|
|
|
| Procede
de Oriente, tiene un fuerte sabor salado y sufre un
largo proceso de fermentación. |
|
Se
llama miso y su ingrediente base es la soja, una legumbre con
una larga lista de cualidades en su haber. Pero el miso en sí
mismo cuenta con virtudes propias que le permiten aliviar trastornos
estomacales, dar vitalidad al organismo y depurarlo de sustancias
tóxicas.
¿Quién
duda ya de las excelentes propiedades nutritivas y saludables
de la soja?
Médicos,
expertos en alimentación y dietética, y especialistas
en terapias complementarias la recomiendan por sus enormes cualidades
a la hora de prevenir tumores (de mama), paliar los síntomas
de la menopausia o aportar al organismo proteínas de buena
calidad, permitiendo así no abusar de otros productos menos
saludables. Pero además de esto, la soja tiene la virtud
de poderse consumir en muy distintos formatos y uno de ellos es
el miso, término que siginifica fuente de sabor.
Se trata de pasta de soja fermentada que puede incluir además
de ésta, arroz, garbanzos o cebada. Su origen es chino,
aunque se toma en otros países de Extremo Oriente como
Japón, su color puede ir del marrón claro a un tono
chocolate intenso y posee un gusto salado, ya que entre sus ingredientes
también se encuentra la sal marina.
La
elaboración del producto no es muy complicada, pero sí
lenta. Se emplea una técnica muy antigua que consiste en
colocar en un recipiente los granos de soja (que son una especie
de bolitas con la consistencia de cualquier otra legumbre) junto
con la cebada, el arroz o los garbanzos, si es que se piensa preparar
cualquiera de estas tres variedades. Una vez mezclados todos los
ingredientes, se presionan bien y se dejan reposar durante un
periodo de dos años como media, aunque a veces varía
entre los nueve y los 36 meses. En este tiempo, la mezcla va fermentando
mientras se le agrega sal de cuando en cuando; el tipo de fermentación
que sufre es láctica y se debe a la acción de un
hongo.
El resultado final es una pasta bastante consistente, y muchas
de las virtudes del miso proceden precisamente de esta fermentación,
ya que, como ocurre con ciertos quesos y los yogures, el proceso
lo hace más digestivo y nutritivo puesto que contiene enzimas
vivas. Igualmente, esta característica obliga a guardarlo
refrigerado para que no pierda todas sus propiedades nutricionales.
De todas formas, existe miso deshidratado, el cual se mantiene
en perfecto estado hasta un año, siempre que se almacene
en un lugar fresco y sin humedad.
El miso es rico en carbohidratos y proteínas, llegando
a contener más cantidad de estas propiedades que la carne.
También atesora vitaminas como la B12, minerales como calcio,
hierro y magnesio, a la vez que encierra aminoácidos esenciales
(aquellos que el organismo no puede fabricar por sí mismo)
y algo de grasa.
Por su composición, se trata de un alimento depurativo
y desintoxicante del organismo, y posee una acción positiva
sobre el sistema inmunológico. Resulta muy digestivo e
ideal para combatir problemas estomacales e intestinales, eliminado
la acidez. Asimismo, mejora la flora intestinal ya que por sus
bacterias vivas, se puede considerar un alimento probiótico.
Su contenido en lecitina le confiere efectos beneficiosos sobre
el colesterol y, por tanto, ayuda a incrementar la salud de las
arterias y a prevenir problemas cardiovasculares.
Algunos estudios desarrollados en Japón hablan incluso
de que protege a los fumadores frente al cáncer de pulmón.
Por si todo esto no fuera suficiente, se le atribuyen propiedades
a la hora de mejorar el estado del cabello y está considerado
un magnífico revitalizante, puesto que aporta energía
al organismo. Eso sí, se debe vigilar su consumo en caso
de hipertensión porque lleva buenas dosis de sal.
Beneficios
del miso
Para
la vitalidad: el miso contiene grandes cantidades de glucosa,
un energetizante. En invierno, los platos con miso nos previenen
del frío.
Para
un metabolismo adecuado: el miso es rico en minerales.
Para
la digestión: el miso contiene enzimas vivas. Disminuye
los efectos de comidas pesadas, despeja las obstrucciones.
Para
enfermedades cardíacas: el miso contiene ácido linoléico
y lecitina que disuelven el colesterol en la sangre. Evita la
arterioesclerosis o la hipertesión.
Para
la belleza: el miso nutre la piel y promueve la regeneración
de células. Hace brillar el cabello con vitalidad.
El
miso disminuye los efectos del consumo excesivo de alcohol, tabaco,
drogas, productos químicos y radiaciones.
Según
su modo de empleo y en combinación con otros alimentos,
también sirve en casos de asma, diabetes, diarreas, jaquecas
y dolores de cabeza.
Pero
¿cómo se consume el miso? ¿Cuáles
son sus aplicaciones en la cocina?
Se
puede tomar como postre y así asegurarse una buena digestión.
Lo más habitual es incluirlo en la elaboración de
sopas junto a hortalizas y también en caldos de pescado,
un plato fijo en las cartas de los restaurantes japoneses.
Combina
estupendamente con arroces y pasta, y dada su consistencia, también
es posible untarlo en una rebanada de pan. A la hora de preparar
cualquier receta con miso, hay que tener en cuenta que el agua
no entre en ebullición para que no pierda nutrientes y
propiedades. Finalmente indicar que es el derivado de la soja
que contiene más isoflavonas, sólo por debajo del
grano y la harina de esta legumbre.
|