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¿Sabes
qué tienen en común los tomates, el
aceite de oliva o de canola, las naranjas y muchos
cereales de desayuno? Son buenos componentes de una
alimentación equilibrada, como la que debemos
consumir a diario para cuidar nuestro corazón.
Qué hace el corazón ?
Es
el corazón el que hace posible, a través
de su acción de bombear sangre, que lleguen
a cada uno de los rincones del cuerpo las sustancias
nutritivas, materia prima para el trabajo vital de
esas microscópicas maquinitas que son las células.
Por otro lado, nuestra alimentación tiene mucho
que ver con el funcionamiento del corazón.
Así como éste impulsa hacia los demás
tejidos la sangre y los nutrientes, su estructura
muscular debe recibir estos nutrientes en cantidad
suficiente para continuar latiendo alrededor de ochenta
veces por minuto, cada hora de cada día del
año.
Las arterias coronarias constituyen el sistema de
irrigación del corazón, pues a través
de ellas le llegan la sangre y los nutrientes. Para
que el corazón los reciba en cantidad suficiente,
es necesario que estas arterias se mantengan sanas,
es decir, que no estén obstruidas.
Las
enfermedades cardiovasculares constituyen la primera
causa de muerte en España. Su impacto sanitario
y social no para de aumentar y lo seguirá haciendo
en las próximas décadas, según
la Sociedad Española de Arteriosclerosis y
la Sociedad Española de Cardiología.
El papel de la alimentación deviene fundamental
en la prevención de este tipo de enfermedades,
tanto mediante la promoción de una dieta equilibrada
y saludable entre la población general, como
a través del tratamiento de factores de riesgo
asociados (hipertensión, obesidad, hipercolesterolemia,
diabetes...). Aunque de nada ayudará todo ello
si nuestro estilo de vida no es saludable. Evitar
el tabaco, las situaciones de estrés y realizar
ejercicio físico regularmente son condición
indispensable para nuestra salud y bienestar.
¿Cómo
es una dieta de prevención cardiovascular?
No es más que una dieta equilibrada cuyo modelo
más representativo puede ser la dieta mediterránea.
El consumo abundante de cereales y sus derivados (pasta,
arroz, pan…), de legumbres, frutas y frutos
secos, de verduras y hortalizas, con menores cantidades
de pescado, aves, huevos y derivados lácteos,
y aún menores proporciones de carne, son características
esenciales de esta dieta. Estos alimentos se condimentan
habitualmente con aceite de oliva y se acompañan,
si se desea, de una cantidad moderada vino tinto (un
vasito junto con la comida y la cena).
Alimentos
especialmente recomendados
Ricos
en grasas insaturadas
Existen
distintos tipos de grasas insaturadas, pero las más
representativas son las poliinsaturadas (como los
ácidos grasos omega-3, característicos
del pescado azul) y las monoinsaturadas (especialmente
el ácido oleico, presente en el aceite de oliva
y el aguacate). Las grasas poliinsaturadas contribuyen
a reducir las tasas de colesterol total (tanto el
HDL-c, también llamado colesterol bueno,
como el LDL-c o colesterol malo) y de triglicéridos
en sangre. Estas grasas también destacan por
su capacidad de reducir el riesgo de formación
de trombos o coágulos. Las monoinsaturadas,
reducen el colesterol total a expensas del LDL-c,
evitan su oxidación (principal causa por la
que dichas partículas de colesterol tienden
a adherirse a los vasos sanguíneos formando
las llamadas placas de ateroma) y aumentan los niveles
del HDL-c.
Por ello, son especialmente recomendables los siguientes
alimentos:
- Aceite
de oliva (preferiblemente el virgen de primera
presión en frío), por su aporte de
ácido oleico, vitamina E (antioxidante) y
otras sustancias como los fitosteroles (reducen
las tasas de colesterol en sangre).
- Aguacate,
por el ácido oleico y vitamina E que contiene.
- Aceites
de semillas (girasol, maíz, soja…)
y frutos secos, por su aportación
de grasas poliinsaturadas. Las nueces destacan por
su riqueza en ácido linolénico, un
ácido graso esencial precursor de los ácidos
grasos omega-3.
- Pescado
azul, por sus ácidos grasos omega-3.
Con
elevada cantidad de fibra
La
fibra es una sustancia que arrastra parte del colesterol
de nuestro organismo junto con las heces, por lo que
también contribuye a reducir sus niveles en
sangre. Son alimentos especialmente ricos en fibra
las legumbres, las verduras y hortalizas, las frutas
frescas y secas, los frutos secos y los cereales integrales
(pan, arroz, pasta y cereales de desayuno integrales…).
Con
sustancias de acción antioxidante
La
ingesta habitual de sustancias con actividad antioxidante
se relaciona con la disminución de la incidencia
de enfermedades cardiovasculares. Uno de los principales
mecanismos de producción de aterosclerosis
(estrechamiento del diámetro de las arterias
que dificulta el paso de sangre), origen de la mayoría
de enfermedades cardiovasculares, es la oxidación
de las LDL-c. Actúan contra ella, entre otras,
las siguientes sustancias:
- Vitamina
E: aceite vegetal virgen de primera presión
en frío, frutos secos oleaginosos y germen
de trigo.
- Vitamina
C: pimiento crudo, cítricos, kiwi, verduras
de la familia de la col, tomate, etc.
- Sustancias
colorantes propias de vegetales: el licopeno
(da el color rojo al tomate), el betacaroteno (color
amarillo, anaranjado o rojizo en vegetales tales
como la zanahoria, la calabaza, el mango…).
- Compuestos
fenólicos: compuestos químicos
presentes en vegetales, vino tinto, uva y mosto,
té, verduras y frutas...
- Ciertos
minerales: el cinc (carnes, pescados, huevos)
y el selenio (carnes, pescados, huevos y marisco).
- Compuestos
azufrados: verduras de la familia de la col,
cebollas, ajos…
Algunos
factores de riesgo cardiovascular
Peso:
el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo
cardiovascular.
Distribución
de la grasa corporal:
un incremento del 10% del peso, especialmente a nivel
abdominal, aumenta en un 30% el riesgo cardiovascular.
Exceso
de sodio en la alimentación:
contribuye a aumentar el riesgo de hipertensión
y por tanto también, el de enfermedad cardiovascular.
Niveles
de homocisteína elevados en sangre (hiperhomocisteinemia)
:
La
homocisteína es un aminoácido (constituyente
de las proteínas) presente en nuestro organismo.
Sus niveles en sangre son un factor de riesgo importante,
independiente y frecuente, para el desarrollo de aterosclerosis
en particular de enfermedad cardiovascular, cerebrovascular
y de trombosis. La hiperhomocisteinemia, principalmente
es debida a un defecto en el metabolismo de origen
genético o al déficit de ácido
fólico o folato (vitamina B9). Los componentes
de la dieta con mayor eficacia en su tratamiento son
el ácido fólico y las vitaminas B6 y
B12 (ayudan a romper la homocisteina en el organismo)
las cuales son aportadas en cantidades adecuadas mediante
una dieta equilibrada, aunque en ocasiones se debe
recurrir al empleo de suplementos.
Fuentes
alimentarias de B6, B9 y B12:
- Vitamina
B6: cereales integrales, hígado, frutos
secos y levadura de cerveza.
- Vitamina
B9: legumbres frescas (guisantes, habas) y verduras
verdes (espinacas, acelga, borraja...), frutas,
cereales de desayuno enriquecidos e hígado.
- Vitamina
B12: carne, huevo, pescado, lácteos,
ciertas algas y derivados de la soja enriquecidos.
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