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| Las
grasas trans se encuentran con frecuencia en snacks
y aperitivos salados, productos precocinados, galletas,
margarinas y bollería industrial. |
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Es importante
consultar las etiquetas si se consumen estos productos con frecuencia.
Según los criterios de la Organización Mundial de
la Salud, el consumo de grasas trans deben representar menos del
1% de las calorías diarias ingeridas.
Durante
años se ha proclamado a los cuatro vientos que el aceite
vegetal es mucho mejor que el de origen animal, especialmente
para el colesterol.
Sin embargo, los procesos industriales por los que pasan las grasas
vegetales para aumentar su duración los transforman. Su
ventaja sobre los aceites de origen animal es más que dudosa.
Y es que la grasa vegetal, que de por sí puede resultar
absolutamente inofensiva, puede convertirse en una bomba de relojería
tras pasar por los procesos de tratamiento industriales actuales.
Con el fin de prolongar la vida de estas grasas y potenciar su
sabor, las industrias de alimentación someten a las grasa
vegetales a un proceso llamado hidrogenación. Básicamente,
consiste en aumentar el número de átomos de hidrógeno
de los ácidos grasos poliinsaturados que predominan en
los aceites de semillas (girasol, soja,… ).
100%
vegetal, pero…
Como
consecuencia, los ácidos grasos poliinsaturados de estos
aceites vegetales cambian su estructura natural, llamada cis,
por una artificial de tipo trans. Además, algunas grasas
saturadas se convierten en insaturadas por la hidrogenación.
De esta forma, la composición y la estructura de las grasas
del aceite que se anuncia como 100% vegetal acaba teniendo poco
que ver con las de un aceite vegetal natural.
Todo esto
no tendría mayor transcendencia si no fuera por los resultados
de las investigaciones llevadas a cabo sobre el efecto de estas
grasas trans. El principal de ellos, o al menos el más
conocido, es su influencia sobre el colesterol. Las grasas trans
hacen descender el colesterol "bueno" (HDL) y elevan
el "malo" (LDL), aumentando el riesgo de arteriosclerosis.
Todo ello sin que el consumidor final se entere, confiado en la
seguridad que le brinda la etiqueta de 100% vegetal.
Efectos
en el cerebro
Pero el colesterol
no es el único afectado por la presencia de las grasas
trans. Los ácidos grasos de tipo trans pueden inhibir algunas
transformaciones de otros ácidos grasos esenciales, retrasando
el crecimiento y la maduración del cerebro. Y es que las
grasas son una parte esencial de las membranas celulares del organismo,
y la presencia de grasas trans en lugar de cis puede llevar al
organismo a construir hormonas y paredes celulares defectuosas.
Estudios realizados
en Estados Unidos sobre el efecto de estas grasas, revelan por
ejemplo, que el riesgo de sufrir enfermedades coronarias es un
66% mayor entre consumidores habituales de margarina que entre
quienes no la consumen, la preocupación por su efecto crece
día a día, y ya se están tomando medidas
legales para incluir la presencia de las grasas trans de forma
obligatoria en el etiquetado de alimentos.
Reducir
su consumo
Mientras
una legislación de ese tipo llega a España, la única
solución es disminuir voluntariamente el consumo de este
tipo de grasas. No debe resultar demasiado difícil, ya
que principalmente se encuentra en alimentos elaborados que no
son de primera necesidad. Así, son firmes candidatos a
contener grasa trans todos aquello alimentos elaborados con aceites
vegetales, desde la margarina –no así la mantequilla–
hasta las tostadas, pasando por las galletas, bollería
industrial, helados, cereales de desayuno no biológicos…
Actualmente,
se calcula que la dosis media de grasas trans en América
del Norte y Europa es de unos 5,5 gramos, aunque puede llegar
a rozar los 13 gramos diarios en casos concretos. Lo ideal es
evitarlas al máximo, y eliminarlas después completamente.
Esto puede realizarse mediante una mejor selección de los
alimentos que se consumen, que ayudará además a
descartar los que sean peligrosos por otros motivos.
Lo
Ultimo
Los últimos
estudios sobre los efectos de las grasas trans en el ser humano
revelan que afectan tanto a los adultos como a niños e
incluso a los embriones y fetos antes de nacer.
El Catedrático
de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Walter Willett,
ha publicado un estudio en el New England Journal of Medicine,
tras un seguimiento exhaustivo de las dietas de 80.082 enfermeras
desde 1976, así como de sus índices de ingestión
de "grasas vegetales hidrogenadas". Aquellas cuya ingestión
de estas sustancias fue mayor tienen el doble de probabilidades
de sufrir un infarto de miocardio. Según Willet, solo en
Estados Unidos, alrededor 30.000 personas, podrían morir
anualmente debido exclusivamente a las grasas trans.
Por otro lado,
en la Universidad de Maryland, la Dra. Beverly Teter ha realizado
trabajos con ratones que sugieren que estas grasas pueden empobrecer
la calidad de la leche materna humana. La cantidad de grasa de
la leche producida por los ratones disminuye cuando son alimentados
con margarinas industriales, poseedoras de un alto índice
de ácidos grasos trans. De hecho, esto podría explicar
determinados trastornos de la lactancia humana en madres que a
las dos o tres semanas de alimentar a sus bebés con su
propia leche no pueden seguir haciéndolo
Además
se sospecha que una acumulación de ácidos grasos
trans en la dieta de la madre pueda influir en un peso menor del
bebé al nacer, predisponiéndole a padecer enfermedades
cardiovasculares. Así lo sugieren los estudios Dr. Gerald
Hornstra en la Universidad de Limburg en Maastricht. En todo caso,
parece claro que estas grasas trans pueden describirse de cualquier
forma menos como inocuas.
En
el hogar
La
hidrogenación industrial de las grasas vegetales es el
proceso más habitual por el que sus ácidos grasos
se convierten en grasa trans. Sin embargo, no hace falta ser una
gran industria para transformar el aceite vegetal de esta forma.
También
algunos tratamientos domésticos, como la fritura, pueden
acabar transformando los ácidos grasos en trans. Una fritura
mal realizada acaba por oxidar y descomponer el aceite, modificando
su estructura. Por eso se recomienda el uso de aceite de oliva
virgen, no superar nunca los 180º C y no reutilizar el aceite
nunca más de tres o cuatro veces.
Los
Top 10
Las grasas
trans se encuentran principalmente en los alimentados elaborados
industrialmente con aceites vegetales, y una dosis diaria de 5
gramos se considera ya peligrosa. He aquí una lista de
10 alimentos con alto contenido de este tipo de grasa:
- Patatas
fritas (150 g): .7 gr. de grasas trans.
- Bollo
industrial (1 unidad): 5-6 gr. de grasas trans.
- Hamburguesa
(200 gr.): 3 gr. de grasas trans.
- Quesito
(1 unidad): 2,2-5,2 gr. de grasas trans.
- Magdalena
(1 unidad): 1-2,1 gr. de grasas trans.
- Galletas
(2 unidades): 1,3 gr. de grasas trans.
- Margarina
(1 cucharada): 0,9 gr. de grasas trans
- Panecillo
comercial (1 unidad): 0,85 gr. de grasas trans
- Una barra
de chocolate (80 gramos): 0,75 gramos de grasas trans.
- Barrita
de cereal (1 unidad ): 0.4 gr de grasas trans.
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