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Siempre han sido consideradas como el enemigo número
uno de la silueta.
Casi una mala palabra en materia de control de peso.
Sin embargo, finalmente las pastas han sido reivindicadas
y hoy, no solo están libres de culpa y cargo
sino que además, se las recomienda en las dietas
para adelgazar, ya que al aumentar de volumen durante
su cocción provocan saciedad manteniendo las
calorías en los límites permitidos.
Claro, habrá que consumirlas con moderación
y tener cuidado con la salsa o alimento con que se
las acompaña.
Calorias de las Pastas
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Canelones Unidad (100 g) 133
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Spaguettis hervidos 1 plato (160 g) 233
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Macarrones hervidos 1 ración (100 g) 154
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Tallarines hervidos 1 plato (160 g) 456
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Macarrones con salsa de tomate 1 ración (100
g) 104
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Raviolis de carne 1 ración (100 g) 288
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Tortellinis de carne 1 plato (250 g)
Para contrarrestar el frío y el "bajón"
de ánimo que provoca, un buen plato de pastas
se convierte en la comida ideal: gratifica, sacia
el apetito, aporta energía, calma la ansiedad
y mejora el humor. Además, si se incluyen dentro
de una dieta equilibrada, permiten bajar de 2 a 3
kilos en un mes.
Vayamos por partes
Los especialistas en nutrición sugieren comer
diariamente, por lo menos, 200 gramos de pasta. De
este modo, se aporta al organismo de un 14% a 18%
de su necesidad energética. Además,
está comprobado clínicamente que las
pastas bajan el grado de colesterol en la sangre y
favorecen el funcionamiento regular de la tiroides.
A diferencia del pan, las pastas no provocan el pico
de glucemia (presencia de glucosa en la sangre), por
eso, la liberación de insulina es irrelevante
y el mecanismo normal del organismo continúa
con sus funciones sin acumular grasas. Asimismo para
que no se conviertan en un riesgo para la dieta, las
pastas deben ser de buena calidad; es decir, estar
elaboradas con materias primas de primera línea.
De esta forma, al organismo le resultará más
fácil metabolizarlas: podrá eliminar
rápidamente lo que no utilice sin acumular
excedentes en sus depósitos de energía
(“rollitos” de grasa).
También, su tiempo de cocción es importante.
Deben quedar "al dente" (un poco duritas).
Si están muy cocinadas se empiezan a desintegrar
y sus nutrientes “se pierden” porque quedan
en el agua. En el momento de la cocción debe
tenerse en cuenta que el agua no quede muy turbia
(con mucho almidón), lo que indicaría
que no están bien hechas o no son de buena
calidad. Como ya dijimos, el almidón perdido
no es aprovechado por el cuerpo, con lo que se pierde
valor nutritivo.
Valiosos
carbohidratos
Antes de contarle cómo es posible que un suculento
plato de tallarines con tuco puedan formar parte de
un menú que aliviane su presencia en la balanza;
es necesario saber de qué hablamos cuando hablamos
de carbohidratos (o hidratos de carbono). Los carbohidratos
constituyen el combustible que el cuerpo humano necesita
para funcionar y representan una fuente muy importante
de energía (en realidad, la más importante)
por ende, deben estar presentes en toda dieta, de
manera mayoritaria: entre un 55% y el 60% del total
de calorías que se consumen diariamente debe
provenir de los carbohidratos.
En general, es común que no hagamos un análisis
detallado de la calidad y las proporciones de los
alimentos que comemos diariamente, pero de manera
casi inconciente, hacemos bien “los deberes”.
La mayoría de los hidratos de carbono procede
de los granos, verduras de hoja, hortalizas, frutas
y legumbres y, también, lácteos. Los
mismos se subdividen en simples (azúcares)
y complejos (fibras y almidones). Las pastas, que
se elaboran a partir de la harina que se obtiene del
trigo duro (sémolas), pertenecen a ésta
última categoría y se constituyen en
una poderosa fuente de carbohidratos. Como hemos dicho,
los hidratos aportan muchísima energía
al organismo, a tal punto, que es un plato irremplazable
en la dieta de cualquier persona que realice un gran
desgaste físico. Además, y esto no es
casual, las pastas son componentes irremplazables
de la saludable “Dieta Mediterránea”,
ubicándose en la base de la “Pirámide
Alimentaria”, ubicación que grafica la
necesidad de consumirlas con cierta frecuencia.
La
clave: combinar
“Las pastas engordan”, repetimos una y
otra vez. Y esto no es del todo cierto: para lograr
el objetivo, bajar de peso o no engordar, las pastas
nunca deben ser combinadas con pan, arroz o, en general,
con otros alimentos que contengan carbohidratos complejos.
Lo aconsejable es acompañarlas con verduras
cocidas o ensaladas verdes, también, tomates.
Tampoco con salsas grasosas, recargadas de adobos
y alimentos calóricos. Un ejemplo de ello,
el tuco con chorizo colorado, carne frita y kilos
de queso rallado. Otras salsas que no están
permitidas son las de tipo Scarparo, cuatro quesos,
Puttanesca, Bolognesa... o alguna de aquellas exquisitas
salsas pergeñadas por hábiles y sofisticados
Chef o sabias matronas napolitanas (recuerde que quiere
adelgazar). Un chorrito de sabroso aceite de oliva
o una sutil y saludable salsa al fileto es lo ideal
para acompañarlas. También, cualquiera
de las que se encuentran detalladas en el ítem
"recetas" que forma parte de este informe.
Finalmente, como de dieta para adelgazar estamos hablando,
las pastas secas son más aconsejables que las
frescas. Y los espaguetis, a cualquiera de sus otras
variantes. Además, nada de lasañas y
canelones, salvo los de verdura y sin salsa blanca
o crema.
Al
dente
Para que la pasta quede bien cocinada, el agua tiene
que ser abundante. Por lo menos 1 litro por cada 100
g de pasta. Es preferible no utilizar sal en el agua,
de lo contrario usar sal gruesa y no fina, la proporción
es de 7 gramos por litro de agua.
Pasta
Tiene que ser puesta en el agua en el momento de máxima
ebullición y mezclada de inmediato. Una vez
que el agua vuelve a hervir, la cocción debe
continuar unos minutos, sin ponerle la tapa a la cacerola.
El fuego
Debe ser alto al principio. Cuando se echó
la pasta y el agua volvió a hervir, se baja
un poco la llama y se continua la cocción a
fuego lento.
El tiempo
Se calcula desde el momento en que el agua vuelve
a hervir con la pasta dentro hasta que esté
"al dente". Para ello, habrá que
ir probando de tanto el tanto un trocito de pasta
y cuando llegó al punto justo, debe pararse
de inmediato la cocción echando un chorrito
de agua fría. Luego se escurre con un colador
y se sirve.
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