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Hace
ya 10 años que se publicaron los primeros datos
al respecto en la literatura médica.
Desde entonces, numerosas investigaciones han confirmado
ese efecto, que puede ocasionar mareos, sonrojos,
taquicardias, dolor de cabeza, somnolencia e, incluso
en algún caso, el fallecimiento de los afectados.
En
1997 investigadores de la Facultad de Medicina de
Michigan publicaron un excelente estudio sobre el
problema, en la prestigiosa revista The Journal of
Clinical Investigation. Posteriormente se han descubierto
las razones moleculares de ese fenómeno. Sin
embargo, incomprensiblemente, en el casi centenar
de medicamentos comercializados en los que se pueden
producir esas consecuencias negativas no suele indicarse
nada al respecto en sus correspondientes hojas informativas.
El
Pomelo.
Perteneciente
a la familia de las rutáceas, el pomelo (Citrus
maximus) es el nombre común del fruto de una
variedad de cítrico probablemente originaria
de Jamaica, e introducida en Florida en el siglo XVI
por los españoles, derivado del híbrido
entre el Citrus grandis (otra variedad) y el Citrus
sinensis (naranja). Los actuales pomelos rosados se
produjeron por una mutación de la variedad
blanca, ocurrida en 1920 en el sur de Tejas. El color
naranja se debe a su contenido en carotenoides (180
unidades equivalentes de vitamina A), de modo que
supera en 50 veces al contenido en carotenoides del
pomelo blanco (3 unidades equivalentes de vitamina
A). Es en nuestro organismo donde los carotenoides
se transforman parcialmente en vitamina A. La vitamina
A es un antioxidante, preciso para un crecimiento
adecuado, el desarrollo de la piel o la visión
correcta. El contenido del pomelo en vitamina C también
es alto, unos 80 miligramos por fruto, mientras su
equivalencia calórica suele ser inferior a
las 100 kilocalorías por fruto.
Sin
embargo, por lo que concierne al efecto pomelo sobre
ciertos medicamentos, lo importante es que el pomelo
contiene ciertos compuestos flavonoides que inhiben
la transformación metabólica de bastantes
medicamentos hasta sus formas inactivas, por lo que
la consecuencia es un incremento de su absorción
y de su biodisponibilidad, así como de la concentración
del medicamento activo en la sangre. El principal
flavonoide implicado parece ser la naringina, causante
de sabor amargo del fruto, así como su aglicona
naringenina, aunque parecen participar en el proceso
otros componentes flavonoides un centenar de veces
más activos que la naringina.
El
Pomelo y los Medicamentos
La
interacción entre el pomelo y los medicamentos
fue descubierta por azar en el curso de una Investigación
que pretendía estudiar la posible interacción
existente entre una medicina hipotensora y el alcohol.
El zumo de pomelo se utilizó como vehículo
para enmascarar el gusto a alcohol y lo que se encontró
fue que mientras que el alcohol no afectaba a la cantidad
de fármaco circulante en el cuerpo, sin embargo,
el zumo de pomelo incrementaba notablemente tal concentración.
Actualmente
se conocen más de una quincena de principios
activos sensibles al zumo de pomelo, que están
presentes en un centenar de medicamentos comercializados.
Vamos a citar algunos de los más conocidos:
la cafeína, constituyente usual de más
de veinte antigripales y preparaciones similares,
tipo Desenfriol; el antihistamínico antialérgico
astemizol, componente principal de una decena de especialidades
como el Hysmanal; el también antihistamíno
antialérgico terfenadina, presente en más
de media docena de preparados, como el Triludán;
la eritromicina, constituyente de casi una quincena
de preparaciones comerciales; las estatinas anticolesterol,
como la lovastatina, principio activo de varias especialidades
como el Mevacor, o como la estatina pravastatina,
participante en otras preparaciones como el Bristacol;
o la estatina simvastatina, utilizada en varios preparados
como el Pantok; diversos antifúnficos como
el keticonazol, base de una decena de fármacos
comerciales como el Fungarest; o el antifúngico
itraconazol, presente en especialidades como el Hongoseril.
También se incluyen benzodiacepinas como el
midazolam, protagonista de la preparación antiinsomnio
Dormicum. E, incluso, el fármaco ciclosporina,
tan ampliamente utilizado en el tratamiento antirrechazo
tras los trasplantes de órganos.
Como
ejemplo concreto de la magnitud del efecto pomelo
podemos fijarnos en el hipotensor Nisolpidina, que
al igual que otros bloqueantes de los canales de calcio,
se absorbe bien oralmente, pero debido a su alto metabolismo
presistémico intestinal y hepático,
antes de actuar, en condiciones normales su biodisponibilidad
es solo del 5%. Sin embargo, cuando se toma junto
o cerca de una ingesta de zumo de pomelo la concentración
sanguínea del principio activo se multiplica
por un factor de siete, es decir, es como si se hubiese
tomado siete veces la dosis prescrita.
Los
Principios Activos
Buena
parte de los principios activos componentes de los
medicamentos anteriormente citados presentan unas
características comunes. Se metabolizan, inactivándose,
merced a la participación de ciertas enzimas
presentes en el tracto intestinal y en el hígado.
Entre estas enzimas destacan las abreviadas como CYP3A4
y CYP1A2, es decir, los sistemas citocromo P450 3A4
y citocromo P450 1A2, que, asimismo, también
participan en la biodegradación de múltiples
metabolitos a desechar. Estas son las enzimas que
resultan inhibidas por los flavonoides presentes en
el zumo del pomelo, con la consecuencia inmediata
de que la biodegradación de los medicamentos
se reduce y resulta aumentada su dosis activa o biodisponibilidad.
Las
respuestas individuales al efecto pomelo pueden ser
muy variables llegando a ser nulas en algunos casos.
Por ello, como precaución, cuando se tome un
nuevo medicamento o alguno que tenga principios activos
como los señalados anteriormente se pueden
tomar dos alternativas. Si se desea continuar como
consumidor habitual de pomelos o de zumo de pomelo
debe consultar a su médico sobre la posibilidad
de una contraindicación. O, como precaución
general, se suele recomendar que el consumo del zumo
de pomelo no se realice en el periodo de 2 horas antes
a 5 horas después de la toma de la medicación.
En
todo caso, la Investigación sobre la naturaleza
del "efecto pomelo" puede tener efectos
beneficios si se controla adecuadamente. Uno de ellos
sería la posibilidad de bajar las dosis de
ciertos fármacos, como la ciclosporina, en
el caso del control de los fenómenos de rechazo
de los órganos trasplantados. Otra posibilidad
diferente sería la de homogeneizar las grandes
diferencias individuales que existen entre los individuos,
normalmente, en relación con las dosis eficaces
para cada uno de ellos de determinados fármacos.
La razón radica en que esas diferencias resultan
anuladas o muy disminuidas con el "efecto pomelo".
Y
si es posible, si no estamos medicados con sustancias
susceptibles, sigamos deleitándonos con el
consumo de esa excelente fruta y de su zumo.
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