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En Estados
Unidos, la obesidad pronto superará al tabaco
y será la primera causa de muerte evitable. Esta
tendencia viene hacia España y otros países
europeos, pero podemos luchar contra ella. |
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En
Estados Unidos, la obesidad y el sedentarismo provocan cada año
400.000 muertes evitables, según las estimaciones más
conservadoras. Ya están en esto justo detrás del
tabaco, pero pronto le sobrepasarán. El problema para nosotros
es que esta tendencia está llegando a Europa, y la cifra
de obesos en países como Francia, Alemania, Gran Bretaña
y la misma España crece sin parar, en una tendencia que
parece inevitable.
Sin
embargo, nuestra situación todavía es favorable
debido a nuestro estilo de vida mediterráneo, y comemos
mucho mejor que el norteamericano medio. Pero es un tesoro que
debemos conservar y potenciar.
Los
principales consejos de los especialistas para hacer frente a
esta epidemia de obesidad que viene, son los siguientes
Comer
menos carne roja y más pescado.
Aumentar el consumo de verduras, legumbres y cereales integrales.
Sustituir los dulces, bollería y refrescos por fruta y
zumos.
No abusar de comida rápida y precocinados.
Reducir las comidas fuera de casa.
Evitar el sedentarismo con algo de deporte o actividad física.
Por lo que respecta a los niños, son los más indefensos
ante los cambios que se están produciendo, y debemos por
tanto dedicarles la mayor atención. Es muy importante que
desayunen en casa, y que lo hagan de forma copiosa y correcta.
Si se lo saltan o se limitan a un vaso de leche, el hambre de
media mañana hará que tomen en el recreo productos
poco nutritivos y engordantes, con perjuicio para el sobrepeso
y el crecimiento. En Francia, por ejemplo, se están planteando
sustituir en los colegios las máquinas de dulces por expendedoras
de manzanas. Otro punto muy importante para ellos es luchar contra
el sedentarismo (se suelen pasar, de media, más de tres
horas al día delante de la televisión, el videojuego
o el ordenador), y fomentar en ellos el deporte y las actividades
físicas. Hay que ir probando hasta encontrar lo que más
les gusta.
Levantarse
por la noche para comer
es un trastorno, no una simple mala costumbre
Para muchos no es más que un mal hábito, pero cada
vez se identifica más como un trastorno de la conducta
alimentaria, al igual que la anorexia o la bulimia. Un trastorno,
además, que lleva con frecuencia a la obesidad.
El
llamado "síndrome de comer por la noche" consiste
en levantarse por la noche una o más veces de la cama para
comer. Aunque está estudiándose, actualmente se
lo considera una patología siquiátrica que provoca
alteraciones en los impulsos, deseos y actitudes frente a la comida.
Es decir, que no es simplemente una manía o una costumbre,
sino algo más profundo, con implicaciones en la obesidad.
Un
reciente estudio, publicado en "International Journal of
Eating Disorders", realizado entre otros por el doctor Albert
Stunkard, de la Universidad de Pennsylvania, desmiente muchas
creencias populares erróneas sobre este desorden. Estudiaron
a 80 personas que sufrían este síndrome, de las
cuales sólo la mitad eran obesas.
La
primera sorpresa fue precisamente esta, es decir, que no afecta
únicamente a personas con sobrepeso. Y comparando ambos
grupos, individuos gruesos y de talla normal, se vio que no había
grandes diferencias entre ellos. Así, los dos grupos compartían
muchos hábitos alimenticios y de sueño, como ciertos
problemas para dormir y una tendencia compulsiva a alimentarse
por la noche.
La
principal diferencia entre ambos grupos fue la edad, pues los
de talla normal eran nueve años más jóvenes
que los obesos. De esto puede deducirse que el comer de noche
puede llevar, y de hecho lo hará en muchos casos, a la
obesidad. Es decir, que "puede ser cuestión de tiempo",
una vez que se padece el síndrome. Así, el desorden
afecta a un 1,5 % de la población general, pero a un 15
% de las personas con sobrepeso. Esta conclusión, además,
concuerda con la opinión de muchos de los obesos, que pensaban
que su costumbre de comer por la noche había precedido
a su obesidad. Y, de hecho, consumían una media de 300
kilocalorías en sus incursiones nocturnas.
Creencias
erróneas sobre adelgazamiento
¿El
agua o la sal engordan? ¿Para adelgazar hay que olvidarse
del pan? ¿No hay que picar entre horas?... El adelgazamiento
es un tema muy popular y está lleno de mitos. Veamos algunos
de los más importantes (y a veces, incluso peligrosos),
que ha desmontado la ciencia.
Para
adelgazar hay que hacer una sola comida al día. Falso.
Hay que hacer desayuno, comida y cena, intercalando tentempiés.
La fruta no engorda. En general, engorda menos que otros alimentos,
pero hay algunas frutas que sí engordan bastante, como
los higos o los plátanos.
Hay alimentos que adelgazan, porque "se comen la grasa"
o porque se gasta más energía en digerirlos que
la que dan. No es cierto. Todos los alimentos engordan, aunque,
como se sabe, unos más que otros.
Las vitaminas engordan. No sólo no engordan (por sí
mismas), sino que son fundamentales para nuestra salud. Otra cosa
es que un alimento con vitaminas engorde, pero no engordará
por ellas, sino por su contenido en grasas, hidratos o proteínas.
Para adelgazar, conviene no tomar pan. No es cierto, pues el pan
aporta nutrientes importantes, como hidratos, fibra, proteínas
y ciertos minerales. Lo que sí puede ser conveniente es
reducir la cantidad ingerida, pues también aporta calorías,
como es sabido.
Las bebidas con gas engordan. Si engordan, será por el
azúcar que contienen, pero no por el gas, aunque éste
sí que puede producir otros efectos indeseables, sobre
todo en los niños, como hinchazón del estómago
o flatulencia.
No se debe comer entre horas, pues una determinada ingesta a media
mañana engorda más que durante la comida. Engorda
lo mismo. Lo que sí puede ocurrir es que se escojan para
"picar" productos más engordantes y menos sanos
que los que se toman en la comida.
El agua engorda. Ya lo hemos tratado en otros artículos.
No sólo no aporta ni una caloría, sino que es conveniente
y beneficioso tomarla en abundancia, al menos dos o tres litros
al día. Además, llena el estómago y da sensación
de saciedad. Por otra parte, es indiferente el momento en que
se tome, y si es durante la comida o entre horas.
Si se abandona temporalmente un régimen, hay que comenzarlo
de nuevo desde cero. No es cierto, pues basta con continuarlo,
aunque no hay que despreciar los perjuicios producidos durante
el abandono.
Sudar adelgaza. La costumbre de hacer ejercicio con ropa que transpire
poco o muy abrigados, para sudar más, es equivocada e incómoda.
Se pierde más peso, es cierto, pero sólo de agua,
que se recupera en cuanto se bebe lo necesario. Únicamente
el ejercicio realizado nos hace quemar calorías, con independencia
de que se sude mucho o poco.
A partir de los 40 ó 50 es inevitable engordar. No es verdad;
lo que ocurre es que baja el metabolismo. Si seguimos comiendo
lo mismo y además reducimos la actividad física,
engordaremos inevitablemente. Por eso hay que comer en cada edad
lo necesario, pero no más.
La sal engorda. Tomarla en exceso produce elevación de
la tensión arterial, y por eso conviene reducir su ingesta.
Respecto al peso, hace que retengamos más agua, pero ésta
no engorda.
Los hidratos engordan mucho. Por unidad de peso engordan algo
menos que las proteínas, y mucho menos que las grasas.
Para adelgazar hay que pasar hambre. No es ni necesario ni conveniente,
pues el hambre puede producir un efecto de rebote, y podemos tender
a "darnos el atracón" tras pasar hambre. Otra
cosa es la "gula", que sí habrá que controlar,
sobre todo por ciertos alimentos que nos apetecen pero no nos
convienen.
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