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Aunque
sea una época destinada al descanso, el verano
siempre supone una oportunidad para realizar un mayor
desgaste físico, por disponer de más
tiempo y por las circunstancias de los entornos.
La
playa, las excursiones a la montaña, el partido
de tenis con los amigos o los paseos nocturnos contribuyen
a sustitui el sedentarismo habitual por una mayor
movilidad.
Para evitar el desgaste de esta sobreactividad es
necesario cuidar más la dieta del verano. Es
fundamental por ello una alimentación rica
en cereales, arroz, pasta, legumbres y frutos secos,
sin olvidar carnes, pescados, huevos, lácteos
y frutas y verduras. Para quienes realicen un incremento
de su actividad física es recomendable una
mayor cantidad de vitaminas y de minerales. Por otro
lado, no hay que prescindir del calcio, ya que existe
un riesgo de desmineralización ósea
asociada con los esfuerzos intensos; este peligro
es más grave en la población femenina.
Para evitarlo es necesario consumir lácteos
a lo largo del día, por lo menos en tres o
cuatro ocasiones.
Pero,
sin duda, los niveles de líquidos son el principal
punto en que se debe poner un mayor cuidado cuando
se efectúa un esfuerzo físico, sobre
todo si se hace al sol o en ambientes cargados de
humedad. La deshidratación se presenta como
la afección principal de los deportistas en
verano; las altas temperaturas, unidas al descuido
o a un excesivo esfuerzo físico, llevan a altos
niveles de pérdida de agua por medio del sudor
y la orina.
Líquidos
Si
se va a practicar deporte de modo intenso, no se debe
esperar a tener sed para beber; hay que aumentar el
consumo de líquido antes, durante y después
del esfuerzo físico. Mantener una alta ingesta
de líquidos es aconsejable en cualquier momento
del día, ya que favorece la eliminación
de residuos y evita el deterioro asociado a la deshidratación.
Una
hidratación correcta contribuye a retrasar
la aparición de la fatiga. Así, un grado
de deshidratación del 4 por ciento provoca
que el gasto cardiaco aumente hasta en un 18 por ciento,
lo que lleva a la aparición del cansancio mucho
más pronto. Beber agua con regularidad evita
estos problemas. Asimismo, las bebidas hidrolizadas
pueden ser aconsejables en deportistas, siempre que
sean isotónicas/hipotónicas, con una
concentración de sales inferior a la del suero.
Los deportistas no deberían consumir bebidas
hipertónicas mientras realizan esfuerzo físico
o después, ya que poseen un exceso de sales
que retrasan su absorción y obligan al organismo
a aumentar la pérdida de orina contribuyendo
a la deshidratación.
Al
aumentar el esfuerzo físico las necesidades
de aportes de hidratos de carbono también son
superiores. Para una persona que realice gran actividad
física se recomienda que su energía
proceda de un 50 a un 60 por ciento de carbohidratos.
Entre los alimentos con una mayor proporción
de carbohidratos se encuentran la pasta, el arroz
y los cereales. Para las personas activas físicamente,
es recomendable el consumo de 5 gramos de carbohidratos
por cada kilogramo de su peso; por ejemplo, un hombre
de 70 kilos debería consumir al menos 350 gramos
de carbohidratos para llevar una alimentación
acorde con su esfuerzo.
En
la actualidad existe una gran difusión de comportamientos
erróneos que no llevan a una mejora en la respuesta
del organismo al ejercicio; sin embargo, pueden conducir
a desórdenes alimenticios que, si no se tratan
con especialistas, pueden acarrear deficiencias graves.
Los
Mitos
Entre
los mitos más extendidos se encuentra el de
incrementar la ingesta de proteínas para que
aumente la masa muscular; esta relación no
es muy correcta. Es cierto que para construir y renovar
las estructuras corporales hace falta un aporte extra
de proteínas. Las ingestas recomendadas para
personas sedentarias se encuentran entre los 0,8 y
1 gramos por cada kilo de peso y día; para
un deportista los niveles aumentan de 1,5 a 2 gramos
por kilogramo de peso y por día. Estudios acerca
de la dieta media española demuestran que la
ingesta de proteínas es alta incluso en las
personas sedentarias que toman cantidades de proteínas
superiores a las prescritas para deportistas.
Pero
si se aumenta excesivamente el consumo de proteínas
los tejidos se transforman en grasa; además,
el exceso proteico obliga a órganos como el
hígado y el riñón a un trabajo
adicional y se favorece la desmineralización
ósea.
Otro
de los puntos que se deben tener en cuenta son las
sobredosis de vitaminas. Un aporte adecuado aumenta
la capacidad funcional, pero el consumo de suplementos
vitamínicos en personas que no padecen deficiencias,
más que una ventaja puede ser perjudicial.
Una
dieta equilibrada es la mejor receta para los que
en el verano quieran aprovechar para hacer deporte.
Cereales, carnes y pescados, legumbres, verduras y
frutas, sin olvidar los lácteos y el consumo
abundante de líquidos, son el mejor modo de
pasar estos meses sin padecer ningún problema
alimenticio.
Deporte o estética
Recientes
estudios han relacionado el creciente interés
por actividades físicas individuales en la
población joven y adolescente con desórdenes
en la alimentación.
Hasta
hace poco, problemas relacionados con un exceso de
actividad física y alimentación sólo
se percibían en gimnastas, bailarinas o atletas
con unos perfiles psicológicos caracterizados
por el perfeccionismo y la rigidez; a este fenómeno
se le denominaba anorexia por actividad. En la actualidad,
problemas de este estilo también aparecen entre
los jóvenes con motivaciones estéticas
más que deportivas.
El
modelo de delgadez imperante lleva a algunos adolescentes
a realizar ejercicio físico por encima de sus
posibilidades. Este sistema es uno de los métodos
elegidos para perder peso, sobre todo de ciertos deportes
individuales que pueden llevar a los jóvenes
a conducir a su cuerpo más allá de sus
límites biológicos en busca de una figura
acorde con los cánones de delgadez imperantes.
Existe
una relación entre los comportamientos alimenticios
desordenados y la práctica de deportes individuales.
Sin embargo, los jóvenes que realizan deportes
en equipo sufren en menor medida este tipo de desórdenes;
además, entre estos jóvenes se da en
menor número el bajo peso, uno de los posibles
reflejos de problemas relacionados con la alimentación.
Entre los adolescentes también es frecuente
el seguimiento de dietas de adelgazamiento, ayuno
voluntario, o uso de laxantes para controlar su peso;
tales comportamientos son más acusados en jóvenes
que realizan ejercicio físico de un modo individual
que entre los que hacen deporte en equipo.
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