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Treinta y cinco expertos de quince países,
reunidos en París, han laborado un documento
en el que exhortan a la industria alimentaria a transformar
sus procesos de cocinado para reducir al mínimo
la presencia de factores cancerígenos, y alertan
al mismo tiempo de los peligros del fast food, la
llamada comida rápida, que engloba carnes precocinadas
con grasas, diversas clases de fritos, productos de
panadería muy ricos en hidratos de carbono
y bebidas de alto poder calórico con edulcorantes
artificiales.
La
cocina al vapor, hervida o a la plancha, la famosa
dieta mediterránea rica en verduras, pescados,
legumbres y cereales integrales, junto con el aceite
de oliva, "el oro blanco", siguen siendo
garantía de una sana y adecuada nutrición.
Esta
preocupación por la acrilamida y otros tóxicos
no es nueva. La primera voz de alarma surgió
hace unos años cuando investigadores de Suecia,
Noruega y Gran Bretaña suecos lo detectaron
en algunos de los alimentos más consumidos.
El
dato se confirmó después en Estados
Unidos, uno de los países con mayor índice
de colesterol y enfermedades vasculares por habitante.
Desde entonces, la Organización Mundial de
la Salud elabora periódicamente evaluaciones
al respecto, como el último estudio que acaba
de presentar.
La
doctora Pilar Riobó lleva años analizando
los efectos de la alimentación en la salud
humana. Su diagnóstico es rotundo: "El
campo debería ser la base de nuestra alimentación".En
este sentido, engloba la experta la necesidad de consumir
frutas, verduras, cereales, legumbres, frutos secos,
"y todo aquello que sale de la tierra",
como eje central de la nutrición humana. En
realidad, matiza,"todo es cuestión de
cantidades, por lo que la adecuada nutrición
debe contemplar una gran variación, ajustadas
dosis y controles adecuados".
Fast
Food en la Adolescencia
Los adolescentes son también especialmente
aficionados a la denominada comida rápida.
Se estima que entre un 30% y un 40% de todas las comidas
se realizan fuera del hogar y los "fast-food"
representan el 20% de este mercado, quizás
no tanto por la falta de tiempo sino porque representan
una cultura que la juventud asume con facilidad. Los
centros de comida rápida se han convertido
en referentes donde los jóvenes pasan las tarde
de muchos fines de semana.
Los
adolescentes se identifican plenamente con el ambiente
del "fast food": informal, poco convencional,
alejado del esquema tradicional de la cocina familiar
del que tanto huyen, y con precios accesibles para
los jóvenes. Otra ventaja es la flexibilidad
del horario. El plato base, la hamburguesa con patatas
fritas, acompañada de diferentes bebidas (especialmente
azucaradas), tiene gran aceptación entre este
grupo de edad. En general se consideran alimentos
con un alto contenido energético, en grasa,
azúcar, y sal y bajo contenido en fibra y otros
nutrientes, pesar de que se ha llevado a cabo otros
estudios que demuestran que en muchos casos pueden
tener un nivel aceptable de nutrientes. Sin embrago,
la poca variedad de su menús es motivo suficiente
para intentar que los jóvenes amplíen
sus expectativas culinarias.
Seductora
Tentación
Rapidez de servicio, horarios amplios, precios económicos
y una vastísima red de establecimientos son
las bazas fuertes de las cadenas de comida rápida.
Según la Federación Española
de Hoteles y Restaurantes (FEHR), en España
hay ya cerca de 3.000 locales de este tipo y su número
sigue creciendo. Pero su éxito no sólo
radica en la comodidad: la comida rápida ha
captado, mal que nos pese, nuestros paladares, y a
pesar de su mala fama nutricional todos hemos sucumbido
en alguna ocasión ante una hamburguesa o una
porción de pizza. Las consecuencias de los
cambios en los hábitos alimentarios se dejan
notar: uno de cada dos españoles tiene exceso
de peso y las enfermedades cardiovasculares, con una
tasa de mortalidad del 35% en el año 2000,
son la primera causa de muerte en España.
¿Qué tipo de productos
ofrecen?
Los
productos de fast food se pueden clasificar en dos
grupos: los de influencia y características
anglosajonas, como hamburguesas, salchichas y patatas
fritas acompañadas de salsas diversas (mayonesa,
mostaza, ketchup…), y los de procedencia mediterránea,
como pizzas, bocadillos, tapas y kebabs (pinchos de
carne adobada de origen árabe envueltos en
pan de pita y acompañados de vegetales y salsas
de yogur). Por sus características nutricionales,
la comida rápida de estilo mediterráneo
o árabe se puede considerar más saludable
que la de estilo sajón.
Dentro
de este tipo de productos no hay que olvidar platos
típicos de otros países que constituyen
una novedosa forma de comida rápida, como los
burritos mexicanos o la comida china, además
de la amplia gama de productos precocinados (lasañas,
canelones, paellas, empanadillas, croquetas…),
cada vez más demandados por los consumidores.
Dado lo heterogéneo de estos productos no es
fácil determinar un valor nutritivo representativo.
Sin embargo, todos tienen algo en común: una
elevada densidad energética debido a su alto
contenido en grasa (en especial grasa saturada y colesterol)
e hidratos de carbono (pan, pita, base de pizza, tortitas…).
Y si bien es cierto que aportan proteínas de
calidad (huevos, carnes, pescados, quesos…),
se quedan cortos de fibra, vitaminas y minerales,
excepto en sodio (sal). Y no hay que olvidar que el
número de calorías que ingerimos aumenta,
y mucho, si la comida se acompaña de patatas
fritas, bollería y refresco o bebida alcohólica.
El
abuso del fast food
El
consumo de este tipo de comida no supone ningún
inconveniente para la salud siempre que no se convierta
en un hábito ni sustituya a alimentos básicos.
Pero lo que está ocurriendo es que cada vez
más personas los incluyen como base de su dieta,
sin ser conscientes de los peligros nutricionales
que ello conlleva.
Excesiva
energía
Con tan sólo una comida fast food se ingiere
más de la mitad de la energía diaria
necesaria. Si a ello añadimos la energía
aportada por el resto de comidas del día, el
contenido energético de la ingesta total se
dispara y se favorece el exceso de peso.
Demasiada
grasa y colesterol
Las grasas saturadas -en exceso tienden a aumentar
los niveles de colesterol en sangre- y el colesterol
son abundantes en estos productos debido a las salsas
a base de huevo, mantequilla, nata, manteca y otros
ingredientes grasos que se emplean en su elaboración,
y a los aceites de coco y palma que se usan en la
fritura.
Digestiones
difíciles
En la mayoría de las ocasiones los alimentos
están fritos, empanados o rebozados, por lo
que se enriquecen en grasa, que calentada resulta
aún más indigesta.
Abundantes
aditivos
En general, estos productos contienen más sal
que los que se preparan en casa, en parte porque el
sodio se utiliza como conservante. Además,
para conseguir el aspecto deseado en cuanto a color,
olor, sabor y textura llevan añadidos conservantes,
colorantes, antiapelmazantes, estabilizantes, etc.
Estos platos suelen incluir condimentos fuertes o
aditivos que potencian el sabor y que estimulan el
apetito y, con el tiempo, alteran la percepción
del sentido del gusto y crean hábito.
Alternativas
saludables
Fast
food no significa, necesariamente, comida basura.
Una selección adecuada de alimentos y una correcta
frecuencia de consumo pueden hacer de una comida rápida
una propuesta original, equilibrada y saludable.
Comida
rápida en casa…
Si no disponemos de tiempo o nos
da pereza cocinar, solemos recurrir a la comida rápida.
Aunque no es recomendable abusar de ella, cuando la
preparamos en casa al menos conocemos con seguridad
la calidad y la cantidad de los ingredientes utilizados.
La clave está en incluir en el menú
otros alimentos que complementen en nutrientes la
comida, con el fin de elaborar una comida rápida
equilibrada y nutritiva.
Pizza o bocadillo con ingredientes
magros (quesos, jamón, atún al natural,
pollo, pavo, ternera…) y vegetales (tomate,
cebolla, pimientos, champiñones, alcachofas,
espinacas, calabacín, berenjena, etc.), ensalada
y fruta.
Hamburguesa (de ternera o de pollo)
a la plancha con loncha de queso poco graso, ensalada,
patatas asadas o cocidas (y no siempre fritas), pan
integral y fruta.
Bocadillo de salchichas de pavo con tomate frito,
poca mayonesa, ensalada y zumo.
Patatas fritas menos grasas: asarlas
en el microondas unos minutos y saltearlas con poco
aceite para que se tuesten. Si están fritas,
extenderlas sobre papel de cocina para que pierdan
el exceso de aceite.
Refrescos menos energéticos:
escoger la versión light, o mejor, sustituirlos
por agua o zumo.
Fast food fuera de casa…
Si se come fuera, las posibilidades de elección
tienden a ser limitadas, aunque hay cadenas que han
comenzado a ampliar su oferta incluyendo alimentos
más saludables: ensaladas, frutas, yogures…
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