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Hay
una necesidad actual de abandonar el sedentarismo y elegir
formas de vida más saludables.
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Según las conclusiones preliminares
de un estudio de la OMS sobre factores de riesgo, los modos de
vida sedentarios son una de las 10 causas fundamentales de mortalidad
y discapacidad en el mundo. Aqui te respondemos algunas preguntas
al respecto...
¿Qué
se entiende por actividad física? ¿y por sedentarismo?
Existen numerosos trabajos donde se pone de manifiesto que a medida
que aumenta la edad disminuye la proporción de personas
que practican algún tipo de ejercicio.
Los profesionales
de la salud reconocen que la realización de ejercicio físico
es fundamental para el equilibrio psicológico y como prevención
de numerosas enfermedades, sin embargo el estrés de la
vida moderna hace que la mayoría de las personas no tengan
tiempo suficiente para desarrollar algún tipo de actividad
física, y con los adelantos tecnológicos existentes
cada vez resulta más fácil no moverse, ni para hacer
la compra.
Actividad
física es todo movimiento corporal producido por los músculos
y que requiere un gasto energético.
Cuando el movimiento es programado, estructurado, repetitivo y
es realizado para mejorar o mantener uno o más de los componentes
del estado de forma física, lo denominamos ejercicio físico.
Cuando la cantidad de actividad física no alcanza el mínimo
necesario para mantener un estado saludable, hablamos de sedentarismo.
Más
allá de la mera ausencia de enfermedad, un estado saludable
o de buena salud es aquel que nos permite disfrutar de la vida
y enfrentarnos a los desafíos de la vida diaria. Por el
contrario, una mala salud es la que se asocia a mayor posibilidad
de caer enfermo y en último extremo a muerte prematura.
¿Que
rango de población tiene más riesgo de ser sedentaria?
Aunque
durante la infancia y adolescencia la mayoría de nosotros
mantiene un nivel de actividad física más que suficiente
a través del juego y de diferentes actividades deportivas,
las oportunidades y la motivación para realizar ejercicio
físico se reducen a medida que vamos cumpliendo años.
Para evitar
que esta tendencia desemboque en el indeseable sedentarismo, resulta
esencial que los hábitos relacionados con una vida activa
se consoliden en las dos primeras décadas de nuestra vida.
De ahí en adelante será preciso poner al alcance
de los adultos de cualquier edad, los medios necesarios para que
puedan mantener un cierto nivel de actividad física diario.
¿Por qué se recomienda la práctica
de ejercicio?
Desde hace
algunos años se recomienda cada vez más la practica
de ejercicio de forma regular.
Esto es debido
a que el cuerpo humano ha sido diseñado para moverse y
requiere por tanto realizar ejercicio físico de forma regular
para mantenerse funcional y evitar enfermar.
A la vez que
numerosos estudios realizados en los últimos años
han demostrado que el sedentarismo supone un factor de riesgo
para el desarrollo de numerosas enfermedades crónicas,
se ha comprobado que el llevar una vida físicamente activa
produce numerosos beneficios tanto físicos como psicológicos
para la salud:
Disminuye
el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares.
Previene y/o retrasa el desarrollo de hipertensión arterial,
y disminuye los valores de tensión arterial en hipertensos.
Mejora el perfil de los lípidos en sangre (reduce los triglicéridos
y aumenta el colesterol HDL).
Disminuye el riesgo de padecer Diabetes no insulino dependiente.
Disminuye el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer
(colon, mama).
Mejora el control del peso corporal.
Ayuda a mantener y mejorar la fuerza y la resistencia muscular,
incrementando la capacidad funcional para realizar otras actividades
físicas de la vida diaria.
Ayuda a mantener la estructura y función de las articulaciones,
por lo que puede ser beneficiosa para la artrosis.
Ayuda a conciliar y mejorar la calidad del sueño.
Mejora la imagen personal.
Ayuda a liberar tensiones y mejora el manejo del estrés.
Ayuda a combatir y mejorar los síntomas de la ansiedad
y la depresión, y aumenta el entusiasmo y el optimismo.
En adultos de edad avanzada, disminuye el riesgo de caídas,
ayuda a retrasar o prevenir las enfermedades crónicas y
aquellas asociadas con el envejecimiento. De esta forma mejora
su calidad de vida y aumenta su capacidad para vivir de forma
independiente.
Sin embargo
aun conociendo los numerosos beneficios posibles y a diferencia
de generaciones precedentes, cada vez somos menos los que realizamos,
ya sea en el trabajo o en el tiempo de ocio, actividades que impliquen
algún tipo de esfuerzo físico. Hasta un 66% de los
adultos europeos no llegan a alcanzar los 30 minutos de actividad
física diaria recomendados, y 1 de cada 4 no realizan actividad
alguna.
Motivos para iniciar un programa de actividad física
¿Que
trucos o consejos podemos dar a una persona sedentaria para convencerla
de la necesidad de iniciar algún programa de actividad
física?
En primer
lugar debemos insistir por un lado en los numerosos beneficios
físicos y psicológicos derivados de la práctica
de actividad física regular y por otro en los riesgos del
sedentarismo.
Además debemos dejar claro que para obtener esos beneficios
para la salud, no es preciso realizar esfuerzos extenuantes.
El objetivo
marcado por las recomendaciones actuales de acumular un mínimo
de 30 minutos de actividad física de intensidad moderada,
casi todos o preferiblemente todos los días de la semana,
puede ser fácilmente alcanzado por cualquier individuo.
Esos 30 minutos pueden además repartirse a lo largo del
día, en periodos de actividad física de preferiblemente
no menos de 10 minutos, y puede perfectamente ser a partir de
actividades cotidianas (caminar a buen ritmo, subir escaleras,
trabajar en el jardín o en las tareas de la casa).
Trucos o consejos para llevar a cabo un programa de actividad
física
Por
último, para aquel que decide comenzar a hacer ejercicio
existen una serie de trucos que pueden ser de gran utilidad para
los primeros días y para no terminar abandonando la práctica
regular:
Comience el
programa de ejercicio a una intensidad que le permita mantener
una conversación y varíe su plan de trabajo. Alterne
días de trabajo intenso o de larga duración con
días de trabajo más suave.
No incremente el nivel de esfuerzo a menos que note que ya no
se fatiga con el que esté realizando. Aumente la duración
del ejercicio de forma gradual, no más de 5 minutos por
semana.
Utilice otras actividades 1 o 2 días por semana para complementar
aquella que haya elegido como principal y para dar descanso a
músculos y articulaciones.
Escuche a su cuerpo, atienda a sus propias sensaciones para evitar
caer en un estado de fatiga crónica. Una buena referencia
es la frecuencia cardíaca basal por la mañana antes
de levantarse. Tómese el pulso cuando se despierte y podrá
observar como su frecuencia cardíaca disminuye a medida
que mejora su nivel de forma física. Un aumento de la frecuencia
cardíaca basal o el dolor persistente de músculos
y articulaciones pueden ser signos premonitorios de fatiga o lesión.
Mantenga la mayor regularidad posible y procure evitar aquellos
obstáculos circunstanciales que puedan interrumpir el comienzo
de una rutina saludable.
Fije objetivos para alcanzar un determinado rendimiento, registre
sus progresos y premie la consecución de sus objetivos.
Procure realizar la actividad a aquellas horas en que las condiciones
sean más benévolas, evitando el frío o calor
excesivos.
Ejercicio físico ¿solo o acompañado?
Por supuesto
que a ser posible acompañado y por una persona de nivel
similar.
Además
de que permite compartir una actividad con familiares y amigos,
es más seguro en caso de tratarse de personas de edad avanzada
y facilita la regularidad y constancia en la práctica de
cualquier actividad de por vida.
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