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Mecanismos
por los que una dieta rica en hidratos de carbono
promueve la pérdida de peso
Las dietas ricas en hidratos de carbono complejos
tienen una gran cantidad de agua y de fibra. Se caracterizan
por tener una baja densidad energética (en
kcal/g).
Independientemente del tipo, parecen ser más
potentes que la grasa reduciendo el apetito.
El metabolismo oxidativo en el hígado es uno
de los mecanismos que controlan el hambre y la ingesta.
La infusión de glucosa y otras sustancias oxidables
inhibe la ingesta.
Cambio en los niveles hormonales que controlan la
sensación de saciedad, como insulina, y en
los niveles de neurotransmisores, como la serotonina
y la noradrenalina.
Producción de una reducida disponibilidad de
la energía al tomar una dieta rica en hidratos
de carbono complejos y fibra. Esto puede explicar
por qué algunas personas tienden a perder peso
cuando siguen este tipo de dieta.
Fuente: Departamento de Nutrición. Universidad
Complutense de Madrid.
Los hidratos de carbono son nutrientes energéticos
imprescindibles para el correcto funcionamiento del
organismo, puesto que ayudan a mantener la actividad
muscular, la temperatura corporal, la tensión
arterial, el correcto funcionamiento del intestino
y la actividad neuronal. Asimismo, una dieta rica
en hidratos de carbono previene los problemas cardiacos,
disminuye el colesterol y el riesgo de sufrir diversas
enfermedades como la diabetes.
Entre
los alimentos ricos en hidratos de carbono se encuentran
el pan, la pasta, los cereales, las legumbres secas,
los tubérculos que contienen féculas,
como las patatas, los frutos secos, las frutas y las
verduras.
Según
indican los especialistas, los hidratos de carbono
deben representar el 55 por ciento del aporte energético
de cada persona, mientras que las grasas no deben
superar el 30 por ciento. Esto indica su valor e importancia
en la dieta sana.
Carbohidratos
y obesidad
Al
contrario de lo que se piensa, los hidratos de carbono
son los componentes de la dieta que aportan menor
cantidad de calorías por unidad de peso (3,75-4
kcal/g). Es decir que, además de no favorecer
la obesidad, son muy útiles en el control del
peso. La acción de los hidratos de carbono
es más saciante que la de las grasas, ya que
aumentan la glucemia y el metabolismo oxidativo hepático,
con lo que se activa el mecanismo glucostático
que condiciona la aparición de la saciedad.
Sin
embargo, la mayoría de las personas que pretenden
reducir su peso eliminan los hidratos de carbono de
la dieta al considerarlos la principal fuente de grasa.
Esto se debe al gran desconocimiento que la población
tiene de los alimentos y sus propiedades. En un estudio
realizado en jóvenes universitarios de Madrid,
el 51 por ciento indicó, acertadamente, que
la grasa es el componente de la dieta que aporta más
calorías (9 kcal/g), y el segundo componente
más temido son los hidratos de carbono (el
38,4 por ciento de la población lo señala
como fuente importante de calorías), cuando
éstos aportan menos calorías que las
proteínas (4kcal/g) o el alcohol (7kcal/g).
Sustituir el consumo de grasas por hidratos de carbono,
ya sea simples (azúcar) o complejos (féculas)
supone una mejora de la dieta sana y permite perder
peso en un periodo prolongado de tiempo, desarrollando
unos hábitosde vida normales. Esta es la principal
conclusión del proyecto Carmen (Carbohydrate
Ratio Management in European National diets), desarrollado
el año pasado y coordinado en España
por Xabier Formiguera, jefe de la Unidad de Trastornos
de la Alimentación del Hospital Universitario
Germans Trías i Pujol.
"Aunque
se trata de una reducción lenta en el caso
de las personas que padecen obesidad, al tratarse
ésta de una enfermedad crónica, es una
buena opción y más segura que adelgazar
de forma rápida", indica Formiguera. La
adopción de una dieta rica en hidratos de carbono
supondría el descenso, de entre un 15 y un
30 por ciento, de la población obesa de Europa.
En España, el 13,4 por ciento de la población
es obesa (cerca de 5 millones de personas).
Pan
y pasta
La
falsa relación entre hidratos de carbono y
obesidad ha hecho que el consumo de los alimentos
que los contienen haya descendido drásticamente,
lo que nos aleja cada vez más de la dieta mediterránea.
Entre
los alimentos más temidos se encuentran el
pan y la pasta. El pan, además de ser barato,
no tiene tantas calorías como se piensa y,
sin embargo, contiene gran cantidad de hidratos de
carbono, proteínas y almidones modificados
que se comportan como fibra. Los cereales también
aportan vitamina B, zinc, hierro y otros minerales.
La
pasta, por su parte, aumenta hasta 3 veces su volumen,
lo que provoca una rápida sensación
de saciedad. Además, contiene vitamina H (biotina),
vitamina E (tocoferol), vitamina B, enzimas y minerales.
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