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Hidratos
de carbono o azúcares Su
función básica es proporcionar energía.
En una dieta equilibrada, el 50-60% de la energía
total debe ser aportada por los HC. Entre éstos
se distinguen dos grupos en función de la velocidad
de absorción:
-
Simples: son de absorción rápida.
- Glucosa
(fruta).
- Fructosa
(miel).
- Sacarosa
(azúcar de mesa).
- Lactosa
(leche de vaca).
- Compuestos:
son de absorción lenta.
Almidón
(cereales, legumbres, tubérculos, arroz, harina,
pasta, guisantes).
Los compuestos son los más indicados para todo
tipo de dietas. Al absorberse lentamente impiden que
se estimule de forma brusca la formación de insulina,
con lo que se evitan concentraciones importantes de
la misma en la sangre, que en el caso de la obesidad,
ayudaría a aumentar de peso. Por otra parte,
los simples están relacionados con la formación
de caries.
Lípidos o grasas
Tienen
múltiples funciones, entre las que destacan la
formación de membranas celulares y la síntesis
de hormonas o la de reserva energética para utilizarla
en momentos de escasez de energía.
Existen
dos tipos de grasas en función de su saturación:
Grasas
saturadas: son las que no poseen dobles ni
triples enlaces en su fórmula química.
Se encuentran en la grasa de origen animal y en el aceite
vegetal de palma y de coco. Es la grasa que se relaciona
con el colesterol. Son alimentos ricos en grasas saturadas
la mantequilla, margarina, productos de pastelería,
galletas, vísceras, carnes rojas, huevos y marisco,
principalmente.
Grasas
insaturadas: poseen dobles o triples enlaces.
Se encuentran en los alimentos de origen vegetal, a
excepción del aceite de coco y palma referidos
anteriormente. Dentro de este grupo se encuentran los
aceites de oliva, girasol, maíz, soja y pepita
de uva. Estas grasas se caracterizan principalmente
por no aumentar el colesterol e incluso algunos aceites
como el de oliva, que es principalmente monoinsaturado,
mejoran el perfil lipídico.
Los
lípidos también pueden clasificarse según
su consistencia a temperatura ambiente:
Aceite:
si la grasa es líquida (aceite de oliva).
Grasa: si la grasa es sólida (manteca de cerdo).
Dentro del grupo de las grasas, mención aparte
merecen las margarinas. Este alimento se fabrica mediante
la mezcla de un aceite (maíz, girasol, etc.)
con agua. El producto final es una grasa de consistencia
sólida, que a pesar de estar elaborada con aceite
vegetal, actúa como una grasa animal, ya que
la adición de agua cambia la estructura química
del aceite y éste se comporta como una grasa
animal, con lo que puede aumentar las concentraciones
de colesterol.
Proteínas
Son
los constituyentes más importantes del ser vivo
y son el resultado final de la unión de múltiples
aminoácidos. Se distinguen dos tipos:
Proteínas
estructurales: son las que forman,
principalmente, el músculo, colágeno,
piel, cabello y uñas.
Proteínas
con función metabólica y reguladora: en
este grupo se encuentran las hormonas (tiroxina); las
enzimas, que son intermediarios necesarios para que
las reacciones químicas se produzcan; las gammaglobulinas,
que están implicadas en los mecanismos de defensa;
la albúmina, que es la proteína sanguínea
más importante, y la hemoglobina, que está
relacionada con los glóbulos rojos o hematíes.
Las fuentes más importantes son la carne, el
pescado, los huevos, los cereales, las leguminosas y
los frutos secos. La proteína más completa
es la que proviene de origen animal, por esta razón
se aconseja que por lo menos el 50% de las proteínas
que se coman sean de origen animal. En la práctica
diaria se aconseja un aporte de 50-55 g de proteínas
en la mujer y de 65-70 g en el varón.
PESO
FUENTE DE PROTEINAS
GRAMOS
100 gramos
Ternera
19 g de proteína
100 gramos
Caballo
21 g de proteína
100 gramos
Lomo de cerdo
15 g de proteína
100 gramos
Jamón serrano
19 g de proteína
100 gramos
Merluza congelada
15 g de proteína
100 gramos
Arroz
7 g de proteína
100 gramos
Pan
9 g de proteína
100 gramos
Espinacas
3 g de proteína
100 gramos
Garbanzos
20 g de proteína
100 gramos
Queso manchego semi curado
27 g de proteína
Vitaminas
Son
sustancias orgánicas que desarrollan la función
de intermediarios en distintas reacciones químicas
y que el cuerpo humano es incapaz de sintetizar (formar).
Las vitaminas no aportan energía, por lo que
no provocan un aumento de peso. Se distinguen dos grupos
de vitaminas en función de su capacidad para
disolverse en agua:
Vitaminas
liposolubles: A, D, E y K. Son las que no se disuelven
en agua.
Son
ricos en vitamina A, la leche entera y derivados no
desnatados, yema de huevo, zanahoria, espinacas, lechuga,
tomate y perejil. El déficit de vitamina A puede
llegar a producir ceguera.
Fuentes
naturales ricas en vitamina D son la leche entera y
sus derivados, la yema de huevo y los rayos solares.
El déficit de vitamina D provoca raquitismo en
niños y osteomalacia en adultos (en ambas enfermedades
se produce una descalcificación del hueso).
La
vitamina K no es muy abundante en nuestra alimentación
(se encuentra en el hígado de bacalao, col, espinacas
y tomates), pero la mayor parte es sintetizada por las
bacterias intestinales, por lo que es muy raro encontrar
situaciones de carencia de origen alimentario. El déficit
de vitamina K puede producir hemorragias.
La
vitamina E se encuentra en los huevos, en los aceites
germinales y en los cereales. Actúa como antioxidante.
Vitaminas
hidrosolubles: grupos B y C.
Vitamina
C o ácido ascórbico: es muy abundante
en nuestro medio. Fundamentalmente se encuentra en frutas
y vegetales. La carencia de vitamina C (muy rara en
nuestro entorno) produce escorbuto.
Vitamina
B1o tiamina: se encuentra en la carne, arroz, trigo,
leche, legumbre y verduras. El déficit puede
producir beriberi.
Vitamina
B2o riboflavina: se encuentra en la carne, leche, vegetales
verdes y cereales. La falta de riboflavina puede producir
dermatitis, inflamación del labio, alteraciones
en la lengua y lesiones oculares.
Vitamina
B3 o ácido nicotínico: básicamente
se encuentra en las carnes y en los cereales. Su déficit
produce pelagra.
Vitamina
B6 o piridoxina: las fuentes naturales son la yema de
huevo, pescado, leche y carne.
Vitamina
B12 o cianocobalamina: se encuentra en la carne, hígado,
riñón, pescado azul, huevos y productos
lácteos. Los vegetales carecen de esta vitamina.
Su déficit provoca un tipo de anemia denominada
macrocítica.
Ácido
fólico: está presente en el hígado,
carne, espárragos, espinacas, guisantes, col
y cereales. Su carencia provoca (al igual que la de
la vitamina B12) anemia macrocítica.
Minerales
Son
sustancias inorgánicas de gran importancia en
la formación y funcionamiento de nuestro organismo.
Entre el 4 y el 5% del peso corporal se debe a los minerales.
Los más importantes para nuestro organismo son
los siguientes:
Calcio
(Ca): interviene en la formación de huesos y
dientes y tiene un papel importante en la coagulación
sanguínea, así como en la regulación
de tejidos excitables (músculo). Aproximadamente
nuestro organismo contiene entre 1 y 1,3 kg de calcio.
Su déficit produce osteoporosis en el adulto
y raquitismo en la infancia. El calcio se encuentra
en la leche y sus derivados (ya sean desnatados o enteros),
espárragos, acelgas, habas, zanahorias, col,
coliflor, apio, cebolla, almendras, verduras en general
y aguas duras. Las necesidades de calcio varían
en función de la edad, gestación y lactancia.
Recomendaciones
de ingesta de calcio diaria
Hasta
6 meses
500 mg
Desde 6 a 12 meses
600 mg
De 1 a 9 años
800 mg
De 10 a 19 años
1.000 mg
A partir de los 20 años
800 mg
Gestación
1.400-1.700 mg
Lactancia
1.500-1.700 mg
Ejemplos
de contenido en calcio en los alimento en 100 g de porción
comestible
Pan
de trigo
56 mg
Judía verde
51 mg
Galletas tipo "María"
117 mg
Garbanzos
143 mg
Judías secas
126 mg
Aceitunas
100 mg
Higos secos
170 mg
Almendras
254 mg
Pistacho
136 mg
Leche de vaca
120 mg
Queso manchego semi curado
765 mg
Yogur natural
142 mg
Sardina
50 mg
Gallo
33 mg
Naranja
41 mg
Fósforo
(P): al igual que el calcio, el fósforo es necesario
para la formación de los huesos y los dientes.
Las principales fuentes naturales son la leche y sus
derivados, huevos, pescados, carnes, habas, zanahorias,
trigo, guisantes, plátanos y tomates.
Hierro
(Fe): forma parte de las estructuras transportadoras
de oxígeno (hemoglobina). El hierro de los alimentos
se absorbe muy poco, aproximadamente un 10%. Las principales
fuentes se encuentran en las carnes, pescados, mariscos,
huevos, frutos secos, cereales, coliflor, habas y espárragos.
Su déficit produce un tipo de anemia denominada
microcítica.
Yodo
(I): es un constituyente esencial de las hormonas tiroideas.
Las carencias de yodo producen un aumento de tamaño
de la glándula tiroides (bocio). Son alimentos
ricos en yodo el pescado, marisco, setas, ajo, cebolla,
espinacas, mantequilla y sal yodada.
Flúor
(F): es importante para la formación de huesos
y dientes. Actualmente se considera necesario para la
prevención de la caries en edad infantil. Se
encuentra en pescado, marisco, productos lácticos,
acelga, col, espinacas y sal fluorada.
Sodio
(Na): tiene mucha importancia en la conservación
del equilibrio ácido-base, en el mantenimiento
de la presión osmótica evitando la pérdida
excesiva de agua y en la excitabilidad del músculo.
Son alimentos ricos en sodio la sal de mesa, las conservas,
aceitunas, embutidos, quesos, jamón, pescados
secos y marisco.
Cloro
(Cl): forma el ácido clorhídrico del estómago
y, junto con el sodio, interviene en el mantenimiento
de la presión osmótica y en el equilibrio
ácido-base. Fuentes alimentarias son el pescado,
marisco, patata, espinacas, queso y huevos.
Potasio
(K): está relacionado con la excitabilidad neuromuscular
y con el equilibrio ácido-base. Su déficit
produce debilidad muscular, anorexia y taquicardia.
Es abundante en los cereales, frutos secos, frutas,
pescado y aves de corral.
Azufre
(S): forma parte de compuestos orgánicos como
la insulina, heparina, vitamina B1, metionina, cisteína,
etc. Como el azufre forma parte de las proteínas,
cuando el aporte proteico es correcto las necesidades
de azufre están cubiertas.
Magnesio
(Mg): entre sus funciones más importantes se
encuentra la participación en la actividad neuromuscular;
interviene en la síntesis proteica y participa
en la metabolización de los HC. Cuando se produce
un déficit de magnesio éste se manifiesta
clínicamente con contracciones, temblores y debilidad
musculares, apatía, taquicardia y depresión.
Los alimentos ricos en magnesio son los cereales, vegetales
y pescados.
Manganeso
(Mn): es un activador enzimático. Valores bajos
pueden producir pérdida de peso, dermatitis y
náuseas. La fuente principal son los cereales,
nueces, almendras y plátanos.
Cobre
(Cu): es un catalizador de los procesos de oxidorreducción.
Los alimentos más ricos en cobre son los mariscos,
las nueces, legumbres secas y carnes.
Cobalto
(Co): es necesario para la formación de vitamina
B12. En una dieta equilibrada las necesidades se cubren
satisfactoriamente.
Cinc
(Zn): forma parte de un número importante de
enzimas y tiene un papel importante en la síntesis
del ácido desoxirribonucleico (ADN), del ácido
ribonucleico (ARN) y de las proteínas. Se encuentra
en las ostras, pescados, espinacas, legumbres y carnes.
Cromo
(Cr): está ligado al metabolismo de los HC, ya
que es un componente del factor de tolerancia a la glucosa.
Molibdeno
(Mo): forma parte de la estructura xantino oxidasa y
aldehído oxidasa. Se encuentra en las leguminosas
y el trigo.
Selenio
(Se): es un componente de la enzima glutatión
reductasa, un antioxidante. También protege los
lípidos de la membrana contra la oxidación.
Las fuentes ricas son los pescados y mariscos.
Recomendaciones Nutricionales
Los
objetivos de las recomendaciones son mantener el peso
correcto y evitar enfermedades relacionadas con una
incorrecta alimentación, como el aumento de colesterol,
de los triglicéridos o de la presión arterial,
entre otras. Las indicaciones están dirigidas
a personas adultas y sanas.
a)
Por grupos:
Cereales
y derivados (pan, arroz o pasta) y patatas: se pueden
consumir diariamente y aportan HC complejos.
Verduras,
hortalizas y frutas: se recomiendan de cinco a siete
raciones diarias.
Leche y derivados: una o dos raciones diarias son suficientes,
exceptuando etapas especiales, como las del desarrollo
puberal, el embarazo o la lactancia.
Legumbres:
un consumo de una o dos raciones por semana es correcto,
aunque puede aumentarse si se desea.
Huevos:
los huevos aportan proteínas de alta calidad,
con una buena relación calidad/precio. Su consumo
debe estar limitado en las personas que presenten hipercolesterolemia;
en estos casos es recomendable no sobrepasar los 2-4
a la semana.
Pescado,
pollo y carnes magras: se recomiendan de tres a cinco
raciones de pescado a la semana, y de cuatro a seis
entre pollo y carne magra.
Carnes
grasas y derivados: dos o tres raciones por semana,
aunque no son imprescindibles y pueden ser sustituidas
por alimentos del grupo anterior.
Aceite:
el más recomendable es el de oliva. Las personas
con exceso de peso deben moderar su consumo.
Pastelería,
bollería y heladería: por su alto contenido
en grasa animal y azúcares simples, es recomendable
restringir la ingesta.
Sería
recomendable una o dos veces por semana.
Bebidas
azucaradas y bebidas alcohólicas: las bebidas
azucaradas aportan básicamente HC simples y agua.
Las bebidas alcohólicas, en líneas generales,
aportan energía (calorías) y HC. Dada
la toxicidad del alcohol sobre el hígado, se
recomienda no tomar más de 40 g al día
de etanol
puro
al día. En mujeres se aconsejan ingestas inferiores,
ya que son más susceptibles al efecto tóxico
del alcohol. Para obtener el contenido en gramos de
etanol puro basta con aplicar la siguiente fórmula:
gramos
de etanol = cc ´ grados ´ 0,8/100
cc:
centímetros cúbicos.
grados:
graduación alcohólica de la bebida.
Por
ejemplo, 200 cc de vino de 11 grados:
gramos
de etanol = 200 ´ 11 ´ 0,8/100 = 17,6 g
b)
Por proporciones:
Grasas:
se recomienda que, de la energía total ingerida,
las grasas representen el 30-35%, repartidas en un tercio
de origen animal y dos tercios de origen vegetal.
Proteínas:
entre un 12 y 15% de la energía consumida debe
ser en forma de proteínas.
Hidratos
de carbono: del 50 al 60% de las kcal consumidas deben
aportarse en forma de HC. La ingesta total de kcal en
varones deben ser de alrededor de 3.000 entre los 16
y los 40 años y hasta las 2.100 kcal a partir
de los 70 años. En mujeres las necesidades se
deben disminuir aproximadamente en un 15%. Situaciones
especiales como el embarazo y la lactancia requieren
un aumento de 250 y 500 kcal, respectivamente. Como
es lógico, estas recomendaciones pueden variar
sustancialmente en función de la actividad física. |