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han hecho un hueco en nuestra dieta y en nuestras costumbres
y va a ser difícil desterrarlas, y ahí
están, socavando nuestra pirámide sin
contemplaciones. |
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Son "alimentos"
que no aportan más que calorías (en el mejor de
los casos), algo así como un compañero de piso que
sólo nos diera trabajo sin que nos compensara con compañía
agradable, o colaborando en alguna tarea, o haciendo los arreglitos
que no sabe nadie, o por lo menos aportando unos buenos apuntes...
nada, sólo quehacer.
Sin intentar
ser exhaustivos, nombraremos las bebidas carbónicas o refrescos,
las bebidas alcohólicas (excepto el vino, la cerveza o
la sidra que sí aportan algunas vitaminas), las infusiones
estimulantes (té y café), las golosinas, los snacks
en casi todas sus variaciones.
Son aquellos
alimentos que por su composición sólo suministran
energía o calorías, sin aportar ningún otro
nutriente (proteínas, minerales o vitaminas).
Los alimentos muy refinados también podrían incluirse
dentro de esta denominación, puesto que pueden aportar
gran cantidad de energía pero muy pocos nutrientes.
El
Aceite
Otro
componente de la dieta que en ocasiones y sobre todo hace unos
años se consideraba como suministrador de calorías
vacías era el aceite, ya que siempre se ha pensado que
sólo aportaba energía. Sin embargo, además
de calorías, las grasas son vehículo muy importante
de todas las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y aportan además
una serie de ácidos grasos esenciales para la salud.
Grasas
Tampoco hay
que olvidar que las grasas son el agente palatable por excelencia
de nuestra dieta (uno de los componentes que hace apetecible la
comida) y por tanto sin ellas, la comida no sería aceptada.
El
Azúcar
A veces también
el azúcar se califica como alimento que sólo aporta
energía identificándose con mucha frecuencia como
calorías vacías. Sin embargo, también en
este caso es necesario hacer algunas consideraciones. Por ejemplo,
muy pocas veces tomamos el azucarero y comemos azúcar sola,
a cucharadas. Normalmente, el azúcar se combina y emplea
para edulcorar otros alimentos que sí llevan y aportan
nutrientes como los lácteos, la repostería, los
flanes o los zumos de frutas, entre otros.
De manera
que, indirectamente, junto con el azúcar, van otros nutrientes
esenciales. Pero hay otro aspecto también muy importante:
en el caso del azúcar su sabor dulce y fácil digestión
puede hacer que algunas personas (ancianos con menor capacidad
gustativa, enfermos o inapetentes) consuman determinados alimentos
que de no llevar azúcar quizá no se hubieran ingerido.
Por tanto, respecto al azúcar, su palatabilidad, es decir
su capacidad de conferir sabor dulce y agradable a la dieta, favorece
el que ésta sea más fácilmente aceptada y
se consuma.
Consecuencias
de su alto consumo
Gracias a
esta falta de nutrientes, el cuerpo tiene que compensar esta falta
con otros alimentos que si los contengan, los cuales al ser ingeridos
aumentan también nuestra ingesta calórica, excediéndonos
en la cantidad de calorías totales que deberíamos
consumir normalmente.
A estas situaciones
también se le suma que la mala proporción de nutrientes
de los alimentos que contienen calorías vacías pueden
aumentar las necesidades de vitaminas del complejo B debido a
que este tipo de vitaminas se asocian a los procesos metabólicos
del cuerpo los cuales se ven afectados por las altas ingestas
de densidad energética.
Es importante
destacar que este tipo de calorías suelen contener elevadas
cantidades de azucares simples (mono y disacáridos) y lípidos
poco saludables como grasas saturadas, siendo esta combinación
de compuestos ideal para favorecer el desarrollo de enfermedades
crónicas no transmisibles como la obesidad, colesterol
y la diabetes mellitus tipo 2.
Por lo mismo
es que lo mejor es llevar una dieta sana y equilibrada que sea
lo más variada posible en cuando a tipos y grupos de alimentos
y dejar la comida chatarra o alcohol para ocasiones muy puntuales
o una vez al mes como un pequeño break.
Hoy sabemos
que no se come sólo para mantener la salud, aunque éste
sea obviamente el objetivo prioritario, sino también por
placer y de acuerdo con nuestros hábitos alimentarios.
Si estos dos últimos requisitos no se cumplen, la dieta,
por muy bien programada que esté desde el punto de vista
nutricional, no se consumirá y, en definitiva, habrá
sido un fracaso. |