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Nuestras
preferencias o tabues tabúes alimenticios,
tabúes que nos imponemos voluntariamente, son
a mi parecer fruto de nuestra educación y en
parte debidos también a factores climatológicos,
económicos y fisiológicos.
Marvin Harris, perteneciente a la llamada escuela
materialista, se plantea la pregunta:
¿Por
qué son tan distintos los hábitos alimenticios
de los humanos? Y nos pone algunos ejemplos:
-
los chinos, japoneses y coreanos no pueden ver la
leche
-
los indios del alto Orinoco se comen, fritas, las
tarántulas
-
los hindúes de la India detestan la carne
de vaca
-
los judíos y musulmanes no comen carne de
cerdo
-
la mayoría de los europeos y norteamericanos
no podrían soportar un estofado de carne
de perro o de rata
-
en muchas culturas, las larvas de insectos son consideradas
manjares exquisitos
-
no todo el mundo es capaz de disfrutar con un buen
plato de caracoles
Intentando contestar a la pregunta utiliza los siguientes
argumentos:
a) los alimentos que se prefieren tienen una relación
coste / beneficio más favorable que los que
se desprecian
b) las cocinas más carnívoras están
relacionadas con densidades de población bajas
y una falta de necesidad de tierras para cultivo o
de adecuación de éstas para la agricultura
c) la actual economía de mercado ha identificado
“bueno para vender” con “bueno para
comer”, sin tener en cuenta los costes ecológicos
o las consecuencias nutritivas
Estos argumentos son indudablemente muy materialistas,
pero tampoco, a mi parecer, refutables. Marvin Harris,
y en este punto estoy totalmente de acuerdo con él,
al hablar de la actual economía de mercado,
concluye: “La gran beneficiaria es la multinacional
del sector.”
Para Harris, los alimentos preferidos que él
denomina “buenos para comer”, son aquellos
que presentan una relación de costes / beneficios
más favorables que los alimentos que se evitan.
En el momento en que un alimento se hace caro de consumir,
si existe otro más barato y nutritivo, si incide
negativamente sobre el entorno, se convierte automáticamente
en un alimento “malo para comer” y la
sociedad lo convierte en “pecaminoso”
o “repulsivo” y a veces incluso en ilegal.
Como ejemplos de tabúes alimenticios Harris,
nos muestra el de las vacas sagradas en la India y
el de los cerdos entre judíos y musulmanes.
No entraré en detalles, basta con lo que todos
sabemos.
Peter Farb y George Armelagos, relacionados también
con la escuela materialista, , reforzando mi idea
sobre la educación alimenticia dicen: “La
cultura de una sociedad se transmite a los hijos durante
la comida en familia, en un contexto en el que se
desarrollan las individualidades, se forman las obligaciones
con relación al parentesco y dónde se
refuerzan las costumbres de grupo.” Y continúan
diciendo: “Los tabúes sobre algunos alimentos
son la señal de una adhesión a una determinada
religión.”
Es
bien sabido que los judíos y los musulmanes
tienen prohibido comer carne de cerdo, así
como los hindúes comer carne de buey / vaca.
También, según Peter Farb y George Armelagos:
“La alimentación, es pues, uno de los
elementos preponderantes de la cohesión de
una sociedad. Comemos, no solo porque tenemos hambre,
sino sobretodo porque es un acto social.”
Estos autores defienden sus teorías sobre las
costumbres alimenticias con la adaptación de
dichas costumbres al ecosistema.
Finalmente,
para explicar la multiplicidad de costumbres alimenticias,
proponen las algunas explicaciones:
-
por el azar
-
por la psicosociología
-
por la ecología
-
por la cultura
Referente
a Mary Douglas, según algunos continuadora
de la escuela estructuralista de Lévy-Strauss
(Le cru et le cuit.1964), pero considerada como una
antropóloga cultural, debo decir que estoy
plenamente de acuerdo con su afirmación: “Aquellos
a los que conocemos de comidas, también los
conocemos de bebidas. Aquellos a quienes solo los
conocemos de bebidas, los conocemos menos íntimamente.
La comida expresa una fuerte amistad.”
Ahora bien, no estoy de acuerdo con algunas de sus
afirmaciones, ya que a mi parecer analiza los hábitos
alimenticios desde un punto de vista muy, digamos
anglosajón, en nuestra sociedad mediterránea,
que yo sepa, los cereales y los huevos con jamón
no son un desayuno típico. Me parece que la
merienda tampoco es una comida que ha desaparecido,
en Norteamérica quizá. Tampoco estoy
de acuerdo en que las bebidas y sus sólidos
han de ser dulces como ella afirma. Según Mary
Douglas, las comidas, para serlo, han de tener una
secuencia y una estructura, pero también reconoce
que la secuencia: platos de sopa, pescado, huevos
y carne puede ser invertida, como ejemplo de esta
inversión, tenemos el famoso “cocido
Maragato”.
Otra
escuela, con la que me siento identificado, es la
escuela contemporánea a cual quizá le
falte la perspectiva histórica, pero creo que
el resumen que hace Gracia (1997, 39) de las variables
que modifican el comportamiento alimentario son plenamente
válidas, cito las que me parecen más
importantes:
-
el fenómeno de la urbanización con
el éxodo de la población rural
-
la modificación del tiempo de trabajo
-
la difusión de modelos alimentarios a través
de la publicidad
-
el aumento del nivel de vida
-
la tecnología aplicada a la producción
agrícola
Por todo lo expuesto anteriormente, puede apreciarse,
que personalmente, estoy bastante / muy de acuerdo
con las tesis de la escuela materialista. Pero siendo
este un trabajo sobre los tabúes alimenticios,
voy a intentar escribir algo sobre alguno de ellos.
Todo
individuo debe comer para sobrevivir, pero no considera
que todo lo que se encuentra en su entorno es comestible.
Ignora algunas cosas y otras son para él tabú,
este tabú puede estar tan arraigado que el
solo pensamiento de comer algo prohibido puede hacer
que se sienta enfermo.
Un alimento, no está entre las preferencias
alimenticias de una sociedad, cuando hay una predisposición
mental en contra, es decir ha sido la educación
recibida la que nos ha
predispuesto en contra. Los bebés, en general,
no rechazan las papillas envasadas, que además
de no tener un color atractivo, no tienen precisamente
un gusto agradable.
Y,
¿ no es cierto que alguna vez uno de nuestros
hijos ( los que los tenemos), de pequeños,
sin haber recibido todavía una educación
alimenticia, se ha comido un gusano u otro insecto
cualquiera?
En nuestra sociedad se consideran repugnantes / tabú
las arañas, los saltamontes, las hormigas y
las cigarras todos ellos pertenecientes a la familia
de los artrópodos, mientras que otros artrópodos
como los cangrejos, las langostas, las gambas y los
langostinos son considerados manjares exquisitos e
incluso alcanzan precios prohibitivos, sobretodo en
épocas navideñas. (Sin tener en cuenta
el tema de actualidad que es la catástrofe
del “Prestige”.)
Vuelvo a insistir, este comportamiento es fruto de
la educación alimenticia que nos ha proporcionado
nuestra sociedad, otras sociedades, como la de los
indios de la Amazonia, se comen las tarántulas
fritas y supongo (escribo supongo, debido a que personalmente
no las he probado) que se las comen muy a gusto.
Siguiendo con la insecto-fobia, Vincent. M. Holt en
su obra Why not eat insects? Publicada en 1885, recuerda
que en la Antigua Grecia, Aristóteles alababa
el delicado sabor de las cigarras y que los griegos
más cultos tenían las crisálidas
y las hembras de estos insectos como uno de los bocados
más exquisitos. En la Antigua Roma, Plinio
dice que los gourmets romanos engordaban para su consumo,
con harina y vino, las larvas de un insecto que ellos
llamaban “cossus” cuya identidad nos es
hoy desconocida. (Se supone era la larva del ciervo
volante, el “Lucanus servus”). Y Holt
se pregunta: ¿Si los gourmets de Roma, tan
refinados con su comida, consideraban estos insectos
un manjar exquisito, por qué nosotros le vamos
a hacer ascos a comerlos?
Por cierto, habría que recordar también
que a finales del siglo XIX, en un elegante restaurante
de París, se servía un menú compuesto
exclusivamente de insectos.
No obstante y siguiendo las teorías de Harris,
los europeos y norteamericanos, sentimos en general
una profunda repugnancia hacia los insectos, a los
cuales acusamos de sucios y portadores de agentes
patógenos. La explicación del por qué
sentimos esta aversión, podría estar
en que en nuestras regiones, los insectos no son de
gran tamaño ni se presentan en grandes enjambres,
lo que hace su recolección muy onerosa, mientras
que conseguir proteína animal a base de grandes
herbívoros es bastante más fácil
y barato. Además los insectos compiten con
los humanos por las cosechas, algunos son muy molestos
o perjudiciales para la salud, y esto finalmente los
ha hecho aborrecibles. Harris, con mucha razón,
dice que el cerdo es también un animal sucio
y portador de muchos agentes patógenos, sin
embargo los euro-americanos consumimos su carne con
deleite. Para evitar enfermedades transmitidas por
su carne (incluso la de ternera, pollo o cordero)
queda el recurso de cocinarla, ahora bien, los insectos
también pueden ser cocinados. Así que:
“Wy not eat insects?” ¿Porqué
no comer insectos?
Nuestro consultor, Joan Campàs, nos dice sobre
los insectos”: No nos los comemos porque son
sucios y repugnantes sino que son sucios y repugnantes
porque no nos los comemos.”
En
cuanto a comer perros, para nuestra sociedad que considera
al perro como “El mejor amigo del hombre”,
este hecho nos parece una barbaridad. ¿Pero
que pensarán los Hindúes de nuestra
sociedad consumidora de bueyes y vacas? Seguro que
a ellos también les parecerá una barbaridad.
Como les ocurrirá, seguramente, a los judíos
y musulmanes creyentes, el hecho de que nosotros comamos
carne de cerdo.
Sabemos que en Corea y China comen perros, ya que
según ellos, es un manjar muy saludable y que
aumenta la potencia sexual. Pero no tenemos que ir
tan lejos para encontrar “comedores de perro”,
en dos Cantones suizos (St.Gallen y Appenzel), tal
como escribía la revista “Rheintaler
Bote” en 1996, todavía algunos campesinos
comían carne de perro. Para justificarse, uno
de ellos dijo en una entrevista: “La carne de
perro es la más saludable, no contiene hormonas
como la carne de ternera, ni antibióticos como
la carne de cerdo.” Y según creo, al
contrario de muchos países europeos, el comer
los animales de compañía (perros y gatos),
en Suiza todavía no está prohibido.
Un
“tabú”, y este bastante curioso
y algo xenófobo, era en Alemania la utilización
del ajo. Después de la 1ª Guerra Mundial
el ajo era tabú pues se consideraba el condimento
del enemigo ancestral, Francia. Durante el 3er.Reich
el ajo era considerado comida de judíos y claro
está no debía utilizarse. Es a partir
de los años cincuenta cuando el ajo vuelve
a consumirse en Alemania, a pesar de que todavía
existen muchos prejuicios en su contra (esto lo he
vivido personalmente), sobretodo a partir de la llegada
masiva de turcos, grandes consumidores de ajo.
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