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| Consumir
fruta es esencial, se deben tomar dos raciones diarias.
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Pero,
al contrario que con otros alimentos, con la fruta el orden de
los factores altera el producto; no tiene el mismo efecto ingerirla
en el postre, de primer plato o como aperitivo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que se incluya
en la dieta diaria tanto de adultos como de niños y ancianos
por lo menos cinco raciones de fruta o verdura fresca. Y es que
sus virtudes son muchas. Por eso, es necesario adquirir la costumbre
de su consumo y tenerla presente a diario. Es muy importante que
esta práctica sea inculcada a los más pequeños.
El
momento del día más estandarizado para comer fruta
es después de la comida, es decir, consumirla como postre.
Así se sirve tanto en restaurantes como en la mayoría
de los hogares, y a ello nos acostumbran desde la más tierna
infancia. Pero esta fórmula tiene un inconveniente nada
desdeñable: en muchas ocasiones, al finalizar el almuerzo,
llegamos sin apetito y la idea de ingerir una pieza de fruta resulta
muy poco atractiva.
Hace
unos años se popularizó la teoría de que
consumir la fruta al comienzo de la comida, en lugar de al final,
ayudaba a adelgazar. Los especialistas han aclarado que esa idea
no se ajusta a la realidad. Lo que sucede es más bien que
al llenar el estómago con fruta se elimina la sensación
de vacío y el apetito desciende, por lo que se come con
mayor moderación.
Pero
este sistema tiene otras importantes ventajas. Y es que de este
modo ya no vale la excusa del “ya no tengo hueco ni para
fruta”. Además, según los naturistas, este
hábito puede ayudar a mejorar la digestión ya que
aseguran que la metabolización de la fruta al final de
la comida provoca pequeños trastornos.
Una
vieja costumbre
A
pesar de que a mucha gente le parecerá un tanto extraño
comer fruta a modo de aperitivo o de primer plato, esta costumbre
lleva en vigor mucho más tiempo del que se piensa. Como
ejemplos, están el veraniego melón con jamón,
el popular arroz a la cubana con plátano frito, el asado
de jamón cocido relleno de jugosa piña y clavos
o los aguacates aliñados con gambas.
Del
mismo modo, emplear frutas como ingredientes de ensaladas es una
costumbre cada vez más habitual en nuestra cocina. Las
más corrientes son las manzanas, naranjas, kiwis y piñas,
aunque la imaginación lleva a utilizar granadas, peras,
uvas pasas, melones, higos chumbos…Y casi siempre con excelentes
resultados. También tienen una utilización creciente
los vinagres aromatizados con frutas como la frambuesa, la uva
o la manzana.
Esta
tradición de mezclar los sabores dulces, azucarados y en
ocasiones ácidos de la fruta con alimentos de paladar salado
y amargo (lechuga, escarola, queso, canónigos, espinacas…)
era la marca de la casa culinaria árabe, aquella que durante
siglos marcó en gran parte las costumbres alimenticias
que hoy en día se conservan.
De
hecho, actualmente el boom gastronómico oriental está
inundando la mayoría de las cocinas del continente europeo.
Una de las bases de esa cocina es la mezcla dulce-salado. En muchos
restaurantes es ya signo de modernidad cocinar una ensalada de
naranja, manzana o pasas junto con lechuga y pequeños trozos
de queso.
Las
propiedades de las frutas
Albaricoque
: Equilibra el sistema nervioso y es un eficaz antialérgico.
Contiene fósforo, hierro, calcio y vitamina A. Está
indicado para combatir la anemia.
Cítricos
: Todos los cítricos y especialmente la naranja
y el limón son ricos en vitamina C, contiene también
minerales como el calcio, fósforo, magnesio y cinc y en
en menor cantidad vitamina B1 y ácido fólico. Su
consumo habitual fortalece nuestras defensas, mejorando el funcionamiento
de nuestro sistema inmunitario. Su fibra nos ayuda a combatir
el estreñimiento.
Fresas
: Destacan por su vitamina C y por su hierro, pero su consumo
no está recomendado en caso de ácido úrico.
Manzana
: Es diurética, estimulante y ayuda a eliminar
toxinas. Tiene un tipo de fibra suave llamada pectina que le da
propiedades saciantes y contiene vitaminas C, B y PP, además
de potasio.
Melocotón : Suave, jugoso y azucarado,
el melocotón merecería más que la manzana
la denominación de fruta prohibida". Tiene una buena
cantidad de vitaminas A, B y C y oligoelementos que equilibran
el metabolismo. Tiene propiedades suavemente laxantes y diuréticas.
Pera
: Calma la tos y la congestión pulmonar. También
alivia la gastritis y la ulcera gastrointestinal.
Piña : Contiene dos enzimas digestivas
(la bromelia y la papaína) que permite digerir mejor las
proteínas. Contiene una gran cantidad de vitamina A.
Plátano
: Los hidratos de carbono son en forma de sacarosa, por lo que
no es indicado para los diabéticos y su valor calórico
es superior a otras frutas 85 calorías por 100 gr. Contiene
magnesio, cinc, acido fólico, y vitaminas A y C.
Uva
: Para aprovechar sus virtudes es necesario tomar la
uva con su piel y pepitas. En la piel se encuentran diferentes
sustancias antioxidantes, como las flavonas que protegen a los
vasos sanguíneos, previenen la arteriosclerosis y estimulan
el sistema inmunitario.
Otra
sustancia que contiene la uva es el resveratrol que se ha mostrado
eficaz para prevenir el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de
Harvard ha demostrado que el resveratrol, que abunda en la piel
de la uva negra, es capaz de estimular, las sirtuinas, unas enzimas
celulares que retrasan el envejecimiento y que podrían
prevenir enfermedades geriátricas como el Alzheimer.
La
uva de mesa contiene agua en un 80% y azucares (glucosa y fructosa)
en un 18%. Estos azucares se absorben rápidamente, proporcionando
energía rápida e inmediata. Se puede decir que la
uva es un excelente recuperador energético, que deportistas,
niños y jóvenes pueden y deben utilizar. Sin embargo,
por su alto contenido en azucares no es aconsejable para los diabéticos.
Los
principales minerales que encontramos en la uva son el potasio
y el hierro (0,50 mg por 100 gr) y en menor medida magnesio, selenio
y cinc. Entre las vitaminas destacan la B1, B6 y C.
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