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La mera cercanía de la menopausia provoca en
la mujer una serie de cambios hormonales que tienen
una evidente repercusión en su tipo de vida.
De hecho,
la obliga a efectuar cambios en su alimentación
para adaptarse a las necesidades fisiológicas
y a incorporar alimentos que quizás hasta ese
momento no valoraba -ni precisaba- tanto. Una adaptación
absolutamente necesaria.
Es muy importante que
la mujer entienda que la menopausia es sólo
una etapa más, una fase natural que marca el
inicio de una nueva vida, más rica y madura
pero igual de plena.
A fin de cuentas, no es más que el cese de
la menstruación como resultado de la pérdida
de funcionamiento ovárico. Algo que no aparece
de la noche a la mañana sino que va produciéndose
gradualmente y se acompaña de una serie de
cambios en el organismo inducidos por la adaptación
del cuerpo a la diferente producción de hormonas.
La menopausia natural tiene lugar normalmente hacia
los 50 años y es el paso entre la etapa reproductiva
y la no reproductiva pero los primeros sofocos y sudoraciones
pueden producirse ya alrededor de los 45 -incluso
antes-, etapa conocida como perimenopausia. Destacando
entre los síntomas iniciales -por el elevado
porcentaje de mujeres a los que afectan- los sofocos,
las sudoraciones nocturnas y los mareos.
Es un momento en el que disminuye en la mujer la producción
de una hormona generada por la hipófisis (glándula
rectora ubicada en el cerebro) llamada folículoestimulante
y los folículos del ovario dejan de madurar
y -poco a poco- de producir sus propias hormonas,
especialmente los estrógenos. Lo cual hace
que muchos tejidos del organismo -y no sólo
del ovario y del útero- alteren su estructura
o su función: la vulva y la vagina adelgazan
sus paredes pudiendo aparecer irritaciones o molestias
en el acto sexual, la vejiga urinaria aumenta su contractilidad
con lo que puede aparecer incontinencia o mayor necesidad
de orinar, los huesos pierden calcio y el hígado
modifica su capacidad de trasformar las grasas pudiendo
aparecer aumento de colesterol y ello generar problemas
cardiovasculares.
Consecuentemente, es necesario que a partir de los
40-45 años las mujeres se acostumbren a someterse
a controles periódicos a fin de conocer al
menos sus niveles de colesterol, triglicéridos,
glucosa, ácido úrico y calcio. Algo
que puede hacer cómodamente en buena parte
de las farmacias ya que hoy existen métodos
eficaces y rápidos que se efectúan casi
sobre la marcha.
Los
problemas de la pérdida de Calcio
Es más, las
mujeres, tras la menopausia, deberían controlar
también la consistencia de sus huesos con densitometrías
óseas que cuantifiquen la cantidad de calcio
de los mismos de forma gráfica a través
de la comparación de la densidad del hueso
con los valores determinados por estadística
para las distintas edades. Ello permitirá prevenir
las temidas fracturas óseas -especialmente
de cadera-, más frecuentes entre las mujeres
ancianas que en los hombres de la misma edad.
Ahora bien, recuerde que la osteoporosis es un problema
de origen multifactorial en el que interviene no sólo
la pérdida de calcio en los huesos por efecto
hormonal sino también la disminución
de la capacidad del intestino para absorberlo. Por
eso tiene tanta importancia la existencia de hábitos
previos de alimentación. La mujer que ha tenido
un buen aporte de calcio en su infancia y juventud
tendrá más masa ósea en la madurez
y, por tanto, menor osteoporosis en la postmenopausia.
De ahí la importancia de tomar alimentos ricos
en calcio a lo largo de toda la vida.
El cambio hormonal femenino condiciona también
la forma de asimilar las grasas. Y eso hace que entre
los 55 y los 65 años el nivel de riesgo de
padecer un problema cardiovascular en las mujeres
se iguale al de los hombres. Por eso es importante
controlar el nivel de colesterol y triglicéridos
en sangre con una alimentación adecuada que
incluya la supresión de grasas saturadas y
la ingesta de ácidos grasos omega 3 (vea el
recuadro).
Por otra parte, aunque no se reconocen factores específicos
directos en relación con la menopausia conviene
tener presente que entre los 45 y 65 años se
da la mayor incidencia de cánceres específicamente
femeninos -mama y ovario- que, en cambio, sí
tienen correspondencia directa con la dieta.
Menopausia,
Alimentación y Salud
Como vemos, los cambios
hormonales provocan pérdida de calcio en los
huesos y un aumento del nivel de grasa. Y aunque ello
se modifica poco con la dieta no es menos cierto que
una nutrición incorrecta puede empeorar la
cuestión notablemente. Por eso la alimentación
en la menopausia -como durante el resto de la vida-
debe ser equilibrada en los nutrientes básicos
y lo más variada posible a fin de incluir los
oligoelementos y sustancias básicas necesarias
para el buen funcionamiento del organismo, como es
el caso del cobre de los frutos secos. En todo caso,
es conveniente un mayor aporte de calcio, si no para
compensar la pérdida de masa ósea sí
para forzar la asimilación a través
del intestino y evitar que su pérdida sea más
severa.
Una correcta alimentación que debe complementarse
con el ejercicio físico adecuado que favorezca
la estabilidad del hueso y prevenga el riesgo de fracturas
óseas. Ejercicio que debería practicarse
como mínimo una hora diaria tres veces por
semana y, al menos, ocho meses al año. A la
hora de prevenir riesgos el ejercicio es mucho más
importante que la misma nutrición.
Los
Alimentos mas Adecuados
Hay algunos alimentos
que deberían formar parte de la alimentación
habitual de la mujer a partir de los 45 años
y, sobre todo, en cuanto aparezcan los primeros síntomas
de la menopausia. Es el caso de los:
-Alimentos
ricos en fitoestrógenos.
Como la soja y sus derivados (miso, tofu, etc.). La
soja, además, es rica en calcio y altamente
proteica.
-Las
verduras y frutas frescas.
Imprescindibles para una buena salud por su contenido
en vitaminas, minerales y fibra. Son especialmente
recomendables los cítricos, las fresas, el
melón y el tomate por su aporte de vitamina
C. Las verduras verdes como el brécol, el guisante
y las crucíferas son recomendables por su aporte
de calcio. Y las frutas y verduras amarillas (especialmente
la calabaza, la zanahoria y el melocotón) son
ricas en vitamina A por lo que ayudan a mantener en
buen estado las mucosas y previenen el cáncer.
-Alimentos
ricos en ácidos grasos omega 3.
Especialmente los pescados azules y los aceites elaborados
con ellos así como los de onagra, colza, soja
y germen de trigo, algunas verduras (espinacas, repollo,
lechuga y brécol) y frutos secos (especialmente
las nueces).
-Alimentos
ricos en calcio: semillas de sésamo,
frutos secos, nabos, brécol, leche y productos
lácteos. Eso sí, tome los lácteos
semidesnatados o desnatados. Basta un vaso de leche
desnatada, dos yogures descremados o 35-40 gramos
de queso al día.
-Los
alimentos proteicos.
Los pescados -especialmente los azules-, las carnes
magras y el pollo son los alimentos de elección
como fuente de las necesarias proteínas. La
carne debe tomarse sin grasa y se debe quitar la piel
del pollo. Por supuesto, las carnes muy curadas y
los ahumados deben evitarse no sólo por su
contenido en grasas sino porque el proceso de preparación
aumenta sus riesgos generales.
-Los
cereales.
Además de una fuente fundamental de nutrientes
son ricos en fibra por lo que deben ser parte fundamental
de cualquier dieta y mucho más durante la menopausia.
Alimentos
a Evitar
-Los
alimentos grasos y los refinados.
Aumentan el nivel de colesterol y de triglicéridos.
-Los
dulces.
El azúcar es azúcar, venga de donde
venga. Se deben suprimir para evitar el sobrepeso
ya que constituyen una fuente de calorías de
utilización inmediata que el organismo transforma
en colesterol.
-La
sal.
Su exceso aumenta la retención de líquidos,
ya de por sí acrecentada con la menopausia
por lo que su uso debe moderarse y restringirse a
la habitual en la cocina.
-Las
bebidas alcohólicas.
El alcohol es un azúcar de muy fácil
y rápida absorción que además
de sus efectos nocivos sobre el hígado y ser
un factor de riesgo de cáncer también
contribuye al aumento de peso por lo que su consumo
debe limitarse al clásico vaso de vino en las
comidas.
-El
café.
Aparte de sus efectos generales nocivos para el metabolismo,
estimula el sistema nervioso central por lo que su
uso debe limitarse y, en lo posible ser sustituido
por descafeinados, manzanillas o infusiones de hierbas.
Principales
propiedades de los Omega 3
- Prevención
y tratamiento de enfermedades cardiovasculares.
- Reducción
de los triglicéridos.
- Descenso de la
presión sanguínea, sobre todo si se
padece hipertensión.
- Contribución
al perfecto desarrollo del bebé antes y después
del parto.
- Alivio del dolor
y la rigidez en casos de artritis reumatoide.
- Mejora de la dermatitis
seborreica infantil y de la dermatitis pañal.
- Protección
de los fumadores frente a la Enfermedad Pulmonar
Crónica Obstructiva.
- Reducción
de la probabilidad de recaída en la Enfermedad
de Crohn (inflamación crónica del
tracto gastrointestinal y de otros órganos).
Los
fitoestrógenos
Los fitoestrógenos
son compuestos derivados de plantas que se comportan
como estrógenos débiles y actúan
beneficiosamente sobre el esqueleto, el sistema cardiovascular
y el sistema nervioso central además de aliviar
los sofocos y la sequedad vaginal. Entre ellos destacan
unas sustancias llamadas isoflavonas que se encuentran
en una gran variedad de plantas, especialmente en
los cereales, legumbres y hortalizas si bien la soja
parece ser su fuente más abundante. Algunos
estudios han demostrado que el consumo de soja reduce
muchos de los trastornos de la menopausia incluyendo
el riesgo de sufrir enfermedades asociadas como cáncer,
osteoporosis o problemas cardiovasculares.
La dosis de soja que se recomienda es de unos 40 miligramos
al día que debe repartirse en dos tomas (una
por la mañana y otra por la noche) para mantener
constantes los niveles hormonales.
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