Encontrarse la nevera/heladera medio vacía
o alimentarse a base de precocinados, son algunos
de los males que sufren las personas que viven solas.
Sin embargo, planificando los menús y la despensa
se puede llegar a un equilibrio perfecto.
Cocinar
para uno puede ser tan desalentador como cocinar para
una familia numerosa, o incluso más. Hay que
comprar en cantidades pequeñas, cocinar raciones
ridículas y en muchas ocasiones tirar a la
basura.
Para superar esta situación
es necesario planificar los menús. Esta operación
comienza en el propio supermercado. Hay que huir,
ante todo de las ofertas y de los tamaños familiares
o de los paquetes que incrementan su tamaño
por el mismo precio. ¿De qué sirve comprar
más barato si luego hay que tirarlo?. Es mejor
pagar un poco más por cantidades más
pequeñas pero disfrutar de ellas y además
variar más los platos.
La
lista de Compras
Bebidas.
Las botellas deben ser individuales o mejor aún
en lata. Un brick de zumo que se quede abierto en
la nevera durante tres o cuatro días es inservible.
Conservas.
Latas de atún, berberechos, anchoas en salazón,
siempre los tamaños más pequeños.
Nada de abrir una lata y meterla en la nevera. Al
cabo de cinco días estas conservas acabarán
en la basura.
Leche.
Irá en función de la cantidad que se
tome al día. Pero, si no se toma mucha es mejor
optar por los envases de medio litro o los bricks
individuales que justo contienen la medida de un vaso.
Además estos poseen la ventaja añadida
de poder llevarlos al lugar de trabajo, para los días
que no da tiempo a desayunar.
Platos para
microondas. Normalmente los cocinados preparados
para estos hornos suelen incluir sólo una ración.
En ocasiones pueden resultan una buena solución,
aunque tampoco conviene abusar.
Verduras.
No hay que olvidarse de las que vienen congeladas,
ya que se puede comprar la ración que apetezca.
Comprando un kilo de verduras congeladas se varía
entre tres o cuatro tipos. De este modo quedan cubiertas
gran cantidad de vitaminas.Si se prefiere comprarla
fresca es mejor optar por las bandejas de pequeño
tamaño que suele haber en los supermercados
y si no, comprarlas por mitades en tiendas de confianza.
Fruta fresca.
Lo mejor es comprar la fruta por unidades. Dos manzanas,
dos naranjas o una pera. Siempre lo que se crea que
se vaya a consumir.
La
Despensa
Saber comprar
es fundamental, pero también lo es
tener una despensa bien organizada, ahorra tiempo
y mejora la calidad de la alimentación.
Alimentos
integrales. La despensa está pensada
para almacenar productos por un determinado periodo.
Por ello, en la medida que sea posible, es preferible
escoger alimentos integrales que son los que menos
nutrientes pierden con el paso del tiempo.
Almacenar
en proporción. No hay que olvidar
que la despensa, y sobre todo la de quien vive solo
debe tener de todo, pero en la proporción adecuada.
No se trata de hacer acopio de productos de capricho.
Lo más importante es seleccionar en función
de las necesidades, tanto de consumo como nutricionales.
Buena planificación.
Puede ser de gran ayuda saber los alimentos que se
van a consumir. Cocinar para varios día y congelar
los alimentos, permite mantener una dieta sana y equilibrada.
Para ello, se puede hacer uso de los sistemas de envasado
al vacío con los que los alimentos conservan
todas sus propiedades durante más tiempo.
Organización
Sobre todo, resulta
muy importante tenerla bien ordenada. Todos los productos
deben mostrar en lugar bien visible la fecha de caducidad.
Si, por cualquier motivo, se han duplicado o triplicado
alimentos del mismo tipo, se han de colocar detrás
los que caducan más tarde. Asimismo, cuando
se hace una nueva compra, los productos nuevos deben
incorporarse detrás de los que ya había,
así se facilita una renovación constante.
Cocinar un
plato y utilizar los restos para otro. No
se trata de comer los restos simplemente, se trata
de elaborar otro plato pero contando siempre con el
ingrediente “resto”. Por ejemplo, si se
ha preparado un arroz para tomarlo a la cubana, al
día siguiente con el sobrante se prepara una
ensalada fría de arroz, a la que se puede añadir
un tomate, una lata de atún, unos guisantes
o algo de embutido.
Congelar el
pan. Si un día sobra pan, mejor congelarlo.
Llegarán los días que se salga tarde
del trabajo y no se pueda comprar. También
se puede congelar una barra entera en rebanadas que
se descongelan rápidamente y así se
consumen justo las necesarias.
Tener recipientes
de congelación para una ración.
De esta forma, lo que se guarda en la nevera o congela
es cantidad suficiente para uno. Cuándo se
consuma no habrá riesgo de excedencias.
Comprar lo
imprescindible. Se debe procurar no acumular
alimentos. Sobre todo aquellos que no son imprescindibles
o de capricho. Es importante tener una despensa, pero
no hay que olvidar que ésta debe facilitarnos
la alimentación, no ser una caja de sorpresas.
Adaptar la
despensa al ritmo del consumo. Dicho de otra
forma, almacenar lo que se come y comer lo que se
almacena. Se trata de rotar los alimentos. Si hay
una excesiva cantidad esto no resulta; o se estropea
la comida o se come a disgusto.
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