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La Miel: Cualidades

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Las primeras evidencias del consumo de la miel aparecen en pinturas rupestres del Mesolítico, unos 6.000 años a.d.C.

Es precisamente en España, en la Cueva de La Araña (Bicorp, Valencia), donde se encuentran las más antiguas conocidas hasta el momento. Los primeros documentos escritos son obra de los sumerios en Mesopotamia y datan de unos 2.500 años a.d.C.; a este pueblo se deben, también, las primeras evidencias de uso como medicamento. Pero sólo recientemente se han encontrado evidencias científicas de las cualidades alimenticias y terapéuticas y se ha demostrado que es un remedio válido por sus propiedades antibacterianas y sus efectos positivos para el organismo.

Las propiedades como alimento se pueden centrar en el rápido aporte energético que proporciona la glucosa al ser directamente asimilada; igualmente, la presencia de elementos minerales como calcio, hierro, cinc.., hacen de la miel un producto idóneo para enfrentarse a los esfuerzos físicos y como regenerador. Asimismo, es aconsejable en alimentación geriátrica y en la dieta de los niños en edad escolar.

La mítica actividad germicida de la miel se debe a varios factores. Por un lado, la alta concentración de azúcares proporciona efectos de ósmosis: las moléculas de agua reaccionan con los azúcares, de forma que el agua libre a disposición de los microorganismos es muy escasa. En este medio tan deshidratado, con un pH bajo y escasez de nutrientes disponibles, la mayoría de los microorganismos son incapaces de sobrevivir. Por otra parte, el peróxido de hidrógeno generado por el propio sistema enzimático se descompone y forma radicales que impiden el desarrollo de los gérmenes. Por último, otros factores propios de la composición (ácidos, flavonoides, actividades enzimáticas, etc.) completan el perfil germicida de la miel.

En gastroenteritis bacterianas se ha demostrado que el tratamiento con miel acorta la duración de la diarrea en los pacientes y ello puede ser atribuido al efecto antibacteriano. En úlceras de estomago, recientes experimentos han probado que algunas clases de miel inhiben el crecimiento de Helicobacter pylori (organismo responsable de algunas úlceras).

Las propiedades vasodilatadoras se deben a los factores fitoquímicos, sus compuestos fenólicos y pigmentos (que actúan como vasodilatadores en las esferas digestivas y renales e incluso reciente mente se han apuntado sus capacidades como antioxidantes y anticancerígenos). Es cierto que la miel presenta escasos niveles de ellos, pero no cabe duda de que un consumo habitual puede suplir esta carencia.

Las propiedades diuréticas y ligeramente laxantes se deben al elevado contenido en fructosa. La acción expectorante y antitusiva se atribuye a los compuestos aromáticos presentes y a su poder de dilución de la secreciones bronquiales.
En dermatología, la miel se ha utilizado profusamente en forma tópica contra quemaduras y úlceras de la piel; previene infecciones por sus propiedades antibacterianas y bacteriostáticas, además proporciona una barrera viscosa que impide la invasión de microorganismos; también contiene enzimas que ayudan en el proceso de cicatrización, ya que promueve la formación de tejidos y por su alta osmolaridad absorbe fluidos edemáticos que mantienen limpia la herida reduciendo picores e irritaciones. Finalmente, se ha demostrado su utilidad para el almacenamiento de injertos de piel.

Por otra parte, se han citado algunos casos de botulismo en bebés por consumo de miel y es necesario aclarar este punto: las esporas de clostridiun botulinun se encuentran en el suelo, que es su hábitat natural y de forma ubicua. La miel, como cualquier otro alimento, pue-de transportar esas esporas. Entre las prácticas de algunos padres está sumergir los chupetes de los bebés en miel. Esta práctica supone un riesgo ya que la flora intestinal no esta debidamente desarrollada y las esporas pueden instalarse en los intestinos y el colon. Las esporas en sí mismas no son tóxicas, pero al germinar liberan una toxina que se absorbe en la sangre y provoca los graves problemas ya conocidos. Por eso, el consumo de miel o cualquier alimento crudo o mal procesado supone un riesgo para los bebés. Los casos de botulismo en bebés por consumo de miel son escasísimos y ninguno se ha dado en España, pero no cabe duda que es necesario informar de este aspecto al igual que lo hacen en otros países. La miel no debe incluirse en la dieta de bebés de menos de 12 meses de edad.

El consumidor y la calidad

La calidad del producto es uno de los puntos de mayor interés para el consumidor -que también exigirá siempre una correcta identificación y etiquetado-. Los actuales conceptos sobre calidad contemplan, además del carácter puramente alimenticio, el mantenimiento de los atributos biológicos beneficiosos y específicos que aporta. La miel debe ser genuina y no se habrá retirado ni añadido absolutamente nada; estará libre de partículas o restos visibles; se presentará en envase adecuado y se ha de comprar en establecimientos que garanticen una correcta manipulación y conservación. El origen, tipo y clase de la miel debe ir perfectamente indicado. Existe una norma de calidad para la miel donde se fijan parámetros y compuestos que indican el grado de frescura o envejecimiento (el HMF y el contenido en diastasas). Ninguna miel comercializada debe sobrepasar lo establecido por esta norma.

Dr. Alberto Ortiz Valbuena
Laboratorio de la miel.
Centro Apícola Regional de Castilla-La Mancha

Datos nutricionales sobre la miel

  • Valores habituales por 100 gr.
  • Energía: 312 Kcal.
  • Proteínas: 0,6 gr.
  • Carbohidratos: 77,2 gr.
  • Azúcares: 77,2 gr.
  • Almidón: 0,0 gr.
  • Grasas: 0,1 gr.
  • saturadas: <0,1 gr.
  • Fibra: 0,0 gr.
  • Sodio: <0,1 gr

 

 

 

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