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Es
un dato de hecho: casi ninguno de nosotros come tan
sólo para satisfacer el hambre biológico. |
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Pero si comes
demasiado y muy deprisa, es probable que se trate de estrés,
aburrimiento, rabia o frustración, derivadas a menudo y
cómo no, al ritmo de trabajo y la vida demasiado rápida
y absorbente.
El hambre por estrés es un comportamiento
típicamente femenino: una necesidad de tomar alimentos
de manera descontrolada, independientemente de la sensación
de hambre y de la saciedad. Por decirlo de alguna manera: mezclar
emociones y comida, y usar esta última para afrontar las
emociones.
Debido al hambre por estrés, llamada también
eating emocional, se come rápidamente, a menudo pasando
del dulce al salado, fuera de las comidas naturalmente, y sin
tener conocimiento de lo que se come, de las cantidades, ni de
la sensación de hambre y de saciedad, que regulan el principio
y el final de una comida.
Una forma de hacerse daño, causado por
las reacciones del organismo ante situaciones vividas de manera
muy estresante. Las reacciones principales ante sentimientos de
este tipo pasan de la inapetencia en los individuos altamente
adrenalínicos para los que el estrés causa adelgazamiento,
incluso extremo al exceso de hambre en los individuos cortisónicos,
tendentes a engordar.
Los
Impulsos
Desde el impulso "inocente" del picoteo,
el del disfrute de una pieza de chocolate fuera de "horas"...
hasta el del atracón compulsivo que se da en algunas personas,
existe una amplia gama de sensaciones que abarcan desde el deseo
a la necesidad imperiosa, vital y no refrenable del acto de comer.
¿Por qué comer si a veces se dice NO querer y no
puede dejar de hacerse? ¿Por qué comer y NO hacer
otra cosa? ¿Por qué extraña a unos cuantos
esa manera de actuar y a otros hace sentir mal y llegar a enfermar?.
Es cierto que el individuo necesita obtener energía
a partir de los alimentos que el medio le proporciona, pero también
observamos que come porque tiene "ganas" de hacerlo
y con ello obtiene "placer".
En momentos muy tempranos de la vida, tal como
demuestran desde hace años las escuelas dinámicas
en lo referente a la estructura psíquica del individuo,
esta necesidad ligada a la autoconservación de la persona
pierde su valor y puede observarse que el individuo deja de comer
por hambre. Ha aparecido en algún momento la demanda, vinculada
a la relación del individuo con la madre ( no necesariamente
la biológica) y al don que tiene ella de dar o no, con
sus idas y venidas, haciendo que el niño pueda llamar a
la madre, pedirle, demandarle... Tiene lugar la demanda y con
ello la posibilidad de que el individuo se constituya como persona.
Esta demanda es posible ya que el individuo utiliza un lenguaje
(con todo lo que dicho proceso evolutivo conlleva) que va articulando
también la movilización de los afectos más
profundos del cuerpo; entonces la demanda por parte del niño
de ser alimentado no va a relacionarse sólo con la necesidad
"nutricional" sino que también lo va a estar
con la experiencia de vínculo a otro. En algún momento
se produce la experiencia de satisfacción que cancelará,
por ejemplo, el estímulo interno (en el caso del niño,
por el cuidado ajeno) de hambre.
Estas experiencias (necesidad, excitación,
demanda, satisfacción) dejarán huella en la memoria
y en consecutivas veces las imágenes o situaciones que
provoquen la reaparición de la excitación, debido
al enlace establecido, suscitará una acción psíquica
para restablecer la situación de satisfacción.
Necesidad
Si buscamos el significado de la palabra necesidad
en un diccionario encontraremos que hace referencia a algo imprescindible
o necesario; así como habla de un impulso irresistible;
de la falta de lo necesario para vivir o de un peligro o situación
difícil que requiere una rápida ayuda, estados de
insatisfacción conscientes debido a un sentimiento de falta
que no excluyen la parte inconsciente que hay en el placer que,
como vamos viendo, está vinculada a experiencias más
profundas.
Dado que el hambre representa el stress original,
la respuesta alimentaria proporcionará el prototipo de
las reacciones y respuestas que podrán provocar la desaparición
de tensiones internas, por lo que las actitudes maternas en los
primeros meses de vida guardarán una relación directa
sobre las características psíquicas del individuo.
El elegir un tipo de respuesta relacionada con la ingesta de alimentos,
en lugar de otra, va a depender de variables internas relacionadas
con la persona (como la calidad de determinadas fijaciones libidinales,
la prioridad del principio del placer -todo y ya, sin valorar
las consecuencias-, frente al de realidad -capacidad para aplazar
y relativizar-), y de unas variables externas, relacionadas con
el medio ambiente (abundancia, escasez, accesibilidad... ).
"Madres cebadoras" no permitirían
distinguir entre lo fisiológico y lo psicológico,
"malas madres" (ausentes, inadaptadas sistemáticamente...
) harían sufrir tensiones internas de duración e
intensidad desorganizadoras, favoreciendo respuestas particularmente
intolerantes a la frustración. En los trastornos de comportamiento
alimentario (con aumentos de ingesta más o menos intensos)
se suele poder apreciar, cercano al inicio del cuadro, la aparición
de una pérdida significativa para el individuo no resuelta,
a veces negada conscientemente, no reconocida, y sumida al mundo
del inconsciente, acallada por la compensación del alimento
que substituye, con mayor o menor intensidad, el vacío
de lo perdido, existiendo y perdurando una negación de
la realidad (de una realidad) que a veces aflora a través
de un cuadro más o menos depresivo, pudiéndose en
ese caso empezar a elaborar y resolver que ha pasado y resituar
la sensación al plano que le corresponda, no siempre al
nutricional.
Hambre
o Ganas de Comer
Sé sincero: no es hambre lo que tienes,
sino puras ganas de comer. No importa cuánto comas: cuando
estás ansioso nunca te llenas. O sea, que tu hambre no
es más que apetito por stress. ¡Contrólalo!
Los alimentos son necesarios para mantenernos vivos, sanos y con
energía, pero el exceso de comida puede producir enfermedades
como sobrepeso, gastritis, etc.
En lugar de asaltar la heladera y comerte todo
lo que haya, en vez de comprar todos los chocolates disponibles
o pedirle a tus amigos que traigan golosinas al grupo de estudio,
prueba lo siguiente:
| * |
Distribuye
los alimentos en seis comidas diarias (en vez de tres) y
fija horarios razonables. Lo importante es recordar que
no se pueden hacer seis comidas completas, sino seis medias
comidas, lo que equivale a las tres comidas completas que
habitualmente consumes. |
| * |
Si
en medio de una guía quieres comerte un chocolate,
ponte como meta terminar la guía y responder una
ronda de preguntas antes de hacerlo. Prémiate, pero
antes concéntrate en el estudio. |
| * |
Disminuye
el tamaño de las golosinas. |
| * |
Reemplaza
los alimentos dulces o grasosos por frutas o vegetales. |
Los azúcares simples y complejos son los
principales responsables de las sensaciones de saciedad por lo
que privarse de éstos conlleva al mal humor y a la necesidad
de dulces. Para evitar que la situación se agrave, es por
tanto necesario remontarse a las causas, evitando imponerse regímenes
restrictivos que nunca se cumplirán, y causarían
después estrés ante el fracaso.
Separar la relación entre emociones y comida:
este es el único método para ignorar el hambre por
estrés, evitando las dietas impuestas por uno mismo, y
restableciendo un adecuado equilibrio alimenticio. En los casos
más drásticos es mejor dirigirse a un centro especializado
en el tratamiento de los trastornos alimenticios.
La dieta para este tipo de hambre debe de ser
la adecuada: debe considerar la trasgresión que lleva a
desear en menor medida la comida, controlando el mecanismo que
acciona el hambre inexistente. Obviamente, el tratamiento de la
trasgresión es fundamental para recuperar el control, y
evitar recaer en los errores del hambre nerviosa. |