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Departamento
de Ciencias Aplicadas.
Facultad de Cultura Física
Universidad de Ciego de Avila - UNICA
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La aspiración
al pleno disfrute de la vida es una esperanza para todos los seres
humanos, pero es común su concepción como la consecución
de un estatus social al que se llega mediante esfuerzos sostenidos
provocadores de un estrés permanente, y donde el uso del
alcohol, el tabaco y de otras sustancias estimulantes o tóxicas
constituyen una válvula de escape a la cotidianeidad y
el cambio de actividad se dirige al sedentarismo y los malos hábitos
alimentarios, que a fin de cuentas conspiran contra la salud.
La
preservación de la salud física y mental
La preservación
de la salud física y mental constituye una responsabilidad
individual, con independencia de las acciones estatuidas dirigidas
a su conservación en el ciudadano, y representa un deber
cívico para evitar añadir una carga económica
o sentimental, a corto o lejano plazo, a la familia o la propia
sociedad, dando la posibilidad de alcanzar una vejez sana, portadora
de ricas y ejemplarizante experiencias para los más jóvenes;
tal legado es un estilo de vida.
Por estilo
de vida entendemos la adopción de un patrón conductual
que refleja un estado vivencial, influido por las normas de convivencia
y condiciones socioeconómicas bajo las que se desarrolla
el ámbito de vida de la persona singular, existiendo una
coincidencia general expresada en “...cuanto antes se defina
el modelo de vida, más difícil es cambiarlo...”
(González Gallego, 1992, p. 352).
Relacionado
con el estilo de vida se encuentra la forma física, definida
por la Organización Mundial de la Salud (physical fitness)
como “...la capacidad de una persona para realizar satisfactoriamente
el trabajo muscular...” (citada por González Gallego,
op. cit.); definición vaga en el sentido que atañe
solo la cinética muscular, y por tanto, circunscrita a
una característica del hombre.
Sin embargo,
debemos considerar que en el hombre converge todo un sistema de
influencias eco-ambientales, biológicas, sociales, que
ponen a prueba su actuación como un todo orgánico
bio-social y la respuesta más cercana al valor óptimo
de ellas, en su integralidad, define una condición de armonía
psicobiológica de la que emana un sentimiento de bienestar
y la elevación de la autoestima.
Por tanto,
la forma física definiría el estado, entre los marcos
de la actuación, que con un mínimo gasto energético,
físico o mental, permite resultados superiores a muy corto
plazo, propicia el mantenimiento prolongado y sostenido de la
actividad, con incremento de la economía en esfuerzos hasta
un óptimo sostenido, sin constituir una sobrecarga perjudicial
para la salud, y de la que emana un sentimiento de bienestar,
al ser conscientes de sobrepasar estados anteriores inferiores.
Estilo
de vida
Evidentemente
el estilo de vida propicia la forma física, dado que los
patrones conductuales adoptados se reflejan en la actitud física
desarrollada, por tanto ella es resultado de la convergencia de
diversos factores, entre los que se destacan: los hábitos
alimentarios y la práctica de ejercicios físicos.
La ingestión
de alimentos es una necesidad cotidiana del hombre, pero este
acto, transformado en consumo dietético, debe estar dirigido
al mantenimiento del equilibrio natural orgánico, restaurando
así la dinámica corporal y no ser un factor de conflicto
para la salud, sin embargo, es común que la alimentación
se asuma como un placer más, prefiriéndose los sabores
fuertes, extremas y complejas formas de preparación, una
gran variedad en una sola comida, excesiva ingesta de proteínas
de origen animal, cereales refinados, el uso de compuestos alimentarios
sintéticos muchas veces aislados; en sí sé
artificializa tanto el hábito alimentario que se rechazan
las formas naturales más sanas.
Especialmente,
muchos de los alimentos ingeridos, son potencialmente convertidos
en substratos fermentativos en las primeras porciones del tubo
digestivo, pasan por sus zonas naturales de biodegradación
llegando prácticamente sin transformación al colon,
comprometiendo la actuación de la microbiota intestinal
y bajo un efecto de inhibición competitiva (bacterias sulforeductoras
versus bacterias metanogénicas), producen emisiones de
H2S, CH4 , CO2 , que nutren el flato e incluso el aire espirado,
con todas sus consecuencias desagradables en lo individual y social.
Por otro
lado, una combinación amplia y variada de artículos
alimentarios feculentos (carbohidratos) y grasas, particularmente
las saturadas, en una sola comida, modifican no solo el tiempo
de tránsito por el tubo digestivo, sino entorpece la acción
enzimática y absortiva en este propio órgano (strees
oxidativo).
Debemos tener
en cuenta que los nutrientes se encuentran repartidos de forma
irregular entre los artículos alimentarios naturales, y
por tanto, es imprescindible incluir en la dieta alimentos que
aporten las cantidades de energía necesarias para suplir
las necesidades fisiológicas y satisfagan el aporte de
la mayoría de los nutrientes esenciales.
Por tanto,
si la alimentación la convertimos en un centro más
de placer sin considerar el verdadero papel biológico de
esta función, entonces, se revierte en factor de reforzamiento
al agotamiento, al cansancio e incluso a la enfermedad, al hacer
más compleja y lentas las digestiones, incrementando el
tiempo de permanencia en el organismo de productos tóxicos,
añadir elementos minerales y otras sustancias que comprometen
el equilibrio ácido-básico, además de desarrollar
carencias reales no suplidas mediante este acto.
No se debe
obviar a la alimentación como un proceso integrado, no
ingerimos sustancias aisladas, sino alimentos que incluso pueden
constituir factores terapéuticos, por ejemplo, la cebolla
(Allium cepa L.) cruda favorece la secreción de HCl en
el estómago contribuyendo a una mejor absorción,
además moviliza las flemas depositadas en los bronquios,
aliviando la tos (Cabrera, Carmen., 1999), su ingestión
en cantidades de hasta 20 g diaria permite suprimir el uso de
insulina inyectable por los diabéticos dependientes (Milanés
Santana, Rafael et al, 2000); el aguacate (Persea americana Mill.)
previene la ateroesclerosis y los altos niveles de colesterol
en sangre, actúa además positivamente en personas
con enfermedades cardíacas: angina de pecho, problemas
con las arterias coronarias, obesidad y páncreas.
La reducción
de una ingesta calórica, en los casos de individuos que
realizan grandes esfuerzos físicos, pero deben mantenerse
delgados, puede llevar a deficiencias vitamínicas globales,
si no se toman los adecuados suplementos específicos, esta
situación puede subsanarse con el uso de frutas u otros
vegetales, por ejemplo: el ácido ascórbico (vitamina
C), puede suplirse muy agradablemente con el uso de la guayaba
(Psilium guajava L).
Ahora bien,
un aumento de la ingesta vitamínica, especialmente sintéticas
(concentrados), no carece de riesgos, las de tipo hidrosolubles
no son un grupo problemático, siendo muy rara la intoxicación
por hipervitaminosis, sin embargo, no se puede descartar esa posibilidad,
por ejemplo, la niacina tiene efectos antilipolíticos a
dosis relativamente altas, así, si consideramos que ella
resulta del metabolismo del triptófano, un alto consumo
proteico y una suplementación excesiva de la vitamina,
podría llegar a frenar la liberación de ácidos
grasos por el tejido adiposo, de esta forma aumentaría
la velocidad de biodegradación del glucógeno muscular
con la aparición de fatiga precoz.
Existen evidencias
experimentales acerca de que los excesos de ácido ascórbico
(vitamina C) no suponen ventajas apreciables en cuanto a la capacidad
de realizar ejercicios físicos, si el estatus vitamínico
es el adecuado, pero puede estimular la aparición de cálculos
renales y la posible destrucción de la vitamina B12.
Una dieta
adecuada permitirá el mantenimiento de la salud, lo que
unido a la realización de ejercicios físicos sistemáticos
favorece la forma física.
Como se ha
expresado por diversos autores, la práctica de ejercicios
físicos de manera regular, tiene notables efectos beneficiosos
sobre la salud y el estado anímico, de hecho, la ejercitación
y sin llegar al agotamiento:
- Favorece
la movilización y consumo de las grasas, reduce los lipocitos
y la tensión arterial de la misma manera que lo logra
la ingestión de algunos medicamentos antihipertensivos,
sin provocar efectos secundarios.
- Disminuyen
los niveles de glucosa en sangre sin afectar los de la insulina
e incluso incrementa la sensibilidad a esta hormona cuando es
empleada de manera externa (individuos insulino dependientes).
- Mejora
la circulación coronaria y en otros vasos, incrementando
además el calibre de las arterias y de la densidad capilar.
- Retarda
el crecimiento de tumores malignos.
- Mejora
notablemente la capacidad pulmonar.
Por su parte,
la falta de tensiones musculares en la producción y la
vida cotidiana, influyen negativamente en la fisiología
del sujeto, pasando a ser el individuo un ente sedentario, cuya
actividad física solo se relaciona a los movimientos imprescindibles,
que contribuyen a la ejecución de su función económica-laboral
y social, y por tanto, solo se conserva la fortaleza de los músculos
que intervienen en la adopción de posturas o aquellos ejercitados
en una acción muy concreta, con un empobrecimiento gradual
y en decremento, de las funciones motores y las capacidades físicas
(fuerza, resistencia, velocidad) alguna vez desarrolladas.
Cuando el
sedentarismo alcanza una condición de agudeza tal, que
implica el rechazo de hecho y de deseo, de toda actividad física
deportiva, e incluso de carácter recreativo, con limitación
voluntaria de los movimientos, sin que exista un impedimento físico
para ello, se enfrenta una hipoquinecia (del griego hypo, disminución;
quinecia del griego kinecia, movimiento), de orden psico-patalógica
que determina:
- Disminución
de las fibras musculares esqueléticas y del peso de los
músculos con decremento de la fuerza muscular por sobre
la magnitud normal.
- Se afecta
la postura corporal y el equilibrio durante el movimiento de
traslación al aumentar las oscilaciones del centro de
gravedad y la alteración de la coordinación de
los movimientos por el sistema nervioso.
- Disminuyen
las dimensiones del corazón y se acelera el pulso.
- Disminuyen
las funciones de las glándulas endocrinas, particularmente
las suprarrenales.
Así,
los cambios en el régimen de la actividad muscular puede
reflejarse, tanto en algunas funciones motoras como vegetativas
del organismo, y en general, en su estabilidad al actuar factores
ambientales perjudiciales, sociales o no, procedentes del entorno
en que desarrollamos las actividades cotidianas.
Una de las
formas más simples de combatir la hipoquinecia o el sedentarismo,
es el uso de la gimnasia matinal con fines profilácticos,
en ello debe considerarse que su aplicación se produce
luego de transcurrido un período de sueño, durante
el cual se producen toda una serie de adecuaciones asociadas al
carácter reparador del mismo, así:
- Disminuye
bruscamente la intensidad de los procesos fisiológicos,
el metabolismo se hace mínimo.
- La temperatura
del cuerpo desciende ligeramente.
- Disminuyen
las contracciones cardíacas y los movimientos respiratorios.
- Se debilita
la circulación del líquido intercelular manifestándose
una edematización (inflamación), fundamentalmente
debajo de los ojos y párpados.
- El sistema
nervioso central se encuentra inhibido, ya que los centros nerviosos
se tornan poco excitables ante la acción normal de estímulos
luminosos, auditivos, táctiles, térmicos u olfatorios.
- Al despertar
el estado de inhibición no cesa de inmediato y puede
mantenerse por un tiempo relativamente prolongado, por lo que
los umbrales de sensibilidad de los analizadores y la productividad
del trabajo mental y físico resultan algo disminuidos.
- La gimnasia
matinal favorece el arribo al Sistema Nervioso Central de gran
cantidad de impulsos procedentes de los receptores sensoriales,
particularmente de propioceptores, contribuyendo al rápido
incremento de la excitabilidad y al restablecimiento de la capacidad
de trabajo, eleva paulatinamente la circulación linfática
y así al restablecimiento de los tejidos edematizados
En resumen,
la consecución y mantenimiento de la forma física
encuentra sus mejores aliados en:
Una dieta
que supla las necesidades nutricionales del organismo y evite
la incorporación o permanencia, y favorezca la evacuación,
de tóxicos del organismo, agilice el proceso digestivo
y se convierta en factor terapéutico.
La práctica
de deportes o ejercicios moderados que facilite la liberación
y canalización positiva de las energías físicas
y mentales, y a la par, beneficien el estado del sistema osteomuscular
y el resto de los sistemas de órganos.
La consecución
de un estado físico y mental de aceptación general,
facilitador de un plan de actuación tendiente a propiciar
la condición de bienestar que emana del cumplimiento de
nuestros propósitos y eleve la autoestima.
Bibliografía
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