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La composición de las frutas difiere en gran
medida en función del tipo de fruto y de su
grado de maduración. El agua es el componente
mayoritario en todos los casos.
Constituye,
en general, más del 80% del peso de la porción
comestible, oscilando entre un 82% en las uvas, un
90% en las fresas y hasta un 93% en la sandía.
Valor
Energético
Las calorías
de la fruta dependen casi exclusivamente de su contenido
de hidratos de carbono, a excepción del caso
del aguacate y del coco, frutas en las que el contenido
graso determina su valor energético.
Hidratos de carbono:
los azúcares o hidratos de carbono simples
(fructosa, glucosa, sacarosa...) confieren el sabor
dulce a las frutas maduras y suponen un 5-18% del
peso de la porción comestible. Las manzanas
y las peras son ricas en fructosa. En las frutas se
encuentran también otros mono y disacáridos
como la xilosa, la arabinosa, la manosa y la maltosa.
Las ciruelas y las peras contienen cantidades relativamente
altas de sorbitol, una sustancia emparentada con los
azúcares, que posee un conocido efecto laxante.
En menor presentan hidratos de carbono complejos (almidón).
Las frutas no maduras poseen entre un 0,5-2% de almidón,
pero conforme van madurando ese porcentaje disminuye
hasta casi desaparecer, salvo en los plátanos
maduros, en los que el almidón puede superar
el 3% de su peso total.
Grasas: su contenido
es casi inapreciable (0,1-0,5%), excepto en el aguacate,
que aporta un 14% de grasa, especialmente ácido
oleico, saludable (72% del total de grasa) y en el
coco, con un 35% de grasa, mayoritariamente saturada
(88,6% del total de grasa), menos saludable.
Valor
plástico
Viene dado en función
de su contenido en proteínas, que habitualmente
representa menos del 1% del peso fresco de las frutas.
Las proteínas están compuestas por aminoácidos,
diez de los cuales (leucina, isoleucina, valina, treonina,
triptófano, metionia, lisina, fenilalanina,
histidina y arginina) son esenciales para el ser humano.
El término esencial hace referencia a que el
organismo no los puede producir por sí mismo
y, por tanto, debe obtenerlos necesariamente de la
alimentación cotidiana. Una proteína
que contenga, en cantidad y calidad, los diez aminoácidos
esenciales se considera completa o de alto valor biológico.
En las frutas, las proteínas son de bajo valor
biológico. En los cítricos y fresas
abundan sustancias nitrogenadas simples como la asparagina
y la glutamina y los ácidos aspártico
y glutámico. En las manzanas y las peras abunda
la asparagina y las naranjas son ricas en prolina.
Valor
regulador
Las frutas
son buena fuente de vitaminas y minerales.
Vitaminas: destaca
el contenido de vitamina C (en cítricos, frutas
tropicales, melón, fresas y grosellas negras)
y de provitamina A (en albaricoques, cerezas, melón
y melocotón...), ambas de acción antioxidante.
En menor proporción, se encuentran otras vitaminas
del grupo B solubles en agua, biotina y ácido
pantoténico (albaricoques, cítricos,
higos...). En general, son más ricas en vitaminas
las variedades coloreadas, las de verano y las frutas
expuestas al sol. Como curiosidad: dentro de un mismo
árbol, los frutos orientados al sur son más
ricos en vitaminas que los orientados al norte; los
de la cúspide más ricos que los de las
faldas y los exteriores. más ricos que los
interiores.
Minerales: en las frutas
abunda el potasio (necesario para la transmisión
del impulso nervioso y para la actividad muscular
normal, contribuye al equilibrio de agua dentro y
fuera de la célula). Son ricas en potasio el
plátano, kiwi, nectarina, nísperos,
melón, uva negra, cerezas, albaricoques, ciruelas,
coco fresco, aguacate, piña, chirimoyas y papaya.
También aportan magnesio (relacionado con el
funcionamiento del intestino, nervios y músculos,
forma parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad
y la resistencia ante enfermedades degenerativas,
posee un suave efecto laxante y es anti estrés).
Otros
componentes no nutritivos pero también importantes
Fibra: parte de la
que aportan las frutas son pectinas, un tipo de fibra
soluble en agua que juega un papel fundamental en
la consistencia de las frutas y que, asimismo, posee
efectos beneficiosos para nuestra salud. La fibra
en las frutas frescas se encuentra en una proporción
entre el 0,7% y el 4,7%. Las frutas con un menor contenido
de agua o cuya porción comestible contiene
semillas, tienen valores de fibra dietética
más elevados. El contenido de fibra se ve reducido
con el pelado de la fruta. Así en las manzanas,
se reduce en un 11% y en las peras, alrededor del
34%.
Ácidos orgánicos:
(0,5% - 6%): influyen en el sabor y aroma de las frutas.
El ácido cítrico (cítricos, fresas,
peras...), potencia la acción de la vitamina
C y ejerce una acción desinfectante y alcalinizadora
de la orina. Otros ácidos orgánicos
de las frutas son el málico (manzanas, cerezas,
ciruelas, albaricoques) y el salicílico (fresas
y fresones), este último de acción anticoagulante
y antiinflamatoria.
Elementos fitoquímicos
(colorantes, aromas y compuestos fenólicos):
a pesar de estar presentes en muy bajas concentraciones,
influyen decisivamente en la aceptación y apetencia
por las frutas, y muchos de ellos son, además,
antioxidantes que contribuyen a reducir el riesgo
de enfermedades degenerativas, cardiovasculares e
incluso del cáncer.
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