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| El
sudor forma parte del mecanismo que nos permite adaptarnos
a las fluctuaciones ambientales de temperatura. |
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en condiciones normales sólo deberíamos sudar en
exceso si practicamos deporte o sufrimos un calor desmedido, hay
personas cuya transpiración es muy intensa en cualquier
circunstancia.
Sus manos, axilas, rostro y cráneo parecen constantemente
empapados, hasta el extremo de que el sudor es para estas personas
una traba que condiciona su vida social, laboral y afectiva. La
hiperhidrosis o producción excesiva de sudor es un trastorno
traumático para quienes lo padecen, y no tiene nada que
ver con una higiene deficiente.
¿Qué
es el sudor?
El
sudor es un líquido compuesto por agua, sales minerales
y otras sustancias, producido por las glándulas sudoríparas
que se encuentran situadas en el tejido subcutáneo, por
debajo de la dermis. En algunas ocasiones también está
formado por sustancias aromáticas, pues tras comer ajo
o sardinas el sudor puede adquirir este olor.
Tenemos
tres tipos de glándulas sudoríparas, distribuidas
por toda la superficie corporal: ecrinas, apocrinas o apoecrinas.
Las ecrinas son las que tienen más participación
en la termorregulación y se encuentran distribuidas por
toda la piel excepto en los labios menores, clítoris, labios
y conducto auditivo externo. Contrariamente a lo que se suele
pensar, las zonas con mayor profusión no son las axilas,
sino el dorso de la mano y las yemas de los dedos, donde podemos
llegar a tener hasta setecientas glándulas por centímetro
cuadrado. Disponemos entre 3 y 4 millones de estas glándulas,
capaces de producir cerca de 600 mililitros de sudor por hora
si son sometidas a altas temperaturas, aunque en deportistas de
alto rendimiento pueden producir hasta 2 ó más litros.
Las apocrinas segregan un fluido denso y en el ser humano se localizan
en axilas, pezones, periné, alrededor del ano y en el conducto
auditivo externo. Son las responsables del olor corporal de cada
persona y en los animales juegan un papel primordial en la comunicación
olfativa, y por ello las tienen por todo el cuerpo. Tienen relación
con la sudoración producida por causas emocionales como
la ansiedad o el estrés. Las apoecrinas tienen unas características
intermedias entre las dos anteriores y en los humanos se encuentran
fundamentalmente en las axilas.
¿Para qué sudamos?
Sudar
es una necesidad fisiológica cuando hace calor. Los animales
homeotermos, entre ellos los humanos, mantenemos nuestra temperatura
constante dentro de unos límites gracias al metabolismo
y a la existencia de mecanismos termorreguladores que ajustan
las fluctuaciones de calor y frío del organismo. En este
mecanismo participan el sistema nervioso, el aparato cardiovascular
y el endocrino, y la sudoración juega un papel fundamental.
Esta capacidad de mantener la temperatura constante es exclusiva
de los mamíferos y de las aves. El resto de animales son
poiquilotermos, lo que significa que su capacidad de adaptar la
temperatura corporal es muy reducida y están sujetos a
las variaciones del ambiente. Precisamente esa capacidad de los
mamíferos para mantener una temperatura constante constituye
una gran ventaja adaptativa que les permite realizar una actividad
normal independientemente de la temperatura ambiental.
La
función del sudor es regular la temperatura corporal, ya
que cuando se evapora de nuestra piel reduce el exceso de calor.
También interviene en la eliminación de sustancias
nocivas para la salud. Normalmente sudamos algo más de
un litro al día en condiciones de reposo, que aumenta hasta
un litro por hora si realizamos algún ejercicio. Los deportistas
de élite, como boxeadores o futbolistas, pueden llegar
a los cuatro o cinco litros por hora. Sin embargo, esta cantidad
no es estable a lo largo de la vida, ya que los niños y
los ancianos sudan menos que los adultos. La razón hay
que hallarla en el grado de madurez de las fibras del sistema
nervioso simpático – que regula las funciones automáticas
como la sudoración, el pulso, la respiración y la
salivación –, que no están suficientemente
desarrolladas en la infancia y se van perdiendo a medida que envejecemos.
Factores externos como la temperatura ambiente y la humedad también
influyen.
Trastornos relacionados con el sudor
Cuando
se suda excesivamente se habla de hiperhidrosis, producción
excesiva de sudor, que puede ser generalizada -o sistémica-
y localizada. La hiperhidrosis sistémica se observa en
muchas circunstancias: embarazo, obesidad, menopausia, ansiedad,
hipertiroidismo, consumo de alcohol o de opiáceos, y también
en muchas enfermedades, como tumores, infecciones...
Pero
la que más problemas genera es la hiperhidrosis localizada,
también denominada emocional porque se desencadena por
estímulos estresantes y emocionales. Afecta a las palmas
de las manos, plantas de los pies, axilas y a la región
craneofacial. Se ignora lo que la ocasiona y se piensa que es
una hiperactividad del sistema vegetativo simpático. La
padecen una de cada 10.000 personas y por lo general se manifiesta
ya en la infancia y persiste casi siempre durante toda la vida.
En la mitad de los casos hay un factor desencadenante, por lo
general de tipo emocional, aunque también puede generarlo
el calor, el ejercicio físico o la alimentación.
La hiperhidrosis localizada desaparece por la noche.
En
la afección plantar origina mal olor, ampollas, maceración
de la piel, infecciones locales, micosis y deteriora los calcetines
y el calzado. La axilar humedece la zona, la irrita, también
produce mal olor y deteriora la ropa. El tratamiento local la
mejora pero no consigue eliminarla del todo. La craneofacial se
caracteriza por una sudoración excesiva de frente y cara,
se desencadena tras un estrés mínimo y los que la
padecen se ven obligados a estar secándose la cara continuamente.
Para quienes utilizan cosméticos, maquillajes, es un problema
serio.
La
hiperhidrosis palmar es un verdadero problema social para el que
la sufre, sobre todo las formas graves y si se trata de un cargo
público, representantes, dependientes, pintores, dibujantes...
Las personas afectadas pueden volverse retraídas, evitan
dar la mano e incluso llegan a rehuir la vida social.
El Tratamiento
El
tratamiento de estas afecciones no es fácil. En los casos
más leves se recurre a productos de farmacia, de droguería,
de aplicación local en axilas o en pies. Se han utilizado
medicamentos anticolinérgicos por vía oral pero
por sus efectos secundarios (retención urinaria, visión
borrosa, sequedad de boca…) han sido abandonados.
Se
utilizan también preparados como el cloruro de aluminio
hexahidratado en solución alcohólica, sobre todo
en la forma axilar, pero irrita la piel. El ácido tánico,
el glutaraldehido y la formalina al 1% son también eficaces
aplicados localmente, pero utilizados durante mucho tiempo producen
hiperpigmentaciones de la piel.
La
temida toxina botulínica, que está siendo utilizada
actualmente en muchas afecciones (estrabismo, arrugas, patas de
gallo, distonía cervical…) y que produce un bloqueo
de la transmisión nerviosa, se aplica también en
el tratamiento de la hiperhidrosis localizada. Se inyecta subcutáneamente
y la sintomatología remite en una semana, pero tiene el
inconveniente de que reaparece al cabo de unos meses.
También
se pueden tratar quirúrgicamente las formas severas de
este trastorno en manos, axilas y región craneofacial.
La intervención es una simpatectomía torácica
mediante endoscopia, y consiste en la sección de algunos
nervios y ganglios de la cadena simpática torácica.
Es una intervención eficaz, siempre y cuando sea realizada
por manos expertas, que requiere una hospitalización de
sólo 24 horas. La mortalidad es nula y las complicaciones
escasas. El resultado de esta operación es satisfactorio
en el 95% de los casos, mientras que en el 5% restante hay recidiva
o fracaso, que se atribuye a una insuficiente extirpación
de un ganglio. El principal efecto secundario es la aparición
de transpiración en otras partes del cuerpo, conocida como
sudoración compensatoria, que presentan el 50% de las personas
operadas. Salvo en algunos pacientes no suele ser muy severa y
en muchos casos desaparece espontáneamente.
Recomendaciones
para quienes padecen hiperhidrosis
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Utilice ropa de algodón, transpirable, y evite los
tejidos sintéticos.
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Use calcetines y zapatos porosos, con buena transpiración,
y cámbiese a menudo.
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Dúchese una o dos veces al día.
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Aféitese el vello axilar.
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Evite la ingesta de café, alcohol y especies picantes.
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Si el sudor tiene olor desagradable utilice en la ducha un
jabón líquido con clorhexidina y después
aplíquese un compuesto de clohidróxido de aluminio.
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