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este largo recorrido que hemos hecho por el mundo, nosotros,
los humanos, antes de incorporar el fuego para cocer
los alimentos consumíamos: frutos, raíces,
hojas y tallos. |
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Luego comenzó la caza de grandes
piezas (renos, bisontes, vacunos salvajes y caballos) y de pequeños
animales también (lagartijas, erizos, etc.).
Los alimentos se consumían crudos.
El secado se utilizaba ya en la prehistoria para conservar numerosos
alimentos, como los higos u otras frutas. En el caso de la carne
y el pescado se preferían otros métodos de conservación,
como el ahumado o la salazón, que mejoran el sabor del
producto.
Pero
veamos desde cuando existen registros del consumo de lechugas
o sucedáneos:
En la antigua Roma, su revolución culinaria, se basó
en la incorporación de muchos vegetales que eran desconocidos
o considerados inaceptables hasta entonces: la col, los nabos
y los rábanos.
Los bizantinos adoraban la lechuga y hacían una gran variedad
de purés de legumbres y cereales aromatizados con nardo,
canela, vino tinto y miel. Pero en la antigua roma la hortaliza
más popular en los "macellum", es decir, mercados,
era la col que se preparaba cruda o cocida y detrás de
ella se alineaban la coliflor, acelga, lechuga, zanahoria, escarolas
etc...
Origen
de la Lechuga
El
origen de la lechuga no parece estar muy claro, aunque algunos
autores afirman que procede de la India, aunque hoy día
los botánicos no se ponen de acuerdo, por existir un seguro
antecesor de la lechuga, Lactuca scariola L., que se encuentra
en estado silvestre en la mayor parte de las zonas templadas.
Mallar (1978), siendo las variedades cultivadas actualmente una
hibridación entre especies distintas.
El
cultivo de la lechuga se remonta a una antigüedad de 2.500
años, siendo conocida por griegos y romanos. Las primeras
lechugas de las que se tiene referencia son las de hoja suelta,
aunque las acogolladas eran conocidas en Europa en el siglo XVI.
Las variedades de lechuga se pueden clasificar en los siguientes
grupos botánicos:
-
Romanas: Lactuca sativa var. longifolia
No forman un verdadero cogollo, las hojas son oblongas, con
bordes enteros y nervio central ancho.
-
Romana
-
Baby
- Acogolladas:
Lactuca sativa var. capitata
Estas lechugas forman un cogollo apretado de hojas.
-
Batavia
-
Mantecosa o Trocadero
-
Iceberg
- De
hojas sueltas: Lactuca sativa var. inybacea
Son lechugas que poseen las hojas sueltas y dispersas.
-
Lollo Rossa
-
Red Salad Bowl
-
Cracarelle
*Lechuga espárrago: Lactuca sativa var. augustana
Son aquellas que se aprovechan por sus tallos, teniendo las
hojas puntiagudas y lanceoladas. Se cultiva principalmente
en China y la India.
Origen
del nombre: Lechuga
La palabra “lechuga” viene del latín “lectuca”
(leche). Leche, lácteo, y lactante también viene
de lactis. Si la lechuga no se recoge a tiempo produce un látex
blanco que se parece a la leche.
Valor
Nutricional.
La lechuga es una hortaliza pobre en calorías, aunque las
hojas exteriores son más ricas en vitamina C que las interiores.
Valor nutricional de la lechuga en 100 g de sustancia
-
Carbohidratos (g) 20.1
-
Proteínas (g) 8.4
-
Grasas (g) 1.3
-
Calcio (g) 0.4
- Fósforo
(mg) 138.9
-
Vitamina C (mg) 125.7
-
Hierro (mg) 7.5
-
Niacina (mg) 1.3
-
Riboflavina (mg) 0.6
-
Tiamina (mg) 0.3
-
Vitamina A (U.I.) 1155
-
Calorías (cal) 18
Desde
cuando se la utiliza:
No
hay registros precisos pero es mencionada en varios sitios su
uso, como en las grandes comilonas u orgías griegas y romanas.
Apicio la menciona, tanto como a la rucula (con sus nombres vulgares)
en varios escritos.
El
recetario latino más antiguo conservado es el De re coquinaria
ibri decem, una obra de Marco Gavio Apicio. Este célebre
gastrónomo recopiló 477 recetas de la cocina del
Imperio, y su obra fue una referencia fundamental para la cocina
occidental durante siglos.
En
su index plantarum, y ateniéndonos exclusivamente a lo
que hoy consideramos hierbas aromáticas, aparecen el eneldo,
el anís, la alcaravea, el cebollino, el perifollo, el cilantro,
la ajedrea, el jaramago o rúcula, el apio, el hinojo, el
fenogreco, las hojas de nardo, el orégano, el laurel, el
rábano picante, las malvas, el mirto, la albahaca, la amapola,
el perejil, el poleo, la ruda, el romero, la salvia, la mejorana,
el serpol, el tomillo, la ortiga, la menta...
Sus platos más refinados, verdaderos manjares regios, eran
las lenguas de ruiseñor y de flamenco, las truchas cebadas
con higos secos o una gran variedad de salsas y pasteles.
Hasta
el siglo II a.C. la cocina romana se basaba en alimentos básicos:
el pulmentum o papilla de mijo, cebada o guisantes, el queso de
leche de oveja, la carne de cordero hervida, la col, las habas,
etc. Las frutas también ocupaban un lugar importante: las
manzanas, los albaricoques importados de Armenia, los melones
traídos de Persia, higos y dátiles. Fue a principios
del siglo II a.C. cuando los romanos entraron en Asia Menor y
descubrieron el refinamiento de las cortes griegas de Oriente.
A partir de este momento, la preparación de las comidas,
según Tito Livio, se hizo larga y costosa. Los servicios
de los cocineros, trabajo hasta entonces desempeñado por
esclavos, se comenzaron a pagar muy caros.
Son
dos los escritores que más y mejor constancia han dejado
de la comida y de las tradiciones culinarias en la época
romana. Por orden cronológico, Marco Gavio Apicio (Caius
Apicius), nacido hacia el 25 a.C., autor del libro de recetas
De re coquinaria libri decem (Los diez libros de cocina), constituyó
una obligada referencia durante varios siglos.
Los títulos, escritos en griego, de los diez libros de
Apicio, son los siguientes:
1. Epimeles. Reglas culinarias, remedios caseros, especias.
2. Artopus. Estofados, picados, etc.
3. Cepuros. Hierbas que sirven para cocinar.
4. Pandecter. Generalidades.
5. Osprión. De las verduras.
6. Tropherter. De las aves.
7. Polyteles. Excesos y exquisiteces.
8. Tetrapus. De los cuadrúpedos.
9. Thalassa. Del mar.
10. Halieus vel halieuticon. Del pescado y sus variedades.
Apicio estuvo considerado como un refinado conocedor y también,
como un gran despilfarrador. Se hizo notar por sus extravagancias
y por sus gustos caros. Al parecer, inventó un procedimiento
para cebar a las truchas con higos secos, con el fin de engordar
su hígado; así como unas recetas de lenguas de flamenco
o de ruiseñor, de pezones de cerda y de numerosísimos
pasteles y salsas. Ateneo relata que fletó un barco para
comprobar si las quisquillas de Libia eran tan grandes como se
decía. Decepcionado, ni siquiera bajo a tierra. Gastó
toda su fortuna en suntuosos banquetes hasta un día en
que, al contar lo que le quedaba, prefirió envenenarse
a reducir su tren de vida.
Aunque se le ha considerado como el primer ordenador de la cocina
romana, tuvo precedentes en la misma Roma, como Ambivio y Macio.
Los diez libros De re coquinaria que nos han llegado con su nombre
son, sin duda, una reelaboración de una obra suya efectuada
en el siglo IV d.C., escrita de manera muy incorrecta y próxima
a la lengua hablada.
El siguiente punto de referencia de la culinaria romana es Petronio,
el llamado árbitro de la elegancia en tiempos de Nerón.
Su Satiricón es la plasmación más objetiva
de la vida romana en aquel tiempo. Es la narración, hecha
por un hombre disoluto llamado Encolpo, de sus andanzas en compañía
de dos hombres tan poco escrupulosos como él. La escena
que se nos ha conservado transcurre en varias ciudades de la Italia
meridional. El episodio más importante nos describe ampliamente
un festín ridículo en casa de un liberto riquísimo,
Trimalción.
Esta novela ha servido para que sepamos con exactitud cómo
se disponía una mesa y cuál era el ritual y las
partes de un típico banquete romano. El triclinium o comedor
tiene una importancia capital en el Satiricón. Era una
sala con tres lechos, en torno a una mesa de la que todos se servían.
Los comensales se recostaban sobre el brazo izquierdo y comían
con los pies descalzos. En cada uno de los lechos se instalaban
tres personas en sus respectivos lugares de derecha a izquierda:
lecho superior, medio e inferior.
Las casas romanas poseían por lo menos dos triclinium,
de verano y de invierno, según la dirección del
sol. En la casa de Trimalción hay varios triclinium.
La
cena de Trimalción pasa por ser un ejemplo de las cenas
clásicas romanas. Ocupa en el Satiricón una gran
extensión. La cena se abre con la ablución de las
manos después de haber salido del baño en las termas.
Viene a continuación la gustatio o entrada de aperitivos.
La cena propiamente dicha, summa cena, constaba de cuatro platos
o servicios, y era regada con vino abundante. Se terminaba con
la secundae mensae o postre, consistente en manjares condimentados
secos para favorecer la bebida, que al final era muy copiosa.
Se ha de advertir que los romanos bebían el vino puro merum,
mezclado con agua caliente y especias. El vino puro sin mezcla,
lo reservaban para las libaciones religiosas.
La cena romana se desenvuelve dentro de una etiqueta formada por
costumbres inmemoriales, tales como meditar sobre la muerte, ofrecer
regalos y pequeñas sumas de dinero, libaciones a los dioses
Lares, etc. A los postres se debatían temas filosóficos
o literarios y se recitaban versos. Los invitados se perfumaban
y coronaban de flores, y se cantaba.
Para hacernos una idea del culto a la comida exótica, cabe
destacar una cita del Satiricón que alude a la aparición,
en un momento dado del banquete, de una fuente con los doce signos
del Zodíaco dispuestos alrededor. El cocinero había
colocado sobre cada uno de ellos un pequeño manjar: "...sobre
Aries, garbanzos que semejan el carnero; sobre Tauro, un trozo
de buey; sobre Géminis, criadillas y riñones; sobre
Cáncer, una corona; sobre Leo, un higo chumbo; sobre virgo,
una vulva de cerda joven; sobre Libra, una balanza en uno de cuyos
platillos había una tarta y un pastel en el otro; sobre
Escorpio, un pececillo marino; sobre Sagitario, un caracol; sobre
Capricornio, una langosta de mar: sobre Acuario, un ánade;
sobre Piscis, dos mújoles. El centro estaba cubierto de
césped, sobre cuya hierba había un panal de miel..."Como
podemos apreciar, gran parte de la actual cultura culinaria mediterránea
tiene sus orígenes en el antiguo Imperio Romano.
-Parte del texto anterior extraído de: Cultura gastronómica
en el Imperio Roman por Txus López Navarro-
(ver
link: “la cocina de la antigua Roma”)
Veamos
algo más antes de introducirnos en el fascinante mundo
de las hojas verdes para ensaladas:
TIBERIO CAESARE 1998 AD.
Sal
de Apicio
Ingredientes
-
Sal gorda, 60 gramos.
-
Pimienta blanca, 15 gramos.
-
Jengibre, 10 gramos.
-
Tomillo, 8 gramos.
-
Semillas de apio, 8 gramos.
-
Orégano, 15 gramos.
-
Pimienta negra, 15 gramos.
-
Azafrán, 4 gramos.
-
Semillas de perejil, 10 gramos.
-
Eneldo, 10 gramos.
Preparación
Se muele todo junto en la picadora, hasta dejarlo de textura muy
fina.
La sal de Apicio tiene múltiples aplicaciones en la cocina,
no sólo en la romana, ya que está indicada para
un sencillo filete a la plancha, así como para mejorar
mahonesas.
Pero
escuchemos otro consejo antes de aderezar nuestras ensaladas
Cómo arruinar una salsa
"un punto esencial en la fabricación de salsas es
el condimento, y sería imposible que ponga demasiada atención
en la importancia de la complacencia en cualquier exceso a este
respecto. Sucede demasiado a menudo que la insipidez de una salsa
mal hecha es corregida por el condimento excesivo; esto es una
práctica absolutamente deplorable "
Del Escoffier Cookbook, por A. Escoffier York nueva: Crown, 1941.
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