| Chef
Norberto Petryk
En
este largo recorrido que hemos hecho por el mundo,
nosotros, los humanos, antes de incorporar el fuego
para cocer los alimentos consumíamos: frutos,
raíces, hojas y tallos.
Luego comenzó
la caza de grandes piezas (renos, bisontes, vacunos
salvajes y caballos) y de pequeños animales
también (lagartijas, erizos, etc.).
Los alimentos se consumían crudos.
El secado se utilizaba
ya en la prehistoria para conservar numerosos alimentos,
como los higos u otras frutas. En el caso de la carne
y el pescado se preferían otros métodos
de conservación, como el ahumado o la salazón,
que mejoran el sabor del producto.
Pero
veamos desde cuando existen registros del consumo
de lechugas o sucedáneos:
En la antigua Roma,
su revolución culinaria, se basó en
la incorporación de muchos vegetales que eran
desconocidos o considerados inaceptables hasta entonces:
la col, los nabos y los rábanos.
Los bizantinos adoraban
la lechuga y hacían una gran variedad de purés
de legumbres y cereales aromatizados con nardo, canela,
vino tinto y miel. Pero en la antigua roma la hortaliza
más popular en los "macellum", es
decir, mercados, era la col que se preparaba cruda
o cocida y detrás de ella se alineaban la coliflor,
acelga, lechuga, zanahoria, escarolas etc...
Origen
de la Lechuga
El
origen de la lechuga no parece estar muy claro, aunque
algunos autores afirman que procede de la India, aunque
hoy día los botánicos no se ponen de
acuerdo, por existir un seguro antecesor de la lechuga,
Lactuca scariola L., que se encuentra en estado silvestre
en la mayor parte de las zonas templadas. Mallar (1978),
siendo las variedades cultivadas actualmente una hibridación
entre especies distintas.
El cultivo de la lechuga
se remonta a una antigüedad de 2.500 años,
siendo conocida por griegos y romanos. Las primeras
lechugas de las que se tiene referencia son las de
hoja suelta, aunque las acogolladas eran conocidas
en Europa en el siglo XVI.
Las variedades de lechuga se pueden clasificar en
los siguientes grupos botánicos:
- Romanas: Lactuca
sativa var. longifolia
No forman un verdadero cogollo, las hojas son oblongas,
con bordes enteros y nervio central ancho.
- Romana
- Baby
- Acogolladas: Lactuca
sativa var. capitata
Estas lechugas forman un cogollo apretado de hojas.
- Batavia
- Mantecosa o Trocadero
- Iceberg
- De hojas sueltas:
Lactuca sativa var. inybacea
Son lechugas que poseen las hojas sueltas y dispersas.
- Lollo Rossa
- Red Salad Bowl
- Cracarelle
*Lechuga espárrago: Lactuca sativa var. augustana
Son aquellas que se aprovechan por sus tallos, teniendo
las hojas puntiagudas y lanceoladas. Se cultiva
principalmente en China y la India.
Origen
del nombre: Lechuga
La palabra “lechuga”
viene del latín “lectuca” (leche).
Leche, lácteo, y lactante también viene
de lactis. Si la lechuga no se recoge a tiempo produce
un látex blanco que se parece a la leche.
Valor
Nutricional.
La lechuga es una
hortaliza pobre en calorías, aunque las hojas
exteriores son más ricas en vitamina C que
las interiores.
Valor nutricional
de la lechuga en 100 g de sustancia
- Carbohidratos (g)
20.1
- Proteínas
(g) 8.4
- Grasas (g) 1.3
- Calcio (g) 0.4
- Fósforo (mg)
138.9
- Vitamina C (mg)
125.7
- Hierro (mg) 7.5
- Niacina (mg) 1.3
- Riboflavina (mg)
0.6
- Tiamina (mg) 0.3
- Vitamina A (U.I.)
1155
- Calorías
(cal) 18
Desde
cuando se la utiliza:
No
hay registros precisos pero es mencionada en varios
sitios su uso, como en las grandes comilonas u orgías
griegas y romanas. Apicio la menciona, tanto como
a la rucula (con sus nombres vulgares) en varios escritos.
El recetario latino
más antiguo conservado es el De re coquinaria
ibri decem, una obra de Marco Gavio Apicio. Este célebre
gastrónomo recopiló 477 recetas de la
cocina del Imperio, y su obra fue una referencia fundamental
para la cocina occidental durante siglos.
En su index plantarum,
y ateniéndonos exclusivamente a lo que hoy
consideramos hierbas aromáticas, aparecen el
eneldo, el anís, la alcaravea, el cebollino,
el perifollo, el cilantro, la ajedrea, el jaramago
o rúcula, el apio, el hinojo, el fenogreco,
las hojas de nardo, el orégano, el laurel,
el rábano picante, las malvas, el mirto, la
albahaca, la amapola, el perejil, el poleo, la ruda,
el romero, la salvia, la mejorana, el serpol, el tomillo,
la ortiga, la menta...
Sus platos más
refinados, verdaderos manjares regios, eran las lenguas
de ruiseñor y de flamenco, las truchas cebadas
con higos secos o una gran variedad de salsas y pasteles.
Hasta el siglo II a.C.
la cocina romana se basaba en alimentos básicos:
el pulmentum o papilla de mijo, cebada o guisantes,
el queso de leche de oveja, la carne de cordero hervida,
la col, las habas, etc. Las frutas también
ocupaban un lugar importante: las manzanas, los albaricoques
importados de Armenia, los melones traídos
de Persia, higos y dátiles. Fue a principios
del siglo II a.C. cuando los romanos entraron en Asia
Menor y descubrieron el refinamiento de las cortes
griegas de Oriente. A partir de este momento, la preparación
de las comidas, según Tito Livio, se hizo larga
y costosa. Los servicios de los cocineros, trabajo
hasta entonces desempeñado por esclavos, se
comenzaron a pagar muy caros.
Son dos los escritores
que más y mejor constancia han dejado de la
comida y de las tradiciones culinarias en la época
romana. Por orden cronológico, Marco Gavio
Apicio (Caius Apicius), nacido hacia el 25 a.C., autor
del libro de recetas De re coquinaria libri decem
(Los diez libros de cocina), constituyó una
obligada referencia durante varios siglos.
Los títulos,
escritos en griego, de los diez libros de Apicio,
son los siguientes:
1. Epimeles. Reglas
culinarias, remedios caseros, especias.
2. Artopus. Estofados, picados, etc.
3. Cepuros. Hierbas que sirven para cocinar.
4. Pandecter. Generalidades.
5. Osprión. De las verduras.
6. Tropherter. De las aves.
7. Polyteles. Excesos y exquisiteces.
8. Tetrapus. De los cuadrúpedos.
9. Thalassa. Del mar.
10. Halieus vel halieuticon. Del pescado y sus variedades.
Apicio estuvo considerado como un refinado conocedor
y también, como un gran despilfarrador. Se
hizo notar por sus extravagancias y por sus gustos
caros. Al parecer, inventó un procedimiento
para cebar a las truchas con higos secos, con el fin
de engordar su hígado; así como unas
recetas de lenguas de flamenco o de ruiseñor,
de pezones de cerda y de numerosísimos pasteles
y salsas. Ateneo relata que fletó un barco
para comprobar si las quisquillas de Libia eran tan
grandes como se decía. Decepcionado, ni siquiera
bajo a tierra. Gastó toda su fortuna en suntuosos
banquetes hasta un día en que, al contar lo
que le quedaba, prefirió envenenarse a reducir
su tren de vida.
Aunque se le ha considerado como el primer ordenador
de la cocina romana, tuvo precedentes en la misma
Roma, como Ambivio y Macio. Los diez libros De re
coquinaria que nos han llegado con su nombre son,
sin duda, una reelaboración de una obra suya
efectuada en el siglo IV d.C., escrita de manera muy
incorrecta y próxima a la lengua hablada.
El siguiente punto de referencia de la culinaria romana
es Petronio, el llamado árbitro de la elegancia
en tiempos de Nerón. Su Satiricón es
la plasmación más objetiva de la vida
romana en aquel tiempo. Es la narración, hecha
por un hombre disoluto llamado Encolpo, de sus andanzas
en compañía de dos hombres tan poco
escrupulosos como él. La escena que se nos
ha conservado transcurre en varias ciudades de la
Italia meridional. El episodio más importante
nos describe ampliamente un festín ridículo
en casa de un liberto riquísimo, Trimalción.
Esta novela ha servido
para que sepamos con exactitud cómo se disponía
una mesa y cuál era el ritual y las partes
de un típico banquete romano. El triclinium
o comedor tiene una importancia capital en el Satiricón.
Era una sala con tres lechos, en torno a una mesa
de la que todos se servían. Los comensales
se recostaban sobre el brazo izquierdo y comían
con los pies descalzos. En cada uno de los lechos
se instalaban tres personas en sus respectivos lugares
de derecha a izquierda: lecho superior, medio e inferior.
Las casas romanas poseían por lo menos dos
triclinium, de verano y de invierno, según
la dirección del sol. En la casa de Trimalción
hay varios triclinium.
La cena de Trimalción
pasa por ser un ejemplo de las cenas clásicas
romanas. Ocupa en el Satiricón una gran extensión.
La cena se abre con la ablución de las manos
después de haber salido del baño en
las termas. Viene a continuación la gustatio
o entrada de aperitivos. La cena propiamente dicha,
summa cena, constaba de cuatro platos o servicios,
y era regada con vino abundante. Se terminaba con
la secundae mensae o postre, consistente en manjares
condimentados secos para favorecer la bebida, que
al final era muy copiosa. Se ha de advertir que los
romanos bebían el vino puro merum, mezclado
con agua caliente y especias. El vino puro sin mezcla,
lo reservaban para las libaciones religiosas.
La cena romana se desenvuelve dentro de una etiqueta
formada por costumbres inmemoriales, tales como meditar
sobre la muerte, ofrecer regalos y pequeñas
sumas de dinero, libaciones a los dioses Lares, etc.
A los postres se debatían temas filosóficos
o literarios y se recitaban versos. Los invitados
se perfumaban y coronaban de flores, y se cantaba.
Para hacernos una idea del culto a la comida exótica,
cabe destacar una cita del Satiricón que alude
a la aparición, en un momento dado del banquete,
de una fuente con los doce signos del Zodíaco
dispuestos alrededor. El cocinero había colocado
sobre cada uno de ellos un pequeño manjar:
"...sobre Aries, garbanzos que semejan el carnero;
sobre Tauro, un trozo de buey; sobre Géminis,
criadillas y riñones; sobre Cáncer,
una corona; sobre Leo, un higo chumbo; sobre virgo,
una vulva de cerda joven; sobre Libra, una balanza
en uno de cuyos platillos había una tarta y
un pastel en el otro; sobre Escorpio, un pececillo
marino; sobre Sagitario, un caracol; sobre Capricornio,
una langosta de mar: sobre Acuario, un ánade;
sobre Piscis, dos mújoles. El centro estaba
cubierto de césped, sobre cuya hierba había
un panal de miel..."
Como podemos apreciar,
gran parte de la actual cultura culinaria mediterránea
tiene sus orígenes en el antiguo Imperio Romano.
-Parte del texto anterior
extraído de: Cultura gastronómica en
el Imperio Roman por Txus López Navarro-
(ver
link: “la cocina de la antigua Roma”)
Veamos algo más
antes de introducirnos en el fascinante mundo de las
hojas verdes para ensaladas:
TIBERIO CAESARE 1998
AD.
Sal
de Apicio
Ingredientes
- Sal gorda, 60 gramos.
- Pimienta blanca,
15 gramos.
- Jengibre, 10 gramos.
- Tomillo, 8 gramos.
- Semillas de apio,
8 gramos.
- Orégano,
15 gramos.
- Pimienta negra,
15 gramos.
- Azafrán,
4 gramos.
- Semillas de perejil,
10 gramos.
- Eneldo, 10 gramos.
Preparación
Se muele todo junto
en la picadora, hasta dejarlo de textura muy fina.
La sal de Apicio tiene
múltiples aplicaciones en la cocina, no sólo
en la romana, ya que está indicada para un
sencillo filete a la plancha, así como para
mejorar mahonesas.
Pero
escuchemos otro consejo antes de aderezar nuestras
ensaladas
Cómo
arruinar una salsa
"un punto esencial
en la fabricación de salsas es el condimento,
y sería imposible que ponga demasiada atención
en la importancia de la complacencia en cualquier
exceso a este respecto. Sucede demasiado a menudo
que la insipidez de una salsa mal hecha es corregida
por el condimento excesivo; esto es una práctica
absolutamente deplorable "
Del Escoffier Cookbook, por A. Escoffier York nueva:
Crown, 1941.
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