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Los
seres humanos tienen una preferencia natural hacia
lo dulce.
Los
expertos explican este hecho como una "adaptación
de supervivencia básica", teniendo en
cuenta que la misma puede ser un medio evolutivo para
asegurar la aceptación de la leche por parte
de los infantes, puesto que la leche es un alimento
esencial para el mantenimiento de la vida y debe su
sabor ligeramente dulce a la lactosa o azúcar
de la leche.
El
Azucar y los Endulzantes Artificiales
El
exceso de azúcar o sacarosa, como todo exceso,
puede ser dañino tanto para la salud de personas
sanas como de aquellas que cuentan con enfermedades
crónicas relacionadas con el exceso de peso
(obesidad, diabetes, hipertrigliceridemia), puesto
que grandes cantidades aportan calorías extra,
lo que contribuye al aumento de peso.
Cuando la persona desea perder peso, comienza a controlar
el consumo de aquellos productos con elevado contenido
de grasas y azúcar y muchos consumidores buscan
substituir el azúcar con edulcorantes, disminuyendo
la cantidad de calorías consumidas, sin renunciar
a sus alimentos preferidos. Estudios recientes demuestran
que los substitutos del azúcar permiten la
incorporación de una amplia variedad de alimentos
"ricos" en las dietas bajas en calorías,
además de contribuir en el mantenimiento del
peso en aquellas personas que han logrado su peso
ideal.
Esto se debe a que los endulzantes artificiales son
mucho más dulces que el azúcar común
y se requiere una cantidad menor de ellos para lograr
idéntico sabor con menos calorías.
En términos generales, las ventajas que ofrecen
los endulzantes artificiales son múltiples
(mantenimiento del peso, disminución del mismo,
reducción del riesgo de padecer obesidad, tratamiento
de la diabetes, reducción de caries dentales)
pero debemos tener siempre presente que el consumo
excesivo de ellos puede resultar tan perjudicial como
el exceso de azúcar común.
Los endulzantes artificiales se dividen en dos grandes
grupos:
Endulzantes
Nutritivos o Caloricos
Su valor calórico por unidad de peso es igual
a la sacarosa.
En
este grupo se incluyen la fructosa o levulosa, el
jarabe de maíz, la dextrosa y los polialcoholes
(sorbitol, manitol, xilitol, lactitol, maltitol).
Deben considerarse como parte de la comida por su
valor calórico.
Se encuentran en forma de edulcorantes de mesa (fructosa);
en alimentos, bebidas y fármacos (fructosa,
dextrosa, jarabe de maíz) y en chicles y caramelos
(polialcoholes).
El incremento de la glucemia posprandial después
de la ingesta de fructosa es inferior al de otros
Hidratos de Carbono, sin embargo en algunos estudios
se ha detectado que a elevadas dosis tiene efectos
nocivos sobre el perfil lipìdico (incremento
de las concentraciones de colesterol total y LDL).
Los polialcoholes pueden no ser absorbidos y por ello
la ingestión de grandes cantidades puede provocar
diarreas osmóticas.
Su uso queda exclusivamente permitido para diabéticos
que tienen un peso corporal ideal y un muy buen control
de la glucemia.
Endulzantes
no nutritivos o no Caloricos
Se caracterizan por su sabor intensamente dulce.
Aunque
algunos aportan calorías, habitualmente se
emplean en cantidades tan pequeñas que su contribución
a la ingesta calórica total resulta despreciable.
En este grupo se incluyen la sacarina y sus sales
sódica y cálcica (300-400 veces más
dulce que el azúcar); el aspartame (180-200
veces más dulce que el azúcar); el acesulfame
K o potasio acesulfame (200 veces más dulce
que el azúcar) y la sucralosa (600 veces más
dulce que el azúcar). El ciclamato (30-60 veces
más dulce) fue prohibido en 1970 en los EEUU
por la FDA, quien está estudiando su reincorporación.
Los límites de seguridad recomendados son 500
mg/día (niños) y 1000 mg/día
(adultos) para la sacarina; 50 mg/kg/día para
el aspartame y 9 mg/kg/día para el acesulfame
K.
No se recomienda de forma habitual el uso de ningún
endulzante artificial durante el embarazo, sin embargo
se permiten un máximo de 2-3 productos que
los contengan al día.
No alteran el control de la glucemia ni los niveles
de lípidos.
El aspartame (Nutrasweet) debe evitarse en personas
con Fenilcetonuria.
La sucralosa (Splenda) fue aprobada en 1998 por la
FDA como el mejor endulzante de mesa y para ser usado
en productos para hornear, bebidas no alcohólicas,
chicles, postres congelados, jugos de fruta y gelatina.
La sucralosa sabe como el azúcar, porque se
hace de azúcar de mesa, pero no puede ser digerida,
lo que evita la incorporación de calorías.
Tiene gran estabilidad y no se degrada cuando se expone
al calor. Muchos estudios han demostrado que no afecta
los niveles de glucosa en sangre, siendo una opción
para los diabéticos.
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