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consumo indiscriminado de una gran cantidad de productos
"light" puede traer consecuencias nocivas
para la salud, incluso efectos contrarios a los buscados. |
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Light. La
palabra se encuentra en toda clase de envases, calificando a distintos
tipos de productos alimenticios, desde mermeladas y mayonesas
hasta bebidas cola y quesos, a punto tal que casi todos los artículos
que pueblan las góndolas de los supermercados tienen su
versión light.
¿Qué
significa esta palabra?
Ni más
ni menos que leve, liviano, ligero, lo que sugiere desde el punto
de vista médico y comercial, que los alimentos así
denominados tienen un bajo contenido de calorías, es decir,
que son adecuados para quienes intentan hacer una dieta. Pero
hay algo que se debe tener en cuenta: el hecho de que aparezca
en el envase la palabra light no es garantía de que servirá
para bajar de peso, más si consideramos la falta de información
complementaria de que adolecen. Contenido de sodio, calorías
y grasas no siempre aparecen mencionados con claridad.
Los productos
que pretenden esta denominación deberían reunir
algunos requisitos básicos: no más de 40 calorías
por ración, ni de 4.0 calorías por gramo, y una
tercera parte menos de calorías que el producto en su versión
original. Uno de los principales inconvenientes de la llamada
onda light es, precisamente, el desconocimiento por parte del
público de lo que realmente están consumiendo y
si es adecuado para la dieta que están realizando.
Entre los
datos a tener en cuenta se debe prestar atención al recuento
total de proteínas, calorías, grasas, colesterol,
azúcares, carbohidratos, fibras y sodio, como también
al tamaño de la ración expresado en medidas domésticas.
Por ejemplo: muchos productos a base de frutas son naturalmente
azucarados porque poseen fructosa, y sin embargo sus envases lucen
relucientes la palabra light. El tema del azúcar merece
un capítulo aparte. Este elemento es el combustible del
organismo que provee de energía a todos los órganos
y músculos, especialmente el corazón y el cerebro.
Su consumo en exceso es responsable de la hipertensión,
diabetes, caries y el tan temido aumento de peso. Como vemos,
tanto su carencia como su exceso son perjudiciales. Según
los nutricionistas, el azúcar no debe pasar del 10% de
los aportes calóricos diarios. Con respecto a los edulcorantes
(sacarina, ciclamato, aspartame) que la sustituyen en los productos
light, éstos endulzan dos veces más que la propia
azúcar, pero su abuso puede causar cefaleas, problemas
gastrointestinales, vértigo, fatiga, depresión,
irritabilidad e incluso problemas menstruales. La paradoja además,
es que según estudios de investigadores americanos de la
Food and Drugs Administration, los edulcorantes estimulan el apetito,
efecto opuesto al buscado.
Energía
calórica
Los productos
light son, como vimos, aquellos que prometen bajas calorías
y se adecuan a las dietas para adelgazar, pero: ¿qué
son en realidad las famosas calorías? Se llama así
a la cantidad de energía que los alimentos consumidos producen
en el organismo. Una caloría es el calor necesario para
elevar la temperatura de un litro de agua desde los 15º a
los 16º, a la altura del nivel del mar. Como promedio, un
hombre necesita unas 3000 calorías por día para
permanecer activo. El abuso en el consumo de alimentos bajos en
calorías provoca, por lo tanto, una carencia de energía.
Según los expertos, una dieta equilibrada debe contener
115g de proteínas, 40g de grasas y 480 de hidratos de carbono.
Una dieta basada completamente en productos light no cumple ni
remotamente este requisito.
Por lo general, estos alimentos poseen un bajo contenido de grasa
y está comprobado que la falta absoluta de esta sustancia
puede ser responsable de varios males cardíacos, al igual
que la carencia de azúcares. Una equilibrada reducción
de ambos resulta beneficiosa para el organismo. Por otro lado,
el reemplazo de los alimentos naturales que engordan por otros,
preparados y "lightizados" que engorden menos, se revela
como un mero paliativo: El peso perdido de esta forma se recupera
con facilidad al cabo de un tiempo.
Lo mejor, entonces, es mejorar los hábitos alimentarios
reduciendo el consumo de grasas y azúcares y aumentando
el consumo de alimentos naturales, en especial los que tienen
un alto contenido de fibras.
¿Garantía
de calidad?
Respecto a
la calidad de los alimentos hay que tener en cuenta que, en muchas
ocasiones, en los procesos industriales para obtener estos productos
se pierden ciertos nutrientes, sobre todo aquellos que se relacionan
con las grasas. Esa es la razón de que, con frecuencia,
se añadan algunas vitaminas y minerales.
En general
no se puede decir que el consumo de lights sea ni bueno ni malo;
simplemente hay que tener cuidado de lo que se come, leer las
etiquetas con atención y, por supuesto, no dejar de ingerir
productos naturales. Es decir, lo mejor es tratar de combinar
de una manera lógica ambos tipos de alimentos.
¿De
verdad son light?
Uno de los
mayores problemas que presentan los denominados productos light
es que no todos son lo que dicen ser. Es decir, en más
ocasiones de las debidas aparece la calificación light
en productos que no lo son. Según un acuerdo de la Comisión
Interministerial para la Ordenación Alimentaria (CIOA)
sólo se podrán denominar light o ligero aquellos
productos cuyo valor energético haya sufrido una reducción
de al menos un 30% del producto de referencia que se determine.
Sin embargo,
según un estudio realizado por la Unión de Consumidores
de España (UCE), el grado de cumplimiento de este acuerdo
es más bien desolador. Y es que el informe afirma que sólo
dos de los 14 productos que esta asociación examinó
cumplían la normativa española de la CIOA sobre
productos denominados ligeros.
Bebidas refrescantes,
salsas de mesa como tomate o mahonesa, derivados cárnicos,
platos preparados, conservas de pescado, mermeladas y productos
lácteos (helados, mantequilla y queso) son los diferentes
tipos de productos que ha examinado la UCE. En muchos de los casos
estudiados el problema es, sencillamente, que se trata de un producto
distinto y no del mismo, pero bajo en calorías. Es decir,
la composición del mismo es completamente distinta. Otro
truco más que habitual es el de disminuir la ración
de comida. El resultado es evidente: menos peso, menos calorías,
pero más engaño.
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