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Al
igual que sucede con la mayor parte de vitaminas,
minerales y aminoácidos, nuestro cuerpo necesita
de ciertas grasas para su normal funcionamiento. Hablamos
del ácido linoleico y linolénico, ambos
poliinsaturados. |
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Tanto
el ácido linoleico como el ácido linolénico
son esenciales puesto que nuestro organismo no puede producirlos
por sí solo, lo que hace necesario su aporte diario a través
de la dieta. Una vez en el organismo, se pueden convertir en otros
ácidos grasos poliinsaturados como el ácido araquidónico,
ácido eicosapentanoico (EPA) y el ácido docosahexanoico
(DHA).
Son
ácidos grasos pues son componentes de las grasas y están
formados por carbono, hidrógeno y oxígeno.
Los
ácidos grasos esenciales varían en función
del número de átomos de carbono (de cadena corta,
media o larga) y del grado de saturación (saturados o insaturados),
y están determinados por la presencia o no de dobles enlaces
en su estructura, lo que condiciona además sus efectos
sobre los salud.
Para
poder entenderlo mejor sirve el ejemplo de un autobús en
el que los asientos están ocupados por átomos de
hidrógeno y el pasillo central, por átomos de carbono.
Si todos los asientos están ocupados por átomos
de hidrógeno, se trata de "ácidos grasos saturados"
en los cuales no hay dobles enlaces. Sin embargo, si hay varios
asientos sin ocupar, es decir, faltan hidrógenos, se trata
de ácidos grasos insaturados en los que sí se producen
dobles enlaces.
En
relación con la salud
Son
fundamentales para el mantenimiento de las membranas celulares,
para producir sustancias de gran importancia funcional tales como
las prostaglandinas, así como para la absorción
y transporte en el organismo de las vitaminas liposolubles (A,
D, E y K). Así mismo, al tratarse de grasas poliinsaturadas,
su consumo contribuye a reducir los niveles de colesterol total
y triglicéridos en el organismo, al tiempo que poseen una
acción antitrombótica y vasodilatadora.
Las
prostraglandinas tienen, entre otras, las siguientes propiedades:
impiden la formación de sustancias inflamatorias, tienen
acción vasodilatadora, regulan la liberación y acción
de los neurotransmisores (mensajeros químicos), inhiben
la formación de coágulos, contribuyen a reducir
la colesterolemia y regulan los efectos de las hormonas femeninas.
¿Que
alimentos son buena fuente de estos ácidos grasos?
Son fuente de este tipo de grasas, tanto de linoleico como de
linolénico:
* los aceites de semillas (girasol, maíz, soja),
* las margarinas 100% vegetales,
* los frutos secos grasos u oleaginosos (nueces, almendras, avellanas,
etc.),
* los cereales de granos entero, la soja y,
* el aceite de hígado de bacalao.
También hay complementos dietéticos ricos en estos
ácidos grasos esenciales como el aceite de onagra o prímula,
el de borraja y el germen de trigo.
¿Como
cubrir las necesidades en el organismo?
Mediante una dieta equilibrada en la que se consuman
habitualmente los citados alimentos que son buena fuente de ácidos
grasos esenciales.
¿Quien
tiene mayor riesgo de déficit?
Las
personas que por diferentes motivos de salud requieren de una
dieta muy baja en grasas (personas que padecen de litiasis biliar
o de ciertas enfermedades metabólicas entre otras) o bien
que sufren de alteraciones en el tracto gastrointestinal que impiden
una adecuada digestión o aprovechamiento de los nutrientes
de los alimentos. Tal es el caso de la enfermedad
celiaca en sus etapas iniciales, ya que suele darse una intolerancia
transitoria ante la grasa que se resuelve con el tiempo, y de
las enfermedades inflamatorias de intestino (colitis ulcerosa
y enfermedad de crohn), entre otras
Límites
de consumo de los ácidos grasos trans
Aunque
no existen investigaciones determinantes en este sentido, algunos
autores postulan que se debe limitar el consumo de ácidos
grasos trans a un máximo de 10g por día (Enriquez
2003), otros, como el Consejo de Nutrición de Dinamarca
hablan de 2 g por día (Stender 2004) o un equivalente al
1% del total de energía consumida diariamente (Institute
of Medicine 2002). El límite en el consumo puede variar
según el grado de ejercicio físico de la persona
así como con el ingreso paralelo de ácidos grasos
esenciales.
Hu
y colaboradores, en el estudio de las enfermeras en Estados Unidos,
concluyeron que un consumo de trans cercano al 2% de la energía
total diaria resulta en un incremento del 93% en el riesgo de
enfermedades cardiovasculares.
Las
recomendaciones de diferentes organizaciones en Estados Unidos
(FDA ) y Europa (Comisión de las comunidades europeas),
establecen que no debe superarse el 1% del total de las calorías
diarias (alrededor de 4 g per cápita por día).
Impacto
en la salud
Durante
décadas los profesionales de la salud y algunas asociaciones,
emprendieron fuertes campañas contra los ácidos
grasos saturados y apoyaron el consumo de grasas vegetales hidrogenadas,
asumiendo que estos trans derivados de aceites vegetales eran
más saludables que los saturados. No obstante, la evidencia
sobre los trans y sus efectos nocivos sobre la salud, han superado
en un margen considerable a las grasas saturadas (8,14).
¿Cuáles
son los efectos de los trans sobre la salud del ser humano?
a.
Perfil lipídico
Se ha visto que los trans aumentan el colesterol total, el colesterol
LDL (o colesterol malo) y además, disminuyen el colesterol
bueno o HDL.
b.
Trombos
Los trans parecen fomentar la síntesis de sustancias llamadas
eicosanoides, tales como prostaglandinas y tromboxanos de las
clases que favorecen la formación de trombos. Los trombos
tienen una alta correlación con la enfermedad cardiovascular.
c.
Enfermedad cardiovascular
Dado que los trans favorecen el aumento de los principales factores
de riesgo vinculados con enfermedad cardíaca coronaria,
al tiempo que, acrecientan el riesgo de padecerla y éste
es paralelo al incremento en el consumo de los mismos (efecto
dosis-dependiente). Su efecto supera, gramo a gramo, el efecto
que se le adjudica grupalmente a los ácidos grasos saturados.
d.
Infarto de miocardio
Algunos datos muestran que el consumo de trans de larga data,
se correlaciona con una mayor incidencia de infarto de miocardio
y cardiopatía isquémica.
e.
Resistencia a la insulina, síndrome metabólico y
diabetes mellitus
Se ha observado que los trans favorecen desórdenes metabólicos
tales como una actividad anormal de la hormona insulina (principal
reguladora de varios procesos en el organismo), lo cual se denomina
“resistencia a la insulina” y es la base de diferentes
enfermedades como la diabetes tipo 2.
f.
Cáncer
El desarrollo de algunos cánceres como el de seno, colon
y recto se han correlacionado positivamente
g. Depresión de la respuesta inmune
Se ha propuesto que los trans, especial con el consumo de ácidos
grasos trans (6,14).
mente
dietas con alto contenido en los mismos, pueden afectar la inmunidad
(defensas).
h.
Utilización de ácidos grasos esenciales
En algunos estudios hechos en animales y en seres humanos se ha
visto que los ácidos grasos trans parecen impedir el uso
correcto de los ácidos grasos esenciales y la formación
de sus derivados. Lo anterior, entre otros, obstaculiza la producción
del ácido araquidónico (AA) y del ácido docosahexaenoico
(DHE), los cuales son fundamentales para el crecimiento y desarrollo
de los niños, especialmente la retina (área visual)
y el sistema nervioso.
i.
Lactancia materna, peso y longitud al nacer
Ciertas investigaciones han mostrado que recién nacidos
de mamás con consumos moderados y altos de trans, tienen
bajo peso al nacer e incluso son de talla pequeña (5).
Además,
se ha advertido una gran correlación entre el contenido
de trans en la dieta de la mamá y los niveles de trans
presentes en el cordón umbilical (que comunica al bebé
con la mamá) (4). También, se ha encontrado una
relación positiva entre los niveles de consumo en la mamá,
los valores de trans en la leche materna y los niveles de trans
en la sangre del bebé lactante (9).
Lo
anteriormente expuesto, es de gran trascendencia ya que si se
considera el punto referido a los ácidos grasos esenciales
(h), la correcta utilización de los mismos es fundamental
en el niño y por ende, los trans podrían interferir
en su crecimiento y desarrollo, conllevando a desórdenes
neurológicos o visuales. |