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Muchas
culturas han otorgado al huevo un espacio privilegiado
entre sus creencias y tradiciones más arraigadas.
Celtas,
griegos, chinos, japoneses, egipcios e hindúes
veían en el huevo el principio del Universo.
La tradición china le atribuye el origen del
Ying (el cielo) y el Yang (la tierra), y, para algunas
civilizaciones milenarias, simbolizaba la fecundidad
y la renovación periódica de la naturaleza.
Para
los cristianos, en tiempo de Pascua, representa la
resurrección. Por eso, durante la Semana Santa,
en España se pueden encontrar múltiples
variedades de dulces o panes adornados con huevos,
como los hornazos o las monas de Pascua.
Tal
vez la historia más notable de entre las que
han pervivido en nuestros libros, con el huevo como
protagonista, sea aquella que cuenta cómo Colón
retó a algunos de sus detractores a que mantuvieran
un huevo erguido sobre alguno de sus polos. Después
de ver como lo intentaban sin éxito, cascó
uno sobre la mesa, y, respondiendo a sus críticas
sobre la simpleza del procedimiento, respondió:
"ya lo sé, pero era necesario que a alguien
se le ocurriera".
El
huevo en la cocina
Además de las formas individuales de tomarlo,
ya sea cocido, escalfado, frito, pasado por agua,
tortilla francesa, etcétera, el huevo ofrece
múltiples posibilidades a la hora de introducirlo
en una receta, sumando sus cualidades a las del resto
de alimentos:
-
Coagulante: tanto la yema como la clara se espesan
progresivamente bajo la incidencia del calor, capacidad
muy provechosa sobre todo para la elaboración
de productos de repostería como cremas y
flanes, además de para las formas antes mencionadas
que se preparan mediante la aplicación de
calor, como las tortillas.
-
Espumante: la capacidad espumante de la clara es
muy útil también en repostería,
en merengues, mousses, claras a punto de nieve,
bizcochos, etcétera.
-
Emulsionante: es una propiedad de la yema que hace
posible que 'liguen' salsas como la mayonesa.
-
Colorante: la yema aporta el color característico
de alimentos como pastas o salsas. Una pátina
de yema sobre bollos, pasteles o galletas hacen
que, tras pasar por el horno, éstos adquieran
un tono dorado único.
-
Aromatizante: el aroma que desprende la yema es
muy apreciada en pastas y repostería.
-
Anticristalizante: hace posible, por ejemplo, elaborar
turrón con altas concentraciones de azúcar
sin que se formen cristales detectables.
-
Aglutinante: tanto la clara como la yema permiten
realizar productos de charcutería, como por
ejemplo el paté, que precisan de la unión
de diferentes componentes.
Manipulación
y conservación
Como ocurre con la mayor parte de los alimentos, el
huevo no debe sufrir cambios bruscos de temperatura,
ni ser expuesto a temperaturas elevadas.
Hay
que procurar que el contenido del huevo no entre en
contacto con la parte superficial de la cáscara,
por eso no es aconsejable separar la yema de la clara
con ella.
Los alimentos preparados con huevo crudo o poco cocinado
deben mantenerse siempre en la nevera hasta el momento
de su consumo.
Es conveniente evitar el contacto del huevo crudo
con otros alimentos.
No es bueno lavar los huevos si no se van a consumir
o cocinar inmediatamente, ya que los gérmenes
pueden introducirse en el interior a través
del agua.
Deben conservarse en la nevera y procurar sacar sólo
los que se vayan a utilizar en cada ocasión.
Sobre todo en verano, los alimentos elaborados con
huevo deben cocinarse adecuadamente para eliminar
las bacterias que pudieran contener.
Desechar los que presenten olores o sabores extraños,
mohos en la cáscara o aspecto anormal.
El huevo en la dieta
Los huevos son, desde hace algunas décadas,
el enemigo declarado de las dietas contra el colesterol.
Un huevo contiene entre 214 y 212 miligramos de esta
grasa, pero a la vez, también aporta fosfolípidos
que frenan su absorción, por lo que, según
el Instituto de Estudios del Huevo, tiene poca incidencia
sobre el nivel de colesterol en sangre.
Debido
a su elevado valor nutritivo, una persona sana podría
ingerir entre cuatro y siete huevos a la semana en
el marco de una dieta cardiosaludable. Uno de sus
mayores beneficios es la gran cantidad de proteínas
que posee. Éstas, de gran calidad, se digieren
fácilmente y tienen un alto valor biológico.
También
aporta vitaminas, oligoelementos, minerales, carotenoides,
colina, ácido fólico y vitamina B. En
cuanto al contenido energético, la cantidad
media de kilocalorías que comprende es de 75
por unidad. La lecitina o fosfatidilcolina, importante
en muchos procesos vitales del organismo, también
se encuentra en el huevo.
Además,
es rico en otros elementos no nutricionales beneficiosos
para la salud, como las inmunoglobulinas, que favorecen
la respuesta del organismo ante procesos infecciosos,
o ácidos grasos poliinsaturados, que ayudan
a prevenir la arterioesclerosis.
En
líneas generales, el huevo, como tantos otros
alimentos, es un alimento muy recomendable en una
dieta saludable, siempre y cuando se ingiera de forma
prudente y se respeten la cantidad y frecuencia recomendadas
por los expertos.
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