tres semanas.
Lacteos
La leche pasteurizada,
el yogur y los quesos frescos deben guardarse en la nevera. El
tiempo máximo de conservación de la leche pasteurizada
y los quesos frescos es de unos tres días.
Los quesos
secos es preferible guardarlos fuera de la nevera, así
conservan mejor su aroma, textura y sabor, al mismo tiempo se
evita que otros elementos guardados en la nevera se impregnen
con su olor. También es aconsejable guardarlos dentro de
campanas de cristal, plástico o metal, o bien envueltos
en papel de aluminio.
De la misma
forma, los embutidos no necesitan nevera. Si que la necesitan
los embutidos cocidos (jamón dulce, mortadela y fiambres).
Frutas
y Verduras
La frutas
maduras y las verduras deben conservarse en la nevera en las zonas
menos frías, que en general son los cajones. En estas condiciones
el tiempo máximo de duración oscila entre dos y
siete días, según el tipo de alimento de que se
trate.
Así,
por ejemplo, las fresas, cerezas, higos y las verduras de hoja
verde se conservan dos o tres días; los albaricoques, los
plátanos, los melocotones, la uva, las ciruelas, las peras,
los tomates, las zanahorias y las berenjenas, de tres a cinco
días; y las manzanas, el melón, las naranjas y la
piña, hasta un máximo de seis-ocho días.
Los paquetes
de cereales y derivados, de legumbres, de azúcar y de sal
hay que guardarlos en lugares secos y frescos. Una vez abiertos,
su contenido, al igual que los frutos secos, ha de conservarse
en recipientes aislados, por ejemplo en botes de cristal, a fin
de preservarlos del calor, la humedad y la contaminación
de pequeños insectos.
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