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Hasta
hace relativamente poco el hombre no podía
asegurar la disponibilidad constante de los alimentos.
La observación y la experiencia le enseñaron
que con ayuda del frío y otros métodos
como el secado o el envasado podían conseguir
que los alimentos aguantarán mejor el paso
del tiempo.
A principios del siglo
XIX se comenzó a estudiar el proceso por el
que los alimentos se degradaban y las formas de retardarlo.
Louis Pasteur observó que la acción
de los microorganismos se podía frenar sometiendo
a los alimentos a altas temperaturas durante la cocción
y a un proceso de esterilización. Pero la cocción
que precede al envasado no es igual para todos los
alimentos.
Las verduras
conservadas al natural.
Se deben escaldar en
agua hirviendo y después se sumergen en agua
muy fría para que se endurezcan y evitar así
que en las temperaturas intermedias se desarrollen
microbios.
A
las verduras que se van a conservar preparadas.
Hay que añadirles
después de cocinadas un poco de vinagre, pero
sólo un poco. No se trata de alterar el sabor
sino de preservarlas de la acción de los microbios.
Después se envasan en caliente. Este es el
caso de alimentos como el pisto o la salsa de tomate.
Para las conservas
en aceite.
El aceite es un aislante
que evita el contacto del alimento con el aire. Por
sí sólo, protege por un breve periodo
de tiempo así que lo mejor es someter al alimento
a otro proceso anterior. Se puede cocinar, salar o
hervir con vinagre y después meter el alimento
en aceite. Conviene compensar la merma que se producirá
cuando éste comience a ser absorbido por la
conserva.
En salmuera.
En algunas conservas
vegetales se usa la salmuera, es decir, una solución
de agua y sal. La cantidad máxima de sal que
admite un litro de agua es de 250 gramos, con lo que
el punto de ebullición se eleva a 108 grados.
Las verduras se pueden conservar hirviéndolas
previamente en la salmuera, o escaldándolas
y envasándolas con ella.
En vinagre.
Las verduras que se
quieran conservar en este líquido deben estar
algo verdes para que, tras ser encurtidas, conserven
una textura crujiente. Las cebolletas o los pepinos
se pueden cocer directamente en el vinagre, pero los
espárragos, por ejemplo, deben hacerlo en agua.
Después se cubren con el vinagre, que estará
concentrado por cocción y frío. Pasada
una semana de maceración es recomendable volver
a hervir el vinagre y, una vez frío, devolverlo
al envase.
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Las
salsas.
Para su correcta conservación
deben hervirse siempre dos veces. Además, se
envasan en caliente, nada más retirarlas del
fuego, y se calientan de nuevo. Este proceso se hace
con el envase invertido. Las especias se añaden
o muy molidas o en una bolsita de tela que después
se puede retirar.
La
esterilización.
Consiste fundamentalmente
en someter al alimento al calor durante un determinado
tiempo, aislándolo del contacto con el aire
en un recipiente herméticamente cerrado. El
calor debe ser tan elevado que en los procedimientos
caseros sólo se alcanza con la olla a presión,
y aún así tampoco es una garantía
absoluta.
Tindalización.
Lo mejor es recurrir
a este proceso. Con él las conservas se esterilizan
durante 45 minutos. Después se dejan enfriar
a temperatura ambiente durante 24 horas, para volver
a iniciar el proceso de esterilización. El
calor al que se expone a los alimentos debe rebasar
los 100 grados.
En el fondo de la olla
hay que poner un paño de cocina con el que
aislar los tarros. Se llena de agua hasta un tercio
de su altura y se le echan dos cucharadas de vinagre,
que evitaran que la olla se oscurezca. Al fuego, se
deja que alcance los 80 grados antes de introducir
los tarros que deberán estar llenos, cerrados,
templados y separados entre sí por trapos.
Con la olla cerrada
se deja que empiece a salir el vapor durante diez
minutos, y después se ajusta la válvula
al fuego. Así transcurrirá media hora
antes de apagar el fuego y quitar la válvula.
Antes de abrirla hay que dejar que durante unos minutos
se enfríe a temperatura ambiente.
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Selección
de los Alimentos en Conservación
Los alimentos no deben
estar ni muy verdes ni muy maduros. Al ser conservados
pierden parte de su sabor, por lo que si están
verdes resultarán insípidos. Si, por
el contrario, están demasiado maduros, lo más
normal es que durante el proceso acaben por romperse.
Las frutas empleadas
deben tener el mismo punto de madurez. No se pueden
mezclar varias con distintos contenidos en pectina
(a mayor maduración menos pectina) y ácido
porque tienen distintos sabores y requieren distintos
procesos de elaboración.
Si proceden de un huerto
propio, lo mejor es recolectarlas por la mañana
y prepararlas ese mismo día. La fruta cosechada
en un día soleado tiene menos cantidad de agua,
su sabor es más intenso y requiere menos tiempo
de cocción.
Si la fruta es comprada,
además de procurar que sea de temporada, hay
que escoger las piezas que parezcan más jugosas
y que tengan las pieles tersas y resulten de firmes
al tacto.
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