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Catalogados
como alimentos formadores, la leche y sus derivados
no sólo resultan esenciales para el crecimiento
de los niños.
En
el caso de los adultos, los productos lácteos
representan una importante fuente de nutrientes y,
por qué no, de placeres gastronómicos
Sin lugar a dudas, la leche es uno de los alimentos
más importantes para el organismo y no sólo
por la cantidad de nutrientes que posee, sino también
porque ayuda a mejorar el propio valor nutricional
de otros alimentos, razón por la cual se recomienda
utilizarla a la hora de preparar cremas, salsas, soufflés,
postres, etcétera.
Fuente
de calcio, proteínas, grasas, carbohidratos
o azúcares y vitaminas, la leche, así
como sus derivados, forman parte del grupo de alimentos
formadores, en virtud de las funciones que desempeñan
en el organismo. He allí la importancia de
consumir estos productos, sencillamente porque contribuyen
a formar huesos, uñas y dientes fuertes y sanos,
también favorecen la construcción y
reparación de músculos, tejidos y órganos,
y evitan la anemia, además de la fatiga muscular
y mental.
De
entre los alimentos bajos en grasa, los lácteos
son los más consumidos en nuestro país.
Al parecer, incluso es menor el consumo de leche entera
y de lácteos completos que el de los fabircados
con leche parcial o totalmente desnatada.
Detrás de esta actitud cotidiana
en muchos consumidores parece estar, sobre todo, la
relación entre el consumo de grasa láctea
(mayoritariamente saturada) y el aumento del nivel
de colesterol y grasas en sangre, que a su vez se
relaciona con un mayor riesgo de sufrir enfermedades
de vasos sanguíneos y corazón (trombosis
y arterioesclerosis). Tampoco puede desdeñarse
el hecho de que nuestra sociedad actual se encuentra
subyugada por la cultura "anti-grasa" y
el auge de los productos “ligth”, que
pretenden ofrecer prestaciones organolépticas
similares a sus productos de referencia pero prescindiendo
de parte de su grasa y reduciendo ostensiblemente
su aporte calórico. Es decir, que sean igualmente
nutritivos, resulten más saludables y engorden
menos. Ese es el triple objetivo. Ahora bien, ¿consiguen
los lácteos desnatados este doble objetivo?.
La
leche es, sin duda, un gran alimento: aporta grasa,
proteínas de gran calidad, calcio y vitaminas,
entre otros elementos nutritivos de primer orden.
Su único inconveniente (para las personas sin
problemas de colesterol ni intolerancia a la lactosa)
es su elevado contenido en grasa y, consecuentemente,
su gran poder calórico. Los derivados y productos
lácteos bajos en grasa se obtienen principalmente
a partir de leche parcial o totalmente desnatada o
descremada y, en su caso, con ingredientes adicionales
(proteínas lácteas, vitaminas, almidones,
azúcares, frutas frescas o secas, en zumo,
mermeladas, cereales, etc.). Si se comparan a los
lácteos enteros o completos, presentan unas
propiedades nutritivas similares. Lo que les distingue
es que aportan menos calorías, menos grasa
y aún menos vitaminas A y D. Estas últimas,
por ser liposolubles, se pierden en parte o completamente
al eliminar la grasa. Por lo demás, los lácteos
desnatados proporcionan igual cantidad de calcio de
fácil asimilación, vitaminas del grupo
B y proteínas, todos ellos nutrientes esenciales
en etapas de crecimiento y desarrollo (niñez,
adolescencia, embarazo y lactancia) y también
para el mantenimiento de la masa ósea y muscular
(madurez, menopausia y envejecimiento).
El
proceso de extracción de la grasa láctea
es sencillo y de bajo coste: por centrifugación
(la leche se introduce en una centrifugadora y gira
a gran velocidad; así la grasa se separa del
resto de componentes, que tienen diferente densidad),
y mediante el batido de la leche.
Valor
nutritivo de los lácteos bajos en grasa
Se
ha de diferenciar los derivados lácteos de
los productos lácteos. Los derivados bajos
en grasa se obtienen a partir de leche parcial o totalmente
desnatada, a la que se ha sometido a diferentes procesos
de transformación; pueden, además, incorporar
ingredientes adicionales. Los productos lácteos,
por su parte, son aquellos en los que la leche es
sólo uno de sus principales ingredientes (arroz
con leche, flan y natillas, cremas etc.). El valor
nutritivo de cada producto depende de la proporción
que exista entre esos ingredientes.
Leche
descremada
Muy
recomendable para personas que sufren alteraciones
de los niveles de grasa en sangre, colesterol elevado,
sobrepeso u obesidad. Pero carece de vitaminas A y
D, a excepción de algunas presentaciones comerciales
en las que el fabricante añade vitaminas para
suplir este déficit. De ahí que convenga
leer el etiquetado. La leche desnatada es muy pobre
en grasa y aporta sólo unas 66 calorías
por cada vaso de 200 mililitros. Al igual que la leche
entera, es rica en proteínas de calidad (6,8
gramos por cada vaso) que, en combinación con
cereales (arroz, pan, cereales de desayuno…),
se pueden equiparar a las de la carne, el pescado
o los huevos. El número de calorías
que aporta esta leche depende de su cantidad de proteínas
y de lactosa (azúcar propio de la leche) ya
que su nivel de grasa es de tan sólo unos 0,2
gramos por vaso de leche. La lactosa promueve la proliferación
de bacterias intestinales, favoreciendo la síntesis
bacteriana de vitaminas del grupo B como biotina,
B2, ácido fólico, B6 y también
la fermentación láctica que aumenta
la absorción de calcio a nivel intestinal.
Es muy buena fuente de calcio. Medio litro de esta
leche cubre las necesidades de calcio de un niño
y del adulto.
Quesos
bajos en grasa
Los
quesos, en general, son más ricos en proteínas
y minerales (calcio, fósforo y sodio) que la
leche, debido a sus procesos de transformación
y desuerado. También son buena fuente de vitaminas
B1 y B2. Los quesos duplican la cantidad de proteínas
de la leche de la que parten. Si buscamos los extremos,
los quesos frescos aportan 8 gramos de proteínas
por cada 100 gramos de producto y los de pasta prensada
cocida (Enmental, gruyére…), llegan a
contener 40 gramos de proteína por cada cien
gramos.
Cuanta
más grasa se extraiga de la leche antes de
elaborar el queso, más bajo será el
contenido en grasas del queso. Por otro lado, a mayor
cantidad de suero, menos grasa. Los quesos de Burgos
y Villalón son los quesos más magros
dentro de los tradicionales, pero siguen conteniendo
grasa y por tanto no son tan "de régimen"
como equivocadamente suele pensarse: aportan 174 calorías
por cada.100 gramos, el doble de los quesos blancos
desnatados.
Yogures
o Leches fermentadas desnatadas
Su
aporte de nutrientes es semejante al de la leche desnatada.
Son ricos en proteínas de fácil digestión
y en calcio de sencilla absorción, por la transformación
de la lactosa en ácido láctico que realizan
las bacterias Lactobacillus bulgaricus, Streptococcus
Lactis, Lactobacillus acidophylus, Lactobacillus casei
shirota e inmunitans …, lo que mejora su aprovechamiento
digestivo. En los yogures descremados se añaden
lactosa y leche en polvo desnatada, y pueden incorportarse
zumo o trozos de frutas frescas o secas, cereales
etc. Su aporte calórico puede ser menor de
la mitad del que aportan sus equivalentes completos.
Y mantienen propiedades de estos últimos, como
la regeneración y restablecimiento del equilibrio
de la flora intestinal.
Yogures
y leches fermentadas no deben confundirse con los
postres lácteos que no necesitan frío
para su conservación, ya que éstos han
un sufrido un tratamiento con calor que destruye las
bacterias antes citadas, que confieren las propiedades
también mencionadas.
Helados
sin grasa
Los
elaborados con leche semi o desnatada resultan apropiados
para regímenes de adelgazamiento y personas
diabéticas ya que, además de su bajo
contenido graso, llevan fructosa y/o edulcorantes
sin calorías por lo que su valor calórico
es muy bajo. Pero mantienen las proteínas,
el calcio y los minerales. También hay helados
sin grasa ni azúcar, en unidades individuales
de 50 gramos que aportan menos de 25 calorías.
Contienen agua, zumo de frutas, edulcorantes sin calorías,
almidones y fibra soluble, proteínas de leche,
aromas y colorantes naturales. Su valor nutritivo
es escaso y el aporte de minerales y vitaminas, insignificante.
Lácteos
bajos en grasa, ¿por qué y para quién?
El consumo de lácteos desnatados en
personas sanas no es necesario, a no ser que ingieran
más de dos vasos de leche entera al día
o de un alimento equivalente (queso, yogur, postre
lácteo, helados, ...).
No se recomienda el consumo de leche desnatada en
niños de corta edad.
Puede introducirse leche semidesnatada por necesidades
especiales del niño, y en función del
resto de alimentos de su alimentación diaria.
De hacerlo, debe hacerse preferiblemente con leche
semi o desntada enriquecida con vitaminas A y D.
Para personas que siguen una dieta baja en grasas,
se recomienda el consumo de lácteos desnatados.
En las alteraciones de los niveles de grasa en sangre,
en el aumento de colesterol, y en el desarrollo de
enfermedades cardiovasculares influyen, además
de los hábitos alimentarios, otros factores:
predisposición genética y estilo de
vida, entre ellos. No lo olvidemos.
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