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No hay nada mejor que una sopa caliente para superar
los rigores del frío.
Las sopas son una especialidad
culinaria muy antigua, puesto que su origen está
en la necesidad de ablandar con agua hirviendo los
alimentos más duros que no se podían
masticar en crudo. Como el agua de la cocción
tomaba el sabor de los productos, muy pronto se pensó
en la posibilidad de consumirla como caldo.
Las sopas son fáciles de preparar y pueden
llevar multitud de ingredientes, lo que permite jugar
con un amplio abanico de texturas y sabores. También
suelen resultar muy económicas y siempre digestivas
ya que su punto de partida, que es el caldo, aparte
de ser un tesoro de aromas y sabores, lo es también
de vitaminas y minerales, porque los que no se quedan
en el alimento pasan al caldo, aprovechando así
hasta el último nutriente.
Una
Buena Base
En todas sus versiones,
la sopa es un excelente primer plato. La fórmula
admite todo tipo de alimentos, pero el secreto está
en el caldo. Su versión más económica
puede proporcionar en ocasiones mejores resultados:
- se puede utilizar
pollo, pero la gallina le da más sabor y aroma,
incluidos los huesos.
- también podemos
usar carnes rojas o blancas, pero los huesos de vacuno
y jamón aportan aún más sabor.
- en cuanto al pescado,
su carne es mera guarnición, lo que realmente
aporta sustancia son las partes que se desechan como
la cabeza y las espinas y muchos pescados que no sirven
para consumirlos;
- al hablar de las
verduras no hay ninguna que se resista, pero las más
humildes son las que dan más de sí como
las cebollas, nabos, puerros, chirivías, zanahorias...;
- las legumbres le dan un punto de sabor incomparable.
En
su Punto
Esta es una técnica
fácil, pero para conseguir los mejores resultados
debemos tener en cuenta lo siguiente:
- Los alimentos deben ponerse a cocer en agua fría
para que las sustancias pasen al líquido.
- Debemos echar la
sal al principio, ya que esto facilita y acelera la
salida de los jugos.
- Todos los caldos
deben llevar verduras.
- Al cocer las verduras,
el recipiente debe estar tapado. Se puede utilizar
la olla a presión; con ella no solo se reduce
el tiempo de cocción, sino que impide la pérdida
de sabores y aromas, además de nutrientes.
- Hay que desespumar
varias veces el caldo para eliminar las impurezas
que se concentran en la superficie. Esta es una tarea
básica para que el caldo tenga un sabor limpio
y se aprecien bien sus ingredientes y consiste en
retirar la espuma que se forma en la superficie y
en los bordes.
- Para que resulte
más ligero, debemos desgrasarlo, dejándolo
enfriar y retirando la capa de grasa que se habrá
formado en la superficie. Si no hay tiempo para dejarlo
enfriar, se puede pasar una servilleta de papel doblada
por la superficie del caldo caliente.
El punto del caldo
de carne: para conseguir el máximo sabor al
preparar un caldo con huesos, tanto de vacuno como
de ave, conviene tostarlos en la cazuela en la que
se vayan a hervir con un poco de aceite y una pizca
de azúcar. También se potencia el sabor
friendo a fuego vivo una cebolla en tiras y, una vez
bien escurrida, incorporarla al puchero, consiguiendo
así un tentador tono dorado.
El punto del caldo
de pescado: los caldos de pescado, suelen ser siempre
de cocción corta, unos 20 minutos. Se vuelven
más sabrosos si se cuecen en compañía
de unos granos de café y se dora la espina
junto con las verduras que lo acompañan, antes
de añadir el agua fría y el resto de
los ingredientes.
El punto del caldo
de verduras: el líquido que resulta de la cocción
de verduras no es una sopa en sí, pero si una
excelente base. Aprovecha los restos de la cocción
de otras verduras, congélalos e incorpóralos
a tus caldos de verduras, así se realzará
el sabor. También se pueden usar para enriquecer
guisos, arroces, pastas.
Conservación
El caldo es una receta
fácil de conservar en la nevera, pero lo más
aconsejable es congelarlo y así tenerlo listo
cuando se necesite, incluso se puede preparar más
cantidad, ya que el tiempo empleado es el mismo.
Para congelar el caldo,
lo primero que debemos hacer es concentrarlo: una
vez colado y limpio, ponerlo a hervir hasta que se
reduzca a la mitad. Después hay que dejarlo
enfriar y envasarlo en recipientes de tamaño
adecuado.
Para descongelarlo,
es suficiente con introducirlo unos minutos en el
microondas o cocerlo a fuego lento con un vaso de
agua.
Casi todas las sopas
aguantan bien el proceso de congelación. Antes
de congelarlas, debemos enfriarlas rápidamente
para poder retirarles la grasa que contengan y evitar
así que se vuelvan rancias. Es posible mantenerlas
en el congelador hasta 3 meses, aunque esto depende
bastante de los ingredientes que lleve la receta.
Las sopas que incluyan pasta o arroz no toleran la
congelación ya que estos productos pierden
sus cualidades rápidamente tras cocinarse.
Al descongelarlas,
debemos colocar el recipiente cerrado bajo el chorro
del agua caliente. A continuación, verter el
contenido en una cazuela y hervirlo a fuego lento,
añadiendo un vasito de agua, para restarle
densidad. También es conveniente rectificar
de sal. Si la receta incluye nata o huevos, debemos
añadirlos justo en el momento de recalentarla.
Las sopas son mucho
más que caldos ya que se completan con una
buena guarnición, en ocasiones contundentes
fideos, arroz, pan, huevo, legumbres, verduras y hortalizas,
carne, pescados, mariscos... Son una excelente fórmula
para entrar en calor, pero también son saciantes,
equilibradas, energéticas y un auténtico
tesoro nutricional.
Historia
El primer vestigio
de sopa se sitúa junto al descubrimiento del
fuego a finales de la era cuaternaria. Los trozos
de animales, que hasta ese entonces se comían
crudos, desgastaba las muelas y sobredesarrollaban
las mandíbulas. Con el descubrimiento de tan
vital elemento, se permitió ablandar los alimentos
en agua caliente y luego beberla. Sin embargo fueron
los griegos los primeros grandes aficionados a los
caldos, sobre todo al famoso “caldo negro”
preparado a base de sangre de animales, vinagre y
hierbas. El historiador Anatole France decía
que la valentía de los espartanos en el campo
de batalla se debía a que preferían
la muerte a consumir tal brebaje porque, en sus orígenes,
la sopa fue el alimento de los pobres. A la región
sur de España, donde nace el tan popular gazpacho,
los romanos la llamaban “el granero de Roma”,
porque ahí se proveían de variados vegetales,
granos y especies para la elaboración de refinadas
preparaciones. Se sabe que Nerón, aficionado
al canto, tomaba todos los días un caldo con
puerros caliente al que le atribuía la propiedad
de proteger sus cuerdas vocales. Durante la Edad Media,
cuando cae el Imperio Romano, se empobrece la cocina
europea. La hambruna se palió con sopas hechas
sobre la base de agua, pan y cereales. Más
tarde incluyó caldos elaborados con habas,
huevos, zapallo, hinojos y sobre todo arroz, el que
sazonaban con canela, jengibre, azafrán y ajos.
Actualmente, por factores
que combinan dieta sana, beneficios del consumo de
líquido y vegetales, la sopa está de
moda. En Europa y Estados Unidos abundan los restaurantes
de esta especialidad y Santiago de Chile no es la
excepción. “Ustedestaquí”
es un bar de sopas ubicado en Santa Beatriz 135. En
la carta hay más de 10 tipos de caldos diferentes.
Fríos y calientes. Incluso una sopa de pera
y vainilla de postre.
Como afirma Isabel
Morales, nutricionista del INTA, las sopas están
compuestas principalmente de agua, por lo cual son
una excelente preparación para ingerirlas en
períodos en que la temperatura limita el consumo
de agua fría. Además, poseen un efecto
de saciedad y son bajas en calorías (sus ingredientes
habitualmente son cocidos o asados, pero no fritos)
y poseen fuertes dosis de vitaminas y minerales.
Las
sopas Añejas
Son caldos más
o menos sustanciosos, que en ocasiones pueden ir ligados
y con algún elemento como guarnición.
Presentamos tres sopas
clásicas de sabores añejos y contundentes
de sabor.
Sopas
de pan
El pan es la base de
su preparación, al igual que sucede en la sopa
de ajo y de cebolla.
Estas sopas pueden incluir como guarnición:
bacalao, queso, huevo, etc, y estar condimentadas
con ajo, cebolla, pimentón y pimiento choricero.
Deben presentarse con un caldo sustancioso.
Al añadírsele el pan ha de tener mucha
corteza y estar duro.
Sopas
de ajo
Sus ingredientes principales
son: ajo, caldo o agua, aceite, pan, pimentón,
pimiento choricero y huevo.
Para su eleboración
se ponen los ajos fileteados con aceite y se doran.
Fuera del fuego se añade el pimentón,
y seguido el pan.
Se rehoga todo para que el pan absorba todo el aceite.
Se añade el caldo o el agua para que el pan
se empape y comience a deshacerse.
Por último, se añade el huevo y se pone
a punto de sal.
Esta sopa es la más clásica y también
se la concoce como sopa de ajo castellana.
Sopa
de cebolla
Sus ingredientes son:
cebolla, pan, queso rallado y un caldo o fondo blanco.
Para su preparación,
el pan debe haberse cortado en rebanadas y la cebolla
haberse glaseado en juliana.
En una cazuela de barro individual se pone en el fondo
la cebolla y sobre ella las rebanadas de pan.
Se añade el caldo o fondo blanco y se deja
hervir hasta que se empape el pan.
Por último, se espolvorea con el queso rallado
y se gratina en el horno.
Los caldos de carne
Dentro de la cocina, encontramos dos formas diferentes
de elaborar caldos de carne
A los caldos de carne
se les llaman fondos, y se distingue entre fondo blanco
y fondo oscuro, fundamentalmente por su color una
vez elaborado. El color viene dado porque para elaborar
el fondo oscuro se tuestan en el horno los huesos
y las verduras utilizadas en su elaboración.
Ingredientes
del fondo blanco
Los huesos son el
elemento principal. También se puede elaborar
con carcasas o desperdicios de aves, e incluso con
ambas cosas a la vez.
Como elemento de condimentación llevará
verduras frescas, tales como zanahorias, cebolla y
lo verde del puerro, aunque el tipo de verduras puede
variar, y hierbas aromáticas o especias. Como
elementos de mojado suele llevar agua y vino blanco.
Elaboración:
Primero buscaremos
un recipiente adecuado para la elaboración
del fondo, proporcional a la cantidad de fondo que
queremos preparar y a los alimentos que queremos introducir
en él. Seguidamente introduciremos el elemento
principal que deberá estar limpio y en buenas
condiciones, junto con los elementos de condimentación,
troceados y limpios.
Para la elaboración
de fondos, las verduras se cortan en trozos grandes
para evitar que se deshagan.
La siguiente operación
consiste en echar el elemento de mojado (agua fría
y un poco de vino), ponerlo al fuego, taparlo y llevarlo
a ebullición. Ese será el momento para
empezar a desespumar el fondo, quitando la espuma
que se forma en la superficie. Para desespumar se
utiliza la espumadera y un cazo con agua. Si vemos
que es un fondo que tiene muchas impurezas, añadimos
agua fría para que otra vez recupere la ebullición
y sigan saliendo las impurezas.
La siguiente operación
será bajar el fuego y mantener una ebullición
suave y constante. Se ha de mantener en ebullición
el fondo de ternera, buey o vaca durante cuatro horas,
y durante hora y media si es de ave.
Cuando el fondo esté
elaborado, lo colamos por el chino o colocamos una
estameña (trapo muy poroso y fino) si hiciera
falta, para que las impurezas se queden en él.
Aplicaciones:
Los fondos blancos
se usan para mojar cremas y veloutes, para mojar elaboraciones
como ragouts (guisados), braseados, etc.
Como elemento de mojado
da un sabor muy agradable a los arroces, salsas diversas
y consomés.
Ingredientes
del fondo oscuro
Los huesos o las carcasas
de las aves son el ingrediente principal, y en algunos
casos se echan trozos de carne para dar más
sabor.
Como elementos de condimentación,
llevan verduras frescas, a veces tomate, hierbas aromáticas
y especias.
Como elemento de mojado
llevará agua, un fondo blanco y vino tinto,
que utilizaremos para desglasar (extraer los jugos
que salen de algún alimento y que se adhieren
al recipiente utilizado; esto suele ocurrir en los
asados y en los salteados)
Elaboración:
Introducimos los huesos
al horno fuerte para que se doren; una vez dorados
añadimos las verduras por encima bien troceadas
y limpias dejando que se doren. Una vez dorado el
conjunto, lo echamos a un recipiente que sea proporcional
a la cantidad de fondo que queremos hacer.
La placa se desglasa
con el vino tinto, rascamos y levantamos lo que ha
quedado adherido en ella y lo echamos a los huesos.
Seguido, añadimos el elemento de mojado (agua
o fondo blanco frío) y lo ponemos al fuego.
A medida que va cogiendo calor, lo vamos desespumando.
En caso de que uno
de los ingredientes fuese carne, hay dos opciones:
introducir la carne con los huesos a dorar o saltearla
en una sartén aparte.
Mantendremos el fondo
con un hervor suave y continuo para evitar que se
enturbie.
Las siguientes aplicaciones
serian las mismas que las del fondo blanco.
Caldos sabrosos
Con más color y menos grasos
Consejos
y Datos Importantes
Para que tus caldos
tengan mejor sabor, mejor color y menos grasa, antes
de poner los huesos y las carnes en el agua de la
cocción, colócalos en una bandeja o
fuente refractaria de horno, rocíalos con aceite
y mételos al horno precalentado hasta que se
doren un poquito, dando vueltas de vez en cuando.
Cuando los saques,
no utilices los jugos que hayan soltado. Los mezclas
con la verdura y el agua fría y los dejas cocer
durante 4 horas. Consigues un sabroso caldo y sin
apenas grasa.
Si quieres que la grasa
desaparezca por completo, enfría el caldo,
y cuando ya esté hecho y colado, retira la
capa sólida que se forma en la superficie.
Si lo que te queda
es de un color deslucido, quema un poco de azúcar
en un cazo y cuando esté casi hecha caramelo,
añade un vaso de agua. Ese líquido que
se forma se le llama salsa París y si se lo
añades al caldo de carne no da sabor pero si
color, y nadie se dará cuenta de la pequeña
trampa.
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