| |
|
Los
pescados poseen propiedades nutricionales que los convierten
en alimentos fundamentales dentro de lo que se considera una
alimentación equilibrada y cardiosaludable |
De hecho, para
la dieta mediterránea, en la que se contempla el consumo
generoso de verduras, hortalizas, frutas, cereales como el arroz
y productos que derivan de los cereales (pan y pastas), frutos secos,
legumbres, lácteos y aceite de oliva, el pescado constituye
una pieza imprescindible.
No sólo
disponen de proteínas de excelente calidad, sino que además
presentan un perfil de lípidos más saludable que el
de otros alimentos también ricos en proteínas, como
las carnes.
Las propiedades nutritivas de los pescados le otorgan a estos alimentos
efectos beneficiosos para la salud, por lo que su ingesta, dentro
de una alimentación sana y equilibrada, constituye un modo
de prevenir la aparición de ciertas dolencias. Las innumerables
especies de pescado a las que se tiene acceso, las múltiples
posibilidades que ofrece en la cocina, junto con sus características
nutritivas, convierten al pescado en un alimento indispensable en
la dieta y recomendable en todas las edades y en las distintas etapas
fisiológicas (infancia, adolescencia, embarazo, lactancia,
edad adulta y vejez). Eso sí, el buen hábito en la
dieta alterna el consumo de pescados con otros alimentos proteicos
de origen animal o vegetal.
Pocas
calorías
El contenido
calórico de los pescados es relativamente bajo y oscila entre
70-80 Kcal por 100 gramos en los pescados magros y 120-200 Kcal
por 100 gramos en los grasos o azules, por lo que constituyen una
buena opción para formar parte de la alimentación
de personas con exceso de peso. No obstante, este contenido calórico
se puede incrementar según el modo de cocinado. Por ejemplo,
si un pescado blanco, y por lo tanto de bajo contenido graso, como
la merluza se cocina frita o rebozada, su contenido graso y calórico
aumenta; mientras que si se cocina al horno, a la plancha o en el
microondas con poco aceite, el aporte energético apenas se
incrementa.
Por lo general, los pescados azules o grasos se cocinan asados o
a la plancha debido a que la grasa en su carne hace que no se resequen
durante el empleo de estas técnicas culinarias. Así
se obtienen pescados sabrosos y jugosos sin que se eleve su contenido
energético.
Aporte
nutritivo
El
contenido de proteínas en pescados y mariscos ronda el 15-20%,
si bien los pescados azules y los crustáceos superan el 20%.
Del mismo modo que sucede con las proteínas presentes en
las carnes y en los huevos, las del pescado se consideran de alto
valor biológico porque contienen todos los aminoácidos
esenciales que el organismo necesita en cantidad y proporción
adecuadas. Dado que el crecimiento y desarrollo corporal que tiene
lugar durante la infancia, la adolescencia, el embarazo y la lactancia
exige un mayor aporte proteico respecto a otras etapas de la vida,
se recomienda alternar el consumo de pescado con otras fuentes proteicas
de origen animal (carnes, huevos y lácteos) y vegetal (legumbres,
cereales y frutos secos).
Los ácidos
grasos omega-3 desempeñan funciones importantes en el embarazo,
la lactancia y la infancia porque forman parte de membranas celulares,
del sistema nervioso y de la retina, por lo que los requerimientos
se incrementan. El feto necesita entre 50 y 60 mg/día de
estos ácidos durante el tercer y último trimestre,
periodo en el que se acumulan en los tejidos, en especial en el
sistema nervioso. Si no es posible la lactancia materna se han diseñado
fórmulas infantiles enriquecidas en omega-3. Los estudios
demuestran el efecto positivo de estos ácidos grasos sobre
el desarrollo mental de los lactantes.
La ingesta de
pescados cuya espina también se come, como es el caso de
especies pequeñas o enlatadas (sardinas, anchoas...), es
una fuente alimenticia de calcio, mineral que se acumula en los
esqueletos de los animales.
El contenido en calcio de una lata de sardinas (el peso escurrido
ronda los 70 gramos), es de 210 miligramos, similar al que aporta
un vaso de leche (200 mililitros). Por esta razón, este tipo
de pescados supone una excelente fuente de calcio para quienes por
distintos motivos no incluyen suficientes lácteos u otras
fuentes de calcio (soja y derivados, sésamo, frutos secos,
cítricos, etc.) en su dieta; bien por problemas de salud,
porque no les gusta o no tienen el hábito de consumirlos.
Un ejemplo de contenido en calcio por 100 gramos de algunos pescados
y mariscos es el siguiente: 300 miligramos en las sardinas; 210
miligramos en las anchoas; 128 miligramos en las almejas, berberechos
y conservas similares. El contenido medio de calcio del resto de
pescados y mariscos ronda los 30 miligramos.
Pescado
y bocio
El bocio es
una enfermedad que se caracteriza por un crecimiento anormal de
la glándula tiroides (situada en la parte baja del cuello),
causada de manera habitual por una deficiencia de yodo en la dieta.
El tiroides fabrica dos hormonas, la tiroxina y la triyodotironina,
y para la síntesis de estas hormonas es imprescindible el
yodo.
El pescado (principalmente el marino) y el marisco representan una
excelente fuente dietética para hacer frente a la falta de
yodo en determinadas zonas. Se convierten en alimentos recomendados
para las regiones en las que existe bocio endémico, áreas
geográficas en las que las aguas y los suelos son deficientes
en yodo y, como consecuencia, los alimentos que se obtiene en sus
tierras también.
Además,
el yodo tiene una importancia añadida durante el embarazo
y la infancia. La deficiencia de este mineral en estos periodos
puede afectar al desarrollo y crecimiento del bebé. Durante
el embarazo, el yodo es imprescindible para el correcto funcionamiento
de las hormonas tiroideas que intervienen en el crecimiento del
feto y el desarrollo de su cerebro, entre otras funciones. Por tanto,
el déficit de yodo puede provocar retraso físico y
mental en los recién nacidos y alteraciones del desarrollo
en los niños de corta edad. No obstante, en las zonas donde
hay carencia de yodo, o en las etapas de mayor requerimiento de
este mineral, además de consumir pescado y marisco, conviene
sustituir la sal común por sal yodada, que compensa el déficit.
Los pescados y mariscos más ricos en yodo son: todo tipo
de mariscos, salmonete, halibut, salmón, bacalao salado,
conservas de atún o bonito y mejillones en conserva.
Prevención
de enfermedades
El
pescado presenta un contenido vitamínico interesante. Posee
diferentes vitaminas del grupo B como B1, B2, B3 y B12, y vitaminas
liposolubles entre las que destacan la vitamina A, la D y, en menor
proporción, la E, presentes principalmente en el hígado
de los pescados blancos y en la carne de los azules.
Las vitaminas A y E son de gran interés nutricional porque
poseen acción antioxidante, es decir, constituyen un factor
protector frente a ciertas enfermedades degenerativas, cardiovasculares
y al cáncer.
La vitamina D actúa en el intestino favoreciendo la absorción
de calcio y fosfato. También lo hace en el riñón
estimulando la reabsorción de calcio, por lo que contribuye
en la mineralización de los huesos y los dientes.
- El
pescado protege el corazón y las arterias
A diferencia de otros alimentos de origen animal, el pescado contiene
ácidos grasos poliinsaturados en cantidades comprendidas
entre un 25%-45% en los pescados, de un 40%-50% en los crustáceos
y de un 30%-45% en los bivalvos (porcentajes referidos a ácidos
grasos totales). Entre ellos se encuentran el ácido linoleico,
de la familia omega-6 y los ácidos EPA (eicosapentanoico)
y DHA (docosahexanoico), de la familia omega-3. El pescado también
contiene ácidos grasos monoinsaturados y, en menor proporción,
saturados.
Los pescados, y en especial algunos mariscos (crustáceos,
calamares y similares), poseen cantidades significativas de colesterol,
localizado principalmente en el músculo, el bazo y sobre
todo en el hígado. No obstante, estos alimentos no aumentan
los niveles de colesterol en sangre, a diferencia de otros alimentos
ricos en colesterol, gracias a su elevada proporción de
grasas insaturadas.
Los ácidos grasos poliinsaturados, en concreto los omega-3,
son los responsables de muchas de las propiedades saludables que
presentan los pescados azules. De hecho, están relacionados
con la prevención y el tratamiento de las enfermedades
cardiovasculares como el infarto de miocardio y los accidentes
cerebrovasculares.
En la mayor parte de los casos, estas dolencias aparecen como
consecuencia de la existencia de aterosclerosis, enfermedad en
la que las grasas (principalmente colesterol), se van depositando
en las paredes de las arterias haciendo que su diámetro
disminuya, pierdan elasticidad y la cantidad de sangre que circula
por ellas sea cada vez menor y lo haga con mayor dificultad, lo
que puede llegar a provocar obstrucción de las arterias.
El consumo de pescado para la prevención cardiovascular
deriva de su riqueza en omega-3, sustancias capaces de aumentar
el HDL o "buen colesterol" y reducir el LDL-c o "mal
colesterol", así como el colesterol total y los triglicéridos
sanguíneos.
A partir de los ácidos grasos omega-3 se producen en el
cuerpo unas moléculas llamadas prostraglandinas que tienen,
entre otras, las siguientes propiedades: impiden la formación
de sustancias inflamatorias, tienen acción vasodilatadora,
inhiben la formación de coágulos o trombos, contribuyen
a reducir los lípidos sanguíneos (colesterol y triglicéridos)
y regulan la presión arterial. Todo esto se traduce en
una reducción del riesgo de aterosclerosis, trombosis e
hipertensión. La cantidad recomendable para obtener dichos
beneficios sería de entre 2 y 3 gramos semanales de ácidos
grasos omega-3. Eso corresponde a tomar pescado azul de una a
tres veces a la semana.
- Propiedades
antiinflamatorias
El consumo de pescado azul puede resultar beneficioso para aliviar
los síntomas de enfermedades inflamatorias como la artritis
reumatoide. A partir de los ácidos grasos omega-3, presentes
en estos pescados, se forman sustancias de acción antiinflamatoria
llamadas prostaglandinas. Según algunos estudios, una dieta
rica en ácidos grasos omega-3, principalmente EPA, y antioxidantes
podría mitigar la inflamación.
- Prevención
de diabetes
En un reciente estudio epidemiológico, publicado por autores
canadienses y realizado en 41 países de los cinco continentes,
se observó que la prevalencia de la diabetes mellitus no
dependiente de la insulina y acompañada de obesidad es
significativamente más alta en países con un consumo
de pescados más bajo que en aquellos en los que se consume
pescado de forma habitual.
- Prevención
de cáncer
Existen muchos trabajos publicados que relacionan la aparición
de cáncer con hábitos alimentarios poco saludables.
Parece que el consumo de una dieta prudente en la que se incluyen
frutas, hortalizas y verduras, cereales y pescados está
relacionado con una menor prevalencia de esta enfermedad.
Algunos trabajos parecen relacionar el consumo de ácidos
grasos omega-3 con un menor riesgo de padecer algunos tipos de
cáncer, como pueden ser el cáncer de mama, próstata,
páncreas y colon. Hay estudios que parecen respaldar la
evidencia de que la administración de los ácidos
grasos omega-3 eicosapentanoico (EPA) y docosahexanoico (DHA)
puede reducir el riesgo de padecer cáncer de próstata.
En cualquier caso, son necesarios más investigaciones antes
de poder constatar, de forma concluyente, el papel de los ácidos
grasos de pescado en la prevención de esta enfermedad
Fácil de digerir
El tipo de
proteínas que contiene el pescado es el factor que determina
su consistencia, los cambios en su color y su sabor, su conservación
y también su digestibilidad.
En concreto, el pescado posee una proporción de colágeno
inferior a la carne. El colágeno es una proteína del
tejido conjuntivo que en cuerpo humano y en los animales terrestres,
por ejemplo, es componente de piel, huesos, tendones y cartílagos,
y que aporta dureza a los cortes de carne donde abunda.
El colágeno se transforma en gelatina por acción del
calor, de manera que la carne resulta más tierna y jugosa.
Por este motivo, las carnes ricas en tejido conjuntivo precisan
mayores tiempos de cocinado (carnes para guisar o estofar), a diferencia
de los pescados, que por su bajo contenido en colágeno resultan
más tiernos y fáciles de digerir.
Esta composición proteica de los pescados, unida a su bajo
contenido graso, sobre todo en el caso de los pescados blancos,
los convierte en alimentos recomendados en caso de padecer gastritis,
úlcera péptica, dispepsia o reflujo gastroesofágico,
siempre y cuando no se añada mucha grasa y condimentos irritantes
durante su elaboración.
Comer pescado sólo una vez al mes puede reducir en
40 por ciento el riesgo de derrames en un hombre, encontró
un estudio.
Los ácidos polinsaturados omega 3 en el pescado previenen
la formación de coágulos sanguíneos,
la clase que sucede cuando un coágulo bloquea una arteria,
según un reporte en la edición actual de "Journal
of the American Medical Association".
Una cantidad de estudios ha documentado los efectos beneficiosos
de comer pescado para la prevención de cardiopatía,
pero esto es sólo uno de los pocos que examina los
efectos en derrames.
La información proviene del Estudio de Seguimiento
de Profesionales de la Salud, que ha estudiado más
de 43,000 hombres en 12 años, y que hace crónicas
sobre sus hábitos dietéticos y enfermedades.
Se encontró un 43 por ciento de reducción en
derrames para los hombres quienes comieron de una a tres comidas
de pescado al mes en comparación con quienes no ingirieron
pescado.
"No
estábamos sorprendidos de encontrar que añadir
pescado a la dieta de alguien sería beneficioso",
agregó. "Pero estábamos sorprendidos de
ver cómo pequeñas cantidades de pescado y ácidos
grasos omega, ingeridos con regularidad, pueden reducir significativamente
el riesgo de derrames isquémicos en hombres. El mensaje
es claro para los hombres: incorpora el pescado, aunque sea
langosta, atún o salmón enlatados, en la dieta
y reduzcan el riesgo de derrames".
El tipo
de pescado que se come es importante. Pescado de carne ligera,
tal como el rodaballo o la pescadilla, tienen niveles más
bajos de ácidos grasos omega 3 en comparación
son el pescado de carne oscura tal como el salmón,
la caballa, el bluefish o las sardinas. Además cenas
congeladas que contengan pescado pueden estar preparadas con
muchas grasas saturadas y ácidos transgrasos.
|
|