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Se sabe que el hígado, el gran depurador del
organismo, ejecuta más de quinientas funciones
diferentes aunque se sospecha que pueden ser muchas
más.
De ahí la enorme
importancia de su estado para la salud. Con un hígado
en mal estado es imposible encontrarse bien. Por eso
es necesario ayudarle de vez en cuando con un ayuno
moderado o una cura de desintoxicación. Le
explicamos cómo hacerla.
Antes de explicar la
eficacia de una desintoxicación hepática
conviene recordar las características y actividades
del hígado porque su función es absolutamente
crucial para la vida. Hablamos de una glándula
de gran tamaño -pesa alrededor de kilo y medio-
que realiza multitud de actividades ligadas esencialmente
al metabolismo intermediario. Podría decirse
que es como una gran plataforma desde la que se liberan
sustancias básicas para muy diversas funciones.
Situada debajo del diafragma, ocupa la parte más
alta de la cavidad abdominal, en el hipocondrio derecho.
Su posición es además estratégica
en la circulación ya que tiene una vascularización
muy abundante.
Sus funciones básicas son cinco.
1) Actividad circulatoria.
Se encarga de filtrar la sangre procedente del intestino
depurándola.
2) Actividad secretora
y excretora. Se encarga de producir bilis, sustancia
encargada de:
- Facilitar la digestión
de las grasas en el intestino.
- Permitir la absorción
de vitaminas liposolubles.
- Metabolizar el
colesterol y la bilirrubina.
- Equilibrar la acidez
del quimo presente en el duodeno.
- Transportar la inmunoglobulina
A a la mucosa intestinal.
3) Actividad metabólica.
Participa en la metabolización de los carbohidratos,
proteínas, lípidos, minerales y vitaminas.
De hecho, el hígado es el encargado de convertir
los carbohidratos y proteínas en grasas.
a) Las actividades
específicas que desempeña en el metabolismo
de los carbohidratos es la de:
- Almacenar glucógeno.
- Convertir galactosa
y fructosa en glucosa.
- Elaborar distintos
compuestos químicos.
b) En cuanto
al metabolismo de los lípidos, sus funciones
específicas son:
- La formación
de la mayor parte de las lipoproteínas.
- La formación
de colesterol y fosfolípidos.
- La gluconeogénesis.
c) En cuanto
a las proteínas se refiere, lo que el hígado
hace es:
-Desaminar los aminoácidos.
-Fabricar urea para suprimir el amoniaco de los líquidos
corporales.
-Formar la práctica totalidad de las proteínas
plasmáticas.
Cabe añadir
que aunque la mayor parte del metabolismo de los hidratos
de carbono y de las grasas se produce en el hígado
probablemente podríamos sobrevivir si esa función
se interrumpiera; sin embargo, si el hígado
no metabolizara las proteínas la persona moriría
en pocos días.
d) Las otras
funciones metabólicas del hígado son
las de:
- Almacenar vitaminas.
- Almacenar hierro.
- Formar las sustancias
que intervienen en el proceso de coagulación
(fibrinógeno, protombina, factores VII, IX
y X).
- Eliminar o excretar
los fármacos, hormonas y otras sustancias.
4) Actividad protectora
y detoxificadora. En el hígado existen unas
células conocidas como "células
de Kupffer" -o macrófagos- que tienen
la función de fagocitar (ingerir y digerir)
parásitos, virus, bacterias y macromoléculas
por lo que constituyen una barrera para las toxinas
y microorganismos procedentes del intestino. Además
juegan un papel fundamental en la formación
de antígenos durante los procesos de inflamación
e infección porque son las iniciadoras de la
inmunidad mediada por las células B y T.
Cabe añadir que hay otras células -las
llamadas "células de PIT"-, equivalentes
a grandes linfocitos granulares y células asesinas,
que tienen también funciones similares por
lo que brindan protección contra las infecciones
virales.
5) Actividad hematológica.
Durante parte de la vida embrionaria -y en algunos
estados patológicos en el adulto- se forma
sangre en el hígado. Además, éste
produce fibrinógeno, protombina y heparina;
y destruye eritrocitos.
La
Importancia del Hígado
Como el lector puede
constatar, lo apuntado hasta aquí -de forma
muy resumida- demuestra la enorme importancia del
hígado. Hasta el punto de que desde la óptica
de la Medicina Ortomolecular es impensable tratar
cualquier alteración o disfunción sin
antes pasar por una desintoxicación hepática.
Es la piedra angular de cualquier tratamiento del
que se pretenda salir exitoso.
Además -y sin entrar en patologías específicas-,
teniendo en cuenta las actividades en las que está
involucrado el hígado muchas actuaciones a
nivel digestivo, pancreático, intestinal, renal,
etc, pasan inexorablemente por una terapia normalizadora
de la función hepática.
Desintoxicación
Celular
Normalmente los residuos
de la alimentación son expulsados de las células
y pasan a la linfa y a la sangre que los transportan
a los órganos excretores -sobre todo al hígado
y a los riñones- donde son transformados y
conducidos a los órganos de evacuación.
Pues bien, como el organismo lleva siempre un cierto
retraso a la hora de efectuar la limpieza es evidente
que no ingerir alimentos durante un tiempo -o, al
menos, limitar su ingesta- le permite dedicar más
energía a la depuración. Es más,
cuando se efectúa un proceso de desintoxicación
se aprecia en el hígado una pérdida
importante de peso, lo que se debe a que el hígado
quema tanto el glucógeno de reserva que contiene
como buena parte de la grasa acumulada.
La
Depuración
El buen estado de
salud se da cuando el conjunto de actividades de los
órganos y funciones corporales se realizan
de forma correcta y en equilibrio siendo la ruptura
del mismo lo que nos lleva a perder la salud. Por
otra parte, la actividad de las células que
forman nuestro organismo genera sustancias de desecho
que eliminamos de forma natural cuando éstas
no sobrepasan el nivel de tolerancia, algo que depende
de cada individuo (edad, herencia, estado general...).
Sin embargo, hay alimentos
y productos como el café, el tabaco, diversas
drogas, productos tóxicos, algunos aditivos
alimentarios, contaminantes de las aguas, medicamentos,
etc., que dificultan las actividades celulares e incrementan
la cantidad de elementos de desecho por lo que los
órganos eliminadores (emuntorios) se ven desbordados
e incapaces de desembarazarse de un nivel elevado
de toxinas.
En suma, se puede
afirmar que la salud de un individuo depende de la
capacidad de su organismo para eliminar los residuos
perjudiciales, tanto de origen interno como externo.
Y como quiera que hoy el ser humano no suele mantener
una conducta que respete las leyes naturales en cuanto
a alimentación, ejercicio, hábitos de
conducta, etc, llega un momento en el que comienzan
a aparecer signos de que se hace necesaria una depuración.
Signos que unas veces se manifiestan como una enfermedad
grave y en otras en forma de síntomas generales
como fatiga, caída del cabello, pérdida
de apetito, uñas quebradizas, dificultad para
conciliar el sueño, decaimiento, astenia y
otros signos subjetivos que indican falta de energía.
La depuración
del organismo -y en particular la depuración
hepática- es pues una de las primeras acciones
que deberíamos tomar cuando nos planteamos
el tratamiento de cualquier patología. Porque
lo más eficaz es siempre comenzar "limpiando
el terreno".
Síntomas
del Proceso Depurativo
Depurar el organismo
consiste en disminuir su nivel de toxemia. Y eso debe
hacerse disminuyendo los tóxicos externos,
por un lado, y ayudando a los órganos eliminadores
a realizar su función estimulando la eliminación
de toxinas, por otro.
Un buen drenaje debe durar entre 3 y 10 días.
Depende del estado general (que evidenciará
de un modo aproximado el nivel de toxemia), de la
edad, de la constitución y de si existe o no
alguna patología.
Hay que advertir,
en todo caso, que un proceso depurativo conlleva a
veces la aparición de lo que podríamos
denominar una "crisis aguda", algo que patentiza
que en el organismo se están produciendo cambios
significativos. Durante esa crisis observaremos cómo
se cumple la "Ley de Hering": cuando existe
una sintomatología muy evidente todos los síntomas
van cambiando, expresándose por orden inverso
de aparición: primero los más recientes,
después los más antiguos. Y antes los
de las zonas inferiores que los de las zonas superiores.
Existen además una serie de signos que nos
informan de la evolución del proceso:
- la lengua se cubre
de una gruesa capa de saburra blanca o amarillenta
(en función de la composición de los
residuos que se eliminan por esta vía). Cuando
vuelve a ser sonrosada y la capa de saburra es blanca
y fina otra vez es indicio de que la depuración
ha finalizado.
- el aliento es fuerte,
a veces hasta fétido. Cuando se ha depurado
lo suficiente vuelve a ser fresco y limpio.
- La orina es más
oscura y densa, con olor fuerte y diferente. Vuelve
a ser clara al final de la depuración.
- Las heces son también
más oscuras, concentradas y abundantes volviendo
a su color y textura normales cuando finaliza la
depuración.
Hay que destacar que
cuando la técnica utilizada consiste en un
ayuno la cantidad de materia fecal no aumenta aunque
también es cierto que generalmente hay deposición
diaria, señal de que en el interior del intestino
había residuos que no podían eliminarse
con la defecación normal cotidiana (esto ocurre
sobre todo en personas que de manera habitual son
estreñidas o bien tienen divertículos
en el intestino).
Esta
crisis puede acompañarse en ocasiones de diversos
síntomas generales como:
-Dolor difuso y/o
jaqueca, señal de alarma para el organismo
que invita a la búsqueda de calor, reposo,
rechazo de alimentos...
-Fiebre que tiende
a disminuir con rapidez el índice de toxemia
excesivo pues pone en marcha unas medidas excepcionales.
Es el caso de un aumento de la frecuencia cardiaca,
el incremento de la circulación sanguínea
y el reforzamiento de la función respiratoria.
Y dado que sabemos
que la fiebre cumple una función de defensa
orgánica, es importante no actuar nunca contra
ella -a no ser que sea muy elevada- sino mantenerla
controlada en todo momento; por ejemplo, mediante
la aplicación de paños fríos
acompañados de fricciones en la espalda o baños
de agua fría.
- Aminoración
de las funciones muscular y sensorial así como
de la digestiva. Estos síntomas suelen aparecer
con más intensidad cuanto más elevada
es la toxemia y más riguroso el procedimiento
adoptado mientras que se presentan de forma muy suave
o incluso no aparecen cuando la toxemia es leve y/o
la depuración se realiza lentamente, con supresión
gradual y paulatina de bebidas estimulantes como el
café o el té y la adopción de
unos hábitos adecuados y de una dieta depurativa.
Dependiendo de cada
individuo, podríamos encontrarnos con otros
síntomas particulares como aumento de la sudoración,
incremento de mucosidades nasales o faríngeas,
lagrimeo, aparición de forúnculos, etc.
Lo más aconsejable,
siempre que los síntomas no sean demasiado
violentos o impliquen algún riesgo para el
individuo, es encauzarlos mediante técnicas
naturales y no suprimirlos ya que la propia naturaleza
del individuo es la que elige la forma más
adecuada para restablecer el equilibrio.
Recomendaciones
durante la Desintoxicación
- Consuma, si le
es posible, alimentos de origen biológico.
- Consuma frutas
como desayuno, almuerzo y/o sustituto de la cena.
- Prepare los alimentos
al vapor, hervidos o a la plancha usando utensilios
de acero inoxidable
- Elimine el consumo
de productos refinados, la carne roja y los productos
lácteos y derivados.
- Evite el consumo
de bebidas alcohólicas, excitantes, etc.
- Procure no tomar
alimentos fritos, congelados, precocinados, etc.
- Tome algún
tipo de caldo depurativo diariamente y fuera de
las comidas.
- Trate de reducir
la cantidad de alimentos a ingerir.
- Evite las situaciones
de estrés.
- Mantenga una higiene
externa e interna adecuadas.
- Realice una actividad
física acorde con sus necesidades.
- Duerma un mínimo
de horas para que el sueño sea reparador.
- Beba agua filtrada
o embotellada.
Alimentos
Adecuados
Cereales integrales:
aportan hidratos de carbono complejos y vitaminas
del grupo B, elementos necesarios para el buen funcionamiento
del hígado. Además, los H. C. que contiene
constituyen el nutriente que con mayor facilidad metabolizará
un hígado enfermo.
Frutas:
son ricas en azúcares de fácil asimilación
y vitaminas antioxidantes que favorecen el funcionamiento
hepático y evitan la retención de líquidos.
Verduras:
siempre que sea posible se deben tomar crudas o cocinadas
con poca sal. Aportan potasio y otros minerales necesarios
en caso de trastornos hepáticos. Además,
aportan folatos necesarios para el metabolismo hepático.
Uvas:
además de aportar azúcares naturales
y vitaminas antioxidantes activan la función
desintoxicadora del hígado y estimulan la producción
de bilis. Asimismo, facilitan el retorno de la sangre
del aparato digestivo al hígado con lo que
disminuye la hipertensión portal que suele
producirse como consecuencia de la cirrosis.
Manzanas:
facilita el vaciamiento de la bilis y la descongestión
hepática. Y poseen abundante fibra.
Ciruelas:
evitan el estreñimiento y favorecen
la eliminación de desechos orgánicos.
Son bajas en sodio, grasas y proteínas. Facilitan
el trabajo hepático.
Cerezas:
son antioxidantes y depurativas de la sangre lo que
facilita el trabajo hepático.
Nísperos:
contienen provitamina A y minerales. Son descongestionantes
y pueden reducir el tamaño del hígado
cuando éste es debido a un cúmulo de
sangre (hepatomegalia congestiva).
Alcachofas:
por su contenido en cinarina y otras sustancias potencian
la función hepática, desintoxican y
facilitan la eliminación de sustancias nocivas.
Aumentan la secreción de bilis y mejoran su
vaciamiento al intestino. Alivian el mal gusto de
boca y las digestiones pesadas debidas al mal funcionamiento
hepático.
Cardo:
contiene también cinarina lo que estimula la
producción de bilis, descongestiona el hígado
y facilita su buen funcionamiento.
Cebollas:
gracias a su aceite esencial sulfurado estimulan la
función desintoxicadora del hígado.
Rábanos:
su esencia sulfurada de sabor picante estimula la
función hepática y aumentan la producción
de bilis haciéndola mas fluida y facilitando
su vaciamiento.
Lecitina:
contiene colina, un factor vitamínico indispensable
para el metabolismo hepático y para evitar
que se deposite grasa en el hígado.
Aceite de
oliva: en cantidades moderadas favorece el
buen funcionamiento hepático.
Fresas:
mejoran la circulación venosa del sistema portal
hepático y contribuyen a reducir la ascitis.
Achicoria,
escarola y endivia: contienen una sustancia
amarga que facilita el vaciamiento de la vesícula.
Berenjena:
es un tónico digestivo que activa de forma
suave la función de la vesícula.
Complementos
S-Adenosil metionina
(SAM). Es un metabolito del aminoácido estándar
L-metionina que mejora de forma notable el metabolismo
del hígado. Algunas investigaciones han dejado
patente su eficacia en los casos de hepatitis y cirrosis,
además de actuar como antiinflamatorio.
Glutamina. Tiene capacidad
para inhibir la acumulación de grasas en el
hígado.
Colina. Actúa de forma muy efectiva eliminando
y evitando la acumulación de grasa en el hígado.
Vitamina C. Actúa como antioxidante y produce
acción antiinflamatoria.
Azufre. Además de los efectos neutralizadores
de los radicales libres y como sustancia que ayuda
a eliminar los metales pesados, el azufre desintoxica
el organismo, especialmente a través del hígado.
La alicina del ajo -una de sus sustancias activas-
es un compuesto azufrado y aunque es muy inestable
su degradación no la inutiliza ya que se convierte
en otros compuestos azufrados activos.
Ácido alfa lipoico. Este antioxidante protege
al hígado del daño debido a las toxinas.
N-Acetil l-cisteina: Forma potente del aminoácido
L-cisteína, aumenta la producción de
glutation compuesto antioxidante y desintoxicante).
Cardo mariano. Se ha comprobado que la silimarina,
el principio activo de esta hierba, previene la toxicidad
y estimula la función hepática. La ingesta
de silimarina produce un incremento sustancial en
los niveles de glutation en el hígado. Por
su contenido en tiramina puede desencadenar crisis
hipertensivas en pacientes que estén siguiendo
un tratamiento antidepresivo con IMAOs.
Diente de león. La raíz de diente de
león favorece la función hepática.
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