|
|
|
| El
verano es la estación de los colores y de los
sabores más excitantes, desde el punto de vista
olfativo, visual y gustativo. |
|
A causa
de la elevada sudación es importante beber mucho y comer
alimentos refrescantes, ricos en vitaminas, sales minerales...y
que no cansen demasiado el proceso digestivo de nuestro cuerpo.
Vía libre por tanto a la fruta y verdura, preferiblemente
de temporada.
Verano quiere
decir, sobre todo, sed: y para quitarla, nada es mejor que el
agua natural. Evitemos las bebidas gaseosas y azucaradas, ciertamente
más sugestivas, pero poco naturales y portadoras de un
placer “efímero”: no aportan nutrición
ni quitan verdaderamente la sed, además de aportar no
pocas calorías.
Frutas
Comencemos
con la sandia: fruto de color rojo, que quita la sed, diurético
y desintoxicante; optimo integrador de vitaminas –en particular
la vitamina C y por eso es un óptimo sustituto de los cítricos-
y de las sales minerales que perdemos con el sudor. De la sandia
se lee ya en la Biblia, donde se dice que los hebreos añoraban
en el desierto de Sinai las sandias que habían consumido
en Egipto: se supone por lo tanto que tal fruto sea originario
del Valle del Nilo. Curiosamente, la sandia se mantiene fresca
bajo el sol, por vía de la evaporación que se produce
bajo la superficie lisa de su cáscara.
Optimo es
también el melón, perfumadísimo y de pulpa
anaranjada. Consumido como entremés, favorece la disolución
de jugos gástricos. El melón está considerado
un fruto extremadamente dietético: por su elevado contenido
de azucares aporta una buena dosis de energía, con un aporte
calórico insignificante; tiene un notable contenido de
vitaminas, en particular la B y la C, y de proteínas. También
este fruto llega de África, como testimonian restos arqueológicos
encontrados en Egipto.
Rica en fósforo
y magnesio, potasio y vitaminas (B1, B2 y C), con un modesto contenido
calórico, el melocotón es un fruto ideal en la alimentación
veraniega. Los autores clásicos, griegos y latinos, la
indicaban como fruto de Persia –y eso sugiere su nombre
botánico, prunus pérsica- pero hay testimonios de
su utilización ya en el Dos mil antes de Cristo por parte
del pueblo egipcio. En la pulpa del melocotón, pobre en
calorías (24 cada 100 gramos), el magnesio y el potasio
regular la presión arterial; el flúor protege dientes
y hueso; el selenio preserva las membranas celulares; el caroteno
mejora la vista y hace más bella la piel.
Verduras
El
tomate es considerado una de las hortalizas más dietéticas:
con solo 17 calorías cada 100 gramos otorga al organismo
una buena dosis de fibras, vitaminas –en particular la C,
pero también la B1, B2, y PP- y sales minerales –en
particular el fósforo, calcio, y magnesio-. Contribuye
a desintoxicar y regenerar el organismo, favoreciendo también
la digestión de los almidones (por esto es óptimo
como condimento de la pasta).
La lechuga,
justo porque se consume cruda, conserva intactas todas sus características
nutricionales. De este modo las sales minerales, las vitaminas
y los ácidos orgánicos que contiene resulta una
preciosa fuente de nutrición. En sus orígenes, por
sus propiedades emolientes y sedantes y por su poder calmante
sobre el sistema nervioso, los antiguos la consumían al
final de las comidas. Se dice también que el emperador
romano Augusto, aquejado de una enfermedad hepática, se
curó gracias a una dieta basada en la lechuga.
El verano
es también la estación del yogur y de los quesos
frescos y magros -no fermentados-, alimentos útiles para
prevenir los disturbios intestinales del calor: un plato típico
del verano es el clásico “mozzarela y tomate”,
un plato completo y óptimo porque aporta la fundamental
base de calcio que es necesaria a todas las edades, para el crecimiento
y para la prevención de enfermedades como la osteoporosis
y el tumor de colon y del recto.
La
cocina y los condimentos
Renunciemos
a la práctica lata que seguramente contiene conservantes.
Fantaseemos con las verduras: calabacines perfumados al vinagre,
pimientos al horno aliñados con aceite y limón,
chicoria en ensalada. Acompañémosla con fantasía
de pollo y pavo cocidos al vapor. La cocina al vapor es óptima
para una alimentación ligera y sabrosa, sin grasas: se
pueden preparar menestras con verduras templadas, enriquecidas
con parmesano y con las finas hierbas que prefiramos. Pero la
verdura de temporada es también óptima cruda: tomates,
apio, zanahorias, pepinillos, pimientos, rábanos, cebolletas...
Protagonista
de los condimentos es el aceite extra virgen de oliva, preferible
a la mantequilla y margarina y usado junto a la albahaca, laurel,
perejil, mayorana, menta y romero.
Todas las hierbas aromáticas son utilísimas para
reducir la cantidad de sales y de grasas, normalmente añadidos
para dar sabor a las comidas. |