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Conservan
una gran cantidad de vitaminas y minerales, en ocasiones
superior a las verduras frescas.
Las verduras congeladas constituyen una opción
saludable y cómoda de incluir los vegetales
en nuestra dieta, alimentos que no pueden faltar debido
a su importante papel en el mantenimiento de la salud.
El estilo de vida actual hace que muchas veces no
se disponga de tiempo suficiente para llevar a cabo
la limpieza minuciosa que requieren las verduras y
su posterior cocinado, por lo que la industria alimentaria
nos ofrece una amplia variedad de verduras congeladas
de fácil preparación y que pueden encontrarse
en los establecimientos a lo largo de todo el año.
Proceso
de congelación de las verduras
Una vez recolectadas, las verduras se transportan
a las fábricas donde se lavan y se limpian,
eliminando las partes no comestibles y los restos
de tierra y suciedad. Posteriormente se someten al
blanqueado o escaldado, que consiste en sumergirlas
en agua hirviendo durante un tiempo breve, con lo
que se consigue inactivar las enzimas que intervienen
en las reacciones químicas de las verduras,
alargando de esta manera la vida del producto. En
esta fase se producen pérdidas de vitaminas
del grupo B y vitamina C, que son las más sensibles
a este tratamiento, pero la pérdida es menor
que la que resultaría tras el almacenamiento
y la distribución de las verduras frescas.
El
último paso es la congelación o la ultracongelación
de las verduras, según el tiempo empleado en
el proceso. La ultracongelación es más
rápida y produce menos alteraciones en la estructura
del alimento, ya que los cristales que se forman son
de menor tamaño que en una congelación
lenta. Una vez congeladas deben conservarse a una
temperatura de -18º C y para mantenerlas en buenas
condiciones no debe interrumpirse la cadena del frío.
El fabricante está obligado a indicar las instrucciones
de conservación del alimento y el plazo máximo
en el que debe consumirse.
En
comparación con las verduras frescas…
Aunque suelen considerarse de menor calidad y valor
nutricional que las verduras frescas, las verduras
congeladas ofrecen una serie de ventajas muy interesantes
para el consumidor:
Valor
nutritivo
Desde la recolección hasta el congelado de
las verduras transcurre poco tiempo, normalmente unas
horas, mucho menos que el que pasa hasta que las verduras
frescas llegan a la mesa, que puede ser de varios
días o incluso semanas. Este rápido
procesamiento hace que los nutrientes se mantengan
prácticamente intactos en las verduras congeladas
y su contenido en algún caso llega a ser superior
al de las verduras frescas. Por ejemplo, la cantidad
de vitamina C que aportan las espinacas frescas consumidas
a los tres días de su recolección es
menor que la que proporcionan las espinacas congeladas.
Como se ha comentado la vitamina C y las vitaminas
del grupo B son las más sensibles a este tratamiento.
En el caso de la vitamina B6, su contenido puede disminuir
hasta en un 40%.
Tanto las verduras congeladas como las frescas aportan
una pequeña cantidad de energía, sobre
todo a expensas de los hidratos de carbono, seguido
por las proteínas. El aporte de grasa es prácticamente
nulo y no contienen colesterol. La fibra presente
en las verduras es recomendable para las personas
que padecen estreñimiento, ya que contribuye
a regular el tránsito intestinal.
Precio
Puede parecer que las verduras congeladas son más
caras que las que compramos frescas, pero hay que
tener en cuenta que las primeras se presentan sin
desperdicio y casi listas para consumir, mientras
que en el precio que se paga por un kilo de verduras
frescas se incluyen también las partes no comestibles.
Contenido
en microorganismos
Los tratamientos a los que se someten las verduras
antes de ser congeladas, como el lavado y el blanqueado,
disminuyen la carga bacteriana del producto final.
La congelación reduce la velocidad de crecimiento
de los microbios, no los destruye. Para evitar que
los gérmenes vuelvan a reproducirse es importante
mantener la cadena de frío y no volver a congelar
las verduras una vez descongeladas. Las verduras frescas
cuando llegan al consumidor presentan restos de tierra
y otros desperdicios, por lo que antes de ser consumidas
deben limpiarse cuidadosamente.
La
comodidad y facilidad en la preparación de
las verduras congeladas, el ahorro de tiempo en la
cocina y la posibilidad de encontrarlas en el mercado
en cualquier estación, son otras características
que mueven a los consumidores a elegirlas frente a
las verduras frescas.
Mantener
sus cualidades
Para obtener un producto con unas cualidades organolépticas
de sabor y textura adecuados, hay que seguir las recomendaciones
del fabricante en cuanto a su conservación
y preparación, manteniendo en todo momento
la cadena de frío. Es importante respetar el
plazo máximo de almacenamiento indicado en
el envase, que suele situarse alrededor de los 12
meses si se guardan en un congelador a 18º C
bajo cero.
Su preparación es tan sencilla como vertirlas
sin descongelar en agua hirviendo con sal durante
unos minutos. Para evitar una pérdida de nutrientes
importante es recomendable emplear poca cantidad de
agua. También se pueden cocinar en el microondas.
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