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Susana Aríngoli
Instructora en Salud, Alimentación y Actividad
Física
¿La
comida es tu refugio?
El
deseo de comer cuando no se tiene hambre es un buen
indicador de que se desea algo menos perceptible que
la comida, pero muchas veces no se sabe que es.
En estas ocasiones la comida se convierte entonces
en nuestro refugio y a veces acudimos a ella por insatisfacción,
abu¬rri¬miento, problemas cotidianos y también
muchas veces para gratificarnos por logros alcanzados.
Y es que desde
niños nos han inculcado la idea del alimento
como premio ,castigo o también como alivio
a distintas dolencias: si nos caíamos y llorábamos,
nos consolaban con la promesa de regalarnos golosinas;
si nos rehusábamos a tomar la sopa o comer
pescado, nos quedábamos sin postre; si sacábamos
buenas nota en el colegio nos premiaban con dulces
y chocolates etc. … es cierto que gratifican,
ali¬vian el dolor y la tensión creando
un efecto biológico reconfortable pero solo
es temporalmente, luego nos quedamos con la consecuencia
de los excesos cometidos y la confusión de
no saber en que momento nuestro orga¬nismo necesita
de los nutrien¬tes esenciales para cubrir las
necesidades vitales.
Hambre o Ansiedad
Estos
hábitos incorrectos construidos desde pequeños
dificultan detectar las verdaderas necesidades alimentarías.
Es preciso co¬mer siempre que se tenga hambre,
tenemos que aprender ha escuchar lo que nos dice nuestro
cuerpo; él sabe cuándo, cuánto
y qué quiere comer por sus necesidades nutricionales;
él es el que necesita de los alimentos para
mantenernos sa¬ludable.
El ingerir al menos las cuatro ingesta diarias (desayuno,
almuerzo, merienda y cena) en los horarios (no dejando
pasar más de 3hs. entre una ingesta y otra)
y cantidades adecuadas ayudará a detectar con
naturalidad la verdadera sensación de hambre.
Que
la comida no sea tu refugio ni tu castigo
Algunas
personas utilizan el alimento como un aislante emocional
del malestar que les provoca llevar una vida sin sentido
y carente de motivaciones.
Con el fin de protegerse,
comen más o menos alimentos creyendo que los
mismos ayudarán a satisfacer o resolver sus
problemas emocionales, huyendo y refugiándose
en el consuelo, el olvido o la satisfacción
que les provoca comer.
Hay personas que castigan
a su cuerpo con dietas restringidas como si él
fuera su peor enemigo creyendo que la solución
a sus problemas es adelgazar pensando que sus dificultades
se deben a esos tres, cinco o diez kilos de más.
La falta de autoestima
puede empujarnos a buscar erróneamente soluciones
a tra¬vés de la comida pero lo único
que se consigue es ir deteriorando la salud mental
y física.
Lo cierto es que el momento de comer no implica únicamente
la satisfacción de una necesidad biológica,
sino también sicológica igualmente importante.
Por lo tanto la buena
alimentación es mucho más que proveer
al cuerpo de los nutrientes que necesita para estar
perfectamente sano; comer es placer y también
un acto social destinado a establecer lazos afectivos.
Aprender
a saborear los alimentos
La
comida debe ser una ocasión para compartir
y disfrutar; es importante darle el lugar, el tiempo
y la tranqui¬lidad que merece.
Comer rápido equivale a no registrar lo que
se come y las ganas de saborear un buen menú
seguirán intactas.
En cambio cuando los
minutos no nos corren porque estamos organizados le
damos tiempo a la comida para que llegue al estómago
y a los jugos digestivos para que comiencen el proceso
de di¬gestión, experimentando la sensación
de saciedad totalmente liberados del malestar que
produce engullir los alimentos por falta de tiempo.
Identificar
las situaciones críticas
La
comida esta directamente relacionada con lo emocional
por lo tanto debemos reconocer aquellas situaciones
que pue¬dan afectar nuestra alimentación
y por lo tanto nuestro bienestar.
Es de mucha utilidad tomar nota de todo lo que ingerimos,
también prestar atención a nuestro entorno,
como por ejemplo, si es¬tamos solos o acompañados,
cual es nuestro estado anímico (Aburrido, triste,
alegre), si el lugar es agradable o no. si nos to¬mamos
el tiempo necesario. etc.
Explorar todos estos
datos y volcarlos en un registro diario es de mucha
utilidad para examinar nuestra conducta y que situaciones
emocio¬nales in¬fluyen a la hora de alimentarnos.
La vida cotidiana nos enfrenta todos los días
a distintas situaciones más o menos complejas
que resolver y de las cuales no podremos huir, por
lo tanto buscar otras alternativas para canalizarlas
será más saludable que solo tratar de
resguardarse a través de la comida. Susana
Aríngoli
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